miércoles, 17 de diciembre de 2008

El cardenal Medina, Madonna y los columnistas

El cardenal Medina, Madonna y los columnistas

Gonzalo Vial

 

Un colaborador habitual de este mismo diario,(*) el 11 de diciembre, y el 14 siguiente el rector/columnista de El Mercurio literalmente hacen explosión contra Monseñor Medina. ¿Motivo? Unas palabras pronunciadas por dicho cardenal sobre el show de Madonna, durante la homilía de la misa que el prelado celebró en el aniversario del fallecimiento del general Pinochet.

Ahora bien, esas palabras, aparte de su referencia específica a la cantante internacional, no expresan sino la doctrina constantemente reafirmada de la Iglesia por lo que toca a la sexualidad humana. Como bien reconoce el rector/columnista, es esa doctrina la causa auténtica de la explosión contra el cardenal, lo que verdaderamente se le reprocha, más que su parecer sobre la cantante internacional.

Y es que ambos columnistas son náufragos del hundimiento de los «socialismos reales», a fines de los ’80. Y no pudiendo, por costumbre ya inveterada, vivir sin la droga de una ideología, han adoptado la postmoderna. Es decir, que cada cual haga lo que quiera, y no reconozca a esta actitud, éticamente, más restricción que el exceso de sufrimiento ajeno que pueda significar... exceso que, ¿es necesario decirlo?, dictamina de modo soberano el mismo que inflige el sufrimiento.

ARMAS PROHIBIDAS. Este individualismo extremo o neoprogresismo suele ser totalitario, quizás por resabio de la utopía socialista que lo precedió. Y una de las armas totalitarias es procurar destruir la imagen moral del adversario utilizando cualquier medio, aunque no sea razonable ni admisible. Ambos columnistas, en su furia, atacan al cardenal Medina de esa manera, rasgo importante para entender el origen y naturaleza reales de la disputa. Veámoslo:

1) Atropellos del general Pinochet a los derechos humanos. Por supuesto, este tema y Madonna no tienen nada que ver. Traerlo a cuento es la más antigua de las falacias lógicas: “Medina se equivoca cuando se refiere a Pinochet y los derechos humanos. LUEGO se equivoca al hablar de sexualidad”. No se puede argumentar así seriamente. Los columnistas debemos recordar que los lectores no son tontos.

Pero el rector/columnista va más allá. Según su inveterada costumbre, atribuye al contendor opiniones sin justificar que efectivamente las tenga. Cito:

“POR SUPUESTO, a Monseñor Medina las actuaciones de Pinochet, entre las que se cuentan cosas tan reprobables como hacer desaparecer personas y practicar la tortura, no le merecen ninguna condena moral. Y ES PROBABLE incluso que, si lo apuramos, citara a algún escolástico y, en vez de condenar esos actos, los justificara”.

El “es probable” es, sin discusión, una gruesa impropiedad polémica, un chisme de cocina, desecratorio de las serias páginas mercuriales. ¿Cómo lo justifica el rector/columnista? Y el “por supuesto” anda muy cerca. Le faltan comillas... las comillas de cuándo, cómo y dónde dijo el cardenal lo que se le atribuye.

2) Delitos sexuales al interior de la Iglesia Católica. Ambos columnistas los relacionan con las críticas del cardenal a Madonna. El rector/columnista brevemente, aunque de modo insultante, con una ironía de plantígrado. Pero el colaborador de La Segunda se exhibe de cuerpo entero:

“El jubilado cardenal, hombre influyente en el Vaticano, debería además tomar nota de que su provocación y sus desplantes moralistas ocurren cuando un nuevo escándalo implica a la Iglesia chilena, en este caso respecto de pornografía infantil encontrada en posesión de un sacerdote, hecho que se suma a las reiteradas denuncias de pedofila y otras ofensas a menores indefensos que involucran a miembros de la Iglesia Católica”.

Aparte el odio incomprensible que rezuma este párrafo, adviértase cómo reaparece la misma falacia lógica del Nº 1, pero todavía más notoria y descabellada: “Hay miembros de la Iglesia Católica chilena que han cometido delitos o impropiedades sexuales. LUEGO la Iglesia, institución milenaria presente en el mundo entero, no puede tener doctrina moral sobre sexualidad”.

Sin comentarios.

Pero apliquemos esta misma teoría a la Concertación, de la cual el colaborador de La Segunda ha sido desde el comienzo importante servidor público y dirigente político. Razonemos (?): “En los últimos siete u ocho años, si no con anterioridad, pero siempre gobernando la Concertación, funcionarios, militantes y simpatizantes suyos se han llevado para la casa dineros fiscales destinados a las obras públicas (MOP); el deporte popular (rayuela inclusive; Chiledeportes); la subvención de las escuelas pobres (Mineduc); los subsidios a los cesantes (para campañas de parlamentarios concertacionistas hoy en funciones, elegidos gracias a estos «aportes»); el tratamiento del sida (Consejo de las Américas), etc. LUEGO, la Concertación no puede tener doctrina ética sobre corrupción.

3) Descalificación personal. Si el cardenal Medina habla de Madonna y su show, a juicio de los columnistas no se equivoca solamente, sino que es una “provocación”, un “desplante moralista”, una “extraña vocación de control sobre la sexualidad”, etc. La práctica descalificatoria se extiende, hemos comprobado, a la Iglesia chilena, escandalosa, pedófila, los miembros de cuyo clero —dice pícaramente el rector/columnista— “suelen ser más comprensivos... entre sí” que lo que exigen de sus fieles en materia sexual. El cardenal, se dice con desprecio, es un “jubilado”... para luego calificarlo de “influyente en el Vaticano”; así se relaciona a Roma con las fotos indecorosas halladas en poder de un sacerdote chileno.

¿Cómo no recordar las toneladas de excrementos, verbales y escritos, que el comunismo y sus «progresistas» ensalzadores de Occidente derramaban sobre cuantos denunciaban los horrores de la URSS del bondadoso padrecito Stalin, desde André Gide en adelante? Aquí mismo fue cuidadoso y completo el asesinato de imagen que practicó el PC contra sus «ex» desencantados y espantados: Hidalgo, Chamúdez, el peruano Ravines. Y también nuestros «progresistas» de entonces ayudaron a esa destrucción moral... hasta que «se les hizo la luz».

Pero, las costumbres inveteradas pesan, no se ha hecho la luz como para que el progresismo actual descarte también estos procedimientos incorrectos del pasado.

4) Asimismo, adviértase el resabio totalitario de enfurecerse con las opiniones contrarias. Un sacerdote NO PUEDE tener el “desplante moralista” de defender las doctrinas de la Iglesia sobre sexualidad. NI PUEDE opinar sobre Pinochet y los derechos humanos, alejándose de lo «políticamente correcto». ¿Se equivoca? Pues, demostrárserlo, prescindiendo de si lleva o no sotana o birrete.

Una forma sibilina de esta censura a las opiniones de la Iglesia y su clero es quejarse de que, al manifestarla, intentan IMPONERLA a una sociedad pluralista. ¿Por qué y cómo sería así? ¿Exponer razonadamente lo que se piensa... en qué se parece a «imponer»? ¿Cuáles serían las armas de imposición de la Iglesia? ¿Qué sanciones, si no espirituales, le cabe aplicar (y éstas, exclusivamente a católicos)?

Cuando la Iglesia alerta sobre el peligro de excomunión anexo a promover determinadas opiniones y actitudes, también se suele tocar a rebato y escándalo. La excomunión significa dejar claro, simplemente, que dichas opiniones y actitudes han colocado a una persona al margen de la Iglesia, por negar su doctrina en puntos determinados. ¿Quién sino la propia Iglesia podría y tendría derecho a dictaminarlo? Hace poco tiempo, la Masonería Chilena expulsó a su Gran Maestro, y hace menos tiempo todavía, la Logia de San Fernando expulsó a su sucesor. El neoprogresismo no reclamó. Tampoco, los años ’80, que yo recuerde, cuando el cardenal Silva Henríquez insinuó la excomunión de Jaime Guzmán.

5) Ni es posible dejar sin comentario la ingratitud de la izquierda chilena, hoy, cuando la Iglesia o sus personeros manifiestan la doctrina ética de la primera. ¡No ha pasado tanto tiempo desde que ella, la Iglesia, con grandes sacrificios, era el único amparo de la propia izquierda en la clandestinidad y la prisión! Puras mieles, entonces, brutales injurias, hoy... Quienes, entre los católicos, se sientan cercanos al neoprogresismo, mediten en este cambio de actitud, tan notorio y significativo. ¿Se les quiere de verdad, o se les busca como los comunistas a los «tontos útiles» del siglo pasado?

Nos queda el centro de la polémica, la opinión de la Iglesia sobre la sexualidad, manifestada por monseñor Medina, en contraposición con la que invocan los columnistas que atacan al cardenal. Tema extenso y el más importante, lo dejamos para la próxima columna.

(*) Se refiere a La Segunda.

martes, 16 de diciembre de 2008

Dos comentarios para meditar....


¿2009, mejor que 2008?

Cristina Bitar

El año que termina ha estado marcado por hechos dolorosos, tragedias que conmovieron el alma del país, como el accidente que enlutó a la comunidad del colegio Cumbres; o casos dramáticos, como el asesinato de María Soledad Lapostol o el del joven ingeniero Diego Schmidt Hebbel. Cada uno de ellos nos impactó por el dolor que ocasionaron y las falencias de nuestra sociedad que se manifestaron en los dos últimos casos.

Si algo nos dejan esos momentos tristes es la constatación de la capacidad del ser humano para llegar a los más altos niveles de grandeza y generosidad, pero también para caer en las peores vilezas. La generosidad de los padres de las nueve niñas fallecidas contrasta dramáticamente con la maldad, expresada en esos otros hechos, de personas cuyos rencores y odiosidades las han llevado a cometer los peores crímenes.

La grandeza y la miseria, la generosidad y la codicia conviven en nuestra sociedad de manera permanente. El desafío que tenemos como país es generarnos los incentivos, las formas de convivencia, que nos lleven a ser mucho más de lo bueno y menos de lo malo. Parece muy soñador, pero estoy convencida de que se puede construir una sociedad más justa, en que se creen las condiciones para sacar lo mejor de las personas.

Obviamente se pueden construir sociedades que estimulen lo contrario. Los totalitarismos del siglo XX fueron una buena muestra de ello: ideologías inspiradas en el odio llevaron a pueblos naturalmente sanos, laboriosos y generosos a cometer las peores atrocidades. En cambio, las sociedades inspiradas en la libertad y la responsabilidad individual fomentaron conductas de respeto por los derechos humanos, la justicia social y la convivencia civilizada entre los pueblos.

La economía y los valores sobre los que se construye la sociedad política son fundamentales a la hora de generar los incentivos en uno u otro sentido. Los países que resuelven el problema económico dan un gran paso, pero por sí mismo insuficiente; también es necesario un sentido de justicia social, de integración, de oportunidades para todos, en un ambiente de respeto y valoración de las personas.

Es en este aspecto donde la política toma un rol fundamental. Es la acción política la que puede generar las bases de este entendimiento social y es el espacio donde todos los chilenos y chilenas potencialmente pueden influir en el desarrollo de su propia sociedad. Si no somos capaces como país de entender la importancia de esta actividad y de darle su relevancia constructiva, más que la destructiva que estamos habituados a ver, entonces este espacio de entendimiento común, de construcción conjunta de nuestro destino se va a hacer mucho más difícil.

2009 será un año de crisis económica y de confrontación electoral. El gran desafío de la Concertación y de la Alianza será hacer una campaña con diagnósticos y propuestas que generen un debate que nos haga mejores como sociedad, que proponga las mejores ideas para Chile. Deben ser campañas orientadas hacia el sueño de construir un país mejor, más unido y convencido de que es capaz de enfrentar las dificultades en forma exitosa.

Sabemos que en 2009 seremos más pobres, pero tenemos la oportunidad de ser mejores. Una campaña en un ambiente de crisis es una oportunidad para sacar lo mejor o lo peor de los chilenos. No es época para “diabluras”, como reformas laborales demagógicas, o para justificar las dificultades inventando culpables. Estrategias que traen división y odiosidad no serán bienvenidas por la ciudadanía.

2009 puede ser un año que demuestre que Chile se acerca al desarrollo, no sólo en ingreso per cápita, sino que también en cultura política. Así, con crisis y todo, espero que sea un mejor año que este 2008. Como decía Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. No nos podemos dar por vencidos y creer que estamos destinados a un fracaso en los próximos meses. Esta crisis puede significar una gran oportunidad de crecer como sociedad, de ensanchar el alma de Chile. Creo que esto depende de cada uno de nosotros y de nuestra capacidad de diferenciar, como ciudadanos responsables, entre la buena y la mala política.

Crisis económica, dimensiones y luz al final del túnel (II parte)

José Ramón Valente

Hace 15 días quedamos en que la actual crisis económica probablemente es la consecuencia de un exceso de optimismo en todo el mundo que llevó a aumentos desmedidos en el consumo, la inversión, en el precio de los activos y en el valor de las materias primas a nivel global. La vuelta a la realidad se produjo cuando los cuellos de botella en diversas industrias y en distintos países, tales como el sector inmobiliario en EE.UU., el mercado accionario en China, la demanda por el petróleo de los países árabes, el cobre chileno, la soya argentina o la leche neozelandesa por nombrar sólo algunos, permitieron que la plaga inflacionaria amenazara con asolar al mundo de la misma forma que lo hizo durante los años 70.

Hoy, después del derrumbe de las bolsas mundiales, el colapso del sistema financiero en EE.UU., la vertiginosa caída de los precios de los commodities y los anuncios de que el mundo desarrollado y parte del mundo emergente ya están en recesión, el optimismo del quinquenio 2003-2007 se ha transformado en un oscuro túnel repleto de malas noticias económicas y que no parece tener salida.

No son pocos los que piensan que la desaparición de instituciones centenarias como lo eran Bear Stern y Lehmen Bros. Podría extenderse a muchas otras industrias como parece ser el caso de la industria automotriz de EE.UU. Pero lo realmente preocupante es que dichas personas crean, de verdad, que lo que le ocurrió al sector financiero de EE.UU. les podría también pasar a sus propias empresas y, por añadidura, a sus empleados. Este sentimiento, que se ve reflejado en forma global en el históricamente bajo nivel de las expectativas empresariales y de los consumidores en diversos países del mundo, podría producir, de acuerdo con algunos analistas, un círculo vicioso que acentuaría aun más la crisis. Como consecuencia del pesimismo empresarial, la inversión disminuiría bruscamente y el pesimismo de las personas haría contraer también violentamente el consumo. Esto generaría mayor desempleo, lo que volvería a reducir la demanda por los productos de las empresas, generando así un espiral recesivo en la economía que podría empujarla a una larga y profunda depresión.

Si bien esta visión de las cosas parece de una lógica incontestable, en mi opinión, y gracias a Dios la de muchos otros también, está equivocada. Para que la gente deje de consumir e invertir indefinidamente basado simplemente en el miedo a que las cosas puedan estar peor mañana ese miedo debe tener fundamentos sólidos. Lo natural es que la gente quiera consumir más y que las empresas quieran invertir para crecer. Cuando las decisiones económicas son motivadas por el capricho de algunas personas, esto genera oportunidades de negocios para otras. No es la demanda la que determina el crecimiento económico, es la riqueza que produce el crecimiento la que determina la demanda.

El mundo es hoy menos rico de lo que pensábamos que era hace un año, y el reconocimiento de esta realidad requiere de un doloroso ajuste, que es precisamente lo que estamos presenciando. Pero una vez que se haya producido el ajuste, va reemerger la capacidad creadora de la gente y el mundo comenzará a crecer nuevamente. Las tres megatendencias que fueron responsables del exceso de optimismo económico en el quinquenio de oro siguen plenamente vigentes. Los jóvenes de Silicon Valley siguen siendo tan creativos como hace un año, el capitalismo no ha retrocedido en China, y no hay anuncios importantes que permitan augurar la muerte del proceso de globalización el comercio mundial. Es aquí cuando cobra especial importancia entender las causas del espectacular crecimiento del mundo en el período 2003-2007 y como ellas se conectan directamente con la actual crisis económica, de manera de no caer en un pesimismo exagerado.

Nunca fuimos tan ricos como creíamos hace un año, pero tampoco somos tan pobres como nos quieren hacer creer algunos. La semana pasada Goldman Sacks pronosticó un precio cercano a los US$ 30 para el petróleo durante el 2009. Este es el mismo banco que hace menos de seis meses había pronosticado un valor de US$ 200 para el petróleo para el mismo 2009. Es común que los analistas pronostiquen la situación del momento como una línea recta al infinito. Pero la verdad es que la economía de Adam Smith se explica mejor como una línea ondulante con pendiente positiva. Es decir, un mundo donde hay períodos de boom económico y períodos de recesión económica, pero donde los lapsos de boom son mayores que los de recesión, de manera que a través del tiempo el mundo progresa. Puede que para Ud. sea difícil de apreciar todavía, pero espero haber contribuido con una pizca de optimismo, a que Ud.. crea que, como muchas veces antes, esta vez también habrá luz al final de este túnel.



lunes, 15 de diciembre de 2008

Furor criminal

Furor criminal  

 

La impunidad instaurada en nuestro país (Argentina) contribuye a formar hordas poseídas de un incontenible furor criminal.

 

Comentario por Nélida Rebollo de Montes

(columnista de Radio La Red en su Revista Plural)

 

Por estos días hemos oído, pero también leímos manifestaciones de la Dra. Carmen María Argibay, ministra de la Corte Suprema de Justicia, quien agredía a la sociedad argentina, calificándola de esquizofrénica porque algunos sectores, ante el creciente aumento de crímenes y todo tipo de delitos protagonizados por menores, proponen bajar la edad para la condena de los delincuentes juveniles.

Otro ministro de la Corte Suprema de Justicia, el Dr. Carlos Santiago Fait, pidió que se dejara en paz a los jueces; y, en respuesta a un periodista que lo entrevistaba acerca de los sin número de fusilamientos, despojos, agresiones y declaración de una verdadera guerra provocada por menores y mayores, con matanzas indiscriminadas, le dijo que: “Consulte a los psicólogos, a los neurólogos sobre estos hechos y después de esa consulta, le daré mi opinión sobre los chicos que pasan hambre y privaciones de todo tipo”.

El Dr. Fait, evidentemente, estaba absolviendo a los feroces delincuentes juveniles por la presunta miseria material de ellos. Nadie que se guié por sentimientos normales puede olvidar a los “excluidos” como dice el Dr. Fait, pero en honor a la verdad, muchísimos de los que salen resueltos a matar, aún recibiendo el dinero que reclaman no son precísamente los desposeídos, son una nueva versión de la ferocidad del animal en dos patas.

Insultar a una sociedad agredida, atemorizada que vive poco menos que encarcelada en su propio hogar provisto de rejas y de todo tipo de elementos de posible seguridad, puesto que hasta para entrar y salir de sus casas tiene también que valerse de ciertas estrategias que les permita advertir si van a ser atacados o fusilados, además de llevarles valiosas pertenencias por los delincuentes que están siempre en acecho. En este momento me viene a la memoria que el escritor y filósofo francés comunista Jean Paul Sartre en la pieza teatral “Le Diable et le Bon Dieu” hacia una apología del estalinismo, que, como todos recuerdan mató con toda frialdad a millones de inocentes. ¿Se repetirá la historia?.

Pero hay algo más, estamos de acuerdo en que no hay que ser indiferente con la juventud delincuente pero también pensamos que tampoco se debe ser inclemente con sus semejantes. Todos debemos velar por el orden social, el respeto a las normas de convivencia humana; por la estimación de los valores morales y espirituales. De ahí que pretender que se le de una libertad ilimitada y una impunidad tremendamente irresponsable al que delinque, es prepararles el camino, como ya ha sucedido, para volver a matar, a violar, a robar, a torturar a las víctimas, a secuestrar, convirtiéndose con la regalía de no cumplir las penas, en cómplices de rufianes, de traficantes y de truhanes de toda laya.

Esto lo saben todos, aún las madres que en estado de desesperación han entregado a la policía a sus hijos para rescatarlos de la droga mortífera y degradante. Hay madres que han salido con un valor ejemplar a investigar quién les vende la droga, informándose cómo proceder con los traficantes que han reducido a sus hijos a la imbecilidad. Han visitado medios de información para que continúen ayudándoles con urgencia para salvar a la juventud.

Algunos políticos, no oficialistas, trabajan, sin descanso, para contribuir a destruir el flagelo que está enloqueciendo a los jóvenes y aumentando el crimen, convirtiéndolos en verdaderas hordas.

Hay jueces que permiten la salida de prisión sin cumplir la pena del condenado, a los que han cometido reiteradamente desbordes criminales. Es una temeridad seguir pasando por alto la siniestra matanza, robos, fusilamientos, conculcando las leyes jurídicas para darles a los descarriados no sólo la soberanía sobre sí mismo sino también impunidad, a los que no demuestran responsabilidad civil, criminal ni social, pero les sobra vanidad, envidia y codicia para aprovecharse de los bienes ajenos a sangre y fuego.

Las casas de menores delincuentes deben retenerlos para hacerles ver la culpabilidad; formarlos en la cultura del trabajo desde abajo para que agudicen su habilidad en la práctica del esfuerzo.

Las bandas juveniles han desatado el horror en la sociedad; y, están pletóricos de vanidad, pavoneo, insolencia y crueldad con una tolerancia que se vuelve cómplice. Las altas jerarquías de la justicia que han agredido a la sociedad han mostrado una verdadera caricatura del drama que conmueve a los familiares de millares de víctimas al pretender defender al enemigo cruel y dejar librada a su suerte a sus víctimas.

La adolescencia descarriada necesita comprensión; pero también corrección. Es tiempo de que se tomen medidas inflexibles, y no favorecer la libertad para delinquir.

A la gente normal que aspira a que la sociedad sea defendida y resguardada no se la debe ofender insultándola con el calificativo de esquizofrénica, como lo ha hecho la Dra. Argibay.

A los jóvenes no se los debe considerar como una abstracción bio-psíquica. No es momento para el fanatismo doctrinario ni infantilismo mesiánico.

Muchos eligen el odio y la violencia. Justificar esto culpando a los demás es ayudar a convertir a nuestro país en guarida de jóvenes criminales, vividores que buscan cobardemente la impunidad. Ya se han constituido en hordas poseídas de un incontenible furor disolvente, con frecuencia criminal. De ahí que exaltar la rebeldía es estimular la disolución social puesto que la rebeldía representa una permanente negación arbitraria de todos los valores. 

(Nélida Rebollo de Montes, laureada  Profesora y periodista argentina.)


Este interesante comentario de la Señora Rebollo se refiere a la Argentina, pero podría aplicarse, cambiando solo nombres y locaciones, a toda nuestra América Latina

sábado, 13 de diciembre de 2008

¿No será mucho?

¿No será mucho?

Alejandro Ferreiro

 

En torno al diseño y puesta en marcha del Transantiago se han cometido muchos errores. Demasiados, quizás. Pero ninguno, creo, de mala fe. Se hizo mal lo que se quiso y pudo hacer bien. Cuestión de culpas, bastante gruesas por cierto, pero no de dolo.

Ahora, y en torno al pago del préstamo concedido por el BID, estamos cerca de provocar un nuevo estropicio. Pero en este caso, nadie podrá excusarse en supuestas buenas intenciones. Luego del fallo del Tribunal Constitucional, y más allá de las discusiones jurídicas e intereses políticos que el asunto suscita, la obligación de pagar el crédito al BID le corresponde finalmente al Estado. Si bien el Tribunal cuestiona que el crédito no se haya cursado en el marco de una ley que lo autorizara, no puede entenderse que esa objeción habilita al Estado de Chile para no devolver lo que efectivamente fue transferido para financiar un servicio público deficitario. Ello equivaldría a una absurda combinación de enriquecimiento sin causa y mala fe en el cumplimiento de los contratos internacionales. Chile deberá devolver lo que se le prestó. Daña nuestro prestigio que, por razones de política o derecho interno, se trabe el debido cumplimiento de nuestras obligaciones internacionales.

No corren tiempos para bromas. La incertidumbre financiera internacional obliga a actuar con máxima responsabilidad y prudencia. Poco se parece a esto la actitud opositora de negar, primero, el financiamiento legal para el Transantiago y cuestionar simultáneamente que se pueda pagar el crédito del BID con cargo al mecanismo de excepción y urgencia del 2% Constitucional. ¿Qué se quiere? ¿Que el BID declare el default de la deuda, acelere su cobro, y demande a Chile en tribunales internacionales? Este riesgo existe y crece en la medida en que no se logre una solución adecuada. En rigor, el mismo fallo del Tribunal Constitucional configura una causal que le permite al BID demandar el cobro total del crédito.

Algunos podrán culpar del problema al gobierno por querer eludir el camino de Parlamento. Pero, ¿qué viabilidad tenía insistir en el Congreso luego que este aprobara la risible e irónica cifra de $1.000 para el Transantiago? Forzado por las circunstancias, el Ejecutivo recurre al BID mediante una operación en que una cuenta privada de la Administradora Financiera del Transantiago (AFT) aparece como deudora principal. Esta figura, ingeniosa y audaz, e incluso visada inicialmente por la Contraloría, se desplomó finalmente con la declaración de inconstitucionalidad de los decretos relacionados con la operación.

Como sea, el BID cursó el crédito confiando en el aval implícito de un país serio. El dinero se utilizó para financiar el déficit operacional y, en definitiva, se tradujo en subsidio a los usuarios del Transantiago. El gobierno debe y quiere pagar, pero en la medida en que la oposición siga negando los caminos propiamente legales para hacerlo –y máxime si se objeta el uso del 2% constitucional para estos efectos– se puede arrastrar al país a un absurdo y bochornoso default con una entidad de la que somos parte, y que tiene comprometidos con Chile más de 800 millones de dólares en diversos créditos y operaciones en beneficio del desarrollo nacional.

El asunto ha ido demasiado lejos. El afán opositor por imponer costos políticos al gobierno ha devenido en ensañamiento extremo y, de seguir así, amenaza comprometer el prestigio crediticio de Chile. Esto no es baladí: una de nuestras fortalezas para enfrentar la recesión internacional es el bajo riesgo país. Ello nos permite acceder a financiamiento internacional –por cierto, un bien muy escaso por estos días– a un costo relativamente bajo. El riesgo país impacta en el acceso y costo de los créditos a que pueden acceder las empresas chilenas en el exterior, lo que incide en el costo del crédito que pagan todos los chilenos y, por ende, en el crecimiento. El bajo riesgo país de Chile se explica por su solvencia y bajo nivel de endeudamiento, pero también, por la seriedad de sus instituciones y el impecable historial de cumplimiento de sus compromisos internacionales.

La oposición puede elegir. Puede, desde luego, optar por solucionar o escalar un conflicto innecesario y peligroso para la imagen internacional de Chile. Pero ésta no es la única disyuntiva relevante: puede elegir el estilo del trato futuro entre gobierno y oposición. A juzgar por el optimismo en las filas aliancistas, la oposición de hoy ya se siente gobierno en 2010. Ello es posible, pero no seguro. Lo que sí es seguro es que un eventual gobierno de la Alianza se enfrentará a una mayoría opositora en el Senado. Por ello, los mismos que hoy niegan la sal y el agua en el tema del Transantiago deberán pedir los votos concertacionistas para cualquier ley que busquen aprobar. Si alguien aspira a beneficiarse de acuerdos y colaboración política mañana, más le valdría comenzar a practicarla desde ya.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Dos comentarios de lujo

25 años no fueron suficientes.

Alberto Medina Méndez

Corrientes – Corrientes - Argentina 

Han transcurrido 25 años desde aquel emotivo regreso a la democracia. Ha pasado bastante tiempo desde ese entonces. Ese derrotero reconoce diferentes hitos en su trayecto. Algunos éxitos, otros tantos fracasos. Hemos tenido que tropezar demasiado para llegar hasta acá. 

Tal vez sea tiempo de reflexionar sobre lo pasado, valorar lo logrado y enfocarnos en las asignaturas pendientes que son muchas por cierto. 

No hay dudas de que hemos avanzado. Haber superado una etapa de quiebres institucionales, sin recurrir al amparo de las fuerzas armadas para resolver los conflictos, ha sido todo un logro. Mucho más aún si tenemos en cuenta la frondosa historia que ostentamos en la materia. 

Y no es que no hayamos  enfrentado escollos. Los tuvimos y muy serios. Pero algo cambio entre nosotros y pudimos sostener esta continuidad democrática. Al menos la convicción de no repetir aquella lista de errores del pasado pudo superar a la inercia simplista de golpear las puertas de los cuarteles. 

Tampoco debemos engañarnos. Solo hemos dado algunos pasos. Podemos hablar hoy de esta incipiente democracia, de una joven republica pero debemos saber que aun gatea buscando su destino pretendiendo consolidarse año a año. 

No pudimos, en este tiempo, comprender definitivamente el concepto de República y la esencia de la división de poderes. Mucho menos aun supimos interpretar el federalismo. 

Por ahora solo hemos aceptado cambiar de "patrón". De la sumisión al poder que imponían las armas, pasamos a una nueva forma de esclavismo político. Esta vez los ciudadanos solo pudimos subordinarnos a la dictadura de la partidocracia electoral. 

Esta claro que nos falta mucho. Pero el camino que nos toca recorrer no tiene que ver como afirman algunos, con el paso del tiempo. Es que la madurez política no es la consecuencia del mero transcurso de los años. La madurez implica aprender de los errores, y los argentinos aun no hemos logrado hacer doblar esa curva que tanto tiempo nos viene llevando. 

Es cierto, hemos avanzado. Esta renga y débil democracia es mucho mejor que aquellas aventuras despóticas del pasado. Pero aún no hemos comprendido como ejercer con tolerancia el poder. Todavía nos ciegan ciertas prácticas autoritarias y la crítica no se asume como parte del proceso de intercambio de ideas. 

Los intentos violentos que transcurrieron en los primeros años de la recuperada democracia, tuvieron protagonistas de uno y otro lado. Los intolerantes de la década más despreciable de la historia argentina aparecieron en diferentes momentos para intentar nuevamente alzarse con el poder. 

En estos años incurrimos en una interminable secuencia de errores. Así dimos paso a supuestos recursos que apuntaban a lograr la tan mentada pacificación nacional. Solo dejaron heridas abiertas y permitieron que sigamos en estos días,  discutiendo cuestiones que ya deberíamos haber resuelto, pero que por esquivarlas y no enfrentarlas con coraje, solo supimos prolongar la agonía para que nos reboten sus consecuencias muchos años después. 

Tal vez el aprendizaje haya sido que a los problemas se debe enfrentarlos, y no esquivarlos. Las enseñanzas de aquellos errores están demasiado a la vista. 

El clientelismo, la prebenda, la corrupción no solo no han disminuido, sino que se han perfeccionado con nuevas variantes en este tiempo. Es tal vez la cuestión en la que mas hemos retrocedido. Lamentablemente no parece que hayamos encontrado aun el rumbo para vencer a estos flagelos enquistados en nuestra cultura y tradición de poder. 

Nos falta bastante por madurar. Nos queda por aprobar varias materias pendientes. Aprender a convivir, asumir el pleno ejercicio de las libertades y entender que la democracia no supone imponer a los otros nuestra visión, ni sacar cuentas para ver quien tiene más votos, arrodillando luego al derrotado. 

Nos falta mucho aun. Pero no nos falta tiempo, sino madurez. Somos una sociedad que tiene sus años. Llevamos un par de generaciones que nacieron con esta nueva versión de la democracia local. Ellos tienen poco que endilgarle a los años oscuros de la Argentina. En esa época convivieron los intolerantes. Eligieron ese camino para tomar el poder y hacerse de la patria sin importarles las minorías, concepto central de una Republica democrática. 

Pero la mayor de las deudas que la sociedad tiene para con esta historia es no haber asumido con claridad que el centro del poder esta en la gente. Aun buscamos el Mesías. No entendimos todavía que la democracia y la República suponen institutos en los que la gente detenta el poder, asume su libertad y derechos. 

Es el pueblo el que, circunstancialmente, DELEGA parte de esos atributos para que meros ADMINISTRADORES asuman responsabilidades cedidas, solo en forma provisoria, para ejercer con mayor eficacia aquello que los individuos no pueden o no desean resolver aisladamente.

Cuando comprendamos que nuestros padres fundadores no superaron sus diferencias, sino que solo las dejaron de lado, tal vez aprendamos que la democracia no es un sistema donde todos pensamos de idéntica manera, sino que es la imperfecta fórmula que las sociedades civilizadas encontraron para vivir en comunidad respetando las decisiones ajenas, tolerando las diferencias, para abandonar definitivamente la idea de imponer recetas al resto de la sociedad. 

Los padres de la patria nos dejaron muchas enseñanzas. Solo tenemos que repasar la lección y superar la compulsión tribal de querer doblegar a nuestros semejantes. Es tiempo de comprender que la democracia, la República y el federalismo, es el legado más importante que el primer artículo de nuestra Constitución Nacional nos indica con tanta claridad. Esa es la fuente de sabiduría que debemos seguir para recuperar nuestra libertad, esa que no debimos perder nunca, y por la cual jamás debemos resignarnos. De lo contrario las nuevas formas que asumen los pretendidos dictadores contemporáneos,  seguirán intentando arrebatárnosla a nosotros y a nuestros hijos. 

La lucha por la libertad, por la democracia y la República ha dado algunos pasos. Nos resta entender que aun tenemos asignaturas pendientes. Cuando seamos capaces de asumir nuestro rol activo de ciudadanos de la patria podremos decir con orgullo que estamos haciendo un país para todos. Por ahora, solo han pasado 25 años, pero no fueron suficientes.


Primera estación

Carlos Portales Echeverría 

En las últimas municipales, de los 12 millones de chilenos que pueden sufragar, sólo 8 millones estaban inscritos y de ellos sufragaron válidamente apenas 5,6 millones. Si continúa esta tendencia, para el próximo Presidente sólo se requerirán 2,8 millones de votos, es decir, el 23% de los mayores de 18 años. Un 32% no votará aun cuando podría hacerlo y otro 25% de mayores de edad no está inscrito. Estos últimos son mayoritariamente jóvenes que nunca han votado y que evidentemente no tienen gran interés en hacerlo. Nuestra juventud entre 18 y 35 años prácticamente no está representada en el padrón electoral. 

Frente a esta realidad, uno esperaría un apoyo unánime a la inscripción automática y al voto voluntario (IAVV) para reducir al máximo las “barreras a la entrada” a la expresión electoral. ¡Error! La Cámara de Diputados rechazó en agosto todo el articulado del proyecto de ley que establecía la inscripción automática. A su vez, la reforma constitucional sobre el tema que aprobó la semana pasada la comisión de Constitución del Senado es objeto de controversia. Y, entre los argumentos, se señala que no sería bueno alterar el padrón electoral en un clima eleccionario y que los jóvenes ya han hecho una opción por no inscribirse, debido al descontento que les provoca la política. 

Esta explicación confunde causa con efecto. Precisamente porque los jóvenes no se animan a inscribirse y luego a optar por el voto, hay que reencantarlos con la política. La falta de conexión con sus problemas, el abandono de la educación, las tasas de desempleo juveniles siempre mayores que el promedio nacional y, en definitiva, la falta de generación de oportunidades han logrado alejarlos. Como sociedad, tenemos el deber de revertir el daño causado a nuestra democracia. Primera estación: aprobar la IAVV. Luego debieran venir cosas mayores. 

Por otra parte, no entiendo por qué en particular parlamentarios de la Alianza le tienen tanto miedo a la IAVV, cuando las cifras muestran que los jóvenes no inscritos y en edad de votar están mayoritariamente por el candidato de la Alianza (encuesta Giro País, octubre 2008).

Por último, por estética, ¿habrá algo menos presentable, menos estimulante, menos épico y motivante que negar la IAVV?, 

La gran lección que nos dejó Obama —del que desesperadamente tratan de disfrazarse algunos de nuestros políticos— es la capacidad transformadora que tienen los sueños, especialmente aquellos que nos invitan a colaborar y participar en la construcción de un nuevo país.

Acount