viernes, 16 de mayo de 2008

Esperamos generosidad de la autoridad.

Para ller imagen ampliar haciendo doble click sobre ella.

Desolador es el espectáculo que podemos ver en Chaitén, donde además de las cenizas hemos sido testigos de la salida del Río Blanco que ha sepultado bajo sus aguas al desierto poblado de la Provincia de Palena.

Nuestros compatriotas desesperados han visto como sus pocas pertenencias quedaban atrás y ahora como el lodo termina de destruirlas. No lo han pasado bien estos chilenos que fueron obligados a dejar sus casas.

Nosotros hemos felicitado al Gobierno por la rapidez con que ha reaccionado ante la emergencia, a pesar de que consideramos bastante humilde y egoísta su asistencia, pero sin duda ayuda a nuestros conciudadanos.

Quizás nos ha parecido “chocante” la profusión de autoridades y personajillos que han rondado por la zona, sin que exista necesidad de sus servicios, gastando recursos que se podrían utilizar bastante mejor.

El sello del show que se le ha impuesto a la incidencia nos ha molestado, aunque debiéramos estar acostumbrados al circo permanente, por la falta de respeto que demuestra para con nuestros dolientes coterráneos.

Esperamos que llegado el momento de la reconstrucción y/o reubicación del pueblo las autoridades actúen con la generosidad que les ha faltado, dando a nuestros amigos el bienestar que no han tenido.

jueves, 15 de mayo de 2008

Debo tolerar a otros columnistas
Hermógenes Pérez de Arce

Leo en "Sábado" ("El Mercurio", 11.05) al columnista Francisco Mouat refiriéndose a dos jóvenes "quemados": "...fueron interceptados por una patrulla militar que los detuvo y persiguió... Los tiraron en la calle, los golpearon con las culatas de los fusiles, los rociaron con parafina, les prendieron fuego y contemplaron la escena macabra".

Pero la resolución del 23 de julio de 1986 del ministro en visita extraordinaria, Alberto Echavarría Lorca, dice: a) Que Rodrigo Rojas Denegri y Carmen Quintana Arancibia fueron detenidos, el día 2 de este mes, por una patrulla militar que aseguraba el libre tránsito de vehículos, reteniéndoseles transitoriamente en el lugar de su aprehensión, uno al lado de la otra y próximos a elementos de fácil combustión, combustión que se produjo debido a un movimiento de la joven y la caída y rotura del envase de uno de esos elementos, causando quemaduras graves a los dos y posteriormente la muerte del primero".

La verdad fue, pues, que los militares no los quemaron: los apagaron. Debido a esto, un cabo resul-tó quemado a su vez. Y los jóvenes portaban los elementos incendiarios. Los militares protegían a la ci-vilidad de ellos. Entre muchos atentados izquierdistas de ese tiempo, cabe citar el incendio de un micro-bús en San Diego esquina Cóndor, el 26 de marzo de 1986, tras el cual quedaron con quemaduras graves la pasajera Elsa Rojas Oyarce y su hija Rosario Navarro Rojas, de dos años; y el de un taxibús, en el que murió la pasajera Ana Gajardo Ramos, el 13 de mayo de 1984.

La patrulla no tuvo conciencia de la gravedad de las quemaduras de Rojas y Quintana y accedió a la petición de ambos de ser liberados, en lugar de llevarlos a un hospital, donde corrían riesgo de detención. Mala decisión: quien la comandaba, el joven teniente Pedro Fernández Dittus, estuvo casi dos años preso por cuasidelito de homicidio.

La izquierda siempre ha recurrido a la violencia y quebrantado las reglas. Hoy recibe indemnizaciones por haberlo hecho en el pasado y prebendas económicas por seguir haciéndolo. Los militares la derrotaron y restablecieron la democracia. Hoy van a la cárcel por eso. No volverán a salvarnos, obvio. Y la historia la reescribe la izquierda.

Y reescribe otras cosas. El columnista Carlos Peña, que cuenta con mi aprecio, lo pone a prueba en carta donde afirma que Hayek y Friedman dieron "razones a favor de una política social como la que aparece en el Informe Meller", añadiendo: "Lo misterioso es que la derecha -que decía leer a esos autores- lo había olvidado".

¿Dónde la viste, Carlos? Hayek se pronunció contra la intervención en el mercado del trabajo, abogando por una menor sindicalización: "...los sirvientes domésticos, sector notoriamente desorganizado... cuyos salarios medios anuales... eran 2,72 veces más altos que en 1939, mientras que... los salarios de los obreros del acero, totalmente sindicalizados, sólo incrementaron 1,98 veces el nivel inicial" ("Los fundamentos de la libertad", p. 300). Y Friedman no le iba en zaga: "La alta tasa de desempleo juvenil, especialmente entre los negros, es un escándalo y una seria fuente de desasosiego social. Empero, es una consecuencia en su mayor parte de las leyes de salarios mínimos" ("Libertad de elegir", p. 329).
El Informe Meller no promueve la libertad laboral que propician Friedman, Hayek y la derecha -la verdadera derecha-, en la convicción de que favorece a los pobres. Apenas insinúa un impuesto negativo a favor de los necesitados, que interfiere menos el mercado.

Bueno, debo tolerar las opiniones de mis colegas columnistas, aunque sea con la misma dificultad con que, supongo, ellos deben tolerar las mías.
Grafitti y adoquines
Gonzalo Rojas Sánchez.

Entre el slogan y el adoquín se movieron los jóvenes franceses de mayo del 68. Todo París y el mundo entero aprovechan estos 40 años desde la revuelta iniciada en Nanterre, continuada en la Sorbonne y replicada en Berlín, Roma, Madrid y otras ciudades universitarias, para tratar de entender porqué pasó y porqué fracasó.

¿Por qué pasó? Del Noce ha mostrado que la revuelta fue un no rotundo a esa sociedad opulenta de los 60, que intentaba -y sigue haciéndolo 40 años después- suprimir tanto a la religión como al radicalismo revolucionario. El espíritu burgués resultó insoportable para los jóvenes del 68, que consideraban a los exámenes universitarios como la primera señal del servilismo que quería imponérseles, para promoverlos así en la jerarquía profesional y social.

Los contenidos iniciales de las demandas estudiantiles eran claros: detener la masificación creando más universidades, terminar con el sistema de dormitorios separados, evitar la implantación de nuevos requisitos de admisión, democratizar las fórmulas de gobierno universitario y transformar las estructuras curriculares.

Pero, más atrás, había tres aspiraciones radicales, tan nobles en su rechazo a la mediocridad, como disparatadas en su contenido: La plena autonomía personal, el pensamiento hecho acción y la construcción de la utopía. Los grafitti de las paredes hablaban de esas tres tendencias: "Construir una revolución es también romper todas las cadenas interiores", "No hay pensamiento revolucionario; hay actos revolucionarios" y "La nada me importa erigida en sistema", ejemplifican bien cada una de esas tres secreciones antisistémicas.

¿Y porqué fracaso mayo del 68? Las influencias ideológicas y afectivas provenían de las más variadas fuentes, inarticulables entre sí: Mao, el Che, Fanon, Sartre, Marx, Marcuse, Bakunin, Nietszche. Con ese equipito era imposible darle forma a una proposición coherente, a un proyecto viable de reemplazo de la sociedad burguesa. En contra de Cohn Bendit y Dutschke, además, no hubo un solo Jaime Guzmán que enfrentara dialógicamente sus slogans y acciones, obligándolos a una reflexión crítica sometida a los criterios de la lógica. Las asambleas, las revistas, los grafitti se agotaron en su atractivo y por eso, desde su propio vitalismo irracional, no fue raro que del slogan, los estudiantes pasasen pronto al adoquín.

Y en esa demostración de torpeza, enajenaron el movimiento. Simplemente no sabían qué hacer con sus sueños. "Mis deseos son la realidad," se decía en una pared, pero otra se auto-contestaba: "Sean realistas, pidan lo imposible." Veinte años después, el 88, Cohn Bendit escribía: "Tuvimos que admitir que no cambiaríamos la sociedad."

Muy simple: No sabían cómo, no sabían para qué, sus admirables fuerzas verbales y físicas carecían de sentido.





miércoles, 14 de mayo de 2008

¿Por qué se van?
Gonzalo Vial

La semana pasada, la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC), antigua, poderosa y emblemática industria chilena y de dueños chilenos... “la Papelera” (¿recuerdan Uds. el grito de batalla durante la UP... “¡La Papelera no!”?) anunció una inversión de US$ 30 millones en su giro de “tissue”, el segundo más importante de los que tiene, que genera un ingreso anual de US$ 200 millones.

Lo malo es que la inversión no la hará aquí, sino en el Perú. Motivo: el desproporcionado costo energético de Chile. Ese costo debe corregirse, Dios mediante, así que pasen algunos años... pero demasiados para que los “aguante” la rentabilidad de la nueva inversión. A Perú, pues, los boletos.

Igual y no hace muchos meses había ya ocurrido con una también antigua y prestigiosa textil: Zalaquett. Cerró para reabrir en el Perú.

Y ya son muchas las megaempresas que, sin dejar Chile, invierten preferente o paralelamente en algunos países latinoamericanos: Argentina, Perú, Colombia... Firmas de supermercados, retail, viñas y vinos, fruta, farmacia, plantaciones, celulosa...

A) ¿ES LA MISMA COSA QUE LOS CHILENOS INVIERTAN DENTRO O FUERA DE CHILE?

Desde luego, 1) cada cual invertirá su plata, inexorablemente, donde le parezca probable un mejor rendimiento; 2) toda medida contraria que se adopte, será ineficaz, y 3) es tan lícito y moral para un chileno, invertir en Chile como hacerlo en el Perú.

Mas para el desarrollo DEL PAIS la primera inversión es ampliamente superior a la segunda.

Supongamos una sociedad de chilenos que instala un supermercado en Argentina, y produce utilidades.

Chile, como país, GANA: a) las utilidades que correspondan a los socios nacionales, suponiendo que éstos las consuman o inviertan en Chile y no en Argentina; y b) el impuesto a la renta que paguen aquí las mismas utilidades, conforme a las normas de doble tributación existentes entre los dos países.

Chile, como país, PIERDE: a) la construcción del supermercado: adquisición del terreno; trabajo profesional de abogados, ingenieros, arquitectos, previo a edificar; la edificación misma, con sus profesionales y trabajadores; los materiales para construir; el equipamiento, etc.; b) la planta de trabajadores que atenderá el negocio; c) las adquisiciones locales e importaciones para abastecerlo; d) las innumerables actividades económicas anexas o complementarias: seguros, transportes, publicidad, agua, luz, etc., etc. y e) el IVA de las ventas.

El saldo en contra de invertir fuera de Chile, PARA ESTE, aparece muy claro.

B) ¿POR QUÉ ENTONCES LOS EMPRESARIOS CHILENOS LO HACEN CRECIENTEMENTE?

Según el secretario general de la SOFOFA, estas decisiones reflejan que nuestras empresas son parte de una economía global, y buscan “localizarse en aquellos lugares en donde puedan llegar a ser más competitivas” (El Mercurio, 9 de mayo).

Sí, pero... ¿por qué “aquellos lugares” no están en Chile?

Hay seguramente razones muy complejas y técnicas, que se me escapan, pero quiero exponer dos que juzgo fundamentales. Quizás sean demasiado simples, quizás me equivoque al formularlas, pero me atrevo a hacerlo, atendido que los economistas profesionales (por lo que leo) suelen equivocarse en pronósticos de su ciencia hechos a un mes plazo.

B.1. A mi juicio, la primera causa de esta fuga de empresarios, es la PEQUEÑEZ DE NUESTRO MERCADO CONSUMIDOR.

Somos apenas quince millones de chilenos. Cabemos todos en el Gran Buenos Aires. Cabemos todos en Ciudad de México... dejando vacío un tercio de la ciudad.

Peor aún, no aumentamos de número. Si creemos a un estudio optimista, el de la CEPAL, subiremos hasta veinte millones, no más, y desde el 2050 EMPEZAREMOS A DISMINUIR DE POBLACIÓN. Otro estudio, el de Adimark, es peor. La baja absoluta de número de habitantes sería anterior al 2050. Para esta fecha sumaríamos sólo ONCE millones de chilenos...

¿Por qué ha pasado esto? Porque cada vez es menor el promedio de hijos de la mujer chilena: 2,6 el año 1992; 1,9 el año 2003, y según la encuesta CASEN, entre 1,2 y 1,8 (según el nivel económico) el año 2006.

Y ello se debe a la contracepción masiva iniciada por el Presidente Frei Montalva en 1965, ya que la Alianza para el Progreso y el Banco Mundial la exigían como condición de sus préstamos. Programa limitatorio de la natalidad que aplicó y ha seguido aplicando hasta hoy el Ministerio de Salud. No previeron sus cerebros el desplome poblacional. Tampoco la APROFA, responsable intelectual y cooperadora material del desastre, que en 1989 decía: “El crecimiento natural es aún muy alto”.

Sólo una voz profética, también democratacristiana, se alzó contra la política despobladora de Frei, la “pandilla” de Salud y la APROFA. Ya el año 1966 dijo Radomiro Tomic: “Existe el peligro real del over success (éxito excesivo)... Es muy probable que se llegue rápidamente al extremo —nefasto en los países despoblados de América Latina— de un índice de natalidad INFERIOR al de mortalidad”.

Ya estamos en eso. Por lo cual, los empresarios mejores de nuestro país, los de más vuelo y éxito, se van alejando del minúsculo Chile de la APROFA. Les queda chico. Pronto su proporción de inversiones aquí será la menor. ¿Qué habrá ganado EL PAIS con eso?

Requerimos revertir el descenso poblacional. Todos saben que el quid, para esto, es fomentar el matrimonio único y permanente y la familia estable y numerosa, y desincentivar el sexo adolescente, el emparejamiento fugaz, y los hijos concebidos y nacidos al azar. Pero hacemos justo lo contrario. Hoy la “pareja” tiene doble opción que el matrimonio al subsidio habitacional, y paga menos impuesto a la renta. Estimulamos que nuestra población baje, en vez de subir.

B.2. La segunda causa del paulatino éxodo de los empresarios, es la despreocupación que exhibe el Estado por retenerlos en Chile.

El Estado, hoy, debido al origen ideológico-político de quienes ejercen el poder, tiene una mentalidad socialista. Algunos políticos y gobernantes de este sesgo creen que los empresarios son todos o la mayoría “explotadores” y “chupasangres”, como dijo algún líder concertacionista. Y quienes, de la clase burocrática-gobernante, no lo piensan así, de todos modos están convencidos de que el empresario se encuentra feliz en Chile, mejor que en ninguna parte... y que no se irá porque gana mucho, quizás demasiado. A veces los mismos empresarios lo dicen, ladinamente, para no enajenarse amistades útiles. Pocos “conductores sociales” aprecian la escasez de los creadores de riqueza, y la necesidad de cuidarlos.

Hay en ello un equívoco peligroso. Es muy probable que los empresarios piensen que no existe (por el momento) país comparativamente superior a Chile, dentro de Latinoamérica, en agrado de la vida y aprovechamiento personal de su nivel de rentas, orden, seguridad, institucionalidad democrática y administrativa, etc. PERO ES MUY DISTINTO VIVIR EN CHILE QUE HACER NEGOCIOS EN CHILE.

Recordemos un solo ejemplo de esta displicencia administrativa con los empresarios: el ejemplo de CELCO, no tan lejano pero ya caído en el olvido.

A su planta de celulosa de Valdivia, por la muerte (nunca bien acreditado que fuera culpa suya) de unos cisnes de cuello negro, le cambió el Estado las condiciones de funcionamiento ya otorgadas, y le fijó otras. No la menos onerosa, reducir su producción un 20% hasta que cumpliera ciertas condiciones y lo certificara el auditor externo del ambiente. CELCO cumplió las condiciones, el auditor lo certificó... y el Estado, la COREMA, demoraron desde entonces DOS AÑOS en autorizar la mayor producción... doscientos millones de dólares de celulosa perdidos.

Nadie ha dado disculpas, siquiera.

Que no nos encontremos, un día, con un Chile “país dormitorio” de los mejores empresarios nacionales... y sus negocios en otra parte.


martes, 13 de mayo de 2008

¿Jaguar o gatito?
Cristina Bitar

La decisión de la CMPC de redestinar al Perú la inversión en su nueva planta de papel, por el fuerte aumento del costo energético en Chile, me ha hecho reflexionar sobre el desarrollo de nuestra economía. No porque me parezca mal la internacionalización de nuestras empresas, sino porque ya son muchas las señales que muestran el debilitamiento de nuestra competitividad. El año 2002, el crecimiento del PIB bordeaba el 7%. Hoy las proyecciones nos dicen que llegaremos al 4%. Hace tres años estábamos 19 a nivel mundial en los índices de competitividad y hoy estamos 26. Seguimos siendo los primeros de América Latina, pero, al parecer, nos estamos durmiendo en los laureles.

Lo que más me preocupa es que no hemos podido dejar atrás la división clásica de los modelos económicos que nos separaron décadas atrás: la de los que ven en la redistribución la tarea más urgente y la de los que ven en el crecimiento la prioridad... como si fueran cosas absolutamente contrapuestas.

Parece claro que, paulatinamente, en los últimos años se impone desde el Gobierno y parte del Parlamento la primera visión, lo que implica definiciones muy profundas respecto de la sociedad. Aquel que ve la redistribución como la única prioridad, cree que vivimos en una sociedad estructuralmente injusta y ve en la riqueza de unos la causa de la pobreza de otros. Así, vive en una batalla permanente por construir una sociedad más justa, no una más rica. Para él, el tema de fondo no es la disminución de la pobreza, sino de las desigualdades. A partir de ahí se construye un ideario político que cree en un Estado fuerte, pues uno débil no es capaz de construir esa sociedad más justa. Se aumentan las regulaciones, pues la libertad del mercado no corrige, sino que profundiza las diferencias. Se aumenta la carga tributaria, pues los impuestos son un elemento de redistribución y de justicia. Aumenta el presupuesto público, pues la manera más eficiente de disminuir la pobreza —en su opinión— son las transferencias que realiza el Estado y no el crecimiento económico con un Estado que apoye a los más débiles y promueva el emprendimiento.

Según esa visión, el crecimiento debe esperar, porque la redistribución está primero: no más privatizaciones, no más rebajas de la carga tributaria, no más normas que flexibilicen el mercado laboral. Así, la consigna que más se siente hoy es «más Estado»: AFP estatal, más Fonasa, menos isapres, reguladores más fuertes.

El punto es que los países que crecen y se desarrollan van en el sentido contrario y, además, participan hoy del mundo globalizado. Así, los empresarios no están condenados a invertir en su país. Si la mano de obra es más barata en China, se fabrica en China; si producir salmones en Noruega es más rentable, se invierte allá; si la energía es más barata en Perú, entonces se van a Perú.

¿Y las inversiones en Chile? Fuera de grandes proyectos energéticos y mineros, estamos más preocupados de concederle al Sr. Cuevas sus demandas impuestas por medio de la violencia, que de atraer inversiones que beneficien a la mayoría de los trabajadores.

En este escenario, la competitividad va a seguir siendo fundamental para atraer inversiones y generar riqueza. Sin olvidar el objetivo de reducir las altas brechas existentes, si no generamos mayores ingresos, tendremos poco y nada que repartir. Es hora de que definamos si queremos ser un jaguar como antes o pasar a ser un gatito en esta región y en el mundo.

¿Qué falta para volver a ser jaguar? Invertir en tecnologías del conocimiento, darles valor agregado a nuestros productos, creer que podemos desarrollar tecnologías de punta, trabajar a nivel público-privado en modernizaciones legales e institucionales. Falta fomentar las pymes, seguir mejorando e innovando en educación, seguir con los procesos de modernización del Estado, mejorar la imagen país, definir políticas que permitan el abastecimiento y la diversidad energética, flexibilidad laboral necesaria para seguir siendo competitivos sin dejar de lado los derechos laborales, etc. No puedo continuar con la lista porque no hay más espacio. Pero lo que más falta es voluntad política y decisiones claras y prontas.


Nota de la Redacción:
Consideramos impecable el análisis de doña Cristina, sus conclusiones son brillantes. Lo tenemos todo para llegar al desarrollo, talvez la única carencia que tenemos es la de un Gobierno que quiera marchar por esa senda, sepa como hacerlo y se rodee de los mejores elementos.

lunes, 12 de mayo de 2008

En defensa del sargento


En defensa del sargento
Hernán Felipe Errázuriz


Pintoresca la excursión del camión militar que ingresó irregularmente a Arica con 20 soldados y un coronel peruano. Sabemos que un sargento de Carabineros estaba a cargo del complejo fronterizo de Chacalluta, única vía terrestre habilitada entre Perú y Chile, con decenas de funcionarios. Lo que no sabemos es quiénes estaban vigilando el ingreso en el resto de la frontera.

El policía, cuyo nombre se mantiene en reserva -presumo, por razones de seguridad nacional-, es el único sumariado por este acontecimiento. Injustamente, se le reprocha su encomiable iniciativa de asumir el control total de la situación y, sin más, dejar que el convoy regresara raudo al Perú, tan libremente como había entrado.

Sensato y diligente el carabinero. Inútil hacer frente al destacamento comandado por el coronel, que pudo haber llegado, inadvertidamente, con su regimiento completo. Imposible apresar e incautar el armamento. Circunspecto el sargento: evitó un incidente diplomático. Ahora viene el pago de Chile: sumariado y en el anonimato. Probablemente pensó que no se merecía hacer alharaca y que, con la vía libre, el bochorno pasaría desapercibido. Después se dieron los avisos burocráticos al coordinador del complejo aduanero, al cónsul peruano, a Policía Internacional, al SAG, al gobernador, al general de Carabineros y al de Ejército, de Arica y de ahí para abajo y para arriba. Todo esto de acuerdo con los reglamentos.

Total, la infracción estaba en otra parte y en otros manuales: en el hito 19, lugar de entrada de los militares, y en la cartilla de procedimientos fronterizos, convenida durante el gobierno del Presidente Pinochet y el anterior de Alan García. Ahí está clarito, incluso con mapas, que los contingentes armados no pueden acercarse a ciertas distancias del límite, y que las maniobras en zonas fronterizas deben comunicarse por escrito y con cierta anticipación a los ministerios de Defensa y de Relaciones Exteriores de los dos países. Velar por esos procedimientos no era responsabilidad del juicioso sargento. El problema no es la salida, sino el ingreso irregular al país. Esta vez fueron soldados, pero lo frecuente son miles de indocumentados y algunos narcotraficantes.

Como en Chile todo se sabe, el ministro de RR.EE. pidió explicaciones al Perú. Otro bochorno: a la Cancillería no se le había informado que los militares y el gobernador habían dado por superado el incidente. Es difícil coordinarse en Chile. Eso lo tienen claro los excursionistas uniformados, que celebrarán de por vida su experiencia, intrigados por la falta de control en la frontera y por la discusión limítrofe en la Corte de La Haya.

viernes, 9 de mayo de 2008

Tirano aterroriza a ex Primera Dama....

La ex Primera Dama Venezolana, Marisabel Rodríguez Oropeza, tiene miedo……..


Marisabel Rodríguez Oropeza, periodista, ha denunciados que es hostilizada por el Presidente Hugo Chávez Frías, del que se encuentra "separada" hace ya más de seis meses.


En una entrevista transmitida por RCTV dijo que la intentona en su contra tenía como objetivo inhabilitarla políticamente e inhibirla a que postulara a algún cargo de elección popular.

Las expresiones de la ex de Chávez fueron bastante duras, pues se declaró como "víctima de violencia y de hostigamiento y de persecución por parte del presidente", afirmando que teme ser atacada por los fanáticos del Presidente.

Rodríguez aseguró que cuándo el Mandatario reclama públicamente que no lo dejan ver a su hija, está incentivando a su gente a que la hostigue y teme ser atacada por las "hordas" del Mandatario en cualesquier momento.

La ex de Chávez nos ayuda a definir algunas situaciones al afirmar que el hostigamiento como "toda conducta abusiva y especialmente los comportamientos, palabras, actos, gestos, escritos, mensajes electrónicos dirigidos a perseguir".

Sin duda la situación entre la pareja se ha agravado desde el anuncio del divorcio, tras el cual Marisabel Rodríguez no ha dejado de alertar a sus compatriotas de las características totalitarias de su ex marido.

Como podemos ver el Tirano no solo es el matón del barrio, sino que además usa su inmenso poder para acallar hasta a los miembros de su familia si tratan de "amagar" su posición de poder.


Bardón y Melnick, dos artículos imperdibles.


Menos impuestos, menos pobreza
Álvaro Bardón


En rigor, los impuestos son un robo a los trabajadores, que se ven obligados a pagarlos aunque se usen muy mal. Esto último es cada vez más común en nuestro medio y parece no tener remedio, por el enfoque dogmático clásico del socialismo, que considera pecaminoso nuestro libre gasto personal: es el Estado el que sabe lo que nos conviene; los ciudadanos somos tontones, porque no hemos tenido esa revelación "de clase" que ilumina a los marxistas y sus derivados.

Los impuestos son un despojo, pero si usted no los paga, lo van a perseguir y reducir a la fuerza para llevarlo a la cárcel. Del hurto o cartereo usted se puede defender, al menos algo, de alguna manera. Pero con los impuestos, ¡preso sin vuelta!, porque se ofende al Dios Estado, el único verdadero para los socialistas. Por eso, los impuestos siempre deben aumentar, y reducirlos es una herejía.

Después de llegar a un mínimo relativo hacia 1989, el gasto público viene subiendo sin que se conozca su eficiencia. ¿Qué grandes proyectos estatales ha habido desde 1990? ¿Educación? Algo más, pero de igual o peor calidad, excepto en el nivel universitario y técnico, donde se admitieron la gestión y la inversión privadas. En lo demás, puros funcionarios sin aumentos de productividad, aunque sí de los costos.

¿Salud? Un poquito más, pero con las colas y la mala atención clásicas del Estado benefactor.

¿Previsión? Es de esperar que no recaigamos en el quebrado sistema antiguo, que discriminaba contra los "obreros" y favorecía a los más pudientes. Cuando los socialistas hablan de volver al "solidario" sistema antiguo, dan ganas de hacer las maletas e irse. Así como cuando quieren "eliminar el lucro", esto es, el pago por el uso del capital en la educación superior. La orden parece ser que ésta no vuelva a crecer, y menos sin el control de los sabios socialistas pagados por el Estado. Es decir, debemos volver a una población de unos 90 mil universitarios, en lugar de los 600 mil actuales.

El mayor gasto público de los últimos 18 años es un desastre. Me atrevo a sostener que congelar dicho gasto aumentaría nuestro bienestar. Pero, claro, habría que flexibilizar el mercado laboral y la iniciación de actividades, para que aumenten el empleo y el ingreso de los pobres. En todo esto la Concertación no tiene política, quizás por considerar que la mayor tributación y el gasto público lo resuelven todo automáticamente.

Más que subir dogmáticamente los impuestos, habría que evaluarlos, redestinarlos hacia los más pobres y la inversión privada, crear exenciones tributarias para la beneficencia, flexibilizar jornadas, sueldos, trabajo femenino, infantil, etcétera. No puede ser que ahora prohíban ser pelotero, cuidador, arreglar jardines, empaquetar y otras tareas que tradicionalmente ha hecho la gente con baja calificación.

La flexibilidad laboral y productiva es clave para la erradicación de la pobreza, al igual que incentivar la beneficencia y las agrupaciones sin fines de lucro. Pero los socialistas quieren estatizarlo todo, desconfían de la libertad y son totalitarios; les gustaría terminar como la URSS y no como Estados Unidos.

Las regulaciones socialistas de jornadas, salario mínimo, indemnizaciones y tantas otras han hecho que en Chile trabajen unos dos millones menos que el equivalente de otros países. Esto, que explica la recurrente mala distribución del ingreso, no está tratado en "El Capital" ni en la teoría sobre la lucha de clases, así que resígnense a la pobreza, que es el resultado del constructivismo socialista y no del capitalismo libertario.

Volviendo al futuro II
Sergio Melnick


En una columna anterior escribí sobre algunas de las tendencias que están cambiando el futuro, y recibí muchos mails para una segunda vuelta. En tiempos de tanto desorden político, quizás es bueno tomar un poco de distancia para airear la discusión.

La tecnología, que no es lo mismo que la máquina, entre otras cosas, genera un proceso de aceleración del ritmo societal. Todo ocurre más rápido desde la perspectiva humana, lo que también empieza a ser agobiador. Ello es así, porque las máquinas que engendra la tecnología son una especie de “inteligencia empaquetada” que se acopla, con sinergia, a la inteligencia humana. Inicialmente lo hacen como soporte, hoy a la par, el futuro no sabemos, pero vislumbramos. Sí sabemos que estamos a 20 años de máquinas con inteligencia similar a la humana. Ya hay muchos aspectos de la sociedad que están automatizados. Es decir, que se los hemos entregado a las máquinas. Los robots en la manufactura son crecientes. Pero se aplica por igual a los sistemas telefónicos, los pilotos automáticos, las respuestas telefónicas de muchas compañías, plantas generadoras de energía, semáforos, etc. ¿Puede acaso una empresa que tiene 4 millones de clientes atenderlos de manera personalizada? Necesariamente lo hace de manera tecnológica al principio, y eso resuelve más del 90% de los requerimientos. Literalmente, la sobrevivencia de la humanidad depende hoy de la tecnología. En eso no hay vuelta atrás.

El tema de la velocidad es esencial. Sólo piense en el e-mail, que cambió radicalmente la naturaleza de las comunicaciones y de los negocios. Todo se aceleró brutalmente. Y seguirá haciéndolo. Pero hoy el e-mail ya es muy lento para la juventud, y buscan soluciones más rápidas, en línea, más precisas. Chatean, skypean, se mensajean, bloguean etc. El e-mail, además, se ha llenado de basura, y opera en diferido; es decir, lento. Increíble para quienes venimos del tiempo del correo. En el transporte es similar. Se mueve más gente, cada vez más rápido y en todas direcciones. La fabricación de aviones no alcanza a copar el aumento de la demanda por viajes, cada vez más baratos. Los nuevos aviones pueden llevar hasta 850 pasajeros. Increíble, casi como un tren por el aire. Se ha producido más información en los últimos 30 años que en los 5.000 precedentes. El conocimiento que antes se duplicaba cada cientos de años, lo hace ahora cada 4 o 5. Todo el conocimiento técnico que tenemos hoy será menos del 1% del disponible en el 2050. Eso significa que debemos aprender a administrar conocimiento más que acumularlo. Y eso, además, por el volumen debe ser a través de la tecnología, no la memoria. Los cambios en los modelos de educación que se requieren son enormes. En Chile, sin embargo, seguimos mirando hacia el pasado. Hasta hay algunos termocéfalos que les gustaría estatizar toda la educación, como EFE. Hace 15 años que no se crean nuevas universidades. Incluso hay otros termocéfalos que les gustaría que hubiera menos. Se necesitan por lo menos 30 más en Chile, y unos 100 centros tecnológicos.

Uno de los resultados positivos de la velocidad es la riqueza material. La contraparte es la angustia de la obsolescencia humana, especialmente de la adultez. La riqueza impone una presión ambiental fenomenal, a la que se suma el impresionante hecho de que la población mundial aumentará en unos 3.000 millones más de personas, en 3 a 4 décadas. Más aún, aumentará la expectativa de vida muy significativamente. Por eso, fluctuaciones más o menos, los precios de las materias primas seguirán altos por un rato largo. ¿La solución? La misma: más tecnología, más velocidad, más automatización, 7x24. Es decir, más angustia también. En el futuro, el 90% de la alimentación será transgénica, nos guste o no. La educación será de por vida en un nuevo modelo global. Los problemas de energía son transitorios, digamos unos 15 a 20 años. Es más o menos lo que se demorarán en hacerse viables las nuevas fuentes. A modo de ejemplo, en 1970 un kwh de energía proveniente de células de hidrógeno costaba unos US$ 600.000. Hoy cuesta US$ 1.200, y para el 2012 costará US$ 400 o menos. Así como van los precios del petróleo, muchas energías se hacen comercialmente rentables, y lo harán. La transición será lenta, porque el mundo está organizado en base al petróleo y el cambio abrupto sería catastrófico, peor que la crisis del 30.

No quiero dar la impresión de que lo que viene es malo, es probablemente al revés. Pero puede ser muy malo si nos dejamos estar. Necesitamos una economía más vigorosa, más iniciativa de las personas, mucha mayor investigación básica y profesiones científicas, nuevos modelos de educación, hacer en serio el tema de la innovación, mover los recursos naturales, y hacernos más amigos entre nosotros. Si es así, nuestro futuro será mejor. Pero no vamos para allá.

Acount