martes, 24 de marzo de 2009

No es una primaria de ganadores.


No es una primaria de ganadores,
por Cristina Bitar

El senador Gómez se ha transformado en una piedra en el zapato para la Concertación y ha venido a complicar la estrategia presidencial que tenían, dejando en evidencia el desgaste que en muchos frentes evidencia la coalición gobernante. La forma desesperada en que han tratado de bajar su candidatura, la manera como han intentado evitar que haya un debate de cobertura nacional y las estrategias desplegadas para imponer reglas del juego que no pongan en riesgo la candidatura de Frei no han hecho más que debilitar la opción presidencial oficialista.

Es muy claro que existe temor de que Gómez dé una sorpresa y comience a crecer, probablemente no al punto de ganar la primaria, pero sí lo suficiente para mostrar que la opción del abanderado DC es la más débil que ha tenido la Concertación en todas las elecciones presidenciales a las que se ha presentado.

Gómez ha sido valiente y está haciendo una buena apuesta. Sin embargo, creo que ha cometido el error de plantearse como la opción progresista, en circunstancias de que podría encarnar mucho mejor una alternativa de recambio en la Concertación. En pocas palabras, ha preferido ser más un candidato de izquierda que un «Obama» concertacionista.

Aun así, su presencia y su persistencia han ido mucho más allá que la mera aspiración de un abanderado de partido chico en busca de mejorar la posición negociadora de su colectividad. Ese punto lo sobrepasó hace rato y se convirtió en un testimonio vivo de la fragilidad de la candidatura de Frei.

El postulante DC se transformó en el abanderado del
establishment concertacionista después de una serie de movimientos que dejaron en el camino a Soledad Alvear, Ricardo Lagos y José Miguel Insulza. Pero una cosa es la capacidad política para despejarse el camino entre la élite y otra muy distinta es lograr el apoyo popular en una sociedad de masas.

Ahí es donde Gómez vio una oportunidad y no la ha desaprovechado. Las contradicciones y grietas que ha dejado al descubierto son evidentes.

La Concertación y el propio Frei, tan proclives a debatir temas como el aborto terapéutico, se muestran reacios a debatir con Gómez. El argumento de que el debate sea regional es tan poco creíble, que se desarma solo. Por otra parte, inevitable es preguntarse qué capacidad tendrían Gómez y el PRSD de hacer esto si la opción de Frei tuviera cara de triunfo. Probablemente ninguna, pues nadie le hace esto al futuro Presidente de la República.

El resultado de la primaria es previsible, no se ve forma que el candidato radical pueda vencer la máquina de los partidos grandes, pero la duda que asoma es si la Concertación va a salir fortalecida, como ha ocurrido en el pasado, o debilitada de esta incómoda primaria. Desde luego, se estimula la aparición de candidaturas a la izquierda, como las de Arrate, Navarro y otras. Pero estas candidaturas, que en el pasado favorecieron a la Concertación —cuando el piso concertacionista estaba sobre los 45 puntos en primera vuelta—, ahora son de dudosa utilidad con un Frei que puede empinarse apenas en los 40 puntos si estas opciones toman fuerza.

A medida que avanza, queda cada vez más claro que ésta no es la primaria de los ganadores: es poco creíble que aquí se esté eligiendo al próximo Presidente de la República. No se ve la fuerza arrolladora que el mismo Frei tenía el 93, o la impronta de Presidente que tenía Lagos el 99, o la popularidad imparable de la Presidenta Bachelet el 2005.

Es claro que la primaria se ha convertido en una pesadilla para la Concertación, de la que quieren despertar lo antes posible. Pero nadie se atreve a asegurar que Gómez no dé una sorpresa y que, al mejor estilo David, haga pasar un mal rato a Goliat.

*****


Misa en memoria del senador Jaime Guzmán
La Fundación Jaime Guzmán invita a usted a la celebración de la misa en memoria del Senador de la República Jaime Guzmán Errázuriz, con motivo de cumplirse dieciocho años de su muerte.La misa se oficiará el miércoles 1 de abril, a las 20:00 horas, en la Iglesia de las Hermanas de la Providencia (Av. Providencia 509). Se invita a los familiares, amigos y simpatizantes.

Posted by Picasa

sábado, 21 de marzo de 2009

Guerra al desempleo.


Guerra al desempleo.
Por Juan Andrés Fontaine.


Confirmado: la tormenta financiera internacional está causando en Chile destrozos de consideración. La preocupación central ha de ser el incipiente incremento del desempleo. El gobierno puede y debe hacer más por controlar ese duro flagelo económico y social.

Las cifras oficiales revelan que en los últimos meses del año pasado la economía nacional fue impactada por la crisis externa con sorprendente virulencia. Cayó nuestro producto en el cuarto trimestre un 2,1% respecto al período inmediatamente anterior, una vez descontado el factor estacional. Esa disminución es más aguda que la sufrida en EE.UU. o Europa, de 1,6% y 1,5%, respectivamente, que es donde la crisis nació. También es peor que la experimentada por varios países latinoamericanos. Los datos de enero confirman que la contracción productiva prosigue, aunque no permiten todavía discernir si ella está atenuándose o no.

Es cierto que la nuestra es una economía estrechamente integrada al mundo, de modo que no podía sino afectarse por la abrupta caída observada en el comercio exterior y en los mercados financieros. Pero no es menos cierto que nuestros precios de exportación —partiendo por el cobre—, aunque inferiores a los de los últimos años de bonanza, son todavía convenientes en comparación a su promedio histórico.

Además, a diferencia de crisis anteriores, esta vez mantenemos abierto el acceso al financiamiento externo de corto y largo plazo, en condiciones que, gracias a la abrupta caída de los intereses en Estados Unidos y Europa, todavía resultan atractivas. Por otra parte, la fortaleza de nuestras instituciones económicas, la solidez de bancos y empresas, la solvencia del Fisco y la flexibilidad de nuestros mercados sugerían que debíamos resistir mejor los embates de la crisis internacional.

¿Qué ocurrió entonces? Por años nos dejamos estar en materia de reformas en pro del crecimiento y alegremente nos dejamos llevar por la bonanza mundial del cobre. Ahora que la economía global entra en inédita contracción, se derrumban las expectativas de los consumidores y los empresarios. La detención del consumo, la inversión y la producción es una natural reacción inicial al vendaval de malas noticias. Las expectativas son veleidosas y pueden recuperarse pronto, pero hay un riesgo que el pesimismo se torne profecía auto cumplida: que la contracción de la demanda dé lugar luego a la recesión y al desempleo masivo.

El riesgo de desempleo masivo es ya visible en las estadísticas de fines del año pasado. Hasta agosto pasado, la economía chilena venía creando en términos netos 20.000 plazas de trabajo al mes, hecha la corrección estacional pertinente. Desde entonces, el empleo viene cayendo y anota sólo en diciembre pasado una pérdida neta de 66.000 ocupaciones. Mientras tanto, la tasa de desempleo ha subido a 8% de la fuerza de trabajo y está mostrando un comportamiento inquietantemente similar al que se exhibió diez años atrás, durante la recesión con la que concluyó su mandato el ex Presidente Eduardo Frei. Entonces, la desocupación abierta subió hasta 12% de la fuerza de trabajo, afectando a 700 mil trabajadores, sin considerar quienes debieron recurrir a empleos fiscales de emergencia.

Nuestro mercado laboral no funciona bien en tiempos de recesión. Tenemos un sistema dual, que sobre protege a los trabajadores con contrato laboral indefinido y deja en la indefensión al 45% de la fuerza de trabajo que, o bien se emplea en ocupaciones temporales, o labora por cuenta propia. Las rigideces del segmento protegido han hipertrofiado al desprotegido. Cuando cae la actividad económica y las empresas deben ahorrar costos, la inflexibilidad en los salarios y jornadas termina haciendo recaer el ajuste en el despido de algunos trabajadores de planta y en el cese generalizado de las contrataciones temporales. El desempleo sube abruptamente y se prolonga por meses, porque nuestro mercado laboral carece de la flexibilidad necesaria para recolocar a los cesantes en nuevas ocupaciones.

Las políticas públicas pueden hacer mucho para evitar o aminorar la dolorosa lacra social del desempleo masivo. Desde luego, hay que resistir la tentación política de introducir nuevas regulaciones laborales que, por fortalecer la posición negociadora de quienes tienen empleo, eleven artificialmente los costos laborales y terminen propiciando los despedidos o inhibiendo las contrataciones. Al contrario, esta puede ser una buena ocasión para, en un clima constructivo y sin demagogia, buscar cómo ampliar la capacidad legal de los empleadores y sus sindicatos para negociar caso a caso una mejor adaptación de los salarios y jornadas a las vicisitudes del mercado.

Mientras tanto, la caída de las expectativas y el frenazo de la demanda exigen acciones urgentes de parte de las autoridades. En lo que va corrido del año, tanto la política fiscal como la política monetaria se han vuelto fuertemente expansivas. La dirección del cambio es oportuna, aunque su extraordinaria intensidad puede dañar la credibilidad de nuestra conducción macroeconómica y crearnos complicaciones a futuro.

En el terreno fiscal, específicamente, el gobierno debe evitar seguir aumentando el ya muy abultado gasto público, que amplía la burocracia, favorece la ineficiencia y crea una dinámica política que resultará más tarde muy difícil de controlar.

En cambio, y en la línea de la propuesta efectuada por el candidato presidencial de la Alianza, Sebastián Piñera, hay amplio campo para, mediante medidas tributarias de alcance estrictamente temporal, librar batalla contra el desempleo. El conjunto de medidas propuestas significaría un costo fiscal de corto plazo equivalente a US$ 1.800 millones, dos tercios del cual sería transitorio y no afectaría el presupuesto estructural del Fisco. Su financiamiento puede ser abordado en el mercado de capitales local, sin consecuencias desestabilizadoras ni sobre los intereses ni sobre el dólar.

Nuestras empresas, en particular las pequeñas y medianas, sufren una pesada carga tributaria. No sólo las tasas de impuestos son elevadas, sino que su sistema de cobro es extraordinariamente exigente con el contribuyente, imponiéndole pagos provisionales en los impuestos a la renta, plazos brevísimos para enterar el IVA y elevadísimos intereses tras cualquier retraso. Dicho sistema se construyó en los años setenta cuando la situación fiscal era muy desmedrada y no existía un mercado de capitales local capaz de solventar sus necesidades de caja. Hoy carece de justificación.

En condiciones de restricción crediticia, los sistemas de pago de los impuestos a la renta y el IVA estrechan innecesariamente la liquidez de las empresas, particularmente las pymes. Ello redunda en menos inversión y empleo. La batería de modificaciones tributarias propuestas, que incluyen ampliación de plazos de pago y créditos tributarios a la inversión y el empleo, permitirían a las empresas medianas y pequeñas, que han de ser la primera línea de fuego en la guerra contra el desempleo, dar la lucha.

Posted by Picasa

viernes, 20 de marzo de 2009

Los problemas ambientales que realmente importan......


Los problemas ambientales que realmente importan
Gonzalo Blumel, Libertad y Desarrollo


Mucho se ha escrito sobre la renuncia del “gerente del aire” y las que se han suscitado posteriormente. Renuncias más, renuncias menos, lo único claro es que el aire de Santiago seguirá siendo irrespirable, y que probablemente no se solucionará este problema en el corto plazo.


Veamos cuáles son los problemas de fondo que nos aquejan. En primer lugar, el Gobierno debe entender que para mejorar la calidad del aire se debe tomar medidas que impliquen cambios en la conducta de la población, además de exigir tecnologías más limpias. Esto se puede lograr limitando el nivel de emisiones contaminantes en Santiago más la implementación de un sistema de permisos transables (bonos de descontaminación) entre las fuentes, fijas y móviles. Hay evidencia comparada a favor de esta alternativa, especialmente en California.


En segundo lugar, se deben alinear los incentivos de las personas e industria con las metas ambientales. Esto implica corregir algunas distorsiones tributarias que no reflejan el costo real de contaminar —impuesto específico a los combustibles y permisos de circulación—, lo que está definido como principio rector de nuestra ley ambiental.


¿Cuál es el camino que se ha tomado hasta el momento? La reciente actualización del plan de descontaminación se enfoca fundamentalmente en aumentar las exigencias tecnológicas al transporte y la industria, sin avanzar de forma sustancial en la senda señalada. Esto evidentemente aporta, pero no genera cambios relevantes en las conductas de largo plazo. ¿Existen hoy incentivos para no sacar el auto o apagar una caldera en un día de preemergencia?


Aumentar la restricción a los catalíticos en días de preemergencia o mejorar la capacidad predictiva de los modelos no solucionará el problema de fondo. En cambio, en la medida en que se limiten las emisiones y se traspasen adecuadamente los costos de contaminar a los emisores, sean éstos industria o población, podremos resolver de manera eficiente la grave situación que nos aqueja.


El plan estableció el 2011 como plazo para descontaminar la capital. Sin embargo, quedan menos de tres años y las concentraciones siguen siendo inaceptablemente altas.

Basta ya de estar preocupados de cargos y nombramientos, y pongamos la mirada en la gestión. La situación actual representa un alto costo social que terminan pagando, en mayor medida, los más pobres.

Posted by Picasa

jueves, 19 de marzo de 2009

Vidal : a zapadores.



Vidal: a zapadores
Por Gonzalo Rojas Sánchez.

Puede ser una de las tres frases más reiteradas por los uniformados en los últimos años: "A la Alianza no le interesan los temas de Defensa". La repiten los militares en activo (en sordina) y la utilizan quejumbrosamente los oficiales en retiro (sin restricciones, ni de tono ni de volumen). Con la notable excepción de un Jorge Ulloa -y, quizás, de algún otro político aliancista-, es efectivo que a los opositores los asuntos de cuarteles y de fierros, de estrategias y de ascensos, los han tenido bien sin cuidado. Claro, si se entra a buscar las causas, no faltará quien afirme que mejor no involucrarse con los militares, porque son tema del pasado. Eso ya quedó clarito con la reforma constitucional que afectó la inamovilidad de los comandantes en jefe (a propósito: ¿qué dicen los grupos Tantauco sobre Defensa?).

Por eso mismo, a la Alianza le ha importado mucho que Vidal salga del megáfono, pero le ha interesado muy poco que invada Defensa. El ministro, que antes fue cadete, ya pasó por las labores de infantería. Le gustaban las trincheras: él mismo lo declaró, orgulloso. El fragor del combate -balas van, balas vienen- lo estimulaba. Herido con frecuencia, recibió varias veces cuidados maternales de la Presidenta; recuperado, volvía a la primera fila. Y métale bala.

Pero ahora llega el momento de trabajar en una tarea especial: la de los zapadores. Ellos son los soldados encargados de trabajar en obras de excavación: le abren trincheras a la infantería. Perfecto para un Vidal que en el Gobierno o en la televisión, en la universidad o en su partido, siempre ha concebido la vida pública como una guerra de posiciones. Lo aprendió casi 40 años atrás, cuando militaba en los grupos de autodefensa del Partido Nacional.

Éste es un buen año para la zapa; en realidad, es el único, el último que le queda, o sea que tiene que ser un buen año para la zapa.

Primero, los nuevos comandantes en jefe. A mediados de junio, la Armada; en marzo, junto con el cambio de gobierno, el Ejército. Ambas tareas serán motivo de un acucioso estudio por parte de Vidal. Por cierto que ésa es su tarea, pero también es efectivo que ya se conocen sus criterios sobre el Estado: todo para la izquierda.

Después, el análisis de la estructura del mando. Mucho mejor, para hacer zapa, un modelo a la española, con comandancias más coordinadas (debilitadas) en un estado mayor conjunto que ramas institucionales fuertes y con personalidad propia.

A la pasada, una miradita a los planes de formación de las escuelas matrices y de las academias de guerra porque, ya se sabe, no hay "progre" que mire con simpatía eso de los grandes diseños estratégicos (militarismo, militarismo, claman), y todos prefieren fuerzas solidarias con sus pueblos (necesitamos el Ejército de los chilenos, anuncian).

Y, por cierto, los temas sensibles (o sea, las cuestiones que te dan el dos por ciento que necesitas para ganar la próxima elección): homosexuales en los regimientos, templos para el culto sin denominación, vida afectiva y sexual sin limitaciones para los uniformados. Ya pues, que los milicos son muy anticuados.

¿Y sobre las platas? No, ahí sí que no. El ministro bien sabe que hubo un tiempo en el que, durante nuestro servicio militar, lanzábamos piñas por granadas, y un soldado estaba encargado de los efectos especiales: ¡puuuuuum!, tenía que gritar. Es que no había un peso bajo Frei Montalva.

Desde la Concertación, a la que sí le han interesado los temas de Defensa, se han escrito miles de páginas sobre estas materias. Mientras juega con sus mil 700 soldaditos de plomo, Vidal podrá preguntarse cómo hacer más modernas a las Fuerzas Armadas de Chile. Sí, mo-de-r-nas: modificarlas, debilitando reservas nacionales.

Primero, los nuevos comandantes en jefe. A mediados de junio, la Armada; en marzo, junto con el cambio de gobierno, el Ejército. Serán motivo de acucioso estudio por Vidal.
Posted by Picasa

martes, 17 de marzo de 2009

Toha y Vocería: sin respeto por las instituciones.

Toha y Vocería : sin respeto por las instituciones.
Por Ernesto Silva



He de confesar que la salida de Vidal de la vocería de Gobierno constituye un claro acierto del Ejecutivo. Quizás por eso Carolina Tohá ha tenido una buena recepción y existen altas expectativas sobre su desempeño en el último año de la Presidenta Bachelet. Era una diputada seria, inteligente y con un buen perfil para el cargo de vocero.

Sin embargo, por muy saludable que sea la salida de Vidal de la vocería, la forma en que su sucesora ha sido designada por la Presidenta es una falta de respeto a la soberanía popular y, ciertamente, al funcionamiento normal de las instituciones.

Durante los últimos gobiernos de la Concertación, especialmente con Lagos, se hizo famosa la frase “dejemos que las instituciones funcionen”. Pues bien, parece que esa idea ha quedado guardada en un cajón y ha sido reemplazada por el concepto de “hagamos que las instituciones nos sirvan”.

Desde el momento en que la Presidenta manda a llamar al Congreso a un diputado elegido por votación popular para que sea su vocero, nos enfrentamos a un giro en el concepto de respeto hacia las instituciones.

Nuestro ordenamiento no contempla un mecanismo para la renuncia de los diputados ni para su posible salto hacia el Gobierno. El modo en que esto se ha hecho implica una forma de torcer los mecanismos institucionales y constituye un arreglo poco explicable.

Me parece que el Congreso queda dañado en este proceso, puesto que el Ejecutivo pasa a tener una especie de control y poder sobre él, aun mayor al que el ordenamiento constitucional consagra. De hecho, la nueva “doctrina” sobre el uso de los diputados como candidatos para cargos de Gobierno podría generar nuevos incentivos para diputados que sueñen ahora con desafíos en el Poder Ejecutivo.

Hace algún tiempo se debatió la poco feliz posibilidad de autorizar la compatibilidad entre los cargos de ministro y parlamentario. Afortunadamente esto no prosperó, amargando la ilusión de parlamentarios que deseaban reelegirse en sus cargos y aspiraban además a ser pilares del equipo ejecutivo de la siguiente administración. Dicha propuesta de modificación pretendía también adaptar las instituciones para la conveniencia personal, y surgía de un interés propio de sus promotores. Ya veremos si en el futuro, una vez que ya no estén en el Congreso, insisten en esta idea con convicción, o si dejan de promoverla porque ya no es útil ni conveniente.

Volviendo al caso de la vocería de Gobierno, si el análisis no se limita al nombramiento —y destitución— de Tohá, sino que se extiende a la llegada de Harboe al Congreso, se aprecia que La Moneda ha logrado hacer los enroques de piezas que considera necesarios para ubicar en cargos claves a personas como ellos, independientemente de lo que haya dicho la voluntad popular representada a través de los votos.

Harboe quiere ser diputado y hoy es útil para su partido que se incorpore al Congreso. Tohá no quiere seguir siendo diputada y planifica un cambio de giro, compatible hoy con las necesidades del Gobierno.

Pero: ¿quién debe decidir quién entra y sale del Congreso? Las instituciones dan una clara respuesta, pero la Presidenta ha optado por otro camino.

Dicho en simple, Tohá no debió ser nombrada ministra, sino que debió honrar la representación que asumió al ser elegida por votación popular en el distrito de Santiago.

Imagínese qué pasaría si después de un tiempo a la Presidenta o al ministro del Interior no les gusta el estilo de la vocera. ¿Se iniciará un nuevo enroque? Por ejemplo, ¿mandarán a llamar a Harboe como vocero esperando que el PPD vuelva a nombrar diputada a la ministra Tohá? En el nuevo esquema de palacio, esto sí sería posible. En la lógica del respeto de las instituciones, sería inaceptable.

Posted by Picasa

lunes, 16 de marzo de 2009

Falta el análisis ético de la crisis económica.


Falta el análisis ético de la crisis económica.
Karin Ebensperger.



El debate actual acerca de la economía de mercado debiera estar íntimamente ligado a una discusión ética. Porque el liberalismo económico está vinculado al uso de la libertad en sociedad. Se trata de un sistema que funciona sobre la base de acuerdos no coercitivos para beneficio mutuo, en la libertad para emprender respetando la igualdad ante la ley, y en la transparencia en la información. Todos, aspectos ignorados por los principales protagonistas de la actual debacle financiera.

El sistema de libre mercado ha permitido movilidad social y reducción de la pobreza en los países en que se ha aplicado. Pero la gran paradoja es que no goza de admiración ni legitimidad moral ante los ojos de la mayoría de las personas, incluso las que se han beneficiado de él. Es curioso, aunque las grandes migraciones de personas que buscan una mejor vida son siempre hacia los países que lo practican, lo cierto es que la percepción generalizada es que el libre mercado es sinónimo de egoísmo, consumismo y de una actitud cruel para optimizar ganancias.

La falta de cariño hacia el sistema se debe en parte a que los filósofos del libre mercado reconocieron abiertamente algo que cuesta aceptar: que la naturaleza humana tiende a perseguir sus propios intereses; que un sistema de libertades económicas permite que se satisfaga ese sinfín de motivaciones personales, con lo cual se beneficia a toda la sociedad. Los sistemas más estatistas, en cambio, tienden a planificar desde arriba lo que supuestamente conviene a las personas de abajo, con el pretexto de garantizar mayores grados de igualdad, cosa que nunca se ha logrado, pero agrada a los oídos.

El tema, en definitiva, es que la economía de mercado requiere de ciertos hábitos y conductas, como la honestidad, el ahorro, el esfuerzo personal y la postergación de gratificaciones, pero sobre todo responsabilidad. Manipular el mercado a través de la especulación desbarajusta todo el sistema, lo transforma en una fuente de abusos. Cuando la Reserva Federal con Alan Greenspan desorienta con tasas irreales, cuando gobiernos no ejercen bien su deber de aplicar el sentido de las leyes y se desata la especulación, se altera el mercado, que no es otra cosa que el libre intercambio de ideas, bienes y servicios.

El mercado es transmisor de una enorme cantidad de informaciones dispersas que sirven para la toma de decisiones que afectan la vida de las personas. Por eso, alterarlo no es sólo antieconómico, es poco ético.

Urge que las autoridades de los países más influyentes, en sus reuniones sobre cómo reactivar la economía, tomen en cuenta el sustrato de valores que requiere el liberalismo económico. Que se exija a bancos e instituciones financieras el debido respeto a las personas y a las confianzas en juego.

Posted by Picasa

miércoles, 11 de marzo de 2009

Chile-Bolivia : Más "verdades verdaderas".


Chile-Bolivia: Más «verdades verdaderas»
Gonzalo Vial


La semana pasada, comenté la acusación contra Chile formulada por Fidel Castro (y que corearon aquí algunos de sus admiradores), según la cual habríamos sido los chilenos —o nuestros «oligarcas»— los responsables e iniciadores de la guerra con Bolivia, el año 1879. Hice ver que fue Bolivia la culpable de esa guerra, y que Chile no la deseaba, ni lo preveía, y que por ello no estaba preparado para ella. Y que hicimos lo posible y lo imposible para que no ocurriera, y después para buscarle una salida honorable, la cual no prosperó por el empecinamiento boliviano. Advertí también que —desde entonces y hasta hoy— la política chilena respecto de Bolivia, y a su mar y territorio perdidos como consecuencia de la guerra que provocó, ha sido de nuestro país como tal, y no de su «oligarquía», ya que ésta hace setenta años que no nos gobierna.

Ahora quiero abordar la noción de que Chile (olvidándonos de los «oligarcas») le quitó a Bolivia —utilizando la fuerza de su victoria— el terreno y litoral cedidos por la paz de 1904, después de poseerlos veinte años conforme a la “tregua indefinida” de 1884. Esta tregua exigía un aviso de un año para que cualquiera de los dos países reiniciara la guerra. Y mientras no sucediera así, la parte de Bolivia que ocupábamos estaría sujeta “al régimen político y administrativo que establece la ley chilena”. Una virtual soberanía.

Caben sobre esto tres preguntas claves, cuyas respuestas, en conjunto, iluminan la «verdadera verdad» del mar que reivindica Bolivia. Aspiración digna y legítima (creo) del país del altiplano. Y que, siempre en mi criterio, resuelta positivamente beneficiaría no sólo a Bolivia, sino también a Chile. Pero no un DERECHO que tengan los vecinos.

Las preguntas referidas son: 1. ¿Por qué hubo veinte años de «tregua» hasta la paz de 1904? 2. Esta paz, ¿fue impuesta a Bolivia usando Chile la fuerza? 3. ¿Ha negado Chile a Bolivia, siempre, una razonable salida al mar?

Respuestas:
1. La larga tregua se debió a que tanto Chile como Bolivia planeaban que la segunda recibiese del primero, en compensación por el territorio ocupado —el cual así devendría definitivamente chileno—, las provincias peruanas de Tacna y Arica. Estábamos seguros de que en definitiva serían nuestras, por el plebiscito convenido al respecto con Perú, y cuya fecha máxima de celebración era 1893.
Llegó y pasó esa fecha sin plebiscito, pero Bolivia y Chile persistían en el propósito que expliqué, y lo solemnizaron con el Tratado de 18 de mayo de 1895, que veremos de inmediato.
¿Hicimos fuerza en la paz con Bolivia?

2. En 1904, la «fuerza» militar de Chile sobre Bolivia era teórica, ilusoria. ¿Ibamos a reanudar la guerra con un aviso previo de un año, para luego subir al altiplano buscando una victoria que impusiera la entrega jurídica de territorios que ya legítimamente administrábamos y gobernábamos como nuestros? La idea de que los soldados bolivianos, defendiendo su patria, fuesen fácilmente derrotables, era falsa, como lo comprobarían algunos años después los paraguayos en la Guerra del Chaco.

La auténtica «fuerza» de Chile la daba la posesión por veinte años de un territorio cuyas industrias y población ERAN ABRUMADORAMENTE CHILENAS, Y DESDE ANTES DE 1879.

Ya entonces, una vez ocupados esos territorios, Chile no podía devolverlos sin entregarlos, con su población, a la posible revancha y venganza bolivianas. No había gobernante nuestro que pudiese siquiera sugerirlo sin ser aplastado por la opinión pública.
Esta composición de lugar de 1879 era, por supuesto, la misma y centuplicada en 1904.

Fue Bolivia la que gestionó secretamente una paz sin mar, a partir de 1902. Se llegó (1903/904), siempre de modo reservado, a un texto de acuerdo prácticamente completo, que aprobaron el canciller (Claudio Pinilla) y el Presidente (José Manuel Pando) de Bolivia. Pero luego cambió el gobierno de nuestro vecino, y el NUEVO Mandatario (Ismael Montes) y el NUEVO canciller (Eliodoro Villazón) igualmente expresaron su conformidad, coronada por la ratificación parlamentaria.

Este es el origen del Tratado de 1904. Largas tratativas con dos gobiernos sucesivos de Bolivia y sus respectivos presidentes. Aprobación del Congreso altiplanense. ¿Presión, fuerza chilena?

¿Por qué renunció Bolivia al mar? Persiguiendo:
A) Compensaciones materiales de todo orden que Chile asumió, y que según un entendido sumaron siete millones de libras oro. B) Abrirse a concretas inversiones extranjeras, ya habladas, que ponían como requisito un país en paz, no en el limbo de una guerra «suspendida». C) Eliminar la cláusula de la «tregua indefinida», que daba a los productos chilenos libre entrada a Bolivia, SIN CANCELAR NINGUN IMPUESTO, NI AUN LOS MUNICIPALES. Como la industria del propio altiplano pagaba éstos, la competencia chilena le era ruinosa.
¿Se equivocaron los bolivianos cuando libremente prefirieron estas ventajas a conservar su antiguo litoral? Lo saben ellos mejor que nosotros. Pero «fuerza» chilena no hubo, sino iniciativa de la otra parte, que alcanzó éxito en los términos que ésta planteaba.
No sobra añadir que la paz de 1904 tuvo un fuerte lobby contrario EN CHILE: los «oligarcas» nacionales que exportaban a Bolivia, y que con la paz perderían (y perdieron) los sobredichos beneficios tributarios.
Oportunidades perdidas... ¿por culpa de quién?

3. Dos veces ambos países convinieron un acceso marítimo para Bolivia, y las dos veces no prosperó al no conformarse el vecino con lo firmado, pidiendo NUEVOS beneficios que no lograron nuestra conformidad.

A) En el ya mencionado pacto de 1895, Chile prometió ceder Tacna y Arica a Bolivia si las recibía del Perú. Y de no recibirlas, prometió cederle la caleta de Vitor u otra análoga. De todos modos, Bolivia salía al mar.

Mas, para que su Congreso ratificase el tratado, fue planteando una serie de exigencias adicionales, aceptadas parcialmente por Chile, y cuya solución «definitiva» se plasmó mediante TRES sucesivos protocolos aclaratorios. Ellos y el tratado deberían ratificarse conjuntamente en ambos congresos. Chile lo hizo y promulgó y publicó los documentos. El Parlamento boliviano también ratificó... mas agregando una NUEVA exigencia, que naturalmente no habíamos conocido ni menos aprobado. La ratificación común quedaba incompleta, y en consecuencia inválida (1896).

¿Por qué Bolivia tiraba tanto de la cuerda, y nosotros contemporizábamos? Por el mismo motivo: el conflicto chileno/argentino alrededor de la Puna de Atacama, que podía desembocar en guerra. Ante esa eventualidad la diplomacia argentina cortejaba el apoyo de Bolivia, dándole el arma para presionarnos.

Pero en 1898 el incordio de la Puna se solucionó pacíficamente, perdimos interés en el trajinado pacto de 1895 —nunca se ratificaría debidamente— y Bolivia perdió el puerto que tuviera en la mano. Se había pasado de lista.

B) El año 1975, el Presidente Pinochet convino en principio con su colega Hugo Banzer, de Bolivia, trocarle un corredor de 3.000 kilómetros cuadrados chilenos, hasta el Pacífico, por una similar superficie boliviana, limítrofe.

Se reanudaron las relaciones diplomáticas y el acuerdo fue simbolizado en «el abrazo de Charaña» (poblado boliviano del límite) Banzer/Pinochet (ver fotografía). Bolivia salía al mar.

Pero inmediatamente hará lo mismo que el año 1895: nuevas exigencias, dilatar la concreción de lo preconvenido, etc. En septiembre de 1977, los dos países convienen retomar las conversaciones designando representantes al efecto. Chile nombra los suyos; Bolivia, no. Pinochet escribe a Banzer dos cartas conciliatorias. No hay respuesta. Marzo de 1978: Bolivia rompe relaciones diplomáticas con Chile, sin expresar causa... a la verdad, sin ninguna causa.

¿Qué había sucedido? También lo de 1895: Argentina, al filo de la guerra con Chile por las islas del Beagle, cortejaba el apoyo de Bolivia. Esta (parece) apostó a esa guerra para mejorar la oferta de Charaña... y nuevamente perdió. Hoy es su bandera lo que entonces admitió y luego no quiso tomar.

Estas conductas han sido propias y soberanas suyas. Pero que no se diga que nunca le hemos hecho ofertas serias —tan serias, que de partida las aceptó— para volver al mar.

Posted by Picasa

Acount