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miércoles, 29 de octubre de 2008

Monumento a Jaime Guzmán

Monumento a Jaime Guzmán
Gonzalo Vial

A propósito de la próxima inauguración del monumento a Jaime Guzmán, se ha discutido si la Presidenta, invitada al acto, debe o no asistir.

No puede estimarse su eventual concurrencia como indicativa de afinidad política con Guzmán. Este apoyó enérgicamente el movimiento y régimen de las Fuerzas Armadas, y su itinerario, al paso que —los mismos años— de la Presidenta sólo se sabe, y sin mucho detalle, haber tenido un vínculo con un integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Es sabido que el FPMR fue el brazo militar que organizó el Partido Comunista, cuando el año 1980 acordó ejercer la violencia de todo orden contra el gobierno de Pinochet. A tal objeto, el PC infiltró y «camufló» en Chile —siguiendo un proceso largo, y meticulosamente planificado— a militantes que habían recibido un completo adiestramiento cubano y de otros orígenes, para cumplir acciones de guerrilla, terrorismo indiscriminado o selectivo, sabotaje, etc. Los comunistas aprovecharon la crisis de 1982, para «desencadenar» al FPMR, que cumplió una larga e inútil serie de atentados de sangre, cuya culminación fue el fallido magnicidio de Pinochet, con sus cinco escoltas como víctimas fatales e inocentes.

Después, la «praxis» aconsejó al Partido paralizar estas acciones. Un sector puso reparos a la orden, y el FPMR se dividió. Una facción —conocida como Autónoma— continuaría operando, en desafío al PC. Y esta facción o «descolgados» de la misma, asesinaron a Jaime Guzmán. Quien no alcanzó, pues, a conocer la posterior vida política, normal, socialista, de la Presidenta...

No se sentirá cómoda, luego, inaugurando el memorial de Guzmán, si lo hace..., ni quienes la han invitado, admiradores del senador asesinado, se sentirán cómodos con ella.

Pero los monumentos a servidores públicos no son erigidos para comodidad de nadie, ni tampoco para exaltar a quien representan, salvo en un punto: la consagración total y desinteresada al servicio público, sin miras de otro orden... sólo por amor a la patria. Aquí, únicamente aquí, reside la causa del homenaje colectivo que representa cualquier monumento. Y es por ello que debe autorizarlo una ley. Es el caso de Jaime Guzmán. No buscó cargos, ni honores, ni menos provecho económico en su acción pública, sólo el bien del país, tal como lo entendía. Estoy seguro de que fue parlamentario sin importarle nada el puesto mismo; que lo miró como un instrumento de esa acción, ni más, ni menos. Fue pobre, austero, sencillo de trato, cortés con el adversario, siempre dispuesto a oír argumentos.

Persiguió el bien de Chile. ¿Se equivocó alguna vez, o muchas veces? Ninguna figura chilena que haya sido honrada por un monumento se encuentra libre de esta duda y discusión, salvo quizás la de Arturo Prat. Más aún, ninguna de esas figuras ha dejado de cometer algún error grave, cuando menos, en su vida pública. Por eso el monumento exige ley. No en vano Andrés Bello la definió como “declaración de la voluntad soberana”. Es la sociedad entera la que, a través de la ley, declara la consagración superior de una persona al servicio público y por ello autoriza se erija su monumento.

La eventual asistencia de la Presidenta simbolizará la decisión soberana respecto a Jaime Guzmán.Y su eventual ausencia no erosionará esa decisión, ya tomada por ley; significando sólo que un segundo supremo mandatario en nuestra Historia, no considera serlo de todos los chilenos. Pues rechaza rendir el homenaje que la mayoría de éstos, del modo más solemne posible —dictar una ley—, ha decidido tributar no a las ideas ni actuaciones políticas de Guzmán, sino a su patriotismo superior.

El olvido de las consideraciones que preceden, lleva a justificar con malos argumentos la posible ausencia presidencial. Ejemplos:

1. Jaime Guzmán, complaciente ante la violación de los derechos humanos

Es conocido e indiscutido, que siempre la rechazó. Que en numerosos casos particulares intervino, incluso ante el Presidente Pinochet, para ponerle fin, o para denunciarla y pedir se la castigara si ya era irreparable. Que así salvó la vida y obtuvo la libertad de muchos. Que fue el peor enemigo, al interior del régimen militar, de la DINA y su jefe, e influencia fundamental para que éste fuera destituido y aquélla remplazada por la CNI. La cual, bajo el mando del General Odlanier Mena —archienemigo del ex director de la DINA— normalizó notoriamente el sistema de seguridad, hasta el asesinato del Coronel Roger Vergara, obra del MIR, en 1980. Que este crimen motivó la salida de Mena por «blando», marcando simultáneamente un nuevo descontrol y desmanes de la represión, y la pérdida progresiva del influjo de Guzmán sobre Pinochet. Pérdida que se hizo casi total cuando Sergio Fernández abandonó el Ministerio del Interior en Abril de 1982.

Guzmán opinaba que la lucha por los derechos humanos, en un gobierno autoritario, debía plantearse desde su interior y sin publicidad.¿Se equivocaba? ¿Era preferible la ruptura abierta con el régimen? ¿Hubiera ella mejorado la situación criticada? En materia de derechos humanos... ¿fue peor simpatizar y colaborar con Pinochet,que simpatizar y colaborar con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez? Sin embargo, los dirigentes o responsables superiores de éste ya fallecidos, como Gladys Marín o Volodia Teitelboim, en vida y a su muerte recibieron homenajes y reconocimientos públicos y privados sin que nadie pareciera molestarse.

Esto confirma lo ya dicho. En un Chile tan dividido ideológica y políticamente como el nuestro, lo único que puede concitar el homenaje unánime, o muy mayoritario, es la consagración al servicio del país, signo de patriotismo. Consagración cuyo reconocimiento social a través de un monumento, para garantía de seriedad, debe ser autorizado por la ley.

Si las voces discordantes sobre la ACTUACIÓN de cada figura naconal objeto de monumento, pudieran paralizar éste, casi no habría estatuas en Santiago. Ninguna, desde luego, en la Plaza Constitución. ¿Cuántos opinan, con argumentos tan buenos o tan malos como cualquiera, que Portales, Jorge Alessandri, Frei o Allende fueron muy dañinos para el país? Pero a ninguno se le niega su dedicación a éste y a servirlo... su patriotismo.

2. Guzmán,ideólogo de la dictadura.

Esto, simplemente, no tiene asidero. Si hay algo indiscutible respecto de Jaime Guzmán, es su autoría fundamental —con Jorge Alessandri y Sergio Fernández— de la Constitución de 1980.

Ahora bien, esta carta fue tan poco dictatorial de espíritu, que ella misma diseñó y obtuvo se aprobara el mecanismo y cronograma para que el pueblo pudiera, en votación libre, desplazar pacíficamente a la «dictadura» y entregar el poder a sus enemigos. COMO EFECTIVAMENTE SUCEDIO EN 1988/1989, del modo y en las fechas que la Carta había contemplado, y cuyo UNICO resguardo era la palabra del «dictador» y de las Fuerzas Armadas.

Así, Guzmán no fue el ideólogo de la dictadura, de aceptar que ésta existió, sino el ideólogo de cómo salir de ella.

3. Guzmán, enemigo de la democracia.

Fue, es cierto partidario de una «democracia protegida», que suavizara los efectos del sufragio universal. De allí los mecanismos introducidos en la Carta de 1980, que el concertacionismo ha llamado «enclaves autoritarios» y que fueron progresivamente suprimidos desde 1989.

Su utilidad o nocividad son, de nuevo, discutibles. Pero no autorizan para llamar a nadie, por el solo hecho de sostenerlos, “antidemocrático”. Pues de hecho subsisten, en alguna medida, hasta hoy, y/o han sido defendidos por demócratas indisputados. Así:

-Algún tipo de senadores «designados» figuraba en los proyectos de reforma constitucional de los Presidentes Arturo y Jorge Alesssandri y Eduardo Frei.

-Es completamente antidemocrático, en rigor, que el remplazante de un parlamentario fallecido sea remplazado por quien designe su partido, como acaba de suceder.

-Es completamente antidemocrático que el poder municipal se concentre «dictatorialmente» en el alcalde, y que los concejales, elegidos también por el pueblo, sean sólo de decoración.

-El sistema binominal, reconocido exponente de «enclave autoritario», es objeto de unánime censura, de los labios hacia afuera... pero nadie quiere, ni propone remplazarlo. ¡Ni un sólo proyecto al respecto en los veinte años post militares! La verdad es que la clase política se siente perfectamente a gusto con el binominal. Y quizás tenga razón. La democracia no es una receta de ingredientes fijos, ni menos todavía «propiedad» de alguien que la administre, y coloque a su arbitrio la etiqueta de «demócrata».

Jaime Guzmán fue un símbolo de renovación y contradicción en la política chilena. Es positivo y alentador que siga siéndolo, tantos años después de su muerte.

P.D.:Ayer, en La Segunda, la Gerenta de Comunicaciones de TVN se refiere a una columna mía sobre este medio de comunicación, haciéndole los dos reparos que siguen:

-Que mi análisis “se centre sólo en un canal de televisión y no en la industria”.

Coincido, y lo he dicho a menudo, en que toda nuestra televisión pública es chatarra, no únicamente TVN, y que para financiarse no puede sino serlo, o no le resulta fácil equilibrar las cifras sin serlo. Pero un canal del Estado, de todos los chilenos, no puede seguir ese camino...¿para qué necesita el país MAS televisión/chatarra, habiendo ya tanta, y tantas necesidades sociales, urgentes, sin satisfacer? Si se necesita TV del Estado, distinta de la simplemente comercial, y con esta limitante no se financia, el Estado debe subsidiarla. Si no puede subsidiarla, que la venda. Hoy, no se notaría.

-Que TVN transmite el 48% de la programación cultural del sistema. No me parece tener el mismo concepto de «cultura» que TVN, como expliqué en esa columna, pero quizás me equivoque. Sin embargo, repito que la columna criticada tuvo origen en que el propio Canal, en un aviso muy destacado de su horario diurno, me llamó a presenciar un programa nocturno sobre un hijo que había violado a su madre. Se me dirá que una golondrina no hace verano... pero esa golondrina, sí

lunes, 20 de octubre de 2008

Comentarios para no perderse.

Un memorial que remueve las memorias
Gonzalo Rojas

Hay personalidades que sacan personalidades; sí, tal como hay palabras que sacan palabras.

Jaime Guzmán fue y seguirá siendo una de esas personalidades que activan a otras, a su favor o en su contra: no cabe la indiferencia frente al joven senador asesinado.

Mientras estuvo vivo, salieron al ruedo televisivo para enfrentarlo Ricardo Lagos y Luis Maira, en memorables programas del 89. Ya sabemos para quién fue la victoria: ni Lagos ni Maira fueron electos senadores por la izquierda en esa oportunidad.

También se activaron, para conocerlo a fondo, Gabriel Valdés y René Cortázar. Y ambos democratacristianos descubrieron al hombre, mientras Guzmán aprendía a ver en ellos a dos caballeros del servicio público.

En el medio de esas disputas con los primeros y de esos acuerdos con los segundos -todas relaciones legítimas- la personalidad de Guzmán sacó a escena a esos otros siniestros caracteres que han sido los subversivos del FMR: votó que no al indulto de terroristas. Y ellos, razonando desde el odio (¿ciegos? No, muy lúcidos en su maldad) lo acribillaron. No supieron, no quisieron perder; calcularon fríamente, con profundo sentido histórico, que iban a ganar.

Y algunos pensábamos hasta hace poco, tontorrones, que los terroristas eran los únicos asesinos de Guzmán; creíamos, ingenuos, que ante la muerte del senador, ni un solo chileno pacífico podría haber dudado de la gravedad del crimen, ni mucho menos haberse alegrado. Tontitos: mirando ahora cómo una simple escultura ha sacado palabras despectivas o rabiosas, así como descalificaciones y agresiones, es legítimo plantearse que quizás hubo en ese 1º de abril de 1991 quienes, allá en el fondo de sus corazones, prestaron aceptación al crimen o, al menos, musitaron un "merecido se lo tenía".

Obviamente en 1991 esas personas callaron, no develaron la pobreza de su alma, fueron prudentes o cobardes: quién sabe qué fueron. Algunos, tal vez avergonzados, eliminaron pronto esa sucia tendencia; otros, la dejaron acurrucadita en un rincón del corazón y esperaron que hubiera, quizás cuándo y porqué, un motivo para despertarla, crecidita ya.

Es en estos últimos que ahora, ante la piedra artística que representa a un alma noble como pocas, han aflorado esas viscosidades, es en ellos que ha vuelto a manifestarse la náusea que les producía la personalidad de Guzmán, quien los ha vuelto a convocar a través de la sencilla inauguración de un monumento en su recuerdo.

Y ellos, tan valientes porque saben que no enfrentarán la lógica rotunda de un adversario hoy inexistente, no han podido resistirse. Comenzó Ominami hace años, insistiendo en que Guzmán estaría hoy procesado por violaciones a los derechos humanos. Pero era el GAP-MIR el que hablaba por su boca, por lo que nadie hizo mucho asunto.

Ahora no; ahora son algunos ponderados intelectuales de la Ciencia Política y del Derecho, alguna empresaria de las encuestas, más un ex ministro defenestrado y uno que otro parlamentario electo bajo la Constitución en que trabajó Guzmán, los que descubren su verdadera pasión: a ése lo queremos muerto, bien requetecontra muerto, porque bien muerto está. Ni memoriales, ni calles, ni homenajes, ni actos de reconciliación, porque llegó el momento de decirle abiertamente a todos: si ya unos jóvenes idealistas nos libraron de Guzmán, que nadie venga a vivificarlo ahora, ni siquiera en piedra. Ah, y ni mucho menos a enredar a la Presidenta, que por algo es mujer de izquierda.

No era previsible que una construcción a la que se llama memorial fuese a activar lo peor de ciertas memorias, pero hoy está a la vista que había un herpes dormido en algunos corazones. Han sido tristes palabras, un triste tono, unas tristes intenciones, unos tristes corazones.

Pero la sorpresa de tantos frente a esa actitud no debe convertirse en revancha. Por el contrario, de acuerdo a la vida y a la doctrina de Jaime Guzmán, quienes hoy con él se ensañan, nada tienen que temer. Jamás se les devolverá mal por mal, una y otra vez se les argumentará con paciencia y documentación. La personalidad de Guzmán, es cierto, los ha convocado a un nuevo atentado y quizás de qué otras maneras tratarán de consumarlo (¿podrá publicarse y lanzarse la biografía oficial de Jaime Guzmán dentro de unos meses o habrá presiones a los sellos y funa a los locales?).

Se les ocurra esto o lo otro para seguir en su lamentable tarea, sí pueden estar seguros de una cosa: no son de piedra quienes recibieron la convocatoria opuesta, el llamado de Guzmán a servir a Chile.

Las luchas intestinas del capitalismo
Karin Ebensperger

La crisis financiera ha producido una lluvia de críticas al sistema de libre mercado. Y EE.UU. está contribuyendo al descrédito al convertirse en una potencia que exporta sus miedos, que está muy endeudada, y que parece haber perdido el concepto de esfuerzo y sacrificio, mientras China incorpora la economía de mercado con ahorro y crecimiento.

Pero hay que considerar que no ha sido tanto la sociedad civil la que ha fallado en EE.UU. -sigue siendo eficiente y la más innovadora-, sino que la distorsión la ha provocado principalmente el Estado, con las malas políticas de Clinton, Bush y Greenspan, entre otros.

Debido a la crisis, en EE.UU. y también en Europa ha resucitado una enconada discusión entre dos corrientes de economía liberal que marcó gran parte del siglo XX: los keynesianos y los seguidores de Friedrich von Hayek. No se discute aplicar un estatismo de corte socialista, sino sobre tipos de economía liberal y grados de participación estatal.

El inglés John Maynard Keynes era partidario de la intervención del Estado para mitigar períodos de crisis cíclicas y recesiones. Keynes es un referente de la macroeconomía, sobre todo con su obra "Tratado sobre el dinero". Participó en la creación del sistema de Bretton Woods, e incluso propuso un banco central mundial, idea que por suerte no prosperó. Sus detractores dicen que los economistas keynesianos no prestan suficiente atención a la estanflación y otros asuntos inflacionarios.

Su eterno oponente fue el Premio Nobel Friedrich von Hayek, el otro protagonista de las batallas intelectuales entre Cambridge, con Keynes, y la London School of Economics, donde enseñaba Von Hayek. Considerado uno de los padres del liberalismo económico moderno, los libros y artículos de Von Hayek además de economía tratan sobre filosofía política y antropología. Fue alumno del mítico Ludwig von Mises, y ambos son claves para explicar las fallas de los sistemas de economía planificada.

El estatismo es incompatible con la libertad individual, argumentaba Von Hayek. En "Los fundamentos de la libertad", explicó que los precios de mercado son los transmisores de cantidad de informaciones dispersas sobre las personas y la sociedad, y sirven para sincronizar muchos conocimientos; por lo tanto, manipular el mercado lleva a un problema de falla de información que lo altera todo.

Von Hayek explicó el origen de los ciclos económicos a partir del crédito concedido por el banco central y los tipos de interés artificialmente bajos, lo que conduce -decía- a que se invierta en proyectos muy arriesgados; surge una mala coordinación entre producción y consumo que primero produce una gran expansión, pero después recesión, hasta que vuelve a ajustarse la economía. (Cualquier comparación con la crisis actual no es mera coincidencia...)

Siempre he pensado que Deng Ziaoping, quien introdujo la apertura económica en China, debe haber leído en secreto, cuando Mao no lo estaba observando, al Premio Nobel Friedrich von Hayek.

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