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sábado, 22 de noviembre de 2008

Una clase magistral

Los próceres en la farándula
Sarmiento en el Maipo
Comentario por Nélida Rebollo de Montes (*)

Con temeraria precipitación calificó de “mujeriego” a Domingo Faustino Sarmiento un crítico periodista que ha llevado –según él- la rotativa, al Maipo donde concreta un programa inusual hasta ahora. La imprudente afirmación la hizo en forma “descolgada” puesto que su libreto apunta a temas de actualidad y no al desarrollo de un tema histórico. Sólo se le puede atribuir a la moda de algunos revisionistas que confunden panfleto con investigación histórica, haciendo que el mal ejemplo cunda con afirmaciones a las que hacemos referencia y cometiendo en los últimos tiempos una llamativa imprudencia y un desprecio precipitado por las figuras centrales que intervinieron a favor del progreso institucional, económico y moral de la nación y en los esfuerzos por la independencia y la organización de nuestro país. Algunos tuvieron una formación extra universitaria y otros, como Sarmiento, una formación extraescolar. Y aclaro esto porque en forma peyorativa se dijo también que “Sarmiento nunca fue a la escuela”.

Sarmiento, como Mitre, Estrada fueron ejemplos como autodidactas y tuvieron un claro sentido del esfuerzo, con formación propia, que les permitió elevarse espiritualmente y contribuir con verdadera autoridad intelectual y moral a las exigencias más urgentes de la vida nacional.

En cuanto a la afirmación de “mujeriego”, se deba, tal vez, a que Sarmiento se enamoró de la hija del abogado y político argentino Dalmacio Vélez Sárfield, autor del Código Civil de Argentina de 1869. Esta joven a quien Sarmiento le escribió cartas con alusiones sentimentales se llamó Aurelia Vélez. Sarmiento se casó con Benita Martínez Pastoriza, viuda de Fidel Castro Calvo, madre de un niño que Sarmiento adoptó como hijo propio, lo educó y lo formó en el valor y el amor a la patria. Precísamente siendo jovencito participó en la guerra de nuestro país con el Paraguay donde murió luchando por su terruño.

Varias mujeres notables, entre ellas, Mary Mann y su esposo; Juana Manso; las maestras norteamericanas… lo ayudaron en su ciclópea obra de educación, a punto tal, que Sarmiento reconociera que fue la mujer la que más le puso el hombro a su lucha por la educación. Cosa muy distinta a considerarlo un mujeriego.

No es mi propósito aclarar punto por punto la furia de epítetos que se le dedica gratuitamente por desconocimiento o ignorancia a hombres de la talla de nuestro protagonista.

Precísamente al prócer a quien le tiran dardos, se preocupó en vida por una nación organizada; aunque su misión como realización inaplazable era dejar atrás las montoneras acaudilladas, a las que había que oponerles una comunidad orgánica, con el imperio de instituciones democráticas y leyes civilizadoras. Esas leyes e instituciones gestaron verdaderos poderes morales y sociales que contribuyó al desenvolvimiento nacional. Transformó así costumbres y hábitos que ayudaron al progreso material y moral de la República que acababa de constituirse.

Sarmiento expuso una visión de nuestra vida pampeana y las causas de su atraso: el desierto, la ignorancia y el despotismo. A esos males los combatió sin descanso. A la vez, que trabajaba para solucionarlos, tal el caso del enorme desierto habitada con la inmigración; a la incultura le aportaba la educación; al despotismo, la libertad. Todo esto planteado en Civilización y Barbarie.

No obstante provocó enconadas agresiones contra su persona, pero también recibió encendidas muestras de admiración. Para Sarmiento poblar el desierto con la inmigración era vigorizar el espíritu nacional; civilizar era afirmar el imperio de la ley; abrir las puertas y los ríos al comercio era favorecer la libre expansión de las fuerzas económicas. Pero la esencia de esa lucha concretada en obras había que enriquecerla con la educación de las masas. Para hacer realidad tanto empeño su obra de educación comienza con la escuela primaria, familiarizando la vida con un ambiente de libertad y deber.

Su lucha apasionada tenía motivaciones claras y afectivas: veía en el progreso (síntesis de trabajo y cultura) el destino argentino. Para él la tarea principal era educar y crear nuevos hábitos, es decir, civilizar.

Jamás dejó de batallar por la educación, inicialmente desde Chile, en los días del destierro, continuaría luego en su Patria con una doble finalidad, moral y política y en toda América.

En la escuela continuaba con la transformación social inclinada a dar estructura y desenvolvimiento a la naciente nación democrática. Se sintió vocero de la Revolución liberal de Mayo. Entendía que al pueblo había que capacitarlo para el ejercicio de las instituciones republicanas y de la democracia.

“Educar al Soberano” fue la formula infaltable en su cruzada civilizadora digna de la historia de nuestro continente. Su lucha en más de treinta años fue en favor de la cultura del pueblo, creadora del espíritu nacional como consta en su libro Educación Popular (1849). ¿No merece este ejemplo de Sarmiento un poco de respeto?.

Sarmiento pensaba en el porvenir del país y poseía la certeza que la tranquilidad, la libertad y la riqueza dependían de la educación en acción combinada del Estado y los ciudadanos.
Sarmiento tiene un lugar ganado con gran esfuerzo en la historia de nuestra formación nacional. Su influencia en la educación, a la que aportó sus más grandes afanes, preparó a los hombres que más tarde se cultivaron para las tareas directivas del país en los múltiples aspectos de su vida histórica. Precisamente de la escuela, a la que dedicó gran parte de su vida, surgieron hombres de todas las clases sociales que a través de los estudios adquirieron las ideas y la maduración espiritual necesaria para orientar las luchas a favor del progreso institucional, económico y moral de la Nación. También en los esfuerzos de la organización del país.

Este hombre dinámico, jamás se detuvo ante la incomprensión y los obstáculos porque la fe impulsaba su empresa de levantar al pueblo, enseñarle a trabajar, a conocer la verdad, a vivir con dignidad y luchar por la libertad. La escuela pública para él era la institución educativa de la democracia; el crisol donde se encuentran y conviven para formarse como hombres los hijos de familias pobres y ricas sin que ello incida como elemento de discriminación.

La idea de democratizar la sociedad mediante la educación común, igual y abierta para todos fue una de las mejores herencias que de él recibimos porque enseñó a despertar intereses cívicos, amor al trabajo y mantener la virtud de la honradez.
Nos ha legado una herencia de pensamiento y acción; un abnegado sentimiento de patriotismo volcado en un programa de vida y en una misión cumplida sin reposo durante más de medio siglo de su vida activa. Nos ha dejado innumerables inquietudes de la educación al servicio de un vivo sentido de responsabilidad. Hizo realidad el principio de que "Gobernar es educar" y “Educar es gobernar”. Tuvo de la realidad argentina una visión clara y un ímpetu desbordante. Soñó y trabajó para la realización de la grandeza argentina y de los ideales americanos y siempre estuvo incorporado al histórico esfuerzo de construir la viva nación argentina.

En el destierro no cultivó el odio, ni la revancha, ni la calumnia. Elaboró, en cambio, su destino de civilizador. Hizo realidad su convicción de que la educación es un derecho de los pueblos y un deber del Estado y enseñó que el progreso se logra con el aumento de las fuerzas de producción. Fue un hombre, no un ídolo. Un hombre que también se equivocó hiriendo, por su afán de realizarlo todo, respetables tradiciones e intereses. Pero amó como pocos a su patria y a ella le ofrendó todas las formas de su magisterio en el esfuerzo por constituir el país, asegurar la libertad y el orden. No explotó su pobreza para sembrar el odio y la codicia. Su pobreza le permitió elevarse con portentosa voluntad, templando su alma y preparando su espíritu para el gran triunfo que le dio el poderío de su influencia moral.


(*)Nélida Rebollo de Montes, es una laureada profesora y periodista de la República Argentina, que casi todas las semanas nos deleita con su pluma de extrema claridad e impecable documentación. La escritora tiene además una sólida columna en la Revista Plural de Radio La Red.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Monumento a Jaime Guzmán

Monumento a Jaime Guzmán
Gonzalo Vial

A propósito de la próxima inauguración del monumento a Jaime Guzmán, se ha discutido si la Presidenta, invitada al acto, debe o no asistir.

No puede estimarse su eventual concurrencia como indicativa de afinidad política con Guzmán. Este apoyó enérgicamente el movimiento y régimen de las Fuerzas Armadas, y su itinerario, al paso que —los mismos años— de la Presidenta sólo se sabe, y sin mucho detalle, haber tenido un vínculo con un integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Es sabido que el FPMR fue el brazo militar que organizó el Partido Comunista, cuando el año 1980 acordó ejercer la violencia de todo orden contra el gobierno de Pinochet. A tal objeto, el PC infiltró y «camufló» en Chile —siguiendo un proceso largo, y meticulosamente planificado— a militantes que habían recibido un completo adiestramiento cubano y de otros orígenes, para cumplir acciones de guerrilla, terrorismo indiscriminado o selectivo, sabotaje, etc. Los comunistas aprovecharon la crisis de 1982, para «desencadenar» al FPMR, que cumplió una larga e inútil serie de atentados de sangre, cuya culminación fue el fallido magnicidio de Pinochet, con sus cinco escoltas como víctimas fatales e inocentes.

Después, la «praxis» aconsejó al Partido paralizar estas acciones. Un sector puso reparos a la orden, y el FPMR se dividió. Una facción —conocida como Autónoma— continuaría operando, en desafío al PC. Y esta facción o «descolgados» de la misma, asesinaron a Jaime Guzmán. Quien no alcanzó, pues, a conocer la posterior vida política, normal, socialista, de la Presidenta...

No se sentirá cómoda, luego, inaugurando el memorial de Guzmán, si lo hace..., ni quienes la han invitado, admiradores del senador asesinado, se sentirán cómodos con ella.

Pero los monumentos a servidores públicos no son erigidos para comodidad de nadie, ni tampoco para exaltar a quien representan, salvo en un punto: la consagración total y desinteresada al servicio público, sin miras de otro orden... sólo por amor a la patria. Aquí, únicamente aquí, reside la causa del homenaje colectivo que representa cualquier monumento. Y es por ello que debe autorizarlo una ley. Es el caso de Jaime Guzmán. No buscó cargos, ni honores, ni menos provecho económico en su acción pública, sólo el bien del país, tal como lo entendía. Estoy seguro de que fue parlamentario sin importarle nada el puesto mismo; que lo miró como un instrumento de esa acción, ni más, ni menos. Fue pobre, austero, sencillo de trato, cortés con el adversario, siempre dispuesto a oír argumentos.

Persiguió el bien de Chile. ¿Se equivocó alguna vez, o muchas veces? Ninguna figura chilena que haya sido honrada por un monumento se encuentra libre de esta duda y discusión, salvo quizás la de Arturo Prat. Más aún, ninguna de esas figuras ha dejado de cometer algún error grave, cuando menos, en su vida pública. Por eso el monumento exige ley. No en vano Andrés Bello la definió como “declaración de la voluntad soberana”. Es la sociedad entera la que, a través de la ley, declara la consagración superior de una persona al servicio público y por ello autoriza se erija su monumento.

La eventual asistencia de la Presidenta simbolizará la decisión soberana respecto a Jaime Guzmán.Y su eventual ausencia no erosionará esa decisión, ya tomada por ley; significando sólo que un segundo supremo mandatario en nuestra Historia, no considera serlo de todos los chilenos. Pues rechaza rendir el homenaje que la mayoría de éstos, del modo más solemne posible —dictar una ley—, ha decidido tributar no a las ideas ni actuaciones políticas de Guzmán, sino a su patriotismo superior.

El olvido de las consideraciones que preceden, lleva a justificar con malos argumentos la posible ausencia presidencial. Ejemplos:

1. Jaime Guzmán, complaciente ante la violación de los derechos humanos

Es conocido e indiscutido, que siempre la rechazó. Que en numerosos casos particulares intervino, incluso ante el Presidente Pinochet, para ponerle fin, o para denunciarla y pedir se la castigara si ya era irreparable. Que así salvó la vida y obtuvo la libertad de muchos. Que fue el peor enemigo, al interior del régimen militar, de la DINA y su jefe, e influencia fundamental para que éste fuera destituido y aquélla remplazada por la CNI. La cual, bajo el mando del General Odlanier Mena —archienemigo del ex director de la DINA— normalizó notoriamente el sistema de seguridad, hasta el asesinato del Coronel Roger Vergara, obra del MIR, en 1980. Que este crimen motivó la salida de Mena por «blando», marcando simultáneamente un nuevo descontrol y desmanes de la represión, y la pérdida progresiva del influjo de Guzmán sobre Pinochet. Pérdida que se hizo casi total cuando Sergio Fernández abandonó el Ministerio del Interior en Abril de 1982.

Guzmán opinaba que la lucha por los derechos humanos, en un gobierno autoritario, debía plantearse desde su interior y sin publicidad.¿Se equivocaba? ¿Era preferible la ruptura abierta con el régimen? ¿Hubiera ella mejorado la situación criticada? En materia de derechos humanos... ¿fue peor simpatizar y colaborar con Pinochet,que simpatizar y colaborar con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez? Sin embargo, los dirigentes o responsables superiores de éste ya fallecidos, como Gladys Marín o Volodia Teitelboim, en vida y a su muerte recibieron homenajes y reconocimientos públicos y privados sin que nadie pareciera molestarse.

Esto confirma lo ya dicho. En un Chile tan dividido ideológica y políticamente como el nuestro, lo único que puede concitar el homenaje unánime, o muy mayoritario, es la consagración al servicio del país, signo de patriotismo. Consagración cuyo reconocimiento social a través de un monumento, para garantía de seriedad, debe ser autorizado por la ley.

Si las voces discordantes sobre la ACTUACIÓN de cada figura naconal objeto de monumento, pudieran paralizar éste, casi no habría estatuas en Santiago. Ninguna, desde luego, en la Plaza Constitución. ¿Cuántos opinan, con argumentos tan buenos o tan malos como cualquiera, que Portales, Jorge Alessandri, Frei o Allende fueron muy dañinos para el país? Pero a ninguno se le niega su dedicación a éste y a servirlo... su patriotismo.

2. Guzmán,ideólogo de la dictadura.

Esto, simplemente, no tiene asidero. Si hay algo indiscutible respecto de Jaime Guzmán, es su autoría fundamental —con Jorge Alessandri y Sergio Fernández— de la Constitución de 1980.

Ahora bien, esta carta fue tan poco dictatorial de espíritu, que ella misma diseñó y obtuvo se aprobara el mecanismo y cronograma para que el pueblo pudiera, en votación libre, desplazar pacíficamente a la «dictadura» y entregar el poder a sus enemigos. COMO EFECTIVAMENTE SUCEDIO EN 1988/1989, del modo y en las fechas que la Carta había contemplado, y cuyo UNICO resguardo era la palabra del «dictador» y de las Fuerzas Armadas.

Así, Guzmán no fue el ideólogo de la dictadura, de aceptar que ésta existió, sino el ideólogo de cómo salir de ella.

3. Guzmán, enemigo de la democracia.

Fue, es cierto partidario de una «democracia protegida», que suavizara los efectos del sufragio universal. De allí los mecanismos introducidos en la Carta de 1980, que el concertacionismo ha llamado «enclaves autoritarios» y que fueron progresivamente suprimidos desde 1989.

Su utilidad o nocividad son, de nuevo, discutibles. Pero no autorizan para llamar a nadie, por el solo hecho de sostenerlos, “antidemocrático”. Pues de hecho subsisten, en alguna medida, hasta hoy, y/o han sido defendidos por demócratas indisputados. Así:

-Algún tipo de senadores «designados» figuraba en los proyectos de reforma constitucional de los Presidentes Arturo y Jorge Alesssandri y Eduardo Frei.

-Es completamente antidemocrático, en rigor, que el remplazante de un parlamentario fallecido sea remplazado por quien designe su partido, como acaba de suceder.

-Es completamente antidemocrático que el poder municipal se concentre «dictatorialmente» en el alcalde, y que los concejales, elegidos también por el pueblo, sean sólo de decoración.

-El sistema binominal, reconocido exponente de «enclave autoritario», es objeto de unánime censura, de los labios hacia afuera... pero nadie quiere, ni propone remplazarlo. ¡Ni un sólo proyecto al respecto en los veinte años post militares! La verdad es que la clase política se siente perfectamente a gusto con el binominal. Y quizás tenga razón. La democracia no es una receta de ingredientes fijos, ni menos todavía «propiedad» de alguien que la administre, y coloque a su arbitrio la etiqueta de «demócrata».

Jaime Guzmán fue un símbolo de renovación y contradicción en la política chilena. Es positivo y alentador que siga siéndolo, tantos años después de su muerte.

P.D.:Ayer, en La Segunda, la Gerenta de Comunicaciones de TVN se refiere a una columna mía sobre este medio de comunicación, haciéndole los dos reparos que siguen:

-Que mi análisis “se centre sólo en un canal de televisión y no en la industria”.

Coincido, y lo he dicho a menudo, en que toda nuestra televisión pública es chatarra, no únicamente TVN, y que para financiarse no puede sino serlo, o no le resulta fácil equilibrar las cifras sin serlo. Pero un canal del Estado, de todos los chilenos, no puede seguir ese camino...¿para qué necesita el país MAS televisión/chatarra, habiendo ya tanta, y tantas necesidades sociales, urgentes, sin satisfacer? Si se necesita TV del Estado, distinta de la simplemente comercial, y con esta limitante no se financia, el Estado debe subsidiarla. Si no puede subsidiarla, que la venda. Hoy, no se notaría.

-Que TVN transmite el 48% de la programación cultural del sistema. No me parece tener el mismo concepto de «cultura» que TVN, como expliqué en esa columna, pero quizás me equivoque. Sin embargo, repito que la columna criticada tuvo origen en que el propio Canal, en un aviso muy destacado de su horario diurno, me llamó a presenciar un programa nocturno sobre un hijo que había violado a su madre. Se me dirá que una golondrina no hace verano... pero esa golondrina, sí

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