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martes, 12 de mayo de 2009

DOS COMENTARIOS DE LUJO.


¿Cambio? No, gracias
Alejandro Ferreiro.

Estados Unidos emitirá deuda pública este año por la inédita suma de 1,7 trillones de dólares (millón de millones). No menos se necesitará para financiar el déficit que generan dos guerras en oriente, costosos planes de rescate financiero y de estímulo económico en tiempos de recesión y caídas de ingresos tributarios. Cuando el Tesoro norteamericano salga a buscar fondos en las magnitudes señaladas, todo el mercado de deuda mundial se remecerá. Poco espacio quedará para las muchas otras naciones que esperan y necesitarán recurrir a la emisión de deuda para capear el temporal de la crisis económica. Los excedentes de China y de otros fondos soberanos, decrecientes por cierto, tendrán un exceso de pretendientes y podrán regodearse. El dinero se hará más caro para todos y especialmente para los países emergentes con debilidades macroeconómicas.

No será fácil ni barato para América Latina colocar deuda en estas condiciones. Pero cuando los ingresos por exportaciones y tributarios bajan y el gasto público se hace imprescindible como agente reactivador, endeudarse será inevitable si no se cuenta con ahorros propios. El “keynesianismo” fiscal resultará cada vez más caro, si no derechamente insostenible, a medida que aumenta el costo de endeudarse para los países de la región. Es cierto, la crisis económica aún no golpea a Latinoamérica con la fuerza que deprime hoy a las economías desarrolladas. De hecho, y sorprendentemente, las bolsas del continente han subido un 33% en lo que va corrido del 2009 y para ningún país se pronostican caídas del producto cercanas al 6% que se espera para Japón y el Reino Unido. Sin embargo, será muy difícil que América Latina pueda evitar recurrir a los mercados de deuda para sostener un gasto fiscal expansivo cuando caen sus ingresos. En los próximos meses veremos la necesidad, y dificultad, de pedir dinero prestado en mercados casi copados por las emisiones de deuda de Estados Unidos.

¿Y cómo se ve Chile en ese escenario? Notablemente ajeno a ese riesgo. Chile, desde luego, podrá gastar en tiempos de vacas flacas, lo que ahorró en la bonanza. Pero aún si decidiera endeudarse, tiene la opción de recurrir primero al mercado local de deuda, puesto que las AFP y las compañías de seguro son demandantes naturales de deuda de largo plazo y prefieren aquella emitida en moneda local. No hay en la región —ni sobran en el mundo— naciones que puedan exhibir los excedentes fiscales o la profundidad del mercado de deuda que generan los actores previsionales en Chile. Y cuando se avizoran tiempos difíciles para colocar deuda en los mercados mundiales, estas dos fortalezas estructurales de Chile hacen una gran diferencia.

Pero también los chinos son fuente de buenas noticias para nosotros. El rápido despliegue de su plan de estímulo fiscal basado en el desarrollo de infraestructura ya se hace sentir en el repunte de la demanda y precio del cobre. Nótese que la libra de cobre ya se transa a US$ 2,15, valor que es un 30% superior al promedio del año 2005 (US$1,67) previo al boom de las materias primas. Y ese nivel, más sorprendentemente aún, supera —¡en medio de la crisis!— al estimado por el grupo de expertos que proyecta el precio de largo plazo o tendencia, y que hoy alcanza a US$ 1,99 la libra. Esto hace pensar que el cobre ayudará a equilibrar los ingresos y gastos fiscales más rápido de lo esperado, reduciendo la necesidad de recurrir a los ahorros acumulados.

Por otro lado, la rápida caída de la inflación, acentuada con el sorpresivo -0,2% de abril, permitió al Banco Central bajar las tasas al mínimo histórico de 1,25%, con lo que el Central extrema su contribución posible a la reactivación y ayuda a mejorar las expectativas de empresas y consumidores.

Finalmente, el gobierno ha logrado la semana pasada un inédito y promisorio acuerdo nacional tripartito para capacitar y mejorar la productividad de los trabajadores, aprovechando las jornadas que se liberan cuando cae la demanda por trabajo. Si el plan tiene éxito, los ingresos permanentes de los trabajadores aumentarán en la medida de la mayor productividad conseguida, conciliando de modo sustentable una mejor distribución del ingreso con mayor crecimiento.

En suma, Chile hizo y sigue haciendo bien sus tareas fundamentales en el manejo de su economía. Y ello se hace más evidente, valorable y necesario en tiempos difíciles. Resaltar las fortalezas chilenas no debe confundirse con subestimar la magnitud de una crisis que por primera vez en sesenta años significará una caída del producto planetario que se estima entre 1,5 y 2% para este año. Tampoco tiene precedente la contracción del comercio mundial del 20% como la observada en el último trimestre de 2008, ni el deterioro acelerado y simultáneo de las finanzas públicas de los países desarrollados.

Pero así como nunca el escenario externo fue peor, nunca ha sido más nítido su contraste con las políticas públicas, cuentas fiscales, fortalezas y perspectivas de Chile.

Los tiempos de campaña electoral son propicios para el despliegue de ofertas de cambio, muchas veces ambiguas o flacas en sustancia y contenido. Los discursos suelen subestimar lo logrado y sobrevaloran lo que se promete lograr. Sin embargo, no sobra decir que las fortalezas que Chile exhibe hoy son el resultado de políticas, consensos y estrategias de desarrollo que merecen más continuidad que cambio... aunque no sea glamoroso decirlo en tiempos de campaña.




Más interesantes que aburridos
Margarita María Errázuriz

El Presidente Lagos dijo que la política en Chile es aburrida. No sé si sólo la política es así o si su apreciación vale para toda nuestra vida social. Son aburridas las polémicas, las noticias, nuestra forma de entender el acontecer nacional. Mi hipótesis es que si merecemos ese mote es porque vivimos “en permanente proceso de…”; siempre estamos a punto de cruzar un umbral, aún no parimos. Porque vivimos en espera constante, porque estamos en vías de… creemos que no tenemos características potentes que nos destaquen; que no nos podemos permitir debates sobre temas de fondo que nos desafíen, porque no queremos retrasar la llegada a la meta; no damos motivos para que se nos ame o rechace mientras no demos a luz. Bajo esta óptica, es difícil que nos consideremos entretenidos o, al menos, interesantes. Nuestro mundo está en espera, sin visión ni destino ciertos.

En mi opinión, para cambiar nuestra autoimagen tenemos que poner la mirada en nuestros logros y dejar de lado esa obsesión por centrarnos en los procesos. Por supuesto que éstos son valiosos, porque iluminan futuros posibles. Pero, para mirar hacia adelante sin perderse, hay que tener un piso firme desde donde proyectarse. Lo curioso es que tenemos bases sólidas para estar bien parados —buena trayectoria de desarrollo, gobernabilidad, políticas que nos han permitido reducir la pobreza y contar con una importante red de protección social, entre otras— y no somos capaces de atesorarlas como nuestros mejores recursos.

Para mí, una gran ayuda para entender lo que tenemos como país es tomar nota de nuestra posición en el ranking mundial de desarrollo humano. Chile se encuentra en un lugar destacado en el índice de desarrollo humano —IDH—. Actualmente ocupa el lugar 40 en esa clasificación. Este índice, elaborado por el PNUD, define el desarrollo humano como el proceso de ampliación de las oportunidades y de las capacidades de las personas cuando la sociedad se inspira en valores democráticos y en el respeto a los derechos humanos. Lo interesante es que, si bien reconoce que el foco del desarrollo es la persona y su capacidad para transformar sus oportunidades en resultados concretos, supone a su vez que la persona puede lograr este objetivo solamente gracias a la cooperación y a los bienes generados en forma colectiva y socialmente distribuidos. Vale la pena destacar que estas dimensiones morales son factores determinantes, hoy en día, para medir el progreso de los países.

En buenas cuentas, nuestra posición en el IDH señala que, con todas nuestras deficiencias, a pesar de nuestra mala distribución del ingreso y de que no nos consideramos una sociedad muy integrada, los chilenos hemos alcanzado resultados concretos en nuestra vida personal, debido a que el país ha progresado a partir del ejercicio de un conjunto de valores vinculados con una convivencia solidaria, en un marco de estabilidad democrática y de respeto ciudadano.

Lo malo es que los chilenos estamos lejos de valorar esas dimensiones morales. Seguramente las encontramos aburridas. Por ello, no damos importancia a nuestra ubicación en ese ranking y ésta seguramente nos sorprende. No creo que la gran mayoría de los chilenos perciba que vive en una sociedad solidaria y respetuosa, y que en conjunto hemos abierto oportunidades para todos. El fantasma de la corrupción que nos persigue, la tentación de hacer intervención electoral por los supuestos beneficios que genera, y la descalificación y la pequeñez que nos rondan en medio de la campaña presidencial afectan nuestra comprensión de la realidad.

No podemos dejarnos abatir ni por el aburrimiento ni por comportamientos que tenemos que superar. A mi juicio, somos interesantes porque siendo chicos y pobretones, sin habérnoslo propuesto, nuestros logros están en sintonía con los signos que marcan el progreso de la humanidad. Ya es hora de reconocerlo.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El cardenal Medina, Madonna y los columnistas

El cardenal Medina, Madonna y los columnistas

Gonzalo Vial

 

Un colaborador habitual de este mismo diario,(*) el 11 de diciembre, y el 14 siguiente el rector/columnista de El Mercurio literalmente hacen explosión contra Monseñor Medina. ¿Motivo? Unas palabras pronunciadas por dicho cardenal sobre el show de Madonna, durante la homilía de la misa que el prelado celebró en el aniversario del fallecimiento del general Pinochet.

Ahora bien, esas palabras, aparte de su referencia específica a la cantante internacional, no expresan sino la doctrina constantemente reafirmada de la Iglesia por lo que toca a la sexualidad humana. Como bien reconoce el rector/columnista, es esa doctrina la causa auténtica de la explosión contra el cardenal, lo que verdaderamente se le reprocha, más que su parecer sobre la cantante internacional.

Y es que ambos columnistas son náufragos del hundimiento de los «socialismos reales», a fines de los ’80. Y no pudiendo, por costumbre ya inveterada, vivir sin la droga de una ideología, han adoptado la postmoderna. Es decir, que cada cual haga lo que quiera, y no reconozca a esta actitud, éticamente, más restricción que el exceso de sufrimiento ajeno que pueda significar... exceso que, ¿es necesario decirlo?, dictamina de modo soberano el mismo que inflige el sufrimiento.

ARMAS PROHIBIDAS. Este individualismo extremo o neoprogresismo suele ser totalitario, quizás por resabio de la utopía socialista que lo precedió. Y una de las armas totalitarias es procurar destruir la imagen moral del adversario utilizando cualquier medio, aunque no sea razonable ni admisible. Ambos columnistas, en su furia, atacan al cardenal Medina de esa manera, rasgo importante para entender el origen y naturaleza reales de la disputa. Veámoslo:

1) Atropellos del general Pinochet a los derechos humanos. Por supuesto, este tema y Madonna no tienen nada que ver. Traerlo a cuento es la más antigua de las falacias lógicas: “Medina se equivoca cuando se refiere a Pinochet y los derechos humanos. LUEGO se equivoca al hablar de sexualidad”. No se puede argumentar así seriamente. Los columnistas debemos recordar que los lectores no son tontos.

Pero el rector/columnista va más allá. Según su inveterada costumbre, atribuye al contendor opiniones sin justificar que efectivamente las tenga. Cito:

“POR SUPUESTO, a Monseñor Medina las actuaciones de Pinochet, entre las que se cuentan cosas tan reprobables como hacer desaparecer personas y practicar la tortura, no le merecen ninguna condena moral. Y ES PROBABLE incluso que, si lo apuramos, citara a algún escolástico y, en vez de condenar esos actos, los justificara”.

El “es probable” es, sin discusión, una gruesa impropiedad polémica, un chisme de cocina, desecratorio de las serias páginas mercuriales. ¿Cómo lo justifica el rector/columnista? Y el “por supuesto” anda muy cerca. Le faltan comillas... las comillas de cuándo, cómo y dónde dijo el cardenal lo que se le atribuye.

2) Delitos sexuales al interior de la Iglesia Católica. Ambos columnistas los relacionan con las críticas del cardenal a Madonna. El rector/columnista brevemente, aunque de modo insultante, con una ironía de plantígrado. Pero el colaborador de La Segunda se exhibe de cuerpo entero:

“El jubilado cardenal, hombre influyente en el Vaticano, debería además tomar nota de que su provocación y sus desplantes moralistas ocurren cuando un nuevo escándalo implica a la Iglesia chilena, en este caso respecto de pornografía infantil encontrada en posesión de un sacerdote, hecho que se suma a las reiteradas denuncias de pedofila y otras ofensas a menores indefensos que involucran a miembros de la Iglesia Católica”.

Aparte el odio incomprensible que rezuma este párrafo, adviértase cómo reaparece la misma falacia lógica del Nº 1, pero todavía más notoria y descabellada: “Hay miembros de la Iglesia Católica chilena que han cometido delitos o impropiedades sexuales. LUEGO la Iglesia, institución milenaria presente en el mundo entero, no puede tener doctrina moral sobre sexualidad”.

Sin comentarios.

Pero apliquemos esta misma teoría a la Concertación, de la cual el colaborador de La Segunda ha sido desde el comienzo importante servidor público y dirigente político. Razonemos (?): “En los últimos siete u ocho años, si no con anterioridad, pero siempre gobernando la Concertación, funcionarios, militantes y simpatizantes suyos se han llevado para la casa dineros fiscales destinados a las obras públicas (MOP); el deporte popular (rayuela inclusive; Chiledeportes); la subvención de las escuelas pobres (Mineduc); los subsidios a los cesantes (para campañas de parlamentarios concertacionistas hoy en funciones, elegidos gracias a estos «aportes»); el tratamiento del sida (Consejo de las Américas), etc. LUEGO, la Concertación no puede tener doctrina ética sobre corrupción.

3) Descalificación personal. Si el cardenal Medina habla de Madonna y su show, a juicio de los columnistas no se equivoca solamente, sino que es una “provocación”, un “desplante moralista”, una “extraña vocación de control sobre la sexualidad”, etc. La práctica descalificatoria se extiende, hemos comprobado, a la Iglesia chilena, escandalosa, pedófila, los miembros de cuyo clero —dice pícaramente el rector/columnista— “suelen ser más comprensivos... entre sí” que lo que exigen de sus fieles en materia sexual. El cardenal, se dice con desprecio, es un “jubilado”... para luego calificarlo de “influyente en el Vaticano”; así se relaciona a Roma con las fotos indecorosas halladas en poder de un sacerdote chileno.

¿Cómo no recordar las toneladas de excrementos, verbales y escritos, que el comunismo y sus «progresistas» ensalzadores de Occidente derramaban sobre cuantos denunciaban los horrores de la URSS del bondadoso padrecito Stalin, desde André Gide en adelante? Aquí mismo fue cuidadoso y completo el asesinato de imagen que practicó el PC contra sus «ex» desencantados y espantados: Hidalgo, Chamúdez, el peruano Ravines. Y también nuestros «progresistas» de entonces ayudaron a esa destrucción moral... hasta que «se les hizo la luz».

Pero, las costumbres inveteradas pesan, no se ha hecho la luz como para que el progresismo actual descarte también estos procedimientos incorrectos del pasado.

4) Asimismo, adviértase el resabio totalitario de enfurecerse con las opiniones contrarias. Un sacerdote NO PUEDE tener el “desplante moralista” de defender las doctrinas de la Iglesia sobre sexualidad. NI PUEDE opinar sobre Pinochet y los derechos humanos, alejándose de lo «políticamente correcto». ¿Se equivoca? Pues, demostrárserlo, prescindiendo de si lleva o no sotana o birrete.

Una forma sibilina de esta censura a las opiniones de la Iglesia y su clero es quejarse de que, al manifestarla, intentan IMPONERLA a una sociedad pluralista. ¿Por qué y cómo sería así? ¿Exponer razonadamente lo que se piensa... en qué se parece a «imponer»? ¿Cuáles serían las armas de imposición de la Iglesia? ¿Qué sanciones, si no espirituales, le cabe aplicar (y éstas, exclusivamente a católicos)?

Cuando la Iglesia alerta sobre el peligro de excomunión anexo a promover determinadas opiniones y actitudes, también se suele tocar a rebato y escándalo. La excomunión significa dejar claro, simplemente, que dichas opiniones y actitudes han colocado a una persona al margen de la Iglesia, por negar su doctrina en puntos determinados. ¿Quién sino la propia Iglesia podría y tendría derecho a dictaminarlo? Hace poco tiempo, la Masonería Chilena expulsó a su Gran Maestro, y hace menos tiempo todavía, la Logia de San Fernando expulsó a su sucesor. El neoprogresismo no reclamó. Tampoco, los años ’80, que yo recuerde, cuando el cardenal Silva Henríquez insinuó la excomunión de Jaime Guzmán.

5) Ni es posible dejar sin comentario la ingratitud de la izquierda chilena, hoy, cuando la Iglesia o sus personeros manifiestan la doctrina ética de la primera. ¡No ha pasado tanto tiempo desde que ella, la Iglesia, con grandes sacrificios, era el único amparo de la propia izquierda en la clandestinidad y la prisión! Puras mieles, entonces, brutales injurias, hoy... Quienes, entre los católicos, se sientan cercanos al neoprogresismo, mediten en este cambio de actitud, tan notorio y significativo. ¿Se les quiere de verdad, o se les busca como los comunistas a los «tontos útiles» del siglo pasado?

Nos queda el centro de la polémica, la opinión de la Iglesia sobre la sexualidad, manifestada por monseñor Medina, en contraposición con la que invocan los columnistas que atacan al cardenal. Tema extenso y el más importante, lo dejamos para la próxima columna.

(*) Se refiere a La Segunda.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Los imposibles de Lagos
Gonzalo Rojas Sánchez.

Lleno de enunciados tajantes -pero envueltos en la fina seda de su lenguaje-, Lagos se revela en ese texto una vez más como el artista-soldado que, quizás sin haber leído a Nietzsche, repostula sus dotes de superhombre para conseguir uno tras otro... los imposibles.


El arte de lo posible: así se caracterizaba antes a la política, para definirla al menos en sus aspectos más externos. Valía esa noción cuando todavía el poder era concebido con limitaciones y al servicio del bien común.

Pero desde que la política se comenzó a transformar en ideas-fuerza, más propaganda, más fuerza-pura (¿un siglo hace ya?), se ha convertido en la tarea de los imposibles, porque los animales políticos que así la practican actúan convencidos de que con un échele pa'delante y dos buenos comunicadores, la tarea va bien encaminada y dará frutos.

Ricardo Lagos es el máximo exponente nacional de la ecuación voluntarismo más marketing, igual éxito. Su reciente manifiesto así lo comprueba.

Lleno de enunciados tajantes -pero envueltos en la fina seda de su lenguaje-, Lagos se revela en ese texto una vez más como el artista-soldado que, quizás sin haber leído a Nietzsche, repostula sus dotes de superhombre para conseguir uno tras otro... los imposibles.

El listado de sus esperanzas es largo y comienza afirmando que los electores renovarán la confianza en la Concertación, si la coalición se muestra orgullosa de sí misma. Imposible, porque el listado de los fracasos clamorosos es tan grande y grotesco, que más del 60% de los electores ya le dijeron que No a la Concertación en la elección de alcaldes, esos pequeños presidentes locales.

Continúa Lagos invocando la necesidad de unirse sin vacilaciones en el apoyo a la Presidenta Bachelet. Imposible: la mandataria es un dato menor de aquí a diciembre del 2009; nadie en su coalición gastará energías en reconstruirla o en reforzarla. Ya pasó.

En tercer lugar, afirma la necesidad de tener ideas y propuestas que formulen nuevos objetivos, como dice que lo ha hecho él en su libro reciente. Imposible, porque la matriz está viciada: todo lo que ha planteado sólo genéricamente en su obra, implica más Estado, más intervención, más gasto, más regulaciones en lo económico-social, y en paralelo, en lo moral-cultural, más abandono, más desamparo, menos orientación.

A continuación, le pide a la Concertación que se ordene, que se ponga positiva, que deje de lado los personalismos y que se tome en serio la política. O sea, que aparezca ante el electorado tan pura como una doncella y tan madura como una matriarca. Imposible: las arrugas de la Concertación ya son surcos; después de estos 18 años, la coalición es responsable de una cara tan llena de verrugas que no admiten disimulo, díscolas ellas. Ni doncella, ni matriarca: bruja.

Más aún, Lagos exige que para nombrar el candidato se genere en la Concertación un ambiente de unidad y de confianza. Imposible: El solo enunciado de su aspiración presidencial ha suscitado nuevas ásperas desuniones y crecientes desconfianzas. Enríquez-Ominami, Gazmuri, Farías, Jiménez son algunos de sus detractores, en una lista que ya hoy es todavía más larga. Y espérate no más la que se viene.

Finalmente, pide para el candidato concertacionista no sólo la jefatura de la coalición si es que resulta electo, sino ya durante la campaña, la doble calidad de aspirante a la primera magistratura y de cabeza de la lista parlamentaria. Se postularía, por lo tanto, como Presidente de la República y como Comandante de Bancadas, cargo nuevo que requeriría una Constitución Lagos 2010. Imposible, por dos razones. Primero, porque los partidos de la Concertación, todos, necesitan potenciarse en estos tiempos de expulsiones y fugas; y, segundo, porque las listas parlamentarias se configurarán en la Concertación, pero incluirán a personas ajenas a la coalición, las que una vez electas, ciertamente no formarán parte de sus futuras bancadas.

¿Lagos ignora todas las objeciones formuladas a sus imposibles? No, obviamente que no. Si fuera un ingenuo, a lo más habría presidido la sociedad chilena de coleccionistas de mariposas sudafricanas. Y resulta que presidió la República. Astuto, voluntarista, comunicador, voluntarista, cazurro, voluntarista... Sabe lo que quiere y cómo conseguirlo; sabe que formula imposibles, pero ya sabrá echarles las culpas a otros. Esa es parte de la característica de estos hombres únicos: los demás no están a la altura, fue por culpa de los otros que no se consiguió un imposible.

Por eso, todo el análisis anterior importaría poco si, además, alguien lograra probar que creerle a Lagos es imposible.

En todo caso, con Lagos, impossible is something.

El fallo histórico de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación Argentina

Libertad sindical

Nélida Rebollo de Montes (*)


El sindicalismo tiene una alta misión dentro del orden republicano-democrático.


La Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina ha producido un fallo que ha sido calificado, de “histórico”. Esa sentencia ha puesto límites al monopolio sindical al disponer que cualquier trabajador pueda ser delegado gremial aunque no esté afiliado al sindicato. Cabe destacar que no obstante garantizar el artículo 14 bis de la Constitución Nacional la organización sindical libre y democrática, repetidas leyes de asociación sindical otorgaron ese privilegio a las agrupaciones que tienen reconocimiento gremial del Estado que, a su vez, les negaba a otras asociaciones que poseían una simple inscripción.

Esas agrupaciones con reconocimiento del Estado, precisamente, tienen el manejo del dinero de las obras sociales brillando como poderosas ante cualquier circunstancia. Pero también ejercen con exclusividad la representación de los trabajadores ante las empresas. De ahí que el fallo del máximo tribunal en una sentencia respaldada por diversos tratados internacionales, introdujo el derecho a la libertad en el sindicalismo, declarando inconstitucional el artículo 41, inciso A, de la ley 23.551. Cabe destacar que el fallo fue firmado por seis ministros de la Corte, que preside el Dr. Ricardo Lorenzetti.

Según el prestigioso diario argentino, La Nación, en un artículo de fondo, sostiene que el principio de la libertad sindical fue reafirmado en muchas oportunidades por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que también integra nuestro país, no obstante, rigió en la Argentina desde hace varias décadas “un régimen de afiliación sindical coercitivo, monopólico y de raíz fascista” en función del cual el Estado otorga la denominada personería gremial a un solo sindicato.

La declaración universal de los derechos humanos y el Pacto de San José de Costa Rica incluidos en el texto constitucional, confieren a la libertad de asociación gremial un rango superior entre los derechos de la persona.

Llama la atención que ninguno de los gobiernos democráticamente elegidos desde 1983, hasta el presente, no hayan modificado el grave error poniendo fin a ese monopolio sindical. A pesar de ello la OIT en asambleas exhortó a las autoridades nacionales a legislar para poner fin al actual sistema legal corporativo que sospechosamente sólo reconoce a un sindicato por rama y a una única central obrera.

Ya era hora que las organizaciones gremiales que tienen una trayectoria desde muy antiguo adquirieran el rango y la trascendencia que el tiempo les concede al revalorizar su importancia.

No es exagerado decir que ya en la Edad Media esas corporaciones adquirieron una gran importancia política al fomentarse las ciudades o Burgos en donde comenzó la división del trabajo y la especialización en oficios que abarcaron todas las actividades industriales, sin excluir las artes.

Hay que reconocer que la República democrática suprimió luego el régimen corporativo sustituyéndolo por el sistema de representación popular en el que la ciudadanía se ejercía sin hacer distinciones entre los ciudadanos aunque pertenecieran o no a determinados gremios de trabajadores.

El pueblo de la república democrática absorbió a los componentes de las ex corporaciones formando con todos lo ciudadanos del pueblo una nueva entidad política a la que reconoció el ejercicio completo de la soberanía y que podía expresar su voluntad individualmente, por medio del sufragio para elegir a los gobernantes, y por medio del plebiscito para manifestar sus opiniones.

Alejándonos de aquellas épocas hay que reconocer que el sindicalismo contemporáneo adquiere un nuevo significado, pues su actividad comienza a ser exclusivamente gremial, en defensa de los intereses que corresponden a la clase obrera; y, en particular, a cada uno de los gremios organizados con el nombre de sindicatos.

Precisamente los sindicatos son los que agrupan a los trabajadores de cada gremio, organizado libremente con adopción de los principios de la república; es decir que cada trabajador tiene derecho a intervenir en la elección de las autoridades sindicales para que éstas sean la representación de la mayoría y tengan a su cargo la ejecución de su finalidad. Por lo tanto, el sindicalismo era considerado un sistema social y no un sistema político como se ha pretendido. Sus finalidades son siempre gremiales y dirigidas a la defensa de los intereses de los obreros en relación con su trabajo.

En la Argentina como en otros países los sindicatos han desempeñado una función interesante y útil. Formaban una verdadera comunidad donde se iniciaban conversaciones, se elaboraban proyectos y otras iniciativas importantes. Estimularon la legislación laboral o legislación del trabajo; debatían sobre la necesidad de ser justos en los reclamos y en no prestarse a los desbordes que llevan a la violencia. Así lograban apoyo de sus patrones y dirigentes.

Volviendo a la libertad sindical ésta necesita cumplir su misión organizada y actuando libremente y sin estar sometidas a ninguna forma de coacción oficial. Toda violación de este principio desnaturaliza al sindicato y lo convierte en instrumento de interés político inadmisible. La intromisión del gobierno en los sindicatos desvirtúa su verdadera finalidad porque esa intervención lleva el propósito de favorecer a los patrones o a los obreros.

Al gobierno no le incumbe otra tarea que la de dictar las leyes y normas reglamentarias como función de Estado, sin otro propósito que el de mantener el imperio del Derecho; y sólo en caso de conflicto debe actuar el poder judicial. La injerencia gubernativa en los sindicatos es siempre abusiva y arbitraria, es una intromisión en el ejercicio autónomo de la vida sindical y de los derechos de los trabajadores a manejar por sí sus intereses dentro del ámbito legal que les corresponde.

Toda injerencia de los gobernantes responde a intereses políticos que pueden ser del partido oficial o los que personalmente atañen a determinados funcionarios. Juristas prestigiosos, dedicados a ejercer en su cátedra la educación democrática han reconocido que en nuestro país los partidos políticos y los sindicatos han estado bajo regímenes despóticos, por ejemplo en el gobierno de Perón se impuso –opinan- un régimen totalitario que pretendió utilizar demagógicamente a los sindicatos como fuerzas políticas organizadas. Con despliegue demagógico apoyan su poder en el ámbito popular. Con la mentira a sabiendas desvirtuaban la democracia mintiendo y adulando a las masas populares para lograr el apoyo de la clase obrera a través del sindicalismo en el que se entrometían en la vida interna y en la elección de sus autoridades controlando policialmente a dirigentes en relación con su trabajo. La adulación gubernamental vergonzante premió con honores inmerecidos y hasta con riquezas a sus serviles incondicionales mientras perseguían con crueldad a los que se opusieron a su poder. El sistema totalitario funcionaba combinando fascismo y nazismo; y, al igual que Mussolini se apoderaban de los sindicatos humillando con crueles persecuciones y castigos a los que no lograban someter. Esta experiencia en materia de sindicalismo debió ser una lección digna de aprovechar para que nadie invadiera su dignidad.
El sindicalismo tiene una alta misión que podrá cumplir siendo libre dentro del orden republicano-democrático. Adrián Goldin, profesor plenario de Derecho en la Universidad de San Andrés y titular en la Universidad de Buenos Aires sostiene que el régimen sindical argentino consagra un sistema de sindicato único impuesto por la ley y habilitado por el Estado que otorga caso por caso la denominada “personería gremial”; al ser así, es contrario al artículo 14 bis de la Constitución Nacional; al Convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y al principio mismo de la libertad sindical según cuya lógica los trabajadores y los empleadores… tienen el derecho de constituir una organización que estimen convenientes… (C. 87, Artículo 2).
“Demás está decir que en la Argentina el sindicato que obtiene la personería gremial goza de exclusividad de prácticamente todas las facultades que son propias de la condición sindical, razón por la cual, como dijo alguna vez Bidart Campos es, en realidad, un NO SINDICATO”.

La Argentina ha consumado incumplimientos de compromisos internacionales. De ahí que el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, reconociendo el acerbo libertario de la OIT, entre otras muy ilustres opiniones del pensamiento y de la conciencia jurídica universales, acaba de poner en cuestión el régimen de la personería gremial en términos equivalentes.

El sindicalismo privilegiado de la Argentina no obstante estar en grave falta, ha respondido al incuestionable fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación con agravios, con absoluta falta de respeto y sin ninguna afirmación con la más mínima sustancia jurídica.

(*) Destacada periodista y educadora Argentina, laureada tanto en su nación como en el mundo.

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