miércoles, 6 de enero de 2010

Un monopolio que goza de buena salud. ¡De demasiada! , por Alejandro Ferreiro.


Un monopolio que goza de buena salud. ¡De demasiada! ,

por Alejandro Ferreiro.

El año 2009 cerró con un récord de emisiones de bonos de empresas por casi US$7 mil millones. La cifra se explica por el interés de las empresas de aprovechar la suspensión del pago del impuesto de timbres que se extendió hasta fines del 2009 y que les habría significado un “ahorro” de impuestos cercano a los US$ 84 millones. A partir de enero de 2010, la tasa sube a 0,6%, para volver definitivamente al 1,2% a partir de julio de este año. Similar fenómeno ha ocurrido con los créditos bancarios a empresas y personas: una demanda masiva se concentró en los últimos días del 2009, buscando evitar el pago del impuesto que resucitó días después. Pocos pueden dudar del efecto reactivador de la eliminación el impuesto de timbres: si hasta el propio gobierno incluyó su suspensión temporal en el paquete de estímulo anti crisis aprobado a principios del año pasado.

La incidencia del impuesto de timbres y estampillas en la conducta de los deudores es clara y justifica el debate acerca de los costos y beneficios de un impuesto que, si bien recauda cantidades importantes al fisco, supone un gravamen a la circulación del crédito que afecta al consumo y la inversión. Bien nos haría contar con cifras y estudios rigurosos que permitan, desde la perspectiva del bienestar social, comparar la recaudación fiscal de ese impuesto, cercana a los US$ 1.000 millones, con los efectos que su aplicación —casi como un sutil freno de mano— tiene sobre la actividad económica. Es posible, incluso, que buena parte de lo que el Estado deja de recaudar por ese impuesto se pudiera compensar con aumentos en el rendimiento de otros impuestos sensibles al crecimiento que se favorece al eliminar el impuesto al crédito.

Pero si de analizar costos discutibles sobre la actividad económica se trata, es inevitable volver la mirada sobre un gravamen que se gana todos los premios a lo inexplicable y anacrónico. Me refiero a las tasas que cobran los conservadores de bienes raíces. Toda transferencia de inmuebles así como la constitución de gravámenes o garantías sobre ellos debe pagar un arancel definido por el Ministerio de Justicia, previo informe de la Corte Suprema. A diferencia de los demás monopolios que operan en nuestra economía —y los conservadores lo son dentro de su ámbito territorial— esas tarifas no se calculan buscando simular los precios que podrían obtenerse en situaciones de competencia. El notable aumento de productividad que las tecnologías de información ofrecen a los conservadores para el manejo de los registros, así como el impresionante incremento de las operaciones afectas al trámite de registro, no se ha traducido en una disminución equivalente de los aranceles que pagan los usuarios.

Tampoco nuestro sistema contempla la licitación del cargo de conservador a quienes, habiendo previamente cumplido con los requisitos de idoneidad profesional requeridos, ofrezcan cobrar los aranceles más bajos a los usuarios. A cambio, se mantiene un sistema de designación muy poco competitivo y discrecional en manos del Poder Judicial que no considera incentivos para brindar un servicio eficiente y a bajo costo para los usuarios.

Es dudoso que los conservadores deban ser privados. De hecho, el Registro Civil cumple similar función respecto de los vehículos motorizados a costos mínimos. Es mucho más discutible, aún, que se deba contar con monopolios territoriales, en tiempos en que la ley podría forzar la interconexión de bases de datos, de modo que la función registral podría brindarse en un sistema competitivo. Pero es del todo inaceptable que, si tácitamente se opta por perpetuar un sistema de monopolios privados de muy dudosa justificación técnica, se haga tan poco por defender a los usuarios. En Chile, cuando por razones de eficiencia validamos monopolios legales (administradores de concesiones de obra pública, o del seguro de cesantía) o monopolios naturales (servicios sanitarios, distribución y transmisión eléctrica) el sistema vela por la protección de los consumidores licitando la gestión del monopolio legal a quien ofrezca el menor precio, o fijando tarifas que simulan aquellas que cobraría una empresa eficiente en competencia por brindar el servicio. Nada de esto se aplica a los conservadores. Y ni siquiera el proyecto de ley en trámite que busca regular la actividad de notarios y conservadores considera la adjudicación del cargo mediante licitación a quien ofrezca el menor costo.

Nuestro orden público económico rechaza los monopolios. Casos recientes han vuelto a demostrar el rechazo social a los carteles: que no son otra cosa que comportamientos monopólicos de quienes simulan una competencia inexistente. Nuestra institucionalidad antimonopolios se ha fortalecido notablemente en los últimos años. Sin embargo, el monopolio que constituyen los conservadores de bienes raíces ha resistido casi milagrosamente bajo un régimen de adjudicación y tarifas que no estimula eficiencias ni protege a los usuarios. ¿Qué explica su condición de institucionalidad intocable?, ¿por qué deben soportar todos los chilenos costos tan superiores a los que podrían obtenerse bajo una regulación diferente?

Al menos el impuesto de timbres y estampillas va a beneficio fiscal y ayuda a financiar el gasto social. No puede decirse lo mismo de los ingresos que enriquecen a quienes han tenido la fortuna de ser designados conservadores.


miércoles, 23 de diciembre de 2009

La otra gran derrota de la Concertación, por Andrés Tagle Domínguez.

La otra gran derrota de la Concertación,

por Andrés Tagle Domínguez (*)

La derrota de la Concertación en las elecciones presidenciales, en que su candidato, Eduardo Frei, no alcanzó el 30% de los votos, llegando 14 puntos por debajo de Piñera, ha tapado la gran derrota de la Concertación en las parlamentarias.

La estrategia del oficialismo para enfrentar estos comicios fue conformar un amplio pacto: unir su votación de 2005 —de un 51,8%— al 7,4% del Juntos Podemos, alcanzando un 59,2% y permitiendo así aumentar fuertemente el número de parlamentarios electos, por la vía de doblar a la Coalición por el Cambio en más distritos, de modo de conseguir un quórum que permitiera modificar el sistema binominal, y la elección de diputados comunistas.

En septiembre llegaron los partidos de la Concertación y el PC al Servicio Electoral, a firmar lo que se llamaría el «pacto contra la exclusión». Directivos de la Democracia Cristiana y del Partido Comunista suscribieron en forma solemne una declaración en la cual se señalaba “que existía afinidad entre sus declaraciones de principios”... Más de algún dirigente fundador debe haberse dado una vuelta en su tumba, al saber sobre la afinidad de principios entre el humanismo cristiano y el marxismo leninismo.

La derrota la dieron los resultados del pasado domingo 13: el nuevo pacto obtuvo en diputados apenas un 44,36% de la votación, cerca de 15 puntos menos que en 2005. Los comunistas apenas aportaron un 2%, con lo cual la votación de los partidos de la Concertación, de un 42,34%, estuvo incluso por debajo de la Coalición por el Cambio, que sacó un 43,44%. La baja fue soportada principalmente por la DC, que cayó del 20,8% obtenido en 2005 a un 14,2%. Dejó así de ser el segundo partido de Chile, siendo superada por Renovación Nacional, que con su 17,8% escoltó a la UDI (23,04%) en los lugares de privilegio.

El famoso nuevo pacto fue incapaz de doblar a la Coalición en algún distrito; peor aun, fue duplicado por ésta en uno y superado por listas menores en otros dos. Obtuvo así sólo 57 diputados, 8 menos de los 65 obtenidos en 2005. Pero, siendo 3 de ellos comunistas, la Concertación vio disminuida su representación en la Cámara a apenas 54 diputados, 11 menos que en 2005, quedando por debajo de la Coalición, que alcanzó 58. Cinco de los diputados oficialistas llegaron terceros en su votación individual y fueron electos gracias al sistema binominal que tanto repudian. Entre otros, el secretario general del PS, Marcelo Schilling, y el presidente del PPD, Pepe Auth.

Peor es el resultado de la Concertación en el caso de la votación de senadores, donde alcanzó un 43,3%, siendo superada inapelablemente por la Coalición, que obtuvo un 45,1%. Esta es la derrota total: pasan a ser minoría, a pesar de que gracias al sistema binominal eligen 9 senadores, la mitad de los en disputa. Uno de ellos, Fulvio Rossi, llega tercero en votación personal y es elegido gracias al binominal.

La lista «Chile Limpio, vota feliz», que agrupó a los renunciados y despechados que no encontraron cupo en sus ex partidos, con votación del 5,4%, inferior a la normal del Juntos Podemos, eligió a 3 diputados. Ellos se suman a otros dos electos como independientes.

Hay así cinco diputados electos al margen de las listas grandes, lo que demuestra que el sistema binominal no excluye necesariamente a las listas chicas. Se completan 14 diputados electos por “fuera” en 5 de las 6 elecciones. Ello evidencia que la no elección de comunistas en el pasado era más bien una falta de caudal de votos y no una exclusión del sistema.

De hecho, la elección de dos diputados PC, en Iquique y Copiapó, se consigue con los votos de la izquierda de la Concertación (PPD y PS), que omiten presentar candidatos en esos lugares. El tercero, Guillermo Teillier, en el distrito de San Miguel, Lo Espejo y Pedro Aguirre Cerda, es electo producto de prácticas poco limpias para la democracia y para sus compañeros de pacto. Un acarreo grosero de los comunistas, que se fueron a inscribir a esta zona, queda demostrado al analizar las 47 nuevas mesas del distrito. Teillier obtiene en ellas sobre el 55% (en algunas llega al 76%), cuando en el resto sólo conseguía el 31%.

(*) Tagle Domínguez es el experto electoral de la Unión Demócrata Independiente, y sus análisis son muy bien evaluados, sobre todo, por lo acertados que son sus estudios.



martes, 15 de diciembre de 2009

DOS COMENTARIOS DE LUJO....

¿Qué es el cambio?

Por José Ramón Valente.

El eslogan de segunda vuelta de Sebastián Piñera es “Unete al cambio”. Pero muchos se preguntan ¿qué es el cambio? Algunos de sus detractores dicen que ésta es una palabra vacía, sin contenido. Otros dicen que esto significa borrón y cuenta nueva, es decir desconocer y cambiar todo lo que ha hecho la Concertación en los últimos 20 años. Por último, están los escépticos que señalan que todos los candidatos ofrecen cambios, lo que paradójicamente sugiere que el cambio termina siendo más de lo mismo; es decir, políticos que ofrecen mucho y hacen poco. Puede que haya personas que piensen así, pero el deseo de cambio de los chilenos es mayoritario y la elección de ayer lo confirma. Tanto Sebastián Piñera como Marco Enríquez-Ominami basaron sus campañas de primera vuelta en la idea del cambio y la votación combinada de ambos superó el 64% de los votos.

La gente quiere el cambio, los chilenos quieren educación de calidad, menos delincuencia, que gobiernen los mejores y no los más apitutados, mejor Estado y, por qué no, 1 millón de nuevos empleos. Pero efectivamente eso también lo puede ofrecer cualquiera. De hecho, el discurso de Frei ayer después de la elección contenía varias de estas cosas. Por lo tanto, quien quiera ganar en segunda vuelta debe convencer a los chilenos que su oferta de cambio es genuina, tiene contenidos y no es borrón y cuenta nueva.

Piñera tiene las mejores chances de ganar, porque una lista de ofertones efectivamente la puede hace cualquiera, pero para que éstos sean creíbles y se manifiesten en votos deben tener sustento en convicciones más profundas que el solo deseo de ganar una elección. Por lo mismo, es poco creíble que Frei ofrezca ahora hacer lo que no hizo durante los 6 años en que fue Presidente y la Concertación tampoco ha hecho en los 20 años que ha estado en el gobierno.

Pero aun más importante que la historia de Frei y la Concertación es su presente. Durante su campaña el senador Frei ha demostrado más ganas de aferrarse al poder que a sus convicciones. Por lo mismo, su oferta de cambio es y será más bien un popurrí de propuestas instrumentales a su objetivo que el resultado de una visión de futuro para Chile y los chilenos.

Las propuestas de cambio de Piñera no son caprichosas ni menos una lista de supermercado elaborada por el publicista de turno. Estas son consistentes con la convicción del candidato y de sus colaboradores, de que los chilenos son capaces de mucho más, y que dotados de las herramientas correctas pueden progresar a un ritmo mucho más acelerado que el que lo han estado haciendo, sobre todo en los últimos 10 años. La delincuencia, la mala calidad de la educación, el desempleo y la burocracia estatal son pesadas cadenas que arrastran los emprendedores y las familias chilenas en su búsqueda natural de un futuro mejor. Es imprescindible tenderles una mano a los más débiles y más desprotegidos, pero es también fundamental darles alas a los que quieren volar. Es sobre la base de ese convencimiento que nacen las propuestas del ingreso ético familiar, el millón de empleos y el crecimiento del 6% anual. Es para liberar a los chilenos del yugo de la ineficiencia del Estado que se propone un gobierno con los mejores y es para darles alas a nuestros jóvenes que se propone mejorar la calidad de la educación. El cambio que propone Piñera habla de futuro y no de pasado, y por lo tanto se construye sobre el presente y no pretende partir de cero, sino que de los avances ya logrados con mucho esfuerzo por los chilenos en los últimos 30 años.

El cambio de Piñera es genuino, tiene contenido y bajo ningún punto de vista implica borrón y cuenta nueva. Por el contrario, el cambio que comenzó a ofrecer Frei desde ayer es más bien oportunista y de dudosa reputación.


¿Qué es el cambio?

Por José Ramón Valente.

El eslogan de segunda vuelta de Sebastián Piñera es “Unete al cambio”. Pero muchos se preguntan ¿qué es el cambio? Algunos de sus detractores dicen que ésta es una palabra vacía, sin contenido. Otros dicen que esto significa borrón y cuenta nueva, es decir desconocer y cambiar todo lo que ha hecho la Concertación en los últimos 20 años. Por último, están los escépticos que señalan que todos los candidatos ofrecen cambios, lo que paradójicamente sugiere que el cambio termina siendo más de lo mismo; es decir, políticos que ofrecen mucho y hacen poco. Puede que haya personas que piensen así, pero el deseo de cambio de los chilenos es mayoritario y la elección de ayer lo confirma. Tanto Sebastián Piñera como Marco Enríquez-Ominami basaron sus campañas de primera vuelta en la idea del cambio y la votación combinada de ambos superó el 64% de los votos.

La gente quiere el cambio, los chilenos quieren educación de calidad, menos delincuencia, que gobiernen los mejores y no los más apitutados, mejor Estado y, por qué no, 1 millón de nuevos empleos. Pero efectivamente eso también lo puede ofrecer cualquiera. De hecho, el discurso de Frei ayer después de la elección contenía varias de estas cosas. Por lo tanto, quien quiera ganar en segunda vuelta debe convencer a los chilenos que su oferta de cambio es genuina, tiene contenidos y no es borrón y cuenta nueva.

Piñera tiene las mejores chances de ganar, porque una lista de ofertones efectivamente la puede hace cualquiera, pero para que éstos sean creíbles y se manifiesten en votos deben tener sustento en convicciones más profundas que el solo deseo de ganar una elección. Por lo mismo, es poco creíble que Frei ofrezca ahora hacer lo que no hizo durante los 6 años en que fue Presidente y la Concertación tampoco ha hecho en los 20 años que ha estado en el gobierno.

Pero aun más importante que la historia de Frei y la Concertación es su presente. Durante su campaña el senador Frei ha demostrado más ganas de aferrarse al poder que a sus convicciones. Por lo mismo, su oferta de cambio es y será más bien un popurrí de propuestas instrumentales a su objetivo que el resultado de una visión de futuro para Chile y los chilenos.

Las propuestas de cambio de Piñera no son caprichosas ni menos una lista de supermercado elaborada por el publicista de turno. Estas son consistentes con la convicción del candidato y de sus colaboradores, de que los chilenos son capaces de mucho más, y que dotados de las herramientas correctas pueden progresar a un ritmo mucho más acelerado que el que lo han estado haciendo, sobre todo en los últimos 10 años. La delincuencia, la mala calidad de la educación, el desempleo y la burocracia estatal son pesadas cadenas que arrastran los emprendedores y las familias chilenas en su búsqueda natural de un futuro mejor. Es imprescindible tenderles una mano a los más débiles y más desprotegidos, pero es también fundamental darles alas a los que quieren volar. Es sobre la base de ese convencimiento que nacen las propuestas del ingreso ético familiar, el millón de empleos y el crecimiento del 6% anual. Es para liberar a los chilenos del yugo de la ineficiencia del Estado que se propone un gobierno con los mejores y es para darles alas a nuestros jóvenes que se propone mejorar la calidad de la educación. El cambio que propone Piñera habla de futuro y no de pasado, y por lo tanto se construye sobre el presente y no pretende partir de cero, sino que de los avances ya logrados con mucho esfuerzo por los chilenos en los últimos 30 años.

El cambio de Piñera es genuino, tiene contenido y bajo ningún punto de vista implica borrón y cuenta nueva. Por el contrario, el cambio que comenzó a ofrecer Frei desde ayer es más bien oportunista y de dudosa reputación.

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