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lunes, 3 de noviembre de 2008

Chileno y chilena de selección

Peligro: la Concertación convergente
Gonzalo Rojas

Los seres humanos se dividen en dos: los que entienden qué son los comunistas y los que no comprenden su realidad. Un siglo largo llevamos en ésa.

Esas dos especies, a su vez, generan los tres tercios que han operado tanto en la política chilena como en muy variados escenarios occidentales: en primer lugar existen quienes, entendiendo bien a los comunistas, los apoyan; un segundo grupo está conformado por los que comprenden a cabalidad su esencia y, por eso mismo, los combaten; una tercera categoría la integran los que viven pensando que los comunistas están equivocados, pero, como son unas personas bien intencionadas, no hay que enfrentarlos, sino comprenderlos.

El comité central del Partido Comunista de Chile cuenta siempre con esa información básica como punto de partida de todos sus análisis. Y Claudina, esa mezcla contemporánea de contundente francesa revolucionaria y de musculosa combatiente bolchevique, apeló magistralmente a ese dato básico, cuando, desde Pedro Aguirre Cerda y para el mundo, pontificó sobre el modo en que debe conducirse la política chilena en los próximos 18 meses.

Fortalecer la izquierda, converger con la Concertación y derrotar a la derecha, ésas fueron las tres coordenadas que marcó la nueva alcaldesa. Ella acababa de practicarlo: los socialistas la habían apoyado, la DC se había resignado omitiéndose (pobrecitos comunistas, siempre solitos, fue su argumento) y la derecha, efectivamente, perdió esa elección.

De ahí a todo Chile, el esquema puede -debe- ampliarse, vociferaba Claudina, con un retablo de los más altos dirigentes de su partido, cerrando a sus espaldas los planos de las tomas televisivas, desproporcionadamente generosas en minutos, por cierto.

Quizás Lenin habría pedido más cautela, menos sobreexposición de intenciones, más discreción, menos anuncio de negociaciones. Pero, esa misma noche, la decisión mediática del PC quedaba refrendada con la presencia de Teillier en La Moneda. ¿Aparecía respaldando a un gobierno que no es el suyo? No, simplemente figuraba celebrando un triunfo que sí es suyo y abriendo, desde dentro, una puerta amplia y generosa para la participación comunista en el poder.

Y nadie, nadie, en el Gobierno preguntó por qué se había colado el caballero ése: invitado estaba entonces, a la nueva repartición del poder. La Presidenta, integrante coherente de aquel primer grupo que entiende bien a los comunistas y los apoya, refrendó esta percepción con sus palabras; y Viera-Gallo (que un viejo amor, no se olvida ni se deja) sugirió la posibilidad de un puesto en el gabinete para quienes gobernaron con Allende.

Ahí los conoció, ahí comenzó a admirarlos.

¿Estamos a las puertas de la Unidad Popular 2.0? No, lo que se viene es la Concertación convergente: una astuta conformación de fuerzas que, superando las dos listas autodenominadas progresista y democrática, encuentre una nueva palabra para hacerse inclusiva y exitosa. Hace rato que todos vienen pidiendo una reinvención del conglomerado gobernante. ¿Cuál mejor? ¿Cuál más eventualmente eficaz?

La opción se abrirá paso con sobresaltos, qué duda cabe.

Primero, tendrá que superar las pocas fuerzas resistentes que puedan aún permanecer dentro de la DC. Alvear no lo hizo, y ya no está. Frei medirá en votos su conveniencia, porque sabe sumar y restar. La tarea analítica les corresponde entonces a los dirigentes que asoman con un nuevo liderazgo. Pero ¿alguno de ellos levantó fuerte y claro su voz para evitar los pactos por omisión que generaron esta situación? ¿Orrego, Undurraga, Walker se opusieron a omitirse para favorecer a los comunistas? No, no lo hicieron. Ahora, enfrentados a un escenario electoral (presidencial y parlamentario) mucho más político que asistencial, mucho más sensible para los pocos votantes que aún los apoyan, les quedará la última opción en su lucha por definirse.

Pero no será la DC la única tironeada por la nueva estrategia de la convergencia. También el PPD sufrirá, y mucho, frente a este escenario. Los elementos más liberales (casi todos) de esa amalgama inconsistente de intenciones de cambio, que es el PPD, si algo de historia saben, no tendrían por qué mirar con simpatía el dogmatismo comunista. Pero, claro, el PPD también piensa que los PC son buenas personas, que ya se corregirán...

Los radicales, bueno, ellos ya pasaron por este proceso hace 40 años y, después de sus rupturas, se alinearon sin traumas con el comunismo.

Para los socialistas tampoco hay problema: Escalona sabe negociar, Escalona entiende a los comunistas, Escalona simplemente medirá distrito a distrito los apoyos, pragmático él, sin rollos. Con el PS de eje, la Concertación convergente tiene piso asegurado.

¿Un candidato presidencial en vez de tres? ¿Tres, dos o una lista parlamentaria? Todo eso es negociable, es parte del diseño táctico que se irá ajustando semana a semana, día a día, en los próximos meses.

Porque lo que está cuajando en muchas mentes concertacionistas, lo que se abre paso como una opción estratégica notable, es mucho más amplio y generoso que un carguito por aquí o una peguita por allá. Es la Concertación convergente. Y ese diseño es posible, porque hasta ahora siempre han sido más los que entienden a los comunistas y los apoyan, cuando se les suman los que no los entienden, pero fraternalmente los comprenden.

La Argentina de los Kirchner baja otro peldaño
Karin Ebensperger

El gobierno de los Kirchner lo hizo de nuevo. Cuando ya se pensaba que el matrimonio gobernante había agotado todos los anacronismos económicos posibles, como financiar su enorme gasto público con impuestos a las exportaciones, encubrir la alta inflación con cifras irreales, y mantener precios populistas de servicios públicos, ahora anuncia la guinda de la torta: la nacionalización del sistema de pensiones.

No hay nada que afecte más al Estado de Derecho que la falta de respeto a la propiedad privada. Los fondos de pensiones pertenecen a los aportantes, no al gobierno de turno. Estatizar los dineros que los trabajadores han ahorrado para tener una vejez digna es grave e irrespetuoso, más aún si se hace para compensar con esas jubilaciones el elevado gasto público del kirchnerismo.

La medida, además de agravar el descrédito de ese gobierno ante las instituciones internacionales, contribuye a crear desconfianza en nuestra región en medio de una grave crisis financiera.

Con el anuncio, la Bolsa de Buenos Aires cayó estrepitosamente. La lectura de los mercados es que la nacionalización es una forma de sencillamente apropiarse de los activos de las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP). Nadie cree la explicación oficial de evitar que los fondos se descapitalicen. La sospecha es que el gobierno no tiene dinero para pagar los vencimientos de la deuda y sus compromisos internacionales, y que los fondos de los 10 millones de afiliados podrían destinarse a ese propósito.

El gobierno argentino no tiene la seriedad ni la confianza de la gente para poder argumentar que cuidará bien esos fondos. Y no es culpa de los jubilados que los Kirchner no hayan ahorrado durante las vacas gordas, para compensar ahora la bajada de precios de las exportaciones. Los Kirchner no sólo no ahorraron: les impusieron nuevas "retenciones" a las exportaciones para cubrir con ese dinero sus ineficiencias estatales. Ahora pretenden usar los 30.000 millones de dólares de los jubilados sin consultar a los propios afectados, ni al Parlamento, ni a nadie. Simplemente arriesgan las reservas de quienes ya no tendrán oportunidad de rehacer sus vidas y de ahorrar en otra forma.

Los Kirchner, fieles a su estilo, sólo están cambiando el origen de los recursos a que echan mano: de las "retenciones" -ya no tan cuantiosas por los menores precios de exportación- se pasan a las jubilaciones. Y así como la reciente prosperidad del mundo benefició a marido y mujer y les permitió un nuevo gobierno populista con precios artificiales, ahora van a culpar a la crisis mundial por sus desaciertos económicos y sus gastos irresponsables.






lunes, 20 de octubre de 2008

Comentarios para no perderse.

Un memorial que remueve las memorias
Gonzalo Rojas

Hay personalidades que sacan personalidades; sí, tal como hay palabras que sacan palabras.

Jaime Guzmán fue y seguirá siendo una de esas personalidades que activan a otras, a su favor o en su contra: no cabe la indiferencia frente al joven senador asesinado.

Mientras estuvo vivo, salieron al ruedo televisivo para enfrentarlo Ricardo Lagos y Luis Maira, en memorables programas del 89. Ya sabemos para quién fue la victoria: ni Lagos ni Maira fueron electos senadores por la izquierda en esa oportunidad.

También se activaron, para conocerlo a fondo, Gabriel Valdés y René Cortázar. Y ambos democratacristianos descubrieron al hombre, mientras Guzmán aprendía a ver en ellos a dos caballeros del servicio público.

En el medio de esas disputas con los primeros y de esos acuerdos con los segundos -todas relaciones legítimas- la personalidad de Guzmán sacó a escena a esos otros siniestros caracteres que han sido los subversivos del FMR: votó que no al indulto de terroristas. Y ellos, razonando desde el odio (¿ciegos? No, muy lúcidos en su maldad) lo acribillaron. No supieron, no quisieron perder; calcularon fríamente, con profundo sentido histórico, que iban a ganar.

Y algunos pensábamos hasta hace poco, tontorrones, que los terroristas eran los únicos asesinos de Guzmán; creíamos, ingenuos, que ante la muerte del senador, ni un solo chileno pacífico podría haber dudado de la gravedad del crimen, ni mucho menos haberse alegrado. Tontitos: mirando ahora cómo una simple escultura ha sacado palabras despectivas o rabiosas, así como descalificaciones y agresiones, es legítimo plantearse que quizás hubo en ese 1º de abril de 1991 quienes, allá en el fondo de sus corazones, prestaron aceptación al crimen o, al menos, musitaron un "merecido se lo tenía".

Obviamente en 1991 esas personas callaron, no develaron la pobreza de su alma, fueron prudentes o cobardes: quién sabe qué fueron. Algunos, tal vez avergonzados, eliminaron pronto esa sucia tendencia; otros, la dejaron acurrucadita en un rincón del corazón y esperaron que hubiera, quizás cuándo y porqué, un motivo para despertarla, crecidita ya.

Es en estos últimos que ahora, ante la piedra artística que representa a un alma noble como pocas, han aflorado esas viscosidades, es en ellos que ha vuelto a manifestarse la náusea que les producía la personalidad de Guzmán, quien los ha vuelto a convocar a través de la sencilla inauguración de un monumento en su recuerdo.

Y ellos, tan valientes porque saben que no enfrentarán la lógica rotunda de un adversario hoy inexistente, no han podido resistirse. Comenzó Ominami hace años, insistiendo en que Guzmán estaría hoy procesado por violaciones a los derechos humanos. Pero era el GAP-MIR el que hablaba por su boca, por lo que nadie hizo mucho asunto.

Ahora no; ahora son algunos ponderados intelectuales de la Ciencia Política y del Derecho, alguna empresaria de las encuestas, más un ex ministro defenestrado y uno que otro parlamentario electo bajo la Constitución en que trabajó Guzmán, los que descubren su verdadera pasión: a ése lo queremos muerto, bien requetecontra muerto, porque bien muerto está. Ni memoriales, ni calles, ni homenajes, ni actos de reconciliación, porque llegó el momento de decirle abiertamente a todos: si ya unos jóvenes idealistas nos libraron de Guzmán, que nadie venga a vivificarlo ahora, ni siquiera en piedra. Ah, y ni mucho menos a enredar a la Presidenta, que por algo es mujer de izquierda.

No era previsible que una construcción a la que se llama memorial fuese a activar lo peor de ciertas memorias, pero hoy está a la vista que había un herpes dormido en algunos corazones. Han sido tristes palabras, un triste tono, unas tristes intenciones, unos tristes corazones.

Pero la sorpresa de tantos frente a esa actitud no debe convertirse en revancha. Por el contrario, de acuerdo a la vida y a la doctrina de Jaime Guzmán, quienes hoy con él se ensañan, nada tienen que temer. Jamás se les devolverá mal por mal, una y otra vez se les argumentará con paciencia y documentación. La personalidad de Guzmán, es cierto, los ha convocado a un nuevo atentado y quizás de qué otras maneras tratarán de consumarlo (¿podrá publicarse y lanzarse la biografía oficial de Jaime Guzmán dentro de unos meses o habrá presiones a los sellos y funa a los locales?).

Se les ocurra esto o lo otro para seguir en su lamentable tarea, sí pueden estar seguros de una cosa: no son de piedra quienes recibieron la convocatoria opuesta, el llamado de Guzmán a servir a Chile.

Las luchas intestinas del capitalismo
Karin Ebensperger

La crisis financiera ha producido una lluvia de críticas al sistema de libre mercado. Y EE.UU. está contribuyendo al descrédito al convertirse en una potencia que exporta sus miedos, que está muy endeudada, y que parece haber perdido el concepto de esfuerzo y sacrificio, mientras China incorpora la economía de mercado con ahorro y crecimiento.

Pero hay que considerar que no ha sido tanto la sociedad civil la que ha fallado en EE.UU. -sigue siendo eficiente y la más innovadora-, sino que la distorsión la ha provocado principalmente el Estado, con las malas políticas de Clinton, Bush y Greenspan, entre otros.

Debido a la crisis, en EE.UU. y también en Europa ha resucitado una enconada discusión entre dos corrientes de economía liberal que marcó gran parte del siglo XX: los keynesianos y los seguidores de Friedrich von Hayek. No se discute aplicar un estatismo de corte socialista, sino sobre tipos de economía liberal y grados de participación estatal.

El inglés John Maynard Keynes era partidario de la intervención del Estado para mitigar períodos de crisis cíclicas y recesiones. Keynes es un referente de la macroeconomía, sobre todo con su obra "Tratado sobre el dinero". Participó en la creación del sistema de Bretton Woods, e incluso propuso un banco central mundial, idea que por suerte no prosperó. Sus detractores dicen que los economistas keynesianos no prestan suficiente atención a la estanflación y otros asuntos inflacionarios.

Su eterno oponente fue el Premio Nobel Friedrich von Hayek, el otro protagonista de las batallas intelectuales entre Cambridge, con Keynes, y la London School of Economics, donde enseñaba Von Hayek. Considerado uno de los padres del liberalismo económico moderno, los libros y artículos de Von Hayek además de economía tratan sobre filosofía política y antropología. Fue alumno del mítico Ludwig von Mises, y ambos son claves para explicar las fallas de los sistemas de economía planificada.

El estatismo es incompatible con la libertad individual, argumentaba Von Hayek. En "Los fundamentos de la libertad", explicó que los precios de mercado son los transmisores de cantidad de informaciones dispersas sobre las personas y la sociedad, y sirven para sincronizar muchos conocimientos; por lo tanto, manipular el mercado lleva a un problema de falla de información que lo altera todo.

Von Hayek explicó el origen de los ciclos económicos a partir del crédito concedido por el banco central y los tipos de interés artificialmente bajos, lo que conduce -decía- a que se invierta en proyectos muy arriesgados; surge una mala coordinación entre producción y consumo que primero produce una gran expansión, pero después recesión, hasta que vuelve a ajustarse la economía. (Cualquier comparación con la crisis actual no es mera coincidencia...)

Siempre he pensado que Deng Ziaoping, quien introdujo la apertura económica en China, debe haber leído en secreto, cuando Mao no lo estaba observando, al Premio Nobel Friedrich von Hayek.

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