martes, 27 de enero de 2009

«Que salgan todos al baile» por Cristina Bitar.


«Que salgan todos al baile»
Cristina Bitar

Las recientes resoluciones judiciales que han dejado en prisión preventiva a un ex comandante en jefe de la Fuerza Aérea y a otros ex altos oficiales por haber, presuntamente, recibido comisiones en la adquisición de aviones Mirage, comprados por Chile a Bélgica, remecen al país. Una vez más, este caso nos muestra que tenemos que asumir que la corrupción es un tema que se instaló en Chile y que no derrotaremos si no se toman medidas políticas de fondo.

A los chilenos nos gustaba pensar que éramos distintos en esta materia, que nuestra clase dirigente era más proba que la del resto de América Latina y que aquí no se veían los escándalos que cada cierto tiempo se conocían en otros países de nuestro continente. Eso ya no es así. Esa era una ilusión que quedó en el pasado y, mientras antes nos enfrentemos a esta realidad, antes podremos revertir la tendencia. Son pan de cada día los casos y las investigaciones de corrupción en curso.

Políticamente, la principal afectada con cada nuevo escándalo es, sin duda, la Concertación, porque lleva casi veinte años en el poder y una de las mayores expresiones de desgaste de un equipo de gobierno es precisamente la aparición de problemas de este tipo. Es muy difícil sostener que este nuevo caso se focaliza exclusivamente en los mandos institucionales de la Fuerza Aérea. De hecho, se equivoca el ex presidente Aylwin cuando acusa al general Vega de ser el único que ha querido implicar al ministro de Defensa de la época, pues son documentos de los mismos belgas que participaron en la operación los que tendieron este manto de duda, documentos que hemos conocido por los medios de comunicación.

La pregunta aquí es cómo enfrentamos el problema de la corrupción como país. Pienso que hay tres elementos que son claves. Primero, la alternancia en el poder, porque éste es el más eficaz medio de fiscalización que entrega la democracia. Más allá de las competencias o las mejores o peores ideas de cada uno de los grandes bloques —Concertación y Alianza— es claro que, después de veinte años, ya está siendo necesario que lleguen nuevas personas a hacer una revisión completa de lo que se ha hecho. Nuevas personas que no tengan compromisos creados y que no sean vulnerables a presiones y actos ilícitos. En su momento lo hizo la Concertación respecto de los diecisiete años anteriores, y fue muy sano para el país.

Otro factor es repensar muchas de nuestras políticas públicas que en los últimos años han generado una trama más frondosa de regulaciones. A estas alturas está suficientemente demostrado que entre las regulaciones y la discrecionalidad de la autoridad hay una relación directa con las posibilidades de corrupción. La pregunta que surge, entonces, es si la solución va por crear más y más regulaciones preventivas de la corrupción, o desregular y confiar en la ética, en las personas, y apostar por una democracia activa que permita cambio de coalición cada cierto tiempo.

Por último, necesitamos darles espacio a los jóvenes; ellos tienen que alzarse contra estas conductas, ellos pueden traer de vuelta la mística al servicio público. Si los jóvenes no participan en mayor medida, no limpiaremos lo que anda mal en nuestro país. Nuevas generaciones, nueva sangre, nuevas conductas, nueva manera de hacer política y servir al país es buena receta.

El general Vega ha dicho “que salgan todos al baile”; es una buena frase que, aunque dicha en el contexto del caso Mirage, representa bien lo que los chilenos tenemos que hacer en esta materia. Que salgan todos al baile: Registro Civil, MOP, Ferrocarriles, sobresueldos, Mirage y todos los demás.

No miremos más para el lado, dejemos el discurso hipócrita de que son sólo casos aislados, no sigamos con el “caiga quien caiga” que ya no lo cree nadie. Enfrentemos la corrupción con decisión y hagamos los cambios que hay que hacer. Si no lo hacemos, uno de estos días estaremos lamentando casos y cosas mucho peores por no haber reaccionado a tiempo.

lunes, 26 de enero de 2009

Frescos de raza

(Foto: ex Director del Registro Civil e Identificación,
Guillermo Arenas)


Frescos de raza
Joe Black

Esta semana la Contraloría entregó el resultado de una fiscalización que realizó al Registro Civil. Y descubrió que en ese servicio varios de sus directivos no sólo se dedicaban a conseguir que las cédulas de identidad y pasaportes se realizaran de manera eficiente, expedita y económica o que las inscripciones de recién nacidos pudieran cumplirse sin tener que estar parado por horas en una cola.
No, el jefe máximo del Registro Civil y varios otros altos funcionarios tenían otros hábitos bien peculiares.

Por ejemplo, la Contraloría determinó que ese servicio gastó en menos de un año más de cinco millones de pesos en almuerzos y comidas. La mayoría de ellas de su director. El sujeto, al parecer mucho más comilón que Insulza (o con gustos más caros a la hora de escoger platillos y licores del menú) se llegó a gastar 350 mil pesos en ¡UN SOLO DÍA! entre la “colación” (como se le llama al almuerzo en vastos sectores del aparato público) y la cena.

Este mismo señor, conciente de la importancia del manejo de idiomas en la sociedad contemporánea, invirtió 15 millones de pesos en cursos de inglés. Sólo que éstos se realizaban a un solo alumno: él mismo. (Did you learn enough to read this, you shameless?).

Perdonen mi español castizo, pero no puedo definir a este ciudadano sino como un verdadero fresco de ra... za. Fresco... por lo fresco. Y de raza... porque como él hay muchos. De hecho, ya había encontrado otros casos similares la Contraloría en auditorías a otras reparticiones del Estado.

Por eso cada vez que voy a comer a un restorán miro a mi alrededor y me pregunto cuántos frescos de raza habrá sentados cerca mío. Dándose la gran vida con parte de mis impuestos. Porque la plata que gastan a destajo como si fueran magnates (la Contraloría detectó que en una cena los jerarcas del Registro Civil dejaron una propina de 95 mil pesos) viene de lo que les sacan a nuestros sueldos.

Por supuesto. Los impuestos son la tajada que el Estado le saca a nuestros ingresos. Yo tengo una manera más dramática de poner las cosas. Fíjense. Un amigo mío paga el 30% de su sueldo en impuestos. “Es como si diez días del mes los trabajaras no para ti, sino para la Presidenta Bachelet, Aleuy, Escalona, etc..., el grupo que hoy controla el Estado”, le dije para explicarle cómo funciona el sistema tributario. El pobre casi se infarta. Y eso que no le dije que quizás uno o dos días de su trabajo sirven para que los frescos de raza puedan comer rico en los mejores restoranes del país.

Como sea, los frescos de raza no son de una raza fina. Son unos quiltros, no más. Yo creo que se aprovechan porque saben que esta existencia deliciosa que llevan sólo van a tenerla mientras les dure el poder en sus manos. Ahí volverán a comer como un quiltrito. Comida casera que se puedan conseguir portándose bien.

Y yo que encuentro tan rica la comida casera. Seré buen pobre. Pero al menos no soy un fresco de ra...

PD: En semanas como esta dan ganas de que los frescos de raza pierdan el poder.


Nota de la Redacción:
(1) Lamentablemente este espectáculo, de falta de honestidad y frescura ya está siendo habitual, así hemos visto como situaciones similares se ven en CODELCO, ENAP, FERROCARRILES, CHILEDEPORTES y en todas las reparticiones que han sido el botín de guerra de la concertación.

(2) Esta nota fue tomada de Diario El Mercurio del Domingo 18 de este mes, y la reproducimos porque la consideramos plenamente vigente, a la vez que pensamos es una advertencia seria sobre la necesidad imperiosa de lograr un cambio en nuestro país.

sábado, 24 de enero de 2009

La fábrica de dólares en aprietos…


La fábrica de dólares en aprietos…
Rafael Aldunate

El mundo está cambiando… como aquella vieja canción, pero no sabemos exactamente su dirección, intensidad o consecuencias. La tecnología nos ha abierto oportunidades y facilitado múltiples roles; sin embargo, para cada adelanto viene su contrapartida, expresada en algún daño. Constaten las asombrosas virtudes de internet y, por otro lado, todos los riesgos, como sus malos usos implícitos.

La economía no podía abstraerse de esa realidad. La creación de variados productos financieros como los inescrutables hedges funds (7 mil distintos fondos) y sus posiciones que apuestan hasta… ¡a la caída de las acciones! Esta muestra nos lleva a la forma de “envasar” —o elegantemente presentado como de “estructurar”— los denominados créditos subprime, que su calificación ya los acusa con cierto grado de handicap y que las clasificadoras de riesgo con fees (comisiones) de por medio… transformaron en productos financieros de primera clase, cuando desde su origen eran créditos hipotecarios de segunda categoría y, por lo tanto, de alto riesgo.

¡Lo que irrita es que el mundo estaba tan re’ bien! No sólo los países industrializados, sino que el virtuoso acoplamiento de los bien denominados países emergentes… ahora economías en emergencia… Hasta mediados del año pasado el escenario de riesgo global era más de presunciones que de realidades. Existía una expandida responsabilidad macro, inflación universal marcadamente bajo un dígito, tipos de cambio mayoritariamente flotantes ajustándose así a sus grados de competitividad, acumulando reservas los países que podían y la prudencia aconsejaba; sin embargo, con la irresponsable excepción del país de mayor gravitación y, por ende, de equivalente responsabilidad: Estados Unidos.

Sus simultáneos déficit fiscales y de cuenta corriente con el exterior, asociados a una ausencia de ahorro en sus núcleos familiares con tendencia a 0, los llevó a pedir prestado y gastado muy pasado de sus límites. Por años, las empresas y los consumidores disfrutaron en grande, ilusionados con que la aritmética y la tiranía de la deuda se pudiera neutralizar con el expediente de la ingeniería financiera.

Para todo ello tenían y aún tienen su gran producto estrella de exportación de aceptación transcontinental, la fábrica de generar dólares en su expresión de bonos del Tesoro. La Fed tiene la facultad de emitir dólares de la nada. Tan así, que no basta con todo lo gastado y disfrutado, ahora señores, tenemos más emisiones comprometidas. El Presidente Obama elabora planes a invertir por US$ 775.000 millones y el balance de la propia Fed se ha incrementado en otros US$ 900.000 millones para reemplazar parte de los miles de millones liquidados y evaporados entre la crisis inmobiliaria, la venganza de los mercados accionarios y la crónica ineficiencia de Detroit. Todos estos, nuevos fondos de cuestionable auto-sustentabilidad, para evitar pasar de una profunda recesión a la pesadilla de la Gran Depresión que borró casi un 1/3 del PIB en un interminable período de 43 meses.

Es como una borrachera o drogadicción en que suena duro o poco académico, más recursos o, perdón, más papeles denominados en dólares para rescatar a USA, para no verse arrastrado a una parálisis o depresión de cuantías y extensiones mayores. El día que los extranjeros empiecen a titubear frente al valor del dólar y su capacidad de trade-off, la moneda americana... que de paso no renta nada, perdón entre 0 y 0,25%, nos veremos enfrentados a problemas tan extremos… que los propios economistas se ahuyentarán de este escenario.

Chile ha salido con su programa de rescate de US$ 4.000 millones, válido, sí algo tardío. Sin embargo, mayor gasto público le resta espacio al Banco Central para reducir las tasas, y no se apostó mayormente por darle más dinamismo y flexibilidad al sector privado, lo que compromete la esencia del despegue y nuevamente, la incertidumbre hará subir el dólar como signo de desconfianza…

viernes, 23 de enero de 2009

Cuatro comentarios de lujo

Cifras de pobreza, ¿sólidas como roca?
Felipe Larraín Bascuñán.

En su columna de la semana pasada en La Segunda, mi amigo, el ex canciller Ignacio Walker, señala que la caída en la pobreza de 45,1% en 1986 a 13,7% en 2005 es un hecho “sólido como una roca”. Por supuesto, él se basa en las cifras oficiales. Sin embargo, la realidad es que éste es un dato profundamente cuestionado. Mediciones alternativas usando la misma metodología oficial, pero actualizando la línea de pobreza para aprovechar información más reciente, muestran que la pobreza afectaba al 29% de la población en 2006.

En efecto, el estudio «Cuatro Millones de Pobres: Actualizando la Línea de Pobreza», del suscrito, publicado en la revista Estudios Públicos del CEP y disponible para todos en www.cepchile.cl, desarrolla en detalle esta medición. En el trabajo aludido se utiliza básicamente la misma metodología que emplea Mideplan para calcular la línea de pobreza. Ella fue desarrollada originalmente por la CEPAL, y se basa en estimar el costo de una canasta mínima de alimentación que se contrasta con el ingreso de las personas (incluyendo ingreso autónomo, subsidios monetarios y alquiler imputado a la vivienda propia).

La diferencia —y lo que explica los disímiles resultados— es que el Gobierno insiste en seguir definiendo la canasta con información de la IV Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) elaborada por el INE y que data de 1988. Ello, en circunstancias que desde hace casi una década está disponible la V EPF, de 1996-97, que es la que utiliza el estudio desarrollado por el suscrito (hace poco está incluso disponible la VI EPF, de 2007, en base a la cual se ha actualizado la canasta del IPC). Para pasar de la V EPF al valor de la canasta mínima, el estudio usa el exhaustivo trabajo de la Fundación para la Superación de la Pobreza, ya publicado en Umbrales Sociales 2006. En base a este análisis se llega a determinar que los pobres eran el 29% de la población en 2006, y no 13,7%, como indican las cifras oficiales; y que los indigentes son el 6,2% en vez del 3,2% oficial. Es decir, en nuestro país hay unos cuatro millones quinientos mil pobres, y no poco más de dos millones.

El punto es crucial, pues en el curso de una década se producen cambios profundos en los patrones de consumo: no sólo hay distintos hábitos, sino también es diferente la disponibilidad de productos, de modo tal que algunos que en 1988 pudieron ocupar un lugar primordial en la canasta familiar, hoy por hoy ni siquiera se encuentran en el comercio (sólo por dar un ejemplo anecdótico, el aceite a granel). Así, una canasta elaborada a partir de información obsoleta simplemente no se corresponde con el modo en que las personas satisfacen sus necesidades y, por ende, no refleja la realidad.

El estudio aludido busca establecer con mayor rigurosidad lo que está pasando con la pobreza en nuestro país. Este objetivo va más allá de un mero ejercicio académico. En efecto, hacer aparecer —a partir de información desactualizada— niveles de pobreza inferiores a la realidad tiene lamentables consecuencias prácticas. Por una parte, si creemos que los pobres son sólo el 13,7% de la población, pensaremos estar cerca de resolver este tema y le restaremos prioridad, en circunstancias que la cifra real más que duplica esos números. Pero no es el único inconveniente. Si el diseño de las políticas públicas se focaliza en ese 13,7% que señala el gobierno y no en el 29% que se concluye a partir de los datos más actualizados, vamos a dejar sin atender adecuadamente a muchos pobres.

Entiendo el entusiasmo de mi amigo Ignacio Walker por destacar los logros tras casi dos décadas de gobiernos concertacionistas. Es cierto que en este período ha disminuido la pobreza en Chile, lo que es muy destacable y es mérito del país como un todo. Sin embargo, la reducción de la pobreza es mucho menor que lo que arrojan las cifras oficiales. Para argumentar en este tema debemos partir de información real y actualizada, y no de datos cuya solidez, en lugar de ser la de una roca, se compara más bien con la de aquella arena con que los niños en estos días juegan haciendo castillos en la playa.


Para la acción
Gonzalo Rojas Sánchez

Mientras los jóvenes del PPD probablemente recién comenzaban a acostarse después del carrete del viernes; mientras la juventud de la DC quizás se juntaba para discutir aletargadamente sobre su identidad cristiana o secularizadora; mientras la Jota seguramente iniciaba varios operativos en poblaciones para sembrar su ideología del odio, mientras todo eso sucedía.

El sábado pasado, a las 8.30 de la mañana, comenzaban a llegar al Memorial de Jaime Guzmán más de 180 jóvenes para el VII Encuentro, actividad que los congrega siempre en la misma fecha: el tercer sábado de enero, todo el día, con 30 grados a la sombra.

Vinieron de La Serena, Ovalle, Punitaqui, La Ligua, Viña, Valparaíso, Limache, San Antonio, El Quisco, San Bernardo, Calera de Tango, Rancagua, Concepción, Hualpén, Talcahuano, Temuco, Valdivia, Osorno, Puerto Varas, Los Muermos y Chiloé. Acá recibieron a ese centenar de viajeros, más de 80 santiaguinos, habitantes de casi toda la geografía de la capital.

¿Quiénes son estos locatellis y para qué se juntan? Son los jóvenes que participan durante el año en sus ciudades en el Plan de formación de la revista Realidad y de la página Vivachile.org, Plan que cuenta con el apoyo de la Fundación Jaime Guzmán E., bajo la dirección de Miguel Flores. Muchos pertenecen a los Movimientos Gremiales de sus respectivas universidades; otros tantos militan en la juventud de la UDI; un tercer segmento está integrado por esos simples guzmanianos que en la persona del líder asesinado siguen viendo unos ideales, una doctrina, una historia digna de imitar.

Varios son ya importantes dirigentes estudiantiles, después de sus victorias en universidades como la Santa María, la Austral, la de Concepción y la de Chile. Otros, ganaron el cargo de concejal en las recientes elecciones municipales; varios más se preparan para sus candidaturas a diputados. Cada uno en lo suyo.

Trabajaron todo el día, asistiendo a tres exposiciones, las del profesor Carlos Frontaura y las de los diputados José Antonio Kast y Rodrigo Alvarez. Los acosaron a preguntas, de ésas sencillitas: ¿Porqué nuestras cosas tienden a perder la fuerza fundacional? ¿Se está abandonando en nuestro proyecto la relación entre ética y vida pública? ¿Qué podemos esperar de ustedes si vemos que aceptan una candidatura que no nos representa?

Entre medio, se juntaron en tres comisiones para discutir sobre proyectos de servicio y, finalmente, se congregaron hasta pasadas las 18 horas para oír la exposición final del presidente de la UDI, el senador Juan Antonio Coloma.

Cuando caía la tarde, miraron por última vez el Memorial. Vieron a Jaime Guzmán de pie, abrazando a muchos, marcando el rumbo en Chile.

Hispanoamérica, desadaptada en un mundo globalizado
Karin Ebensperger.

En América Latina, tanto los gobiernos como la sociedad civil tienen una desadaptación frente a los requerimientos del mundo globalizado. Con las tecnologías de la computación se generan mayores grados de libertad individual; las personas ya no dependen de los estados o de grandes corporaciones para obtener información, relacionarse y emprender negocios. Las fronteras físicas se hacen permeables con internet, y vivimos el surgimiento de una gran sociedad civil planetaria.
Pero nuestra región aún requiere un salto cultural, un cambio de mentalidad: reorientar el concepto de paternalismo estatista hacia el de un Estado facilitador. Y poner el énfasis en las personas, fomentando una cultura de responsabilidad individual. Sea en un alto ministerio o en una humilde escuela rural, debe estar presente el amor por el trabajo bien hecho.

En Hispanoamérica, a nivel del Estado, hay muy pocas instituciones respetadas y creíbles. Aunque las nuevas tecnologías permiten una mayor autonomía a las personas, se requieren, sin embargo, estados eficientes, que hagan respetar las reglas del juego. Lo peor son los estados fallidos, donde las leyes e instituciones no se acatan. La sociedad civil necesita el marco de referencia que da un Estado subsidiario. Si no, es el caos.

En nuestra región, en general, las instituciones han sido incapaces de articular un sistema político eficiente. No tienen convocatoria, no tienen credibilidad. Abundan el personalismo y el caudillismo; basta ver a un rico país como Argentina, estancado a pesar de la capacidad enorme de su gente, o a Venezuela dilapidando sus ingresos petroleros.

El mundo actual requiere un Estado facilitador; pero en nuestra América, el Estado es burocrático y obstaculizador, como lo reflejó muy bien el peruano Hernando de Soto en su libro "El otro sendero".
Si la sociedad civil latinoamericana muestra baja productividad, déficit en innovación, mal rendimiento laboral y pobre nivel educacional es porque, comparada con otras regiones emergentes de Europa Oriental y Asia, no invierte adecuadamente sus abundantes recursos en su gente y no amplía los espacios a su sociedad civil. Urge pasar del Estado obstaculizador al Estado facilitador para el emprendimiento.

La política de cálculos
David Gallagher

Para un parlamentario incumbente, nunca hay mejor sistema que el actual, porque es el que siempre lo ha favorecido. Mejor no arriesgar un cambio. Claro que no va a admitir su temor. Lo va a disfrazar con observaciones filosóficas, o esperando que sean sus adversarios los que se opongan a las reformas electorales. Es la táctica que ha usado siempre la Concertación con el sistema binominal.

Son pocos los parlamentarios que quieren cambiarlo, porque les da permanencia en el poder sin tener que competir demasiado. Pero desde 1990, la Concertación ha logrado convencernos que es sólo la Alianza la que se opone a un cambio. La Alianza se ha prestado torpemente a ese juego. No está claro por qué, ya que tal vez le convenga más un sistema uninominal, como el que se usa para elegir a los alcaldes, y que le dio tanto éxito en octubre. En todo caso cada vez que el Gobierno propone reformar el sistema binominal, logra poner a la oposición en jaque, matando varios pájaros de un tiro. La Alianza aparece como la defensora de un remanente del pinochetismo. La extrema izquierda se convence que realmente quieren que tenga representación parlamentaria. Y los gobiernos no corren riesgo alguno, porque la Alianza no se anima a desenmascarar el bluff. Para hacerlo tendría que amenazar con apoyar las reformas propuestas, o mejor, idear reformas propias. Con todo, la Concertación va a estar veinte años en el poder, gracias a haber preservado el sistema binominal, sin la inconveniencia de tener que defenderlo, y a pesar de haber prometido cambiarlo.

El Gobierno ha tratado de poner en jaque a la Alianza también con el tema de la inscripción electoral. Quiso hacerlo dándole urgencia al proyecto de inscripción automática y voto voluntario, porque sabía que la UDI -patéticamente- se oponía a él. Pero al Gobierno le salió el tiro por la culata. Al ver que había un riesgo real de que fuera aprobada la reforma, entraron en rebelión algunos diputados de la Concertación. No todos, claro, pero suficientes. El martes el Gobierno vergonzosamente retiró la urgencia del proyecto, que por tanto no se verá hasta marzo. Como resultado, es muy difícil que esté para las próximas elecciones.

Una de las muchas razones del creciente desprestigio de los políticos es el bochornoso espectáculo que dan cuando se oponen a reformas que fortalecen la democracia, por la misérrima razón de que las ven como un riesgo para su reelección. Es penoso ver a políticos esmerados en evitar una iniciativa que empadrona a millones de nuevos electores, en su mayoría jóvenes. ¿Cómo no les da vergüenza que los elija un colegio electoral cada vez más anciano y pequeño? Uno cuyos miembros están obligados por ley a votar en elecciones parlamentarias de resultado casi siempre conocido, como si estuvieran forzados a ser sus ministros de fe. Dadas las características del sistema binominal, sólo son competitivas las elecciones municipales y las presidenciales. Los gobiernos y parlamentarios que han sido cómplices de esta situación han logrado el objetivo de perpetuarse en el poder. Pero ponen en riesgo nuestra democracia.

En las elecciones de diciembre merecen triunfar los candidatos que confiaron en los jóvenes. Los que estuvieron por la inscripción automática porque no temían su voto, y los que apoyaron el voto voluntario porque, libres de paternalismo, respetaban su libertad. Si no hay reforma a tiempo, merecen triunfar, también, los candidatos que lancen una generosa cruzada, joven por joven, para convencer a cada uno de que se inscriba, sin preguntarle por quién va a votar.

jueves, 22 de enero de 2009

El MIR, esa pyme de los 70

El MIR, esa pyme de los 70
Gonzalo Rojas

Chile es un país muy raro. Pasan cosas que sólo sucedieron antes en África, en el reino perdido de Lulunga, y en el Pacífico Sur, en las islas hundidas de Mundoy.

Por eso, cuando un buen amigo historiador le contó a su grupo más cercano sobre su nuevo proyecto Fondecyt, quedamos atónitos. Se va a llamar "El MIR: un caso exitoso de pyme que termina en estrepitoso fracaso: 1965-1975", nos dijo.

Sin darnos tiempo a la carcajada, el hombre nos explicó que la investigación era muy interesante, porque implicaba meterse a fondo en la determinación de los principales accionistas y ejecutivos, en el análisis del tipo y giro de la empresa, de la naturaleza de los vínculos contractuales (en particular, de la contratación de personal especializado con experiencia fuera de Chile), del uso de royalties de pymes cubanas, uruguayas y argentinas parecidas, y de los diversos modos de búsqueda de recursos en los bancos nacionales y en empresas soviéticas del rubro.

Todo un proyecto interdisciplinario, nos aseguró, porque aparte de los diversos historiadores que estarán implicados, se van a necesitar contadores y tributaristas para hacer el cálculo a valor presente de los activos del MIR y de sus eventuales impuestos impagos; por cierto, también habrá que incluir a juristas que puedan razonar sobre el lucro cesante, y a psicólogos que evalúen el daño moral. Porque el proceso de decadencia de la empresa, nos dijo, comenzó a manifestarse en septiembre de 1973 y fue hacia mediados del 75 cuando ya se declaró su fracaso definitivo.

A estas alturas de su argumentación, el ambiente no era grato. Entre nosotros hay un par de historiadores que no están para bromas. Uno, bastante molesto, le recordó las declaraciones de Altamirano sobre el notable tamaño del aparato militar del MIR, aliado del socialismo hacia el 73; el otro, indignado, puso en la mesa un texto con declaraciones de Pascal Allende sobre los métodos, fines y acciones terroristas de la organización.

Pero nuestro buen amigo nos dejó callados a todos. Son ustedes unos ignorantes, nos dijo; desconocen el reciente dictamen de Contraloría por el que se determinó que el MIR fue una empresa antes de ser proscrito por el Gobierno Militar, lo que -nos ha informado un semanario- le permite a cerca de 20 de sus ex militantes recibir hoy una pensión estatal, por haber sido despojados de su fuente laboral después del 11 de septiembre de 1973. Y, por si no lo saben -continuó enérgico-, al tan citado Pascal Allende le corresponde determinar ahora quiénes de los más de 400 subversivos -perdón, funcionarios- que solicitan ese beneficio tienen derecho a recibirlo. Era el CEO del MIR, o algo parecido, y por eso tiene que ver ahora la situación de sus empleados del 73, concluyó el historiador. Es el encargo que le ha dado el gobierno de Bachelet.

Uno de los problemas más serios -nos explicó- es determinar si los empleados del MIR que siguieron con el giro de la empresa después del 73, como Yovanovic, el autor intelectual del asesinato de Carol Urzúa en 1983, estaban o no contratados ya en 1973, y si puede considerarse que tenían mandato para seguir con la actividad empresarial. Tremendo problema, aunque esa parte de la investigación podría salirse de su marco histórico, porque él sólo quiere estudiar la pyme MIR hasta el 75.

Y su otra dificultad es que varios amigos que hoy tienen pymes están molestos con él, porque dicen que ellos pagan impuestos con los que los miristas reciben sus pensiones. El argumento de la solidaridad entre los pequeños empresarios no los convence mucho.

Antes, cosas así sólo habían pasado en el reino de Lulunga y en las islas Mundoy. Poco después, esos estados desaparecieron.

miércoles, 21 de enero de 2009

Noticias veraniegas, por Gonzalo Vial


Noticias veraniegas
Gonzalo Vial

ARRANCAR HACIA ADELANTE». En la revista Sábado del 3 de enero, un sacerdote jesuita lamentó que existieran planteles superiores ubicados demasiado lejos del centro. No tenían “vida universitaria”, aseguró, porque los alumnos no participaban en “revueltas estudiantiles” como los del barrio bajo, no corrían entre “carros policiales... agua y gases lacrimógenos... piedras...gritos”. Nada de esto, sino que dichos alumnos, distantes del revoltoso centro capitalino, conversaban “alegremente en unos cuidados jardines. Según el columnista, esto afectaría su “visión del país”, no siendo sus planteles, agregaba, “el lugar más adecuado para que se forme un universitario”.

Así expuesta, la argumentación era tan obviamente irracional, que el sacerdote, contraatacado, hizo lo que en jerga militar llaman «arrancar hacia adelante»... se olvidó de la revuelta, las piedras, los cuidados jardines, etc., y señaló existir un “debate pendiente”, pues a su juicio esas universidades pacíficas y bien tenidas no entregarían “diversidad”, “apertura de ideas”, “compromiso con los marginados”, etc. (El Mercurio, 10 de enero).

Nada de esto figuraba en la columna primitiva. Se cumplía el antiguo refrán: «Donde dije dije, no dije dije, dije Diego.

Ahora, ¿cuál es la prueba de los NUEVOS cargos contra las universidades afectadas? Las afirmaciones de anónimos alumnos de esos planteles que trabajan, indica el sacerdote, en Un Techo para Chile. ¿Y de qué manera se configuran acusaciones tan duras como vagas? De ninguna .
Vamos, un poco de seriedad en el “debate pendiente”.

Pero el sacerdote no está solo, arrancando hacia adelante. Lo acompaña el Director Social General de Un Techo para Chile, escribiendo a El Mercurio (14 de enero). Otra vez las emprende con las sufridas universidades situadas fuera del centro. Las tacha de “segregación y desigualdad”, sin tampoco definir estas palabras feas, ni cómo se justificaría aplicarlas a los planteles afectados. Seguimos donde mismo.

Pero hay algo más raro.¿Por qué el Director Social General añade a su nombre y apellido la mención del elevado cargo que desempeña en Un Techo para Chile? Una mención que desorienta e inquieta.¿Es Un Techo para Chile sólo una meritoria entidad de beneficencia, que construye mediaguas para los pobres? En ese caso, que se dedique a lo suyo, y quede perfectamente claro que el Director Social General de la institución habla a título propio, y no por ella, cuando se refiere al “tipo de sociedad que queremos desarrollar” y a “la universidad... que el país exige”. ¿O nos encontramos ante un instituto de estudios políticos, un THINK TANK, quizás embrión de un futuro partido? Entonces que lo diga, y que conozcamos su pensamiento.

¿QUIEN ENTIENDE? En noviembre de 2007, Alianza y Concertación firmaron un histórico, se dijo, acuerdo educacional. Autoridades, jefes políticos, expertos, aplaudieron con entusiasmo el paso gigante que se daba. La prensa manifestó particular euforia. Pero ahora El Mercurio editorializa (13 de enero):

“A pesar de los muchos aspectos positivos que contiene esta iniciativa...LOS PRINCIPALES DESAFIOS EN EDUCACIÓN SON OTROS”.

Exijo una explicación, diría Condorito.

¿NO LES DIJE? Mientras los «falsos detenidos/desaparecidos» fueron efectivamente casos de fraude, la oposición se refociló con éste y lo difundió a tambor batiente.

Luego hubo otras tantas denuncias que no eran ciertas, y ha sido el turno del gobiernismo para rasgar vestiduras y aprovechar al máximo el traspié opositor.

En ambas vertientes, el número de implicados carecía de significación: tres, cuatro...
Los detenidos/desaparecidos sólo sirven de bandera política.

Encontrarlos, nuestra tarea común, ya no le importa a nadie. Unicamente aprovecharlos.
Ejemplo —lo único que nos queda de estos incidentes—, el falso detenido/desaparecido vivo contra el cual anuncia querella el Estado de Chile... el mismo Estado de Chile que entregó a su familia una cajita con los restos del «difunto», luego de «identificarlos» el Servicio Médico Legal entre los despojos mortales que se exhumaron en el Patio 29.

HASTIO. En una discoteque homosexual, un diseñador de la farándula hizo desfilar a unas modelos del mismo ambiente (cuando más) disfrazadas de mujeres santas del Nuevo Testamento, la Virgen inclusive. Habrá también un Jesús farandulero. El diseñador festejó así sus quince años de «carrera». Algunas de las modelos promovieron el desfile fotografiándose con sus disfraces frente a La Moneda; los trajes eran de llorar a gritos...

¿Otra más? Al Teatro a Mil llegó el belga Jan Fabre, “provocador e impactante” —dice este mismo diario (14 de enero)—, protestando contra el consumismo, un gancho resobado para públicos ingenuos. La protesta incluyó un acto de onanismo colectivo de hombres y mujeres. Y figuraba, ¿cómo no?, Jesucristo, de ídolo/pop. Y, ¿cómo no?, “la violencia (era) un componente de la producción”. Ojalá hayan asistido algunas de las vírgenes de la discoteque, en señal de solidaridad entre los farsantes culturales.

Yo entiendo y admiro a quienes se indignan con estos desaguisados e intentan impedirlos o castigarlos. Pero, después de ver tantos, personalmente sólo siento hastío, y tristeza por el país, cuyo «apagón cultural» de dos décadas no destaca a nadie nuevo de valor universal —en novela, poesía, teatro, artes plásticas, etc.—, pero debe consumir y consume glotonamente estos detritus... La lista es interminable: miles corriendo a que Tunick los fotografiara en pelotas en el Forestal... El falo gigante de Machalí (Fondart)... El «día del orgasmo» de los jóvenes socialistas en el Parque Bustamante (discontinuado)... El «artista» que comía caca, el que se hacía azotar por el público, el que instaló una juguera eléctrica con pececitos, para hacerlos pedazos pulsando un botón (museos del Parque Forestal)... La «genio» juvenil de la dramaturgia chilena, que escribió una obra imperecedera, aunque llena de grotescas faltas de ortografía, sobre Prat ebrio y homosexual (Fondart y Universidad de Chile)... Etc., etc.

En fin, “es lo que hay”, como dicen los muchachos. Pobre Chile, tan ansioso de belleza y manejado culturalmente por una tropa de saltimbanquis.

CUIDEMOS EL TURISMO. El 12 de enero, diez encapuchados “vestidos con ropa de mimetizaje y chalecos antibalas”, asaltaron el fundo San Leandro, a 10 kilómetros de Lautaro, golpearon y robaron al cuidador del predio, incendiaron un galpón con fardos y madera elaborada, y no tuvieron éxito en hacer lo mismo con 300 hectáreas de trigo. “Venían a recuperar tierras... y si no obedecíamos, nos iban a matar a todos”, dijeron, según señala la maltratada mujer del cuidador. Total de pérdidas, estimación del dueño: 100 millones de pesos.

“Un hecho delictual común”, para el ministro subrogante del Interior (El Mercurio,13 de enero).
Al día siguiente, buscando a los culpables de este “hecho delictual común”, una caravana de diez vehículos policiales que conducía a treinta y cinco carabineros fue atacada a tiros. Un jeep recibió cinco impactos de balas de 9 mm y escopeta.

No sabemos si el ministro subrogante del Interior ha cambiado de opinión. No lo ha hecho, por cierto, la intendenta regional, optimista famosa:

“NO DESEAMOS ALARMAR A LOS TURISTAS. Estos hechos siguen siendo puntuales y las reivindicaciones mapuches no son violentas” (El Mercurio, 14 de enero).

EXAMENES. Cunde la fiebre de exámenes a profesionales TITULADOS. Sin aprobarlos, no pueden o no podrán ejercer.

Ya se aplican a profesores y médicos.

Cunde así la fiebre de controlar todo, y repetir los controles ad infinitum.

Los casos señalados son particularmente absurdos, pues ambas carreras —medicina y pedagogía— sólo pueden impartirse en escuelas universitarias que posean el solemne «sello de calidad», otorgado por la Comisión Nacional de Acreditación. Todo conforme a la ley de acreditación vigente.
Pero ahora nada servirá ese «sello» legal y oficial, si el médico o profesor que lo tiene reprueba el ramo respectivo.

Creo, es verdad, que ese «sello» no significa nada. Pero el Estado no puede creer lo mismo. O acreditación, o examen.

martes, 20 de enero de 2009

Tres comentarios imperdibles

Un documento sorprendente y desconocido
Víctor Farías

He tenido una gran impresión al encontrar un documento absolutamente desconocido y que describe sin ambages la real actitud de Patricio Aylwin y la Democracia Cristiana ante la Junta de Gobierno, luego de la intervención militar. Se trata del Acta Nr.19 de la Honorable Junta de Gobierno, en la que se documenta la reunión celebrada el 10 de octubre de 1973. En el ítem 6 se define el objetivo: “Se recibe a la dirección del Partido DC, cuyo presidente, señor Aylwin, expone los siguientes aspectos...”. Con ello queda en claro que la iniciativa para la audiencia partió de la Democracia Cristiana.

Ante todo, Aylwin comienza por hacer ver “la participación que tienen los partidos políticos democráticos en la lucha anti-marxista, especialmente el Demócrata Cristiano. Reconocimiento a la actitud de la Junta, pero desacuerdo con algunas medidas, tales como supresión de la autonomía universitaria, disolución de municipalidades, gran cantidad de presos políticos”. Aylwin no puso en cuestión ni la disolución del Parlamento ni la suspensión de la participación de los partidos en la vida pública, pero sí lamenta la intervención en las universidades. La DC controlaba las rectorías de las cuatro más importantes de la época: de Chile, Católica de Chile, Católica de Valparaíso y Austral de Valdivia.

Un momento culminante de la intervención de Patricio Aylwin es el que proclama “la disposición de los democratacristianos a cooperar individualmente a la tarea de la Junta”. Manifiesta además su aprobación de la prohibición de los partidos marxistas y su “interés por que los partidos políticos puedan volver, cuando se normalice la situación, a la faz de la Nación, sin perder terreno ante los partidos marxistas que, lamentablemente, pueden incrementar sus fuerzas en la clandestinidad”. Pero, al mismo tiempo, Aylwin es claro respecto al asunto principal, el que define la legitimidad del poder:
“Interpretación del «pronunciamiento militar» del 11 de septiembre como de legítima defensa, ante la actitud de las fuerzas de Gobierno armadas ilegalmente”. La DC y Aylwin proclaman así la absoluta legitimidad (“autodefensa”) del proceso conducido por las FF.AA., reconociendo la inminencia del autogolpe preparado por los marxistas. Por eso expresa “su interés en que la Junta de Gobierno tenga éxito, ya que es la única forma de que el país reciba los beneficios que se merece”.

Patricio Aylwin anuncia que el PDC ha iniciado un proceso de depuración de sus estructuras y que renuncia a la posibilidad de aumentar sus filas. Comunica a la Junta “la reorganización a que ha sido sometido el partido, y el cierre de inscripciones”. El propósito colaboracionista es tan extremo, que ruega se le informe en caso de que algún militante se atreva a infringir las disposiciones del gobierno militar. “El presidente de la DC finaliza rogando que cualquier cargo fundado que exista en contra de algún personero de ese partido sea puesto en conocimiento de la directiva a fin de aclararlo convenientemente, ya que están conscientes de que existen intereses creados para hacerlos aparecer en actitudes contrarias a la Junta de Gobierno”.

La respuesta de los interlocutores fue terminante. “El Pdte. y cada uno de los miembros de la Junta de Gobierno hacen los alcances del caso a las materias expuestas y señalan la responsabilidad que también tiene la DC en la caótica situación que vive el país y dejan claramente establecidos los verdaderos postulados que los guían, indicándose además que la situación en estos momentos está controlada, pero no absolutamente dominada”.

Con ello, la Junta aludía al problema fundamental de la DC chilena: su carencia de identidad, el caos ideológico que el populismo cristiano había promovido intensamente, su «comunitarismo» cripto-marxista y la movilización confrontacional de las masas campesinas y urbanas, entre los estudiantes y parte del clero, creando objetivamente una situación que sólo el marxismo podía aprovechar. En octubre de 1973, al camaleón democristiano sólo le quedaba otro cambio de color y piel: el colaboracionismo. Años más tarde, cuando el país ya estaba reconstruido, asumió de lleno la administración y los provechos que le otorgaba el poder. Entonces volvió a reinventar su historia. Con ello iniciaba su fase final: la de perderse en los espejismos del laberinto de las componendas y la corrupción. Sin política y sin espíritu.


Hablar de “la gente” no ayuda a conocerla
Margarita María Errázuriz

Se ha instalado entre los chilenos la costumbre de hablar de “la gente”. Usamos esta palabra para decir todo y no decir nada. Con ella hacemos un sinfín de generalizaciones y caricaturas, que en la mayoría de los casos no son más que reiteraciones de frases hechas y lugares comunes que se atribuyen a grupos amplios de individuos. Al hablar de la “gente” metemos en un mismo saco a moros y cristianos. No hacemos referencia a nadie en particular, razón por la cual no se asume ninguna responsabilidad. Pareciera que la afirmación es sustentada por una multitud: si lo dijo “la gente”, basta y sobra, no se requieren más argumentos. Nos presta gran utilidad, la usamos como un buen comodín. Además, es contagiosa y nos aprovechamos de sus ventajas.

Siempre he pensado que estar en sintonía con los demás nos hace sentirnos vivos y nos proyecta a dimensiones amplias y trascendentes, que le dan sentido a la vida. Es natural que proyectemos el amor que sentimos por nuestro país a su gente, y que nos interese saber quiénes somos los chilenos, cuáles son los distintos grupos sociales que conformamos, lo que tenemos en común, lo que nos diferencia, lo que anhelamos. Hay muy buenas razones para querer saber más y mejor sobre las personas con las que convivimos y, también, para preocuparnos de lo que decimos de ellas. Usar la palabra “gente” en estos términos no nos ayuda a conocer a quienes forman parte de nuestra sociedad.

Pero esta costumbre además genera algunos conflictos. Nos induce a encubrir la realidad con estereotipos que resultan ser una gran farsa. Pone ideas que están en el aire, pero que no tienen un real asidero. Es así como, mientras más hablamos de la gente, menos sabemos a quiénes nos referimos. Hemos despojado de todo sentido a una expresión significativa y noble, sinónimo de pueblo y de nación, que normalmente conlleva un fuerte sentido de pertenencia; solemos hablar de “nuestra gente” y de “su gente”.

Ahora bien, me pregunto por los motivos que nos llevan a hablar y generalizar de forma tan simple. Al pensarlo, encuentro tres tipos de personas que tienen buenas razones para abusar de este apelativo:
Los manipuladores. La usan para esconder dudosas intenciones y hacer prevalecer o reforzar una determinada mirada de los hechos. Es el caso de algunos políticos al querer presentarse de candidatos: dicen “la gente me lo pide”.

Los que tantean terreno. Se suele escuchar “la gente dice” como una forma socorrida de evaluar reacciones y no correr riesgos al emitir una opinión.

Los que no se la juegan. Nada mejor para ellos que poder decir lo que quieren, sin aparecer diciéndolo. Total, cero responsabilidad; para qué asumirla, si “la gente lo ha dicho”.

Al poner mi atención en estos tipos de personas, recuerdo una caracterización de los chilenos que hizo un profesor de la Universidad de Harvard en un interesante estudio que cubre varios países. Entre otras cosas, somos apatotados, incapaces de decir lo que pensamos y siempre deseosos de dar en el gusto a los demás. En su síntesis señala que somos preadolescentes. De acuerdo con esta opinión, el mal uso de la palabra “gente” nos retrata y delata.

Ni yo ni ustedes queremos ser preadolescentes. A mi juicio, hoy más que nunca necesitamos conocer la realidad de aquellos con quienes compartimos, y evitar las referencias impersonales si queremos seguir avanzando como país ¡Todo sería muy distinto si cada uno hablara desde sí mismo! Lo más valioso y lo mínimo que podemos aportar a la sociedad es nuestra forma de pensar, siempre que ésta sea genuina; vale decir, personal y profunda, que busque en todo momento alcanzar una justa y precisa comprensión de los hechos y de las personas.

Seguro de cesantía, seguridad social
Alejandro Ferreiro

Dicen los orientales que toda crisis es, sobre todo, una oportunidad. Y, en efecto, las crisis enseñan, disciplinan y fortalecen. Pero no siempre. A veces también marean. Y el mareo puede llevar a confusiones graves en diagnósticos y recetas. Afortunadamente, todo parece indicar que entre nosotros ha prevalecido hasta ahora una lucidez responsable para afinar diagnósticos y propuestas eficaces de reactivación económica y protección social frente a la crisis económica global. Si, además, nos hacemos acompañar de esa cualidad política, tan escasa como noble, consistente en colaborar entre adversarios en tiempos de campaña electoral, Chile podrá responder a la altura del desafío durante el duro año que se inicia. La reacción institucional es, hasta ahora, muy promisoria: las medidas anunciadas por la Presidenta y el ministro de Hacienda son pertinentes, oportunas y robustas. Más aún, lo que no es poco en estos tiempos, han concitado apoyo amplio y transversal.
A ellas se suma el anuncio de poner urgencia a la reforma al seguro de cesantía. Sobre esta materia cabe una reflexión adicional en la perspectiva de aprovechar plenamente la oportunidad de revisión legislativa que ahora se abre.

Crisis económicas globales habrá siempre. Y el desempleo será su peor víctima. Así será el 2009, y en las inevitables oleadas de vacas flacas que vengan esporádicamente en el futuro.
La seguridad social surgió para proteger a los trabajadores y sus familias de las contingencias que pueden afectar su capacidad de seguir percibiendo ingresos: vejez, enfermedad, accidentes. Décadas después se agrega, especialmente en Europa, la cesantía. Entre nosotros, sólo nos tomamos en serio el asunto al instituir el seguro de cesantía a comienzos del gobierno del Presidente Lagos. Con todo, pocos dudan que ese seguro ya nos quedó chico. Las coberturas son bajas, en parte porque también lo es el aporte fiscal. Las cotizaciones de empleadores y trabajadores no alcanzan a ofrecer un ingreso que reemplace razonablemente el salario perdido. Esto dista mucho, por ejemplo, de los niveles de protección que ofrece la seguridad social en materia de pensiones, salud, enfermedades profesionales o accidentes del trabajo.

Es cierto, la evidencia internacional muestra que seguros de cesantía generosos se prestan al abuso y se tornan insostenibles. Pero el modelo chileno que combina capitalización individual y aporte fiscal subsidiario mitiga bien ese riesgo. Por lo demás, en épocas de crisis, los abusos escasean y sobran los que pierden su trabajo sin poder recuperarlo con prontitud. Es en esas épocas que el potencial contracíclico de un buen seguro resulta tan útil para favorecer la reactivación de la demanda como para mitigar el costo social. La reforma al seguro de cesantía que hoy debate el Congreso mejora en algo la situación, pero se queda corta. Desoyendo la propuesta mayoritaria de la Comisión de Equidad (Comisión Meller) y atendiendo, en parte, al abierto rechazo de la CUT, la reforma no contempla siquiera la sustitución parcial de las indemnizaciones por años de servicio (IAS) a cambio de una mejoría sustancial del seguro de cesantía.

Las IAS son hijas del tiempo en que no había seguro de cesantía en Chile. Entonces eran el principal, sino exclusivo, ingreso del trabajador despedido. Ese era su fin, y para eso eran un medio. Las IAS, sin embargo, han pasado a ser para algunos un fin en sí mismo, intransable y sacrosanto. En su momento fueron una conquista sindical importante... pero ese simbolismo no altera su condición de simple medio para cumplir un fin que, hoy, puede cumplirse mejor mediante un seguro de cesantía fuerte.

Las IAS, desde luego, tienen costos altos: no sólo para las empresas que deben pagarlas precisamente cuando peor es su situación (nada menos contracíclico que esto), sino también para los trabajadores. Los más jóvenes —y no necesariamente los menos productivos— suelen ser los primeros en ser despedidos, porque su menor antigüedad hace más “barato” el despido. Muchos trabajadores rechazan cambiarse a empleos mejor remunerados con otro empleador por temor a perder los “años de servicio”. ¡Nada trunca más la movilidad ascendente en el empleo que la inhibición de buscar mejores alternativas! Como resultado, el empleador puede permitirse pagar sueldos menores a la productividad de sus trabajadores antiguos y relativamente “cautivos”. Ni hablar de los conflictos y litigios laborales asociados a la aplicación de las causales invocadas para poner fin al contrato y su efecto en la obligación de pagar indemnizaciones.

Estas son algunas de las distorsiones derivadas de tratar un tema propio de la seguridad social —el reemplazo de ingresos en caso de cesantía— con un instrumento propio de la relación bilateral propia del contrato de trabajo. Si reconocemos que la cesantía es y será una de las principales y recurrentes contingencias sociales que afectarán a los trabajadores, debemos tratarla plenamente en la sede de la seguridad social. Ello requiere seguros sociales con cobertura suficiente y diseños inteligentes, financieramente sustentables. También requiere revisar sin prejuicios ni dogmas las IAS, al menos respecto de los nuevos contratos de trabajo. No es bueno enamorarse de los medios o instrumentos y menos cuando muestran múltiples fallas. Lo que aquí importa es cómo lograr la mejor protección social frente a la cesantía. Y para esa búsqueda, tan importante para el futuro económico y social de Chile, no nos podemos permitir un debate encadenado a tabúes o a confusiones entre medios y fines.

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