viernes, 8 de agosto de 2008

Dos comentarios y una invitación

Chile versus Colombia
Francisca Werth

Tras un encendido debate sobre la delincuencia en Chile, el análisis y los comentarios se han centrado en lo que, para un juicio experto, es el tema menos importante frente a una propuesta de modernización del Estado en seguridad pública: Chile versus Colombia. Pero ya que la comparabilidad internacional en temas delictivos ha despertado tanto interés, vale la pena analizar cuál es la realidad colombiana y hasta qué punto se asemeja a la chilena.

Es técnicamente difícil hacer comparaciones internacionales sobre la evolución y el estado de la delincuencia entre países. Diferencias en la definición de los delitos y encuestas con metodologías distintas hacen que los paralelos sobre la situación de la delincuencia se conviertan en un terreno incierto. Sin embargo, hay información que hasta ahora no ha sido suficientemente debatida por quienes avalan o rechazan a Colombia como modelo a seguir en materia de combate a la delincuencia.

La implementación gradual de la reforma procesal penal en Colombia ha tenido un gran impacto. Las cifras muestran que los casos iniciados aumentaron en un 57% entre los años 2003 y 2007. La cantidad de personas imputadas, sin embargo, disminuyó considerablemente en igual período (40,7%). Respecto de las tasas de delitos, el homicidio registró su disminución más importante en los últimos 20 años. Encuestas de victimización realizadas por una ONG independiente (Fundación Seguridad y Democracia) —el gobierno no tiene una encuesta oficial— muestran una estabilización de la victimización entre los años 2006 y 2007, siendo los delitos más comunes los atracos callejeros y los hurtos. Durante el año pasado se registró un importante aumento de los robos en residencias, pasando de 14% a 20%. El 56% de los colombianos cree que la policía no hace un buen trabajo en la lucha contra la delincuencia y, en general, estiman que es ineficiente y sin un real compromiso con la ciudadanía. La instalación de un observatorio de violencia y delincuencia, así como la institucionalidad situada en los gobiernos distritales y en los alcaldes, son los más importantes aportes realizados por una política con un marcado acento en la prevención.

Con todo, la información anterior es sólo la mínima con que se debe contar antes de evaluar la situación y el desempeño de un país en términos de seguridad ciudadana. Todo esto sin siquiera mencionar que la realidad de Colombia se encuentra fuertemente influenciada por el conflicto interno y la participación de las Fuerzas Armadas en diversos ámbitos.

Todos los países pueden tener prácticas que, tras ser estudiadas y evaluadas, podrían ser replicadas y adaptadas a nuestra realidad. No corresponde sólo aspirar a los ejemplos entregados por Estados Unidos o países europeos, ya que son nuestros vecinos los que presentan realidades similares a la chilena. Dejaré al lector juzgar si, de acuerdo con los antecedentes expuestos, la situación de Colombia es o no comparable a la nuestra.

Sólo una reflexión final: ¿es éste el tema central del debate sobre delincuencia? ¿No habría sido mejor destinar todo el esfuerzo invertido en esta discusión a analizar cómo se aplicará en concreto la propuesta de modernización de la gestión en la seguridad ciudadana? ¿Cómo lograremos profesionalizar esta área, establecer genuinas rendiciones de cuentas públicas y exigir la evaluación de los programas en cuanto a su impacto en la delincuencia? Es de esperar que, en estas materias, el próximo Chile versus Colombia lo ganemos por goleada.
¿Con quién me entiendo?
Ignacio Walker

Bajo la presidencia de Patricio Aylwin la cosa era aparentemente más fácil: el «Miedo en Chile» (emblemático libro de la época, de Patricia Politzer), unido a las características de una transición que contaba con la presencia de Pinochet, el FPMR y el Lautaro, con el trasfondo de 17 años de dictadura y las complejidades propias de toda transición, hacían que el tema del "orden político", de las interlocuciones y los acuerdos, especialmente al interior de la coalición de gobierno, pero también en las relaciones con la oposición —la que estaba necesitada de una nueva legitimidad democrática—, fuese abordable de una manera razonable.

Con el Presidente Frei, entre otras cosas porque la transición había terminado y entrábamos en tierra derecha y "velocidad de crucero", el tema de las interlocuciones y de los acuerdos adquirió cierta complejidad. No obstante, la particular noción de ejercicio de la autoridad del Mandatario, lo que sin duda hay que anotarle a su haber, junto a un equipo ministerial de peso y unos dirigentes de partidos y parlamentarios que aún se presentaban en clave de colaboración más que de confrontación, permitieron niveles razonables de interlocución y de construcción de acuerdos.


La asunción del primer presidente socialista después de Allende hizo que, bajo el gobierno de Lagos, se desataran las primeras lógicas autonomistas, especialmente con la llegada de Adolfo Zaldívar a la presidencia del PDC. Su gobierno se vio tensionado desde los inicios, cuando un reconocido analista PS anunció una «ceremonia del adiós» que, en realidad, nunca existió. No obstante, en medio de la más severa crisis de su administración, la genialidad y la destreza de un político ciento por ciento, como Pablo Longueira, unido a un Pánzer de las características de José Miguel Insulza, convertido en una suerte de Primer Ministro de facto, facilitaron enormemente las cosas. Lagos terminó su período con un 6,3% de crecimiento económico, una aprobación de más del 60%, y la elección de una persona de las filas de la Concertación.


A Michelle Bachelet se le ha dado todo difícil. Desde la marcha de los pingüinos hasta el frustrado nombramiento de un ministro de la Corte Suprema, no ha habido tregua ni pausa. Un cuarto gobierno de la coalición gobernante contribuye por sí solo a desatar las lógicas autonomistas, con la aparición en escena de los "díscolos" y una sensación generalizada, a los pocos meses de asumir, de desorden político, especialmente en las filas de la Concertación. La dificultad para hacer valer los acuerdos en los más variados campos, que van desde la educación hasta el nombramiento del ministro Pfeiffer, pasando por las dos listas parlamentarias al interior de la Concertación y el Transantiago, entre otros ejemplos, hacen que todo haya sido cuesta arriba.

Sin duda que un cierto diseño inicial, con "gobierno ciudadano" de por medio, no contribuyó precisamente a que "las instituciones funcionaran", erosionando lentamente la base de acción de los partidos y el Parlamento. Tres cambios de gabinete —si sólo consideramos como tales a los cambios de ministro del Interior— y la enorme dificultad de lograr acuerdos y, más aún, hacerlos cumplir, primero, al interior de la coalición gobernante, y, luego, con la oposición, hacen que se plantee una pregunta de difícil respuesta para la Presidenta y sus ministros: ¿con quién me entiendo? Bajo un "presidencialismo de coalición" y una "democracia de partidos", que es lo que tenemos (aunque cada vez menos), no hay sustituto para la interlocución entre la Presidenta, sus ministros políticos, y los presidentes de partidos de gobierno y oposición. No hay sustituto para el buen funcionamiento de las instituciones. No se trata de golpear la mesa, sino del arte de gobernar, en el entendido que, en un período electoral como el de 2008-2009, los partidos tienen un arma no menor: la de designar, o no, a sus candidatos a parlamentarios. El próximo capítulo lo escriben el ministro René Cortázar y el Transantiago: será la prueba de fuego para medir la viabilidad de las interlocuciones y de los acuerdos, en un ambiente que debe transitar desde la histeria a la racionalidad política.


Nota de la Redacción:
Invitamos a nuestros amigos y amigas a revisar el porqué no le creemos a la Democracia Cristiana:
http://independientesxchile.blogspot.com/

jueves, 7 de agosto de 2008

Comentarios excelentes que obligan a la reflexión

Señoras y caballeros
Hermógenes Pérez de Arce
El primer requisito para que exista un pacto de caballeros es, obviamente, que ambas partes se comporten como tales. Si no, ¿qué garantía hay de cumplimiento?

En la práctica chilena actual, sin un acuerdo de esa índole es imposible tener quórum para designaciones en la Corte Suprema. Así, para llenar dos vacantes, Alianza y Concertación lograron un consenso: nombrar sucesivamente a los ministros Pfeiffer, favorecido por la primera, y Brito, por la segunda.

Andrés Chadwick y Alberto Espina, aliancistas, creyeron que Camilo Escalona y Juan Pablo Letelier tenían personería para pactar por el oficialismo. Más aún, cuando éstos propusieron cambiar el acuerdo original de nombrar primero a Pfeiffer y después a Brito, aduciendo el temor de que este último no figurara en la siguiente quina, mientras era seguro que Pfeiffer sí figuraría, Chadwick y Espina accedieron. No podían imaginar una trampa, es decir, que, ya nombrado Brito, se iba a rechazar a Pfeiffer. Tampoco que Escalona y Letelier carecieran del respaldo de sus senadores. Y menos aún que los propios dos negociadores faltarían a su palabra al votar.

Tampoco nadie podía imaginar que los senadores DC, entre ellos Frei y Alvear, iban a alegar el jueves ignorancia del acuerdo si nada habían objetado el martes, cuando la Presidenta, ostensiblemente dándole cumplimiento, propuso a Pfeiffer.

Ningún sistema político puede funcionar sin buena fe elemental. Acá se trataba de sacar adelante nombramientos que no se podían hacer sin acuerdo. Pues la Concertación estima que sólo deben ascender a la Suprema ministros que den preeminencia a la legislación internacional sobre la interna, en materia de prescripción y amnistía por hechos del pasado. La Alianza opina, en cambio, que sólo son dignos de ascenso los jueces que respetan la ley vigente interna, pues ésta prevalece sobre los tratados.

Debe añadirse que, de hecho, hay un consenso implícito unánime en el sentido de que esta última es la recta doctrina. La Concertación tácitamente lo reconoce así, pues no de otro modo se puede explicar que parlamentarios suyos hayan presentado no una, sino dos mociones -la de Viera-Gallo-Navarro y la de Bustos- para derogar la amnistía y la prescripción en esos casos. Nadie deroga leyes sin validez. El propio Presidente Aylwin, cuando en 1991 ofició a la Corte Suprema para que no se aplicara la amnistía hasta la sentencia definitiva, reconoció expresamente la vigencia de dicha ley.

Bien, si se probó que en la Concertación no había suficientes caballeros que cumplieran su palabra, las señoras no lo hicieron mejor. Nadie se da por satisfecho cuando la Presidenta dice que "cumplió su parte". Es imposible que el político socialista más leal a ella, Camilo Escalona, desconociera su compromiso, haciendo fracasar la propuesta presidencial, sin la aquiescencia de la Mandataria. Pues ello no ha suscitado rompimiento político alguno entre ambos ni crítica de parte de ella.

Por su lado, la señora Alvear lo ha hecho peor: justificó su deserción con una "inveracidad" -como se dice ahora-, argumentando que el ministro Pfeiffer "no respeta los tratados internacionales", siendo que éste jamás ha faltado a ellos y se ha limitado a sostener que la ley interna prevalece sobre los mismos en ciertos casos.

No nos engañemos. Sólo nos hallamos ante otro testimonio del progresivo decaimiento moral chileno, obra de la Concertación. Sentido del honor, cumplimiento de la palabra empeñada, verdad, justicia y legalidad, ya poco o nada significan. Y si todavía la letra de la ley dice que la buena fe se presume, la realidad nos manda ir acostumbrándonos a todo lo contrario.

Alexandr Solzhenitsyn (1918-2008)
Gonzalo Rojas Sánchez

Ha muerto un coloso. Después de casi 90 años intensos y fecundos, Alexandr Solzhenitsyn ha sellado su vida de modo paradojal: le ha fallado el corazón a uno de los hombres de mayor fuerza cordial del siglo XX.

Un héroe, eso fue el ruso más importante de la centuria pasada. Ante todo -y lo dejaremos hablar a él en estas líneas- fue heroico en la crítica, porque después de lograr sobrevivir a 8 años de trabajos forzados, dio a conocer al mundo el stalinismo, el sistema más opresivo y criminal que jamás se haya diseñado y practicado. Ese sistema por el que "Iván Denisovich había perdido la costumbre de pensar en lo que ocurría al día o al año siguiente, y de qué alimentaría a su familia; la dirección del campo lo pensaba todo por él." Ese sistema en el que "el plato de sopa importa más que la vida que llevaron antes y la que todavía les queda."

Es el Gulag, esa palabra ya indeleblemente asociada a Solzhenitsyn y que desde su valiente denuncia estremece a todos, menos a los pocos comunistas aún vigentes.
Además, el premio Nobel practicó más adelante el heroísmo para criticar, cuando ya había sido acusado de antisoviético y corría el riesgo de ser nuevamente encarcelado o proscrito. ¿Quién sino él podía decirle por escrito a los líderes soviéticos que "no abrigo muchas esperanzas de que ustedes se dignen examinar ideas que no me han sido formalmente solicitadas, aun cuando provienen de un compatriota de rara índole; uno que no está en una escala subordinado al mandato de ustedes, que no puede ser despedido de su puesto, ni degradado o promovido o recompensado por Uds.?" Sólo podía hablar así a esos burócratas del crimen un hombre heroico en el dominio y en el ejercicio de su libertad interior. Lo hacía porque tenía claro que "el marxismo siempre se ha opuesto a la libertad; el comunismo jamás ha ocultado el hecho de que rechaza todos los conceptos absolutos de moralidad; se mofa de toda estimación del 'bien' y del 'mal'."

Una vez expulsado de la URSS, Solzhenitsyn fue heroico para denunciar a Occidente y a sus mediocridades: "Soy critico de un hecho que no podemos comprender: cómo se puede perder el vigor espiritual, la fuerza de la propia voluntad y, teniendo libertad, no apreciarla, no estar dispuesto a hacer sacrificios por ella."

Vuelto a la Rusia post soviética en 1995, no vaciló en criticar su estado lamentable. "Rusia está pisoteada, hecha jirones; han saqueado a Rusia, la han vendido a precio vil, pero hay algo más aún terrible: ¿de dónde vino esta tribu, cruel, bestial, estos ladrones codiciosos que se apropiaron hasta del título de nuevos rusos, que engordaron con tanto placer y elegancia con la desgracia de nuestro pueblo? Más funesta que nuestra miseria es esta deshonra ostensible, esta vulgaridad depravada y triunfal que se ha infllitrado en las capas superiores del Estado."

Pero la suya no fue una voz siempre ácida, sino que también iluminó caminos futuros y propuso nobles desafíos.

A los soviéticos les dijo: "Desechen esta ideología llena de grietas; cédansela a los rivales de ustedes: dejen que se vaya donde quiera; déjenla que siga de largo y se aleje de nuestro país como la nube de una tormenta, como una epidemia."

Y a Occidente lo interpeló: "Si no aprendemos a limitar drásticamente nuestros deseos y demandas y subordinar nuestros intereses a criterios morales, nosotros, la humanidad, sencillamente nos desgarraremos, ya que los peores aspectos de la naturaleza humana sacarán a relucir sus colmillos; en la circunstancias cada vez más complejas de nuestra modernidad, el imponernos límites a nosotros mismos es la única senda que verdaderamente hará posible nuestra preservación; la felicidad no reinará en nuestro planeta, no nos será concedida con tanta facilidad."

Pero sobre todo, en su patria clamó: "El camino es largo, muy largo. Si bajamos por la pendiente durante casi un siglo, ¿cuánto tiempo nos llevará subirla? Años y años, sólo para tomar conciencia de todas las pérdidas, de todos los males. (Š) En la Rusia actual, pervertida, arruinada, desconcertada, aplastada, es evidente que sin el apoyo espiritual de la Iglesia Ortodoxa jamás nos levantaremos; si no somos una manada de seres irracionales, necesitamos un fundamento respetable para nuestra unidad."
Se fue una presencia; quedó una voz rotunda, colosal.

La importancia de las preguntas.
Alberto Medina Méndez
Corrientes – Corrientes – Argentina

La anunciada conferencia de prensa a la que convocó la actual Presidente de la Nación, finalmente se concretó.

Hay que celebrar el regreso de este contacto mas abierto con los medios de comunicación. Parecía un importante cambio de actitud en el gobierno. Muchos esperaban que se convirtiera en un punto de inflexión.

Tal vez fueron demasiadas las expectativas depositadas en un oficialismo que ya demostró como razona, que está dispuesto a hacer y que cosas no hará jamás.

Muchos creyeron que esta saludable costumbre de las democracias mas maduras, era como un hito que nos permitiría ver esa transparencia, humildad y autocrítica reflexiva que buena parte de la sociedad reclama al oficialismo.

Nada de eso sucedió. Sobrevino una nueva desilusión. Todos los sentidos intentaron registrar las palabras, los gestos y hasta las miradas de la protagonista, a partir de la inquietud expresada por cada medio.

Lamentablemente reapareció la soberbia, cierta actitud poco democrática, y hasta la inoportuna ironía con algunos periodistas. Más de lo mismo, solo eso. No se podía esperar otra cosa de quienes no han ofrecido más que señales en un mismo sentido.

Es probable que este celebrado gesto de la conferencia de prensa haya sido la consecuencia de una maniobra oportunista, para mejorar en algo la alicaída imagen que muestran las encuestas ya inocultables.

Incluso, como ya dijo algún editorialista, es posible que la fecha haya sido intencionalmente elegida para opacar el impacto mediático del acto de la Sociedad Rural, o porque no, para demostrar que no son tan inflexibles a determinadas críticas.

Juzgar la calidad institucional de un país, según las respuestas en una rueda de periodistas, por más disgusto que las mismas generen, no es el camino adecuado.

Nuestra madurez democrática, esa capacidad para construir un país en serio, no se mide por el contenido, estilo, locuacidad e intelectualidad de las respuestas que brinda un funcionario. Si queremos analizar seriamente lo que sucedió en estas horas, mas vale que miremos del otro lado.

Las respuestas de nuestra Presidente, fueron casi una obviedad. Nada diferente a lo que suelen decir sus voceros de siempre, a esos que se ocupan de difundir la verdad oficial. Esperar que una reunión de prensa, modifique el contenido ideológico del oficialismo, es una verdadera ingenuidad.

Para analizar como hemos evolucionado en este transitar democrático, es preciso prestar mas atención a la actitud de los periodistas, de los medios de comunicación, poniendo énfasis en interpretar las preguntas. Importan las inquietudes, los intereses de quienes tuvieron la responsabilidad de obtener el mejor resultado en las palabras de la protagonista.

La conferencia de prensa, mostró a pocos periodistas del máximo nivel. Participar en ella, la primera otorgada en años, no ameritaba que las "vedettes del ambiente" se quitaran las plumas. Estuvieron muchos excelentes periodistas de gran trayectoria protagonizando este hecho, casi histórico.

Sin embargo, la calidad de las preguntas, ofrecieron demasiados matices. Por un lado, se hizo evidente la presencia de profesionales que privilegiaron la pregunta por sobre su momento de gloria. Se enfocaron en provocar una respuesta que pudiera mostrar algo hasta ahora desconocido en su interlocutora. No lo lograron, pero lo intentaron.

La curiosidad periodística, estuvo allí. Esos periodistas, no necesariamente pertenecían a los medios más importantes. Solo pudieron demostrar que las circunstancias no los marearon. Evitaron convertirse en los protagonistas que no debían ser.

También se pudo presenciar a los otros, a los que quisieron ser el centro de la escena, haciendo más afirmaciones que preguntas, priorizando mucho más sus aseveraciones que la consulta en concreto. Después de todo en el periodismo, como en todas las profesiones, hay mejores y peores. Tampoco deberíamos sorprendernos.

Finalmente estuvieron, como no, los alcahuetes de siempre. Esos que mientras preguntan recuerdan, ya no su posición ideológica, ni su profesionalismo, sino la pauta que reciben a cambio de esa "alquilada" forma de ver las cosas. Fue indigna su participación. Más triste aún, es saber que algunos solo pueden conseguir preguntas para lucirse "pagando", ni siquiera con sus propios recursos, sino con el dinero de todos.

Juzgar lo que ha sucedido por las respuestas, no es lo correcto. Lo trascendente es ver como avanzamos en esto de ser una "república democrática" interpretando las preguntas. Cuando muchas de ellas apuntan a la presencia de provocadores funcionarios en el gabinete, o cuestiones que tienen que ver con la credibilidad de los organismos oficiales, es una señal.

Faltaron preguntas, tal vez demasiadas. Las mas incomodas estuvieron ausentes. Falta de gimnasia de los comunicadores, exceso de respeto a la investidura presidencial mezclado con cierto pudor en perturbar la calma de los poderosos, pueden ser algunas de las explicaciones.

Esperemos que este nuevo hábito de convocar a los medios de comunicación, no haya sido un simple hecho aislado, y esta práctica se multiplique. Tal vez entonces, mejore la calidad periodística y no sea el patrimonio de los menos. De los aduladores de turno no se puede esperar mucho, pero algunos, probablemente reflexionen y entiendan que la República necesita de adecuadas preguntas más que de excelentes respuestas.

miércoles, 6 de agosto de 2008

El país de "haz lo que quieras... si puedes"

El país de "haz lo que quieras... si puedes"
Gonzalo Vial

El país presencia, desde ya hace algunos años, un fenómeno social importante y de imprevisibles consecuencias, a saber: que quien desea y puede infringir la ley en su provecho, lo hace impunemente si tiene el necesario poder de presión.

Esto tiene un origen complejo. También desde hace algunos años se ha hecho muy clara la influencia del progresismo en Chile. El progresismo carece de moral colectiva o social, comúnmente aceptada y obedecida. Tu moral vale lo mismo que la mía, y si discrepan... bueno, prevalecerá aquella que se pueda imponer a la otra, “salirse con la suya”, según las circunstancias.

En esta composición de lugar, la ley positiva —en Chile, la ley escrita— hace las veces de moral. Lo legal es siempre moral.

En una sociedad progresista y positivista, consecuentemente, es de crucial, primerísima importancia que la fuerza coactiva del Estado —elemento básico para que la ley positiva no sea una entelequia— se halle siempre y activamente al servicio del cumplimiento de esa ley.

Pero no está sucediendo así en Chile. No solamente ya no hay una ética común a la sociedad. Tampoco hay una ley que todos sus miembros sean EFECTIVAMENTE obligados a cumplir. Por eso digo que la regla moral y jurídica de nuestra sociedad es hoy: “Haz lo que quieras... si puedes”. Veamos dos ejemplos.

I. El Instituto Nacional

Existían ciertos cargos administrativos contra el rector o la dirección de este liceo “emblemático”. ¿Cuáles eran los cargos? No lo sabemos porque, antes de que estallaran violentamente los alumnos, nadie había dicho nada sobre las acusaciones o falencias criticadas... ni la dirección misma, ni los profesores, ni los padres y apoderados del Instituto, ni sus alumnos, ni la Municipalidad, ni la prensa... Nadie. Más aun, periódicamente éramos informados respecto de las maravillas del Instituto, y los correlativos éxitos académicos de sus alumnos. Y ahora, de repente, nos aseguran que el establecimiento se hallaba en tal postración, y en tan indecible abandono de parte de quienes lo tenían a su cargo, que no había más camino para salvarlo que una “toma” por parte de los alumnos, adornada con violentísimos choques entre aquéllos y carabineros... ¡Qué cosa tan rara! ¿Los problemas del Instituto... eran graves en sí mismos, o se hicieron graves porque una parte de sus alumnos provocó disturbios callejeros?

Pero sigamos.

Los cargos se estaban investigando. ¿Por quién, qué cargos? No se dice. Suponiendo efectiva la importancia que se les atribuye, y conforme al Estatuto Docente, la investigación de marras implicaría un sumario, con un fiscal, acusaciones, contestaciones, pruebas, dictamen y propuestas finales, resolución absolutoria o sancionatoria, recursos, etc.

Todo lo anterior, por ejemplo, se hubiese necesitado antes de que el rector del Instituto Nacional hubiera podido remover o aun cambiar de funciones a un profesor de su dependencia, ebrio consuetudinario (es un ejemplo, no digo que los haya en el Instituto). ¿En qué estado se hallaba dicho proceso legal, complejo, con garantías de justicia, CUANDO EL RECTOR MISMO FUE EL REMOVIDO? ¿Se omitieron estas formalidades? ¿Por qué?

Las apariencias, desgraciadamente, son mortales. Los estudiantes le hicieron a la Alcaldía un “cuco” —muy violento, eso sí— y la Alcaldía se volvió loca de pavor, se olvidó de los derechos mínimos del rector, del debido proceso, del respeto a la autoridad, de la disciplina escolar, del rechazo a la violencia —de quienquiera que venga— y de varias cosas más, para poner fulminantemente al jefe máximo del establecimiento de patitas en la calle...

Y lo sucedido es presentado como una “habilidad” de la Alcaldía para “estirar” el Estatuto Docente. ¿A quién le queremos tomar el pelo? ¿Hubiera podido la Alcaldía hacer prestidigitaciones con el Estatuto si los estudiantes HUBIESEN ESTADO A FAVOR DEL FUNCIONARIO EXPULSADO?

Ni se diga que éste “aceptó” la medida. ¿Fue libre su actuar, encajonado entre los alumnos y la Municipalidad, a dos años de jubilar, como explicó sinceramente? ¿Qué puede hacer un funcionario objeto de semejante avalancha?

Lo más fantástico de este episodio, sin embargo, ha sido el aplauso unánime que ha despertado. Un editorial se titula: “Al rescate del Instituto” (!). Los expertos no encuentran palabras en el diccionario suficientemente elogiosas para calificar la maniobra de la Alcaldía: “brillante”, “estupenda”, “extraordinariamente interesante”, etc. (El Mercurio, 1º de agosto).

Es lo que llaman “silbar en la oscuridad”... para no asustarse. Aquí lo que se hizo fue no aplicar la ley, y cortar injustamente el hilo por lo más delgado. Y punto. La autoridad chilena se puso amarilla, 99ª vez, con tal de no ponerse —una sola vez— colorada. Y los estudiantes del Instituto cumplieron el lema del Chile Progresista: “Haz lo que quieras... si puedes”. Pudieron. Lo hicieron. Hasta la próxima.

II. Los fundos Montenegro, Noncontraro y La Romana, de Ercilla

Del mismo propietario, han sido atacados creo que treinta veces los últimos años, con destrucción de cosechas, muerte de animales, etc. Los atacantes pertenecen a la vecina Comunidad Indígena Temucuicui, que quiere apoderarse de los predios. El 1º de agosto, en juicio oral ante el juzgado de garantía de Collipulli, la Comunidad admitió su culpa en uno de estos ataques y sus daños, pidiendo perdón al propietario. Este aceptó las disculpas, y se puso término al procedimiento penal.

¿Qué había sucedido? Nada menos ni nada más que lo siguiente (El Mercurio, lº de agosto):

1. El Estado Chileno, con todo su aparato administrativo, penal, policial, etc., no ha podido, durante años, garantizar al dueño de estos fundos su goce pacífico y tranquilo... ni siquiera habitarlos sin riesgo DE VIDA para sí mismo y su familia. La protección policial no ha podido impedir los asaltos. La “nueva justicia penal”, como la antigua, arrastra los casos, para llegar a resultados ridículos. El ataque antes referido —uno de tantos— ocurrió el año 2004. Hay dos hechores con sentencia firme... a 21 días de prisión remitida, y ocho “no encontrados”.

Este es el hecho. Las disculpas de los organismos estatales involucrados son incontables como las arenas del mar. Pero la realidad es que el dueño de los fundos tiene tantas posibilidades de vivir y trabajar pacíficamente en ellos como un granjero blanco en Zimbabwe.

2. El Estado Chileno, a través de su órgano oficial de asuntos indígenas, la CONADI, negocia con el propietario la compra de los predios mencionados, para REGALARLOS a los agresores, a la Comunidad Temucuicui. No es la primera vez. Recuerdo esta misma “política”, aplicada anteriormente a la Hacienda Lleu-Lleu, de un particular, y al fundo Alaska, de una forestal: violencia; destrucción de casas, bodegas, sementeras, plantaciones, animales; incendios, heridos; compra por CONADI; traspaso gratuito —regalo— a los hechores.

3. El Estado, el inefable FONDART, entregó $ 52,9 millones para financiar un documental, destinado a exaltar la usurpación de tierras que acabamos de describir. “Presenta a los mapuches que han recuperado sus tierras... enfrentando la aplicación de la Ley de Seguridad Interior”. La filmación debió interrumpirse, al ser apresados los “artistas”, miembros de una célula ex MIR protagonista de dos asaltos bancarios (El Mercurio, 8 de mayo).

4. El “perdón” pedido por la Comunidad es una hoja de parra, muy transparente. Pretende disimular la enormidad de lo que se está haciendo. ¡Cómo se habrán reído los “arrepentidos” comuneros con esta parodia, esta burla, perpetrada en el mismo tribunal que los juzgaba!


5. Periódicamente, CONADI dice que no lo hará más, que no habrá tierras para los violentistas que las usurpan. En seguida, lo hace de nuevo.

6. Por supuesto, circunstancia que CONADI no puede ignorar, el propietario recibirá un precio por encima del valor de mercado de sus tierras. ¿Quién podría reprochárselo? Ojalá sea extravagantemente alto. Del lobo, un pelo... El perjuicio de pagar sobreprecio será solamente para el fisco (¿a quién le importa el fisco? A CONADI no, desde luego), y para las comunidades indígenas que, sin violencia, postulan también a tierras, y que verán disminuidos los recursos del Estado disponibles para adquirirlas.

Estos mismos días se reitera el “procedimiento” de los fundos Montenegro, Noncontraro y La Romana, en el predio Labranza, Cañete, de la misma forestal de Alaska. Ya no puede ser explotado sino bajo protección de carabineros. Una emboscada a éstos acaba de dejar tres heridos con armas de fuego. El gobernador de Arauco declara: “No se tolerarán hechos de violencia aislados protagonizados por grupos minoritarios”. Palabras vacías: se han tolerado y se seguirán tolerando. Aquí, el Rey de España: “¿Por qué no te callas?”.

“Los estudiantes le hicieron a la Alcaldía un «cuco» y la Alcaldía se volvió loca de pavor, se olvidó del respeto a la autoridad, de la disciplina y de varias cosas más, para poner al jefe del establecimiento de patitas en la calle”.

martes, 5 de agosto de 2008

Bitar y Ferreiro, dos comentarios de actualidad

Supremo cuoteo
Cristina Bitar.

El rechazo por parte del Senado de la propuesta presidencial para designar en la Corte Suprema al ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago Alfredo Pfeiffer ha dejado en evidencia dos hechos, los que sólo vienen a justificar, una vez más, el alejamiento de las personas de la política y los políticos.

El peor y más grave es la forma como se están cuoteando los cargos de jueces en nuestro máximo tribunal. Parece que a nadie —entre los políticos— le importa si los magistrados son personas capaces, honestas y trabajadoras. Lo único relevante es que sean políticamente cercanos a su sector. Entonces, ahora nos enteramos de que hay un ministro recientemente designado que lo fue por su supuesta cercanía al PS; o sea, “entró en el cupo PS” de la Corte Suprema. Para ser justos, tenemos que suponer que otros lo han sido en la cuota de los otros partidos.

Los chilenos esperan que al máximo tribunal de la República lleguen los jueces más idóneos, los más honestos, personas con auténtica vocación, cuyos méritos profesionales les permitan alcanzar la cúspide de su carrera. Esto es muy importante, pues prácticamente todos los grandes conflictos del país, entre particulares y de los particulares con el Estado, terminan siendo resueltos por esta Corte. En este escenario, los chilenos tenemos derecho a la tranquilidad de contar con un Poder Judicial ajeno a las presiones y las influencias políticas.

Supongo que la facultad de aprobar las designaciones a la Corte Suprema fue otorgada al Senado en el bien entendido de que sería ejercida seriamente, en la sala, de manera transparente y de cara al país: el Ejecutivo propone un nombre y el Senado debate en forma informada de los méritos profesionales del juez, y se vota en consecuencia. Con ello se esperaba que disminuyeran los niveles de politización que provocaba un sistema en el que todos los ministros le “debían” su nombramiento al Gobierno. El problema es que ahora se lo deben a los partidos políticos y, en vez de ser una instancia de transparencia, la aprobación por parte del Senado se ha transformado en una oportunidad más de acuerdos entre cuatro paredes.

En el caso del ministro Pfeiffer no hubo un solo comentario que se refiriera a su idoneidad como juez, nadie dijo que no era acucioso en su trabajo y menos que hubiera siquiera la menor sospecha respecto de su probidad. Se lo vetó porque tiene una opinión jurídica respecto de la aplicación de la ley de amnistía, con lo que se notificó a todo el resto del Poder Judicial que, si alguien piensa como él, no llegará jamás a la Corte Suprema. Esta es una intervención totalmente inconveniente del poder político sobre nuestros tribunales y sienta un precedente nefasto.

El otro hecho lamentable es que los chilenos pueden apreciar la falta de cumplimiento de la palabra empeñada por una buena parte de nuestra clase política. Tal vez eso no nos sorprenda tanto, pero es importante que sí nos empiece a sorprender más y a molestar. Porque si no se respetan los acuerdos a los que se llega, es imposible que un sistema democrático funcione.


Muchas veces se dice que la gente no se inscribe en los registros electorales porque no le interesa la política. Puede que ésa sea una de las razones, pero creo que lo ocurrido la semana pasada hace que los chilenos, y en especial los jóvenes, vean que este sistema no los toma en cuenta. Se ve que todo se cuotea, que todo se negocia entre cuatro paredes y eso no le gusta a la ciudadanía. Genera un sentido enorme de frustración y, por tanto, de alejamiento de la política.

Definitivamente tenemos mucho que avanzar y que aprender para tener una democracia madura, donde logremos desterrar éstos y otros supremos cuoteos.

Para pensar el futuro
Alejandro Ferreiro

China consume actualmente menos de 3 kilos de cobre por persona al año. India, por su parte, no alcanza al medio kilo. A medida que los países se desarrollan, aumenta progresivamente el uso del cobre en infraestructura y construcción. Al llegar a los 15.000 dólares per cápita, el consumo tiende a alcanzar, en promedio, a 12 kilos por persona . Si China e India no escapan a ese patrón, la demanda de cobre podría fácilmente triplicarse en un par de décadas. Chile produce el 35% del cobre mundial y es líder en reservas. En escenarios de alta demanda y sin atisbos de sustitución relevante de sus usos productivos, es muy probable que los altos precios dejen de ser transitorios. ¿Qué significaría para Chile que el precio del cobre se estabilice en torno a los cuatro dólares la libra? ¿Tiene sentido seguir acumulando superávits fiscales del orden del 8% del producto? Asumir como más permanente lo que hasta hoy estimamos transitorio obliga a pensar en un nuevo trato fiscal en que se puedan combinar virtuosamente aumentos permanentes del gasto público con disminuciones también permanentes de la carga tributaria. ¿Es esto posible? Al menos, parece necesario pensarlo en serio.

Se discute en el Congreso la elección de los consejeros regionales. Si ello prospera, los consejeros elegidos se enfrentarán a un intendente designado que carece de la legitimidad política electoral de aquellos. Este conflicto de legitimidades, probablemente, desembocará en la presión y necesidad de elegir también a los intendentes, paso inevitable si se quiere hablar en serio de descentralización política y administrativa. Los chilenos de regiones, presumo, preferirían elegir a su intendente, antes que observar pasivamente, cómo se designan y remueven desde Santiago buscando satisfacer los equilibrios políticos y de género propios de un gabinete. Cuando se imponga la presión por elegir a los intendentes, muy pronto tendremos a los gobiernos regionales demandando mayor autonomía presupuestaria y, con ello, atribuciones para endeudarse y fijar determinados impuestos. Si Chile decide abordar la regionalización pendiente, deberá acompañar el derecho a elegir autoridades con mayores responsabilidades y atribuciones financieras que están muy distantes del centralismo actual. ¿Cómo hacerlo gradualmente sin afectar la calidad de la gestión ni la preservación de la responsabilidad fiscal a nivel nacional? ¿Es esto posible? Al menos, parece necesario pensarlo en serio.

Cuando el fracaso de la Ronda de Doha pone fin, por el momento, al esfuerzo por extender el libre comercio mundial mediante el multilateralismo, las garantías de acceso a mercado conseguidas por Chile mediante su amplia red de tratados de libre comercio se alzan como una ventaja competitiva singular a nivel mundial. Sólo Chile tiene tratados simultáneos con Japón, China, Estados Unidos y la Unión Europea. No sabemos cuánto durarán las dificultades a nivel de la OMC, pero si nos atenemos a los reticentes discursos de Obama frente al libre comercio, no es descartable que ellas se mantengan por un tiempo relevante. ¿Qué debemos hacer para aprovechar al máximo, y mientras dure, este acceso privilegiado a los mercados? ¿Cómo acelerar la campaña de imagen país, renovar el casi obsoleto D.L. 600 sobre inversión extranjera y apostar e invertir fuerte en logística y expansión portuaria? ¿Es lo anterior posible y deseable? Al parecer, es necesario pensarlo en serio.

Estos y otros dilemas fundamentales deberá enfrentar el país en los próximos años. Temas estratégicos para pensar en serio, basándose más en datos y proyecciones fundadas que en prejuicios, ideologismos o meras opiniones. ¿Dónde y quién investiga hoy tendencias, proyecta sus efectos y propone el modo de adecuar las políticas públicas en consecuencia? La función del análisis prospectivo está ausente en el Estado chileno. Desde el fin de la vieja Odeplan, y salvo la incipiente pero aún frágil experiencia del Consejo de Innovación, nada similar ha surgido. Peor aún, los períodos presidenciales de cuatro años han ayudado a imponer el imperio del corto plazo, la primacía de lo urgente por sobre lo importante, y la reducción del pensamiento estratégico a una especie en extinción.

Ello nos fuerza a pensar que, quizás, el análisis prospectivo, la visión estratégica y la acumulación y procesamiento de información para la toma de decisiones inteligentes deberá ser más una función del Estado que trasciende, que de gobiernos fugaces. Pienso en profesionales e investigadores de excelencia conducidos por un equipo directivo plural, y elegido para un período que supera al de los gobiernos. Imagino informes y estudios de calidad, ampliamente validados, que hablen de tendencias y de cómo moverse rápido hoy para no llegar tarde mañana. Quizá es tiempo de tomar seriamente la necesidad de pensar en serio, y dotar al Estado de Chile de la capacidad de pensar el futuro para iluminar las decisiones de quienes gobiernen.

lunes, 4 de agosto de 2008

Dos excelentes comentarios

Top Secret
Hernán Felipe Errázuriz
Que la información es poder, no hay duda. Y cuando no está en el público, el poder es superior. Es una ventaja formidable para los negocios del titular, que puede provocar enriquecimientos ilícitos.

El mayor esfuerzo para evitar estos abusos debe ser atacar la cultura del secretismo, la raíz del uso indebido de la información reservada. La realidad es que, muchas veces, en las compañías prevalece la tendencia a dilatar la publicidad de hechos y negocios con probabilidades de materializarse, capaces de alterar su valor y el de sus acciones. Cuanto más dilatan sus administradores y directorios la entrega de esas informaciones, más posibilidades de lograr ganancias suculentas y rápidas tienen los que restringidamente acceden a ellas. Siempre habrá un vértigo y excusas por el secreto. Se dirá que la transacción o el hecho provisoriamente oculto tienen un riesgo de improbabilidad, que el negocio está en ciernes, o que la pérdida o ganancia es reversible. En algunos casos esos argumentos pueden ser válidos, pero también hay velados intereses y temores exagerados, que conducen a postergar la difusión pública de información relevante.

El fiscalizador de las sociedades anónimas está decidido a investigar y sancionar a las personas que, en razón de sus cargos, han adquirido conocimientos anticipados de ciertos hechos sobre los que deberían guardar reserva y sin utilizarlos en beneficio propio o de sus relaciones.

Este loable cometido no debería significar distracción de otro más importante: vigilar, aplicando sanciones cuando proceda, para que las compañías actúen eficazmente en las obligaciones de transparencia, y limiten al máximo las informaciones privilegiadas.

Hay que reconocer que es difícil descubrir las verdaderas infracciones a las obligaciones de inhibirse y guardar reserva. Más complejo aún es probarlas. De allí que no sepamos cuántas quedan impunes. Además, hay riesgos de injusticia. Las normas son imprecisas, cabe la discrecionalidad en su interpretación, las sanciones se basan en escalamientos de presunciones, en tanto los funcionarios que las aplican no son jueces y tienen el doble papel de investigar y juzgar. Sus fallos son influyentes en las apelaciones ante la justicia ordinaria, que carece de experiencia y conocimiento sobre estas intrincadas transacciones.

Más fácil debería ser combatir preventiva y sancionatoriamente el secretismo. La transparencia instantánea podría perjudicar algunos negocios, pero también evitaría abusos, enriquecimientos indebidos y desconfianzas en el mercado. Siempre ha sido mejor prevenir que curar.

En vez de "top secret", "full disclosure" -apertura total.

El planeta China
Karin Ebensperger
Los chinos saben que la Historia es lenta. Por algo China es el imperio más antiguo de la Tierra; se remonta a las épocas de Babilonia, de la Roma republicana y de la Persia ancestral. Todas esas civilizaciones desaparecieron, mientras China ha prevalecido como entidad política y cultural.

Tener eso en mente ayuda a dimensionar que si bien las reformas que inició Deng Xiaoping están alterando la economía china, aún no se sabe cuán hondo han calado en el alma de ese pueblo. Es un misterio hacia qué síntesis se encamina la sociedad china tras el encuentro con Occidente, después de permanecer por milenios en un relativo aislamiento autárquico.

Conceptos distintos

Los periodistas que han llegado a reportear los JJ.OO. están molestos por el control de la prensa y la censura que observan en internet dentro de ese país. Y es que los conceptos de libertad y DD.HH. son muy distintos allá, partiendo por lo que se considera el rol del individuo en la sociedad. En Occidente, el fin es que el individuo alcance su plenitud y su felicidad en libertad.

En China, el individuo sólo se siente realizado cuando toma conciencia de su dimensión social. La persona se considera subordinada a la sociedad; ir en contra del interés colectivo es perturbar la armonía. Para el chino es un deber aspirar a esa integración colectiva. Como lo refleja la pintura clásica china, las personas son minúsculos seres en la inmensidad del paisaje y de la armonía natural.

La tradición confuciana enseña que el hombre está naturalmente inclinado hacia la rectitud. Lo que lo distingue del animal es su sentido espontáneo de la moralidad, que supera el deseo individual. Por eso, mientras la educación en Occidente intenta desarrollar la personalidad del niño y prepararlo para la libertad, en China el deber moral de los padres y educadores es que no cometa faltas que alteren el objetivo que es la armonía social.

De ahí derivan formas políticas muy distintas. La democracia tal como la entendemos en Occidente no es valorada en China de igual modo, no tiene una raigambre cultural. Siempre hubo un cierto autoritarismo histórico benevolente, pues a esa sociedad le interesa lograr la Armonía Universal. Mao deformó esa tradición y usó el marxismo como una forma extrema de imponerla en forma desvirtuada.

La actual globalización es un desafío que probará cuánta de esa subordinación es parte del alma china, y qué porcentaje es una obligación impuesta. Por el momento, las reformas han sido impartidas desde arriba, como ha sido siempre, como ha sido por milenios en el Planeta China.

sábado, 2 de agosto de 2008

¿Se viene la “estanflación”?

¿Se viene la “estanflación”?
Juan Andrés Fontaine


El fantasma que ahora recorre el mundo responde al espeluznante nombre de “estanflación”, indigesto cóctel de estancamiento, desempleo e inflación. Cunde la alarma por el alza del costo de la vida y la caída de las expectativas, en Chile y en el mundo entero. Pero es en estas circunstancias donde se prueba la pericia de los pilotos de la política económica. La incertidumbre es alta, pero el peligro es evitable.

Los signos del despertar de la inflación ya son evidentes: el IPC avanza a un ritmo de 5% en EE.UU. y 4% en Europa, ambos superiores al 2% al que aspira el mundo desarrollado. El problema es más agudo en las economías emergentes. En China e India, las alzas son de 7 y 8%, respectivamente. La epidemia alcista está llegando también a América Latina, cuya historia le enseña a tratar ese mal con extremo cuidado. En Brasil, Colombia y Perú –que habían mostrado una envidiable combinación de dinamismo y estabilidad– la inflación ya ha trepado al 6%, aunque todavía no alcanzan nuestro ignominioso 9,5%.

El detonante inflacionario ha sido, como es bien sabido, el alza de los combustibles y de los alimentos, originado en la bonanza mundial del último cuatrienio. La anterior ocasión en la que el mundo atravesó por algo similar fue hacia fines de los sesenta y no tuvo un final feliz. La presión de costos dio lugar a la temida estanflación. ¿Cuán probable es que la historia se repita?

En la oportunidad anterior, las políticas fiscal y monetaria de EE.UU. eran expansivas, lo cual alimentó el crecimiento de la demanda y facilitó el traspaso al consumidor de las alzas de costos. El régimen de tipos de cambio fijos respecto del dólar, prevaleciente hasta 1971, permitió que el virus inflacionario se propagara al mundo entero. Las condiciones actuales guardan algunas inquietantes similitudes. EE.UU. y Europa, aunque atentos al riesgo inflacionario, lidian también contra el peligro de una crisis financiera y no pueden tirar de las riendas monetarias con energía. El mundo emergente, con China a la cabeza, parece poco proclive a dar un giro restrictivo oportuno, con la consiguiente alza de intereses y caída del dólar, porque se ha acostumbrado a cosechar demasiados dividendos de un crecimiento exportador que es alentado por un tipo de cambio artificialmente alto.

Pero la lección del pasado no ha sido del todo olvidada. Los mercados, hoy más abiertos y flexibles que antes, están reaccionando. Ante el riesgo de inflación, castigan los precios de los bonos y las acciones, porque ellos presagian alza de intereses y enfriamiento económico. Los bancos centrales –muchos de los cuales hoy son autónomos– saben que más les vale actuar tempranamente. Las autoridades fiscales saben que a punta de gasto público y subsidios no es posible parar la inflación, que ello equivale a echar bencina a la hoguera. Los políticos de izquierda y de derecha saben que el alza del costo de vida mina la popularidad de los gobiernos, que muchos de sus votantes son también sufridos deudores y detestan la inflación.

En Chile, por ejemplo, más del 60% de los hogares tienen préstamos, ya sea en crueles UF o a tasa nominal, cuyo refinanciamiento se vuelve crecientemente oneroso. Por eso, en paralelo con el alza del costo de vida, se desploman las expectativas. Según encuesta de la Universidad de Chile, éstas están aun más deprimidas que en los difíciles comienzos de la década y ahora la inflación es la segunda mayor preocupación nacional, luego de la inseguridad ciudadana.

No debe extrañar entonces que los bancos centrales hayan comenzado a pisar el freno antes que la inflación tome gran altura. EE.UU. todavía espera que amaine su crisis financiera, pero Europa ya sorprendió al mercado con una prematura alza de intereses. Más cerca nuestro, México ha elevado su tasa de interés oficial a 8%, y Brasil a 13%. Chile, que ya va en 7,25% se está poniendo al día rápido. Si las autoridades monetarias se lo proponen, serán capaces de doblegar la inflación. Los directivos del Banco Central han hablado fuerte y claro: la dosis restrictiva tendrá que ser intensificada si dicho mal no retrocede pronto.

En el combate contra la inflación, las expectativas juegan un rol crucial y una política fiscal congruente permite evitar un alza excesiva de los intereses y el consiguiente sacrificio de empleos. Políticamente hablando, más vale complementar la dieta monetaria con una dosis de austeridad fiscal. Por eso es una buena noticia que hoy se advierta creciente acuerdo entre técnicos y políticos respecto de la necesidad de que el presupuesto fiscal del 2009 modere la expansión del gasto público.

Un giro restrictivo, oportuno y enérgico, puede erradicar el virus inflacionario. Pero, ¿cómo nos salvamos de la estanflación?

La lección que nos deja la experiencia de los años setenta es que cuando las alzas del costo de la vida contaminan a los reajustes de salarios, la inflación se perpetúa y su curación exige un tratamiento más largo y más doloroso. Entonces, el poder de los sindicatos era más fuerte que hoy en día y los mercados laborales fuertemente intervenidos por los gobiernos. Unos y otros intentaron eludir la pérdida de poder adquisitivo que provoca el alza de los combustibles y de los alimentos. Por un tiempo los salarios reales defendieron su valor, pero al costo de desalentar las inversiones y el empleo, con el consiguiente estancamiento productivo y aumento de la cesantía.

Hoy el mundo es distinto. Los mercados laborales son más flexibles y la globalización ha impuesto realismo en las aspiraciones salariales. Aunque la inflación ha aumentado en los más variados países, en general los costos laborales mantienen una trayectoria prudente.

Desgraciadamente, en Chile el alza salarial ya se ha elevado al 10% anual. Aunque los reajustes reflejen plenamente la alta inflación pasada, auguran una lucha ardua para controlar el IPC futuro. El incremento de 10,5 % en el salario mínimo fue una mala señal. La reciente modificación legal que eleva el salario base de los trabajadores con remuneración variable es perturbadora, porque exige la renegociación de los contratos vigentes a fin de evitar una contraproducente alza en los costos laborales. Luego viene la definición del reajuste de la administración pública, y en el próximo año, las negociaciones colectivas en Codelco. Mientras tanto, ya iniciada la temporada electoral, la tentación de promover iniciativas legales para fortalecer a los sindicatos o de azuzar peticiones salariales desmedidas entre los trabajadores del sector privado sigue viva.

Ya en 1999, con motivo del bajón ocasionado por la crisis asiática, los aumentos del salario mínimo y las reformas laborales impulsadas por el gobierno de entonces contribuyeron a que nuestro mercado laboral se demostrase rígido ante las rebajas de sueldos y proclive a hacer descansar el grueso del ajuste en los despidos. El drástico aumento del desempleo impuso un sacrificio humano y social que era evitable. Ojalá hayamos aprendido la lección.

viernes, 1 de agosto de 2008

Dos comentarios imperdibles

500 días de agonía para la Concertación
Sergio Melnick

Le quedan unos difíciles 500 días al gobierno, y probablemente igual tiempo a la Concertación en el poder. Después de 20 años, 18 de los cuales fueron bastante exitosos, llegó la hora de decir adiós. El éxito de la Concertación estuvo anclado en tres grandes pilares: primero, y por sorprendente que suene, fue el sistema binominal que los obligó a actuar unidos y así ofrecer gobernabilidad. Bastó que se levantara el sistema en las concejalías para que se dividieran. Segundo, haber mantenido la esencia del sistema económico de mercado y libre emprendimiento, lo que les permitió hacer crecer la riqueza por un tiempo, y tercero, un discurso social indudablemente atractivo para la población.


El gran talón de Aquiles, sin embargo, fue la gestión, y posteriormente la corrupción, las que siempre van asociadas. La economía fue sistemáticamente perdiendo vigor. Aylwin logró crecer al 7%. Frei, algo sobre el 5%. Lagos, cercano al 4%, y Bachellet será menor, en condiciones históricas excepcionales. Esa es evidencia. Las explicaciones sobran. La gestión fue empeorando. La distribución del ingreso no se movió un ápice en 20 años.


Por cierto, quedarán cosas a favor de la Concertación. Lo más relevante, la sensación de que los primeros 18 años fueron buenos. Eso es un éxito en sí mismo, nadie lo puede negar. Ello incluye la transición política exitosa, las nuevas formas de concesiones de infraestructura, los tribunales de familia (muy mal implementados), las pensiones solidarias; el Auge, que está reprivatizando la salud pública, pero que va a colapsar; la venta de algunas sanitarias, el cierre del carbón, los buenos tratados de comercio.


Sin embargo, no puede haber impunidad pública a los literalmente miles de millones de dólares dilapidados por mala gestión. Léase EFE, Transantiago, cárceles, educación, MOP-GATE, gastos reservados, Chiledeportes, planes de empleo, comuna segura, jarrones, malezas, y suma y sigue. Un insulto inaceptable a la pobreza, que era el foco de atención del discurso. De todo esto aún deben dar cuentas públicas.


Después de 20 años en el poder, la Concertación aún no sabe qué hacer con la educación, no sabe cómo modernizar el Estado, no tiene un plan claro para la infraestructura que requiere el país para el futuro. Tiene una deuda gigantesca en energía. No tiene un proyecto digital contundente. No sabe ni por dónde empezar con la contaminación. No hay nuevos proyectos en educación superior y la investigación científica llora por su ausencia. La seguridad pública es abiertamente deficiente. La innovación y la potencia agroalimentaria son pura retórica. Codelco sigue inmóvil, Enap ahora pierde plata. La regionalización es también retórica, todo se sigue concentrando en Santiago.


La Concertación dio buenos frutos, pero simplemente se agotó. Los 500 días que le quedan serán agónicos. Se huele ya en el ambiente la pérdida del poder, y eso es doloroso después de 20 años, en que se transformó en un modo de vida asegurada, que terminó en casos de negligencia, pugnas internas y falta total de nuevas ideas. No está claro si es que ganará la Alianza, o si en realidad “perderá” la Concertación. Creo más bien lo último, pero el resultado final es el mismo. La Concertación hizo un buen aporte al país y merecía una salida mejor de la que tendrá.


Los próximos 120 días son para las municipales. Un soplo de esperanza en que su resultado pudiera revitalizar los ánimos. Pero es sólo una ilusión. La economía es implacable y será determinante en el resultado presidencial. El bajo dinamismo, la inflación, el desempleo serán simplemente devastadores electoralmente. Los 100 días siguientes serán de evaluación y cálculos, para una nueva readecuación del gobierno, necesaria para enfrentar el año electoral final. Las pasiones serán enormes. Los 100 días siguientes, con el Ejecutivo ya totalmente paralizado, estarán dominados por la definición final de los candidatos oficialistas, y en definir cómo serán las explicaciones del pasado. El resto del tiempo será la contienda final, la amarga caída. Habrá patéticos intentos de intervención para aferrarse al poder: sin resultados, quizás al revés.


Hemos visto un nivel creciente de odiosidad en el país. Hay que detenerlo. La actitud apropiada es entender el cambio del poder como una cosa natural y deseable después de tanto tiempo. No es momento de revanchas, sino de encuentros. Es tiempo de estimular el capital social, la amistad. Es tiempo de renovación, y de volver a construir.

Televisión, Economía y Política.
Finn R. Samsing Arentsen (*)

Más grave que el uso de “información privilegiada”, que afecta a un reducido número de accionistas, es la “información coartada” que finalmente perjudica a millones de chilenos.

Adam Smith describía como la “mano invisible” a la sabiduría colectiva de los mercados libres, y agregaba que el flujo libre de la información era requisito esencial y necesario para la eficacia del capitalismo.

Control de los Canales de Televisión
Al Gore (ex candidato a la Presidencia de EE.UU.) en su libro “El Ataque Contra la Razón” [1] , en relación al control de la TV, dice que una de las consolidaciones de poder más notable y peligrosa se ha formado alrededor de los medios de comunicación social, donde poderosos conglomerados han utilizado su riqueza para conseguir más poder y, en consecuencia , más riqueza aún.

Gore agrega que la concentración de riqueza corporativa en manos de un menor número de grandes empresas ha sido paralela a la concentración del poder político en manos de un número menor de personas.

“Si no sale en la televisión, no existe”
Agrega Al Gore al referirse a lo dicho por un joven consultor político, quién al describir la nueva realidad del discurso público en EE.UU., declaraba “Si no sale en la televisión, no existe”

Agustín Squella escribía recientemente que en Chile “….en rigor, las estaciones de televisión no pertenecen a quienes son propietarios de los equipos e instalaciones, sino a los auspiciadores y agencias de publicidad que intermedian entre éstas y los canales, y que les proveen de los recursos necesarios para su funcionamiento. Auspiciadores y agencias son los verdaderos dueños de nuestros canales (chilenos) de televisión abierta -de todos ellos, sin excepción.”

Agenda Política
Si el discurso público adquiere validez solo si este se hace presente en la televisión, podemos deducir que la agenda de la clase política chilena tendré validez siempre que sea respaldada por las líneas editoriales de las cadenas de televisión del país. Sí el control sobre los canales de televisión proviene de los auspiciadores, llegamos a la conclusión que la agenda de la clase política chilena estaría dada en función de los intereses de los auspiciadores de los programas de televisión. De esta última afirmación se deriva que la línea editorial de los canales de televisión no pueden incluir temas que afecten los intereses de los grandes auspiciadores que en este caso son las cadenas de comercialización chilenas.

Los principales auspiciadores de la televisión chilena son las cadenas de comercialización. Estas cadenas la forman 3 grandes grupos económicos que son el grupo Falabella (Tiendas Falabella, Sodimac, Banco Falabella, Tarjeta CMR, Tottus y San Francisco), grupo Cencosud (Jumbo, Easy , Santa Isabel, Paris, Tarjeta Paris y Banco Paris) y finalmente el grupo D.y S (Líder, Ekono, Tarjeta Presto y ex - Almac),



Tema Coartado 1: Leyes antimonopolios y principio de igualdad de oportunidades
Tema prohibido en la televisión chilena están los abusos derivados de la debilidad de las leyes antimonopolios chilenas y de una ignorancia supina demostrada por algunas autoridades del país en relación a los problemas que se derivan de la comercialización en Chile y que han resultado en una concentración económica con un serio impacto sobre los consumidores chilenos, como también sobre los comerciantes e industriales, medianos y pequeños en Chile.

Esta ignorancia se ejemplificó en años pasados con ocasión de la celebración del Día de la Competencia. El Fiscal Económico de esa época llevó como invitado y orador principal para esta celebración a un brillante empresario que ha tenido la habilidad de aprovechar todas las debilidades de nuestra legislación antimonopolios en perjuicio de sus proveedores medianos y pequeños con procedimientos comerciales que en países como EE.UU. le hubiesen significado penas de cárcel, multas e indemnizaciones a beneficio de los afectados. Este mismo empresario recibió por gracia del Congreso Nacional la nacionalidad chilena.

La ausencia de una legislación adecuada que reglamente las relaciones comerciales entre proveedores y empresas compradoras, donde el principio de igualdad de precios y condiciones en las transacciones entre empresas es violentamente vulnerado en el país. La falta de igualdades de condiciones es lo que ha permitido la concentración del retail y la desaparición de cientos de miles de comerciantes que no tuvieron acceso a una igualdad de oportunidades al diferenciar el proveedor las condiciones y precios en sus ventas con respecto a las grandes cadenas. (Ej.: los descuentos por volumen).

La autorregulación propuesta por el flamante Ministro de Economía es una utopía más derivada de quienes no han tenido experiencia alguna en la guerra del libre mercado, cuyas batallas tienen lugar día a día en la cadena de comercialización de bienes y servicios.

Tema Coartado 2: Usura y Tarjetas de Crédito
Entre los temas que están afectando profundamente a la población chilena y que no son abordados por la televisión chilena están aquellos que se derivan de la incontrolada emisión de tarjetas de crédito (29.000.000 de tarjetas) por los grupos que controlan las cadenas de comercialización y los exagerados costos de este medio de financiamiento que se ha transformado en el mecanismo económico más regresivo en lo que se refiere a la distribución de la renta en Chile.

La magnitud del problema del endeudamiento se refleja en el hecho que 2.600.000. personas en Chile tienen deudas impagas, lo que representa el 40% de toda la población activa chilena. La usura desenfrenada se hace presente en las Tarjetas de Crédito, que es un reciente mecanismo de crédito al consumidor, con costos que superan el 100% al año sobre los montos adeudados. Esto con el beneplácito y con la ausencia absoluta de autoridades gubernamentales que pongan freno a esta situación.



Un representante de Conadecus presentó a la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados (20/11/2007) un detallado informe de la situación de los deudores de Tarjetas de Crédito no bancarias.

El Modelo Económico chileno pierde toda su validez con el endeudamiento de los consumidores.

Tema Coartado 3: Dumping, PYMES y mercado del trabajo
Otro tema prohibido para los canales de TV chilenos es el Tratado de Libre Comercio con China donde los cuantiosos bienes exportados por China son resultados de una política de “dumping” de precios que realiza este país.

Este dumping se origina por la fijación de un Tipo de Cambio que es el más devaluado del mundo, lo que resulta en precios de exportación de los productos chinos que llegan a Chile a un costo que es la mitad de su valor real.

Este “dumping” Chino ha derivado en la desaparición de miles de pequeñas y medianas empresas. Los bajos costos de los productos Chinos no son necesariamente el resultado de tener este país una mano de obra de bajo costo, sino que estos bajos precios son un corolario de la política monetaria de ese país.

El 80% de los productos no alimenticios que venden las cadenas de comercialización son de procedencia China y por lo tanto la base de sus actuales negocios y resultados. Dada la importancia que tienen para las ganancias de los retailers es que en ninguna instancia pública se ha analizado el Tratado de Libre Comercio con China. El Banco Central, con todos sus expertos en economía, jamás ha denunciado la forma como la política monetaria de China impacta sobre la economía Chilena. El único país del mundo occidental que tiene un TLC con China es Chile (dic.2007)

Razón tenía Roosevelt cuando manifestaba que detrás del gobierno visible se encuentra entronizado un gobierno invisible que no tiene lealtad a nadie y no asume ninguna responsabilidad hacia el pueblo.

La desaparición de miles de PYMES, los altos niveles de cesantía, la baja participación de las personas que trabajan en la población adulta de Chile, el crecimiento de las remuneraciones reales a tasas inferiores al crecimiento de la economía, han resultado un elemento más del empeoramiento de la distribución de la renta.

Los chilenos tendremos que seguir aceptando este Dumping Chino ya que con eso beneficiamos a las cadenas de comercialización, no importa la cesantía y la mala distribución del ingreso en el país.

Economía y Asimetría de Información
Estos antecedentes son suficientes para diagnosticar una grave asimetría en las informaciones que favorecen a los empresarios del retail y las informaciones truncadas que podrían favorecer a los consumidores.

Adam Smith describía que el flujo libre de la información era requisito esencial para la eficacia del capitalismo. .La información coartada en los medios de comunicación como la TV es que el modelo económico de llamado de libre mercado, mal aplicado en Chile, se esta agotando rápidamente y puede ser una enfermedad terminal si no se hacen las correcciones necesarias.

Es necesario establecer urgentemente un financiamiento suficiente y adecuado para las organizaciones destinadas a proteger los intereses de los consumidores y a los pequeños y medianos emprendedores. Este financiamiento, ajeno al avatar político, es para corregir en parte la feroz asimetría de información que existe en este momento entre consumidores y las grandes cadenas de comercialización.

Dicotomía de la Clase Política
Esta asimetría a su vez se traslada al mundo político. Es así como se generan una aguda dicotomía entre el discurso de estos políticos como candidatos a cargos públicos y la agenda real estos cuando resultan elegidos. Esta agenda política es ciertamente manipulada a través de la televisión, que es el mecanismo que valida o no una determinada agenda.

Si los auspiciadores principales coartan el contenido de la televisión, la agenda de los políticos también se verá truncada en temas que favorezcan a los consumidores y los medianos y pequeños empresarios.

Al no validarse los temas relacionados con los intereses de los consumidores y los pequeños empresarios (PYMES) , estos no forman parte de la agenda política,

Esta dicotomía arraigada en nuestra clase política permite explicar porque cada día son menos creíbles y más desacreditados los partidos políticos y sus directivos.

(*)Finn R. Samsing Arentsen es Ingeniero Comercial de la Universidad de Chile y tiene un MBA en la Universidad de Stanford, USA.

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