sábado, 19 de julio de 2008

Crisis, ¿qué crisis?


Crisis, ¿qué crisis?
Juan Andrés Fontaine

Nos hablan que vivimos un año complicado, una coyuntura compleja. Que el clima mundial se ha vuelto adverso. Que afuera hay crisis y acá no tardaremos en sentir los efectos. No es extraño entonces que las expectativas se desplomen. Pero, ¿qué hay de cierto en todo ello?

El crecimiento económico mundial se espera se sitúe en torno al 4% este año y algo menos en el próximo. Chile marcharía a una velocidad similar. El ritmo es algo más moderado que el registrado en la extraordinaria bonanza vivida desde el 2004, pero está lejos de sugerir una crisis. Mientras tanto, las economías emergentes —el grupo de referencia lógico para Chile— avanzan a un rápido 6%. En América Latina, el crecimiento de Brasil, Colombia y Perú nos saca inusitada ventaja. No es fácil justificar nuestra parsimonia en los desperfectos del empedrado.

Es cierto que el clima mundial se ha tornado muy incierto. El incendio financiero desatado por el colapso inmobiliario en EE.UU. y algunos países europeos sigue ardiendo. Ahora hay fundadas sospechas que Fannie Mae y Freddie Mac, los colosos del financiamiento hipotecario estadounidense, estarían técnicamente en bancarrota. Estas entidades, aunque tienen accionistas privados, cuentan con una rara garantía tácita del Estado para sus obligaciones. Nadie en su sano juicio piensa que vayan a quebrar y lo que está en juego es el costo fiscal del rescate. La deuda abarca nada menos que 40% del PIB estadounidense, aunque por cierto, la pérdida patrimonial involucrada sería sólo una fracción de ella.

El daño patrimonial ocasionado por los trastornos financieros podría dar lugar a una contracción del consumo y la inversión. La buena noticia es que hasta ahora, tras año y medio de sobresaltos, ello no ha ocurrido. La resuelta y masiva acción de los bancos centrales ha contenido el incendio y esquivado la recesión. La gran lección de la Gran Depresión de los años treinta ha sido aprendida: aunque los incendios financieros son siempre muy dañinos, su impacto sobre la actividad productiva y el empleo puede ser aminorado con buenos bomberos en los bancos centrales.

El peligro ahora parece ser el retorno de una Gran Inflación, estilo años setenta. Cuatro años de frenético crecimiento global y acuciantes restricciones de capacidad productiva han disparado a la estratósfera los precios de alimentos, combustibles y materias primas. Aunque suele culparse de ello a la especulación financiera, ésta no es sino un reflejo de la escasez física de los productos. Inicialmente, los bancos centrales reaccionaron con asombrosa pasividad ante el evidente riesgo inflacionario, particularmente en el mundo emergente. En Estados Unidos y Europa la cautela es comprensible por la fragilidad financiera ya comentada. Ahora que la inflación está en alza a lo ancho y largo del mundo, uno tras otro los bancos centrales van viéndose obligados a pisar el freno. Ello augura una moderada desaceleración del crecimiento económico mundial, pero una recesión es todavía perfectamente evitable.

A la fecha, el cuadro internacional sigue siendo extraordinariamente favorable para Chile. Los precios del cobre y otras exportaciones están por las nubes. Los costos del petróleo también, pero Chile gana más por el alza del cobre de lo que pierde por el encarecimiento del crudo. El impacto de la bonanza es asimétrico: mientras el alza de los combustibles golpea directamente sobre el bolsillo de cada uno de nosotros, el auge del metal rojo enriquece principalmente al Estado y sólo muy indirectamente al ciudadano de a pie. Quizá a ello se deba que las encuestas revelen un creciente descontento con la situación económica. Pero, hasta ahora el consumidor parece dedicado a curar su malestar en los malls.

La conjunción de fuertes presiones de costos de origen externo y una demanda interna muy vigorosa han provocado también en Chile la súbita vuelta en escena de la inflación. Provenga de donde provenga, el tratamiento contra ese pernicioso mal exige enfriar la demanda y la actividad económica. El principal responsable de adoptar las medidas necesarias es el Banco Central. Sus últimas acciones y declaraciones revelan que tiene la capacidad y la voluntad de derrotar la inflación. Enhorabuena.

Es explicable que el tratamiento antiinflacionario despierte temores. Para evitar un costo excesivo en términos de dinamismo productivo y desempleo, es crucial disciplinar las desorbitas expectativas inflacionarias y ello requiere que las políticas salarial y fiscal transmitan realismo y austeridad.

Por ahora, las señales son ambiguas. En lo salarial, el reajuste de 10,4% en el ingreso mínimo contraviene la buena práctica de reajustar según inflación futura en lugar de IPC pasado. La próxima instancia es el reajuste para la administración pública. En temporada electoral hay malos precedentes de propuestas demagógicas de legislación laboral y de conflictos azuzados desde arriba. En medio del combate contra la inflación puede ser muy perjudicial para el empleo.

En materia fiscal, es alentador que el ministro de Hacienda haya reiterado su compromiso con la regla fiscal y anunciado que el Presupuesto del próximo año ayudaría contra la inflación. Pero, es perturbador que, a reglón seguido, indique que así ha estado haciéndose. Bajo el presente gobierno, el crecimiento del gasto público ha superado con creces el aumento de la capacidad productiva nacional. Ello ha sido posible por el incremento de los llamados ingresos estructurales del cobre y, en este año, por la rebaja del superávit estructural. Aunque los desembolsos fiscales estén así financiados, son potencialmente inflacionarios. Durante los primeros cinco meses del año —de acuerdo a la información oficial verificable en www.dipres.cl— el gasto presupuestario se ha incrementado en 13,9% real respecto de igual período del año anterior. El ministro ha explicado que la velocidad de la ejecución presupuestaria está siendo este año mucho más rápida que la del año pasado y que hecha esa corrección, el aumento del gasto sería de sólo 5,5%. Pero, lo que está en discusión es precisamente lo inoportuna de esa aceleración en el ritmo de gastos —en tiempos de inflación— y lo arduo que le resultará administrar el consiguiente frenazo durante el segundo semestre. Tampoco es tranquilizador que el gobierno cuente con el mayor IPC para restringir el valor del real gasto, porque ello suele repercutir inconvenientemente sobre el Presupuesto del año venidero. Por último, la insistencia oficial en desconocer el impacto presupuestario real de los subsidios al Transantiago y a los combustibles producidos por Enap —que abarcan una suma aproximada a la totalidad del superávit estructural— arroja una inmerecida sombra de duda sobre la fidelidad de las cuentas fiscales. Es imperioso que en la confección del Presupuesto fiscal 2009 el gobierno contemple un giro restrictivo genuino y convincente.

viernes, 18 de julio de 2008

Gonzalo Rojas y Sergio Melnick, dos comentarios excelentes

Pobres Nicolás y Alexandra.
Gonzalo Rojas Sánchez

Nicolás II no fue un modelo de gobernante, pero al menos amó con serena pasión a su patria. Quizás por eso encabeza la votación de sus compatriotas para escoger al ruso más notable del siglo XX. En realidad, tampoco se merece esa distinción, pero con tal de que le gane a Stalin quien además no era ruso.

Fue el 17 de julio de 1918, justo 90 años atrás, cuando la Cheka de Ekaterinenburg, a cargo de Yakov Yurovsky, asesinó a toda la familia real y a varios de sus asistentes, retenidos por meses en la casa Ipatev, en condiciones dignas pero finalmente conducentes a su muerte.

Dominique Lieven asegura que la orden vino de Moscú; Edvard Radzinsky es menos tajante, pero deja también en claro que Lenin sabía perfectamente bien lo que se iba a hacer y consintió, aunque prefirió no dejar su huella telegráfica. Lógico, era Lenin, no Stalin, quien nunca vaciló en poner su mosca para autorizar miles de sentencias de muerte en los años siguientes.

Pero el crimen bolchevique, el asesinato de la familia real, no puede opacar los errores que tanto Nicolás como Alexandra cometieron en la conducción de su grey, equivocaciones que servirán de ejemplo, hoy y siempre.

En primer lugar, la apatía de Nicolás. Hombre querendón de los suyos, aunque hizo algunos esfuerzos para asumir con dignidad una tarea gubernamental que le llegó anticipadamente y para la que no tenía mayores condiciones, nunca logró transmitir un auténtico afán de sobreponerse a sus limitaciones. Fue habitualmente a la rastra, desganado, como anticipando su fatal destino. Eso lo notan los enemigos; y se preparan.

En segundo lugar, la obsesión de Alexandra. Un hijo enfermo, gravemente enfermo, debe ocupar legítimamente la atención prioritaria de una madre, pero en su caso, la dedicación devino en obsesión, en auténtica manía: la capturó y le destrozó sus mejores capacidades de consejo y de estímulo político.

A continuación, la búsqueda femenina de la esoteria. Rasputín pudo haber pasado de largo en la vida de la zarina, pero su magnetismo fue reemplazando con supercherías la fe cristiana de Alexandra, como hoy también logran hacerse con el dinero y las voluntades de tantas mujeres adultas, los gurús que en nuestros días ofrecen sus servicios, ciertamente más caros que los de Rasputín, aunque igualmente inútiles y a veces incluso más perversos.

Finalmente, la incapacidad de Nicolás para prever la gravedad de la crisis en la que se metía: irse al frente de batalla a comandar las tropas, abandonar su posición protocolar y de mando político, dejar a su familia expuesta a la captura, abdicar en cuanto sintió la presión de sus propios partidarios y, finalmente, resignarse a una prisión cuyo destino final parece no haber previsto, son todos gestos que muestran un carácter imprevisor, algo banal, gradualmente debilitado, derrotado.

Difícil encontrar ahí a un santo.

La odiosidad se expande al galope
Sergio Melnick

Pocas cosas hay más cáusticas para una sociedad que la odiosidad entre sus miembros: siempre termina en conflictos mayores. Por ello he sostenido y mantengo que la emergente odiosidad que se aprecia en Chile hay que pararla ya. Son los líderes quienes deben marcar la pauta. La democracia exige aceptar el principio de que los otros pueden estar en lo correcto y no uno. Por ello se hace el debate, y éste lo sanciona la mayoría. El clásico avanzar sin transar de la izquierda es exactamente la antítesis. También, la descalificación del oponente es la renuncia al debate y el establecer el conflicto como principio; las generalizaciones son siempre odiosas, y otra forma de descalificación. Por ello, el reiterado discurso antiempresarial del líder del partido de la Presidenta, calificándonos de “chupasangres”, es efectivamente una muy mala señal. Lo mismo cuando se nos acusa de ser ladrones de cuello y corbata. Cuando dirigentes de izquierda, como Martínez, Cuevas o Navarro, señalan que no respetan las leyes si éstas no les acomodan, el pronóstico no es bueno. Cuando el “vocero” del gobierno usa su tribuna para descalificar continua y sarcásticamente a su oposición política, está engendrando un clima que anuncia tempestades. Afortunadamente lo han amordazado un poco, por ahora, y como el rey de España, lo han acallado desde el propio gobierno. Una señal positiva de la Presidenta.

Cuando una estudiante ataca cobardemente a la ministra de Educación, el pronóstico no puede ser muy bueno. Peor aun si la estudiante señala no tener arrepentimiento alguno. Más se empeora la cosa cuando la madre no sólo no le llama la atención, sino que la justifica. Y para rematar, algunos maestros dicen que “entienden la situación”. Hace sólo dos años escuchamos a la Presidenta decir que la derecha temblaba cuando la izquierda salía a la calle. Como dicen los huasos, las cabras siempre tiran pa’l monte.

Cuando los profesores dejan de ir a clases y se coluden con sus propios estudiantes para salir a las calles, donde inexorablemente terminan en violentos incidentes de encapuchados y destrucción del patrimonio público, las cosas no van bien. O cuando éstos van al Congreso y no dejan hablar a los diputados, o les tiran monedas. ¿Cómo los van a respetar sus alumnos después?

En ese marco, la reciente encuesta del CEP tiene dos nuevas vetas muy interesantes. Primero, muestra que la calificación negativa de los líderes ha aumentado. Segundo, que quienes se declaran a sí mismos como de izquierda son notoriamente menos tolerantes y tienden a tener opiniones mucho más negativas de sus adversarios, que los de derecha, centro o independientes. No han logrado entender que es legítimo discrepar en las ideas, y respetarse completamente en lo personal. Incluso se puede ser amigos.

En mi caso, debido a mi trabajo, he llegado a desarrollar grandes relaciones con personas de la Concertación y del gobierno, de casi todos los sectores políticos. Seguimos pensando diferente, pero nos escuchamos, nos respetamos, al tiempo nos apreciamos y, lo más importante, colaboramos y nos tenemos confianza. A la larga vamos encontrando muchísimos puntos de unión. Siempre es más lo que nos une que lo que nos divide. Mi experiencia indica, primero, que se puede, y segundo, que, en ese camino, aparecen personas y experiencias notables: se abren horizontes. En el tiempo, además, producto de la confianza y el cariño, casi mágicamente las ideas cruzadas empiezan a penetrar en ambos lados.

Amigos, la economía seguirá empeorando y eso agravará las pasiones. Es inevitable. Al margen del impacto internacional, el manejo de nuestra economía no ha sido el más adecuado. Curiosamente, lo señalan moros y cristianos. El Senado en pleno, inéditamente y sin excepción, comparte esa percepción. Sectores importantes del gobierno también, menos el ministro de Hacienda, para el cual todo va bien y las críticas son puras “peroratas”. La Presidenta comete otro error.

El ambiente público se agravará, simplemente porque una enorme cantidad de personas lo va a empezar a pasar muy mal, y tenemos que ayudarlas. Pero si no paramos la odiosidad a tiempo, vamos a perder todo lo ganado por la transición, que no ha sido fácil ni simple.

El llamado es a los líderes, partiendo por la Presidenta, pero también a cada uno de nosotros. La crisis de la Unidad Popular literalmente no dejó a nadie de los que estuvimos ahí indiferentes: el país forzosamente se dividió en dos. Es la lógica de la revolución. No traspasemos esa odiosidad a quienes no participaron, porque el ser humano vuelve a cometer los mismos errores una y otra vez.


jueves, 17 de julio de 2008

Hermógenes Pérez de Arce y Gonzalo Vial, dos importantes comentarios.

Un poco de historia
Hermógenes Pérez de Arce

Hace casi 50 años, la derecha enfrentaba circunstancias parecidas a las actuales. El partido que mejor la representaba era el Conservador. Lo presidía el senador Juan Antonio Coloma, que deseaba llevar un candidato de derecha en las elecciones presidenciales de 1958, pero sus aliados liberales, de centroderecha, se inclinaban por apoyar al DC Frei Montalva. Y éste se negaba a pedir el apoyo de los conservadores, por razones de imagen. Su máxima concesión fue solicitarlo a los liberales, dando por sentado que los primeros, entonces, no tendrían más remedio que votar por él. Pero Juan Antonio Coloma no se amilanó. Proclamó su propia candidatura presidencial, sólo para mantener unido a su partido, mientras convencía al mejor posible candidato de derecha, Jorge Alessandri, de postular. Éste había obtenido una alta votación para senador por Santiago, en 1957. Gozaba de fama de austero y buen administrador. Había sido el único ministro de Hacienda en décadas que había equilibrado el presupuesto y contenido la inflación. Pero Alessandri era reticente y no tenía ambiciones políticas.

Cuando el Partido Liberal ya iba a proclamar a Frei, su senador Raúl Marín Balmaceda, partidario, al igual que Coloma, de Alessandri, quemó sus últimos cartuchos en el consejo general liberal, y lo hizo con tal énfasis, que murió de un infarto, interrumpiendo el acto. Ello impidió la inminente proclamación de Frei. El resto es historia: Coloma depuso su propia candidatura, los conservadores proclamaron a Alessandri, convenciendo a los liberales de hacer lo mismo, y ganaron la presidencia en 1958. Coloma tuvo razón.

Hoy las circunstancias han querido que al frente del partido más parecido al Conservador de entonces, la UDI, esté otro senador Juan Antonio Coloma, nieto del anterior. La una y el otro se encuentran en una disyuntiva similar a la de sus ancestros. Se hallan ante un candidato, Sebastián Piñera, que niega ser de derecha, que no pierde ocasión de decir y hacer cosas en desmedro de la UDI, tal como Frei Montalva las decía y hacía respecto de la derecha, y que, en fin, al igual que éste, confía en que la UDI no tendrá más remedio que apoyarlo, pues, tal como Frei Montalva hace 50 años, va adelante en las encuestas. Y si Frei Montalva era DC, Piñera es lo más parecido a un DC que hay fuera de ese partido.

Pero también se da el caso de que está en el escenario un ex ministro de Hacienda exitoso y unánimemente considerado como un estadista serio, tal como Jorge Alessandri en 1957, y tan renuente como él a ser candidato presidencial. Es Hernán Büchi.

En una comida de profesionales de la UDI, el año pasado, el orador principal fue Hernán Büchi. Su discurso tuvo proyecciones más que ocasionales. Después me encontré con él en un almuerzo de leales, y le pregunté derechamente si no aceptaría ser candidato presidencial. Su respuesta fue reticente.

Bueno, yo pienso que las cosas no suceden por casualidad, y que si hoy preside al único partido verdadero de derecha otro senador Juan Antonio Coloma, se podría abrir la posibilidad de que el nieto tuviera la misma energía que el abuelo para levantar una opción propia, con menor riesgo que aquél, incluso, pues ahora hay segunda vuelta, la que no existía en 1958.

Reproduzco al efecto, entonces, lo que escribí el 24.10.07: "¡Que no nos vengan con que (ese candidato) no figura en las encuestas!... El mejor candidato hace cambiar las encuestas. Lo hizo Jorge Alessandri el año 58". Y ahora añado: lo podemos volver a hacer.

Lola
Gonzalo Vial

El obispo auxiliar de Santiago ha censurado fuertemente el aviso de publicidad de Canal 13 para su teleserie Lola, que muestra a un hombre embarazado...gigantescamente embarazado, para ser exactos.

El obispo de Valparaíso adhiere a esta crítica, así como el presidente de la Conferencia Episcopal. La comparten también autoridades y académicos de la Universidad Católica (“El Mercurio”, 12 de julio).

Estoy plenamente de acuerdo con estos reproches, pero hago ver que, si los leyera un marciano recién desembarcado en el planeta Tierra, sin conocer por tanto más antecedentes, llegaría sin duda a las conclusiones que siguen:

1. Que la teleserie Lola está por estrenarse... es un producto aún desconocido.

2. Que la Conferencia Episcopal, el Arzobispado de Santiago y la Universidad Católica, carecen de relación con el Canal 13.

La realidad es muy distinta:

1. Lola se trasmite desde septiembre de 2007. Su extraordinario éxito le ha permitido, en este lapso, liquidar a la teleserie rival del Canal 7, Amor por Accidente; compensar el fracaso de otro producto del mismo 13, Don Amor; y conservar el aliento para batirse, todavía hoy, con una SEGUNDA teleserie del Siete, La viuda alegre.

Lola, pues, ha sido un impacto, un exitazo. De allí que el canal la haya extendido meses más allá de su plazo original.

Ahora bien, esta teleserie ha tenido siempre un único tema: un hombre que, por un hechizo, adquiere cuerpo de mujer; y como mujer/hombre, tiene una relación sexual, queda embarazada/o, y debe soportarlo... pero ya concluido el hechizo y en su cuerpo masculino.

Es decir, todo aquello que con justo motivo el obispo auxiliar de Santiago reprocha al aviso de publicidad incriminado está presente desde el principio en Lola: es su argumento central.

Tampoco Lola ha sido desarrollada ni publicitada con discreción ni buen gusto (suponiendo que hubiera sido posible una hazaña así), sino con trazos gruesos y de una vulgaridad como para llorar a gritos. El episodio de debut «arrasó» —dijo “El Mercurio”, el 28 de septiembre de 2007— gracias a concluir “con Lola gritando por su masculinidad perdida”: “¡Se me cayó el pico!”. En el original argentino, adaptado por el Trece (seguía la crónica de “El Mercurio”), Lola lamentaba la pérdida de su «pito». Cambiar el vocablo se «evaluó» por el canal chileno, y finalmente “las autoridades prefirieron la «naturalidad»...”. El jefe de guionistas (de la teleserie) explicó: “La historia (de Lola) presenta personajes ordinarios en situaciones extraordinarias...Y como todo personaje ordinario, tiene que hablar de acuerdo con la realidad”. “Ayer —concluía el periódico— Lola volvió a usar expresiones cotidianas: «¿Qué me hizo esa conch...?» dijo, cuando se dio cuenta de que era víctima de un hechizo”.

Así empezó Lola, y lo mismo ha sido durante diez meses: el aviso incriminado no es sustancialmente distinto de lo visto en la pantalla. Bien está que se critique ahora, pero.. .¿ y antes?

2. Como se ha hecho ver aquí tantas veces, el Canal 13 es 100% propiedad de la Universidad Católica, y ésta canónicamente es un órgano de la Iglesia y del Arzobispado de Santiago, y de nadie más. El arzobispo es la máxima autoridad del plantel, como Gran Canciller, y lo sigue en jerarquía el Vice Gran Canciller, otro obispo. Pero un profesor y ex decano de la universidad dice (“El Mercurio”,12 de julio):

“La gente cree que el Canal 13 es un órgano de la Iglesia Católica. La verdad es que no lo es y no representa a la Iglesia Católica, aunque directamente es propiedad de la Iglesia” (“El Mercurio”, 12 de julio).

Esto resulta muy difícil de entender, ya que no es como dice el académico, sino justamente lo contrario. ¿Por qué el canal no representa a la Iglesia, si lo opera un ente íntegra y exclusivamente suyo, la Universidad Católica? ¿Quién, razonablemente —sin partir pelos canónicos en cuatro—, podría entenderlo de otra manera?

Una vez más se plantea —considerando el justo reproche del obispo auxiliar— el problema de fondo del Canal 13, que hemos repetido tanto:

a) No tiene sentido ninguna actividad educadora (Universidad Católica) ni comunicacional (Canal 13) de la Iglesia, que no difunda y, peor todavía, que contradiga el mensaje de ésta, que para los fieles es el de Cristo.

b) Es imposible, por razones de financiamiento, que la Iglesia tenga un canal comercial y abierto que cumpla la finalidad indicada, salvo que lo haga a pérdida, y por consiguiente lo subsidie de modo cuantioso.



Por eso, en las grandes batallas de doctrina que ha librado la Iglesia los últimos años —el divorcio, la píldora del día después, ayer, hoy su libertad para educar—, el Canal 13 no ha jugado el más mínimo papel. No era «rentable» (ni como espectáculo de TV, ni en avisaje) que lo hiciera. ¡Ni siquiera tiene un programa de alto nivel en que se enfrenten especialistas de distintas ideas, abordando estos temas de importancia capital, u otros parecidos!

La universidad, como tal, tampoco influye para nada en el Trece. Aplaudí en su momento el anuncio de una serie «bicentenaria» sobre los grandes personajes de nuestro pasado. Llegaron los episodios y —cualquiera haya sido su valor artístico—, históricamente eran nulos. Pues bien, la Universidad Católica cuenta con un muy prestigiado Instituto de Historia. ¿Qué papel jugó en la serie de los personajes? Ninguno.

Como canal comercial puro y simple, el Trece no es de peor ética que los otros; posiblemente, aún, sea algo más correcto. Como canal católico, no es nada. Sus «Lolas», sin embargo —que quizás pasarían desapercibidas en aquellos otros—, en una institución ciento por ciento de la Iglesia son motivo de escándalo y desprestigio que urge remediar. No es cosa de cambiar a Fulano por Zutano, ni de disminuir en los avisos el volumen del vientre del hombre/mujer embarazado. Tampoco, desgraciadamente, es razonable pedirle al Trece la cuadratura del círculo: que concuerde TODA su emisión, TODOS sus programas, con la doctrina y mensaje de vida de la Iglesia —estricto deber de un medio comunicacional que pertenece a ésta íntegramente—... pero autofinanciándose, en lucha frontal y darwiniana por el avisaje con los otros canales, que no tienen esa exigencia, ni (aparentemente) ninguna.

Las alternativas parecen seguir siendo las mismas de siempre: o los católicos, de alguna manera, subsidian a «su» canal para que también lo sea; o se cierra; o se vende.

miércoles, 16 de julio de 2008

Tres comentarios imperdibles

Margarita María Errázuriz
El poder de un cambio

La noticia de la liberación de Ingrid Betancourt fue conmovedora. Pero este episodio nos puede proyectar más allá de la emoción que nos provoca ver en libertad a esa mujer, que recordamos con la cabeza inclinada y con un gesto de total entrega.

Nos da la oportunidad de reflexionar sobre temas que nos atañen. Por mi parte, veo claramente que la situación permite observar la vigencia de una vieja polémica en el mundo de las ciencias sociales que a mí siempre me ha interesado. Ese debate se centra en qué es lo primero que debemos cambiar: las estructuras sociales o las personas.

Recuerdo esta vieja polémica porque me ha llamado la atención que lo primero que hacen muchas personas es sacar cuentas políticas frente a este episodio. En nuestro país, la sospecha ronda en los comentarios: que esto no debe haber sido así… qué es lo que se nos oculta… cuántos habrán muerto que no sabemos… Frente a esas dudas, yo también sospecho. No puedo dejar de preguntarme por qué se dicen estas cosas o cualquier otra de este tipo, en lugar de celebrar a la mujer que simboliza el valor y un nuevo tipo de liderazgo: directo, sin aspavientos, liviano, sereno, manso y fuerte, aunque este conjunto nos parezca contradictorio.

Leyendo algunos blogs de artículos colombianos, salta a la vista que la ideología está presente en sus comentarios: que Ingrid decida con quién está… que no hable de Chávez… que se calle su mamá… que Uribe no se vanaglorie… que es un democradura. No conocía la palabra, pero imagino su significado. O sea, la reacción ante un acto heroico y sorprendente es preguntarse a qué estructuras o sistemas beneficia y evitar que la leña se vaya a otra hoguera.

Ninguna de esas personas se detiene ante el hecho humano. Para mí, el principal mensaje de este acontecimiento es poner de relieve el carácter humano. La gran inspiración que aporta esta mujer después de seis años de cautiverio es su valor moral, sus recursos espirituales. Su capacidad para sobrevivir y llegar a lo más profundo de su mundo interno me da fuerza en lo personal, y recupero una mirada de la naturaleza humana que me hace bien y que muchas veces pierdo. Ese amor sin límites por su mamá y sus hijos; la solidaridad con sus compañeros; esa entereza, humildad y prudencia, todo a la vez, son ejemplares; cómo la alimentó esa fe profunda y a flor de piel, me parece algo difícil de imaginar o de alcanzar.

Ese cambio radical en la persona, luego de compartir con otros en medio de la violencia, el desprecio por el ser humano y sus derechos mínimos; con gente que vive la contradicción de prometer un nuevo orden social, mientras abusa de la autoridad —la que se ejerce con despotismo, exigiendo prebendas y en medio de un dinero fácil—, como han descrito a las FARC los cautivos ahora libres, tiene proyecciones sociales incalculables.

Frases que suenan tan ajenas a nuestra realidad social, como “vivir es comprometerse”, “la única respuesta a la violencia es el amor”, “pienso que he podido perdonar de verdad”, “es necesario cambiar el vocabulario, los insultos nos alejan… hay que derrotar con grandeza”, nos puede parecer que pertenecen a una persona de otro planeta. Sin embargo, si uno presta atención a su sentido, en una mujer que dice que lo de ella es la política, se puede pensar que en Colombia cabe la posibilidad de una revolución distinta a las que conocemos, pero no muy distinta a la que muchos aspiran aquí y que ven tan lejana.

Tengo la impresión de que el ideario político de Ingrid Betancourt es “pactar una negociación de paz”, frase que ha dicho frecuentemente. Una paz que se imprime con proyecciones impredecibles, como, por ejemplo, ¿qué tipo de condiciones sociales y económicas se requieren para lograr paz? ¿Cómo ellas se logran a partir de la negociación?

Difícil tener una respuesta inmediata, pero no hay duda de que ese ideario es un cable a tierra. Para la sociedad, la transformación personal es más revolucionaria y definitiva que los cambios de estructuras que no la consideran. Esto último, ya lo hemos vivido.
Raúl Torrealba
Con mirada de futuro
El reciente estudio de opinión del CEP ha puesto definitivamente a Sebastián Piñera en una posición de evidente liderazgo en la Alianza por Chile. La actitud del nuevo presidente de la UDI ha sido en ese sentido elocuente y realista. En efecto, no se vislumbran en nuestro sector liderazgos alternativos con reales posibilidades, por lo que vale la pena poner todos los esfuerzos en fortalecer a Piñera y apoyar con decisión su opción presidencial, para que logre posicionarse con la primera mayoría, ojalá en primera vuelta.

La inestable situación económica del país, el creciente costo de la vida, el recrudecimiento de la delincuencia, el descontento social y la evidente falta de liderazgo que se advierte en las actuales autoridades son hechos que la Alianza debe abordar de manera responsable. Es evidente que el descontento respecto del actual Gobierno puede en cierta manera capitalizarlo la Alianza. Sin embargo, nuestra obligación, y en particular la de Sebastián Piñera, debe ser, más que vanagloriarnos del fracaso de las actuales autoridades, demostrar y convencer al electorado de que los problemas que hoy nos afectan tienen solución y que sabemos cómo hacerlo.

Más que concentrarnos en las debilidades de nuestros adversarios, debemos mirar hacia el futuro. Si bien el rol de la oposición debe ser siempre fiscalizador, un exceso de aquello, casi confrontacional, está visto que no reditúa mayor apoyo ciudadano, sino todo lo contrario. La gran tarea entonces debe estar en el futuro. En mostrar qué es lo que queremos para Chile y por qué aquello significa mayores posibilidades de prosperidad para sus habitantes.

Se necesita reencantar a un electorado que de verdad hoy tiene muchísimas razones para no creer nuevamente en la Concertación, y convencer a las nuevas fuerzas políticas, hoy decepcionadas de la Concertación, de que tenemos mucho en común para trabajar por Chile.

El estudio de opinión del CEP deja en evidencia que se valoran las capacidades de Sebastián Piñera. Ello, incluidos sus atributos empresariales, los mismos con los que la Concertación también han tratado de estigmatizarlo, en una estrategia que por lo visto tampoco les ha redituado. Siendo aquello un dato, claramente esta próxima elección presidencial debiera estar dirigida principalmente a mostrar un futuro esperanzador para Chile, con buenas y efectivas soluciones a los fracasos actuales y con innovadoras ideas presentadas por una coalición distinta a la tradicional Alianza por Chile, que permita control de la inflación, eficiencia en el gasto fiscal, mayor productividad; en definitiva, confianza en el país.

En efecto, se trata de plantear una coalición más amplia, con gente que, aunque en el pasado fue discrepante, hoy la une una mirada de futuro... la misma mirada que la actual Concertación ya no es capaz de vislumbrar, por encontrarse anclada en un pasado que nos desune y en el terror de perder los mal entendidos privilegios del poder.

José Ramón Valente
El regreso de los nerds

A comienzos de los años 70 el precio del petróleo subió rápidamente al igual que ahora. En Estados Unidos y otros países desarrollados, la inflación se aceleró, de la misma forma que hoy ocurre en los mercados emergentes. Entonces, muchos economistas (no todos) y la mayoría de los políticos decidieron no prestarle mucha atención al aumento de la inflación. Se argumentaba, al igual que ahora, que un aumento en la tasa de interés o una reducción en el gasto de gobierno no haría que los árabes bajaran el precio del petróleo, pero que sí conseguiría enfriar la economía y llevarla a una recesión, incrementando así inútilmente el sufrimiento de la gente.

En los 70 los políticos ganaron, pero la gente perdió. Efectivamente, el gobierno de EE.UU. mantuvo una agresiva política de crecimiento del gasto público y la Reserva Federal no incrementó mucho la tasa de interés, tal como querían los políticos. El resultado fue que la inflación escaló más allá de los dos dígitos, hasta el 14%, y la tasa de crecimiento de la economía languideció. Fue en esos años que se acuñó el ahora tristemente famoso término “estanflación”, es decir, inflación sin crecimiento.

A comienzos de los 80 la inflación estaba desbocada y no quedó más remedio que hacer lo que muchos años antes algunos economistas y muy pocos políticos habían recetado, es decir, subir las tasas de interés y reducir el ritmo de crecimiento del gasto. Pero la dosis del remedio necesariamente fue mucho mayor que antes. Las tasa de interés subieron al 20% y EE.UU. entró en una severa recesión que arrastró también al resto del mundo. Hoy nos preguntamos si los políticos, las autoridades y los economistas de los países emergentes, incluido Chile, aprendieron la lección de los 70 o si van a cometer los mismos errores.

En Chile, hasta hace pocas semanas, estábamos encaminados a repetir los errores de hace 30 años. Hemos dejado que la inflación suba hasta más de 9% al año en los últimos 12 meses, mientras las tasas de interés apenas superaban el 6% y el crecimiento del gasto para este año se había programado en un exorbitante 8,9%. Afortunadamente, hoy contamos con encuestas de opinión que nos revelan el descontento que genera la inflación, especialmente entre los más pobres. Esto permite hacer un poco más fácil la labor de los nunca bien ponderados tácticos. Estos nerds de la economía que pregonan recetas aparentemente impopulares para controlar la inflación.

Probablemente, a raíz de esas encuestas que hoy ponen a la inflación entre las mayores preocupaciones de la población, es que el ministro de Hacienda ha logrado el apoyo de la Presidenta para anunciar que el gobierno se va a poner en campaña para reducir el ritmo de incremento del gasto público, y el presidente del Banco Central ha podido subir la tasa de interés por sobre el 7% sin que le lluevan las críticas de los políticos. Bien por las encuestas, bien por Chile y bien por el regreso de los nerds.

lunes, 14 de julio de 2008

Gonzalo Rojas y Beztriz Corbo dos comentarios excepcionales.

La Alianza, ¿lista para gobernar?
Gonzalo Rojas.

La Alianza acaba de superar dos desafíos grandotes.

Por una parte, la elección interna de la UDI, realizada y concluida en paz, ofreciéndoles al partido y a Chile dos liderazgos transparentes: Coloma y Kast (aunque la directiva entrante tendrá que enfrentar las consecuencias de la oscura trama que se extiende por Huechuraba y Recoleta... y quizás hasta dónde llega).

Por otra, la encuesta CEP, que le permite a RN comprobar que su candidato hoy gana la presidencial a todo evento, hasta contra Obama si pudiera competir (aunque todavía esté por delante resistir la artillería pesada y las bombas de mano que recibirá el abanderado opositor).

¿O sea ambos partidos pueden respirar tranquilos?

No, de ninguna manera. Lo que cabe ahora, a-ho-ra, ya, es justamente acelerar la respiración para enfrentar un escenario muy anhelado y para el que hay que prepararse en serio: gobernar. Bueno, pero vienen elecciones municipales en tres meses más, se advierte; y de sus resultados, se dice, hay pocas buenas noticias que esperar. Puede ser.

Pero lo que no debe suceder es que se posterguen por esa urgencia electoral las respuestas internas, de profundis, a las preguntas fundamentales que un futuro gobierno debe tener bien claras en el papel y en las cabezas, para ofrecerlas a los electores y preparar su puesta en práctica.

Aquí van: ¿Qué educación? ¿Cuánto Estado? ¿Libertad para qué? ¿Cuál familia? ¿Más o menos impuestos? ¿Subsidiariedad o intervención? ¿Qué Fuerzas Armadas? ¿Cuánto orden público? ¿Cuál dignidad humana? ¿Leyes o virtudes? ¿Cuáles deberes? ¿Qué solidaridad? ¿Más o mejor democracia? ¿Cuál judicatura? ¿Qué papel internacional? ¿Qué cultura?

Un día, hace ya más de siglo y medio, Manuel Montt con su eficiente parquedad, brindó por "el imperio de la libertad y del orden público; no el de la libertad con mengua del orden, ni del orden con mengua de la libertad, sino la justa armonía de estos dos principios salvadores de la República."

Sencillito Montt; sencillo, pero muy exigente. Y sus palabras valían ayer, sirven hoy y ayudan siempre. Por eso, hay que meterles cabeza a fondo a las múltiples dimensiones de esa difícil ecuación y prepararse para aterrizarlas en un notable programa de gobierno.

Lo que urge son unos auténticos "juegos de presidencia". Sí, como los que realizan quienes simulan un juicio oral antes de su examen de práctica; como los que ensayan equipos de futuros economistas ante una ficticia coyuntura internacional; como los que practican los oficiales en las academias de guerra, para graduarse en el manejo de una eventual crisis fronteriza.

Unos juegos de presidencia en que los mejores intelectuales, profesionales y técnicos de la Alianza -con un botón verde para aprobar y otro rojo para rechazar- juzguen sin misericordia las soluciones que ofrezca el abanderado a los problemas que ellos mismos le planteen. Y si es necesario, que prendan también la lucecita de tilt, de trampa, como en los viejos flippers.

Un fin de semana, dos, tres, ahora, ya, destinados a discutir soluciones mejores a la evidente crisis familiar, enfocados en buscar la ecuación adecuada en la tensión entre lo público y lo privado en educación, centrados en recrear los casos Cuevas-Codelco y camioneros-Hacienda, por ejemplo, para manejarlos a futuro de otro modo. Y así, en cada una de las preguntas fundamentales que deben plantearse.

¿O haría las cosas de modo diferente un empresario que estuviese frente a la gran inversión de su vida? ¿O se manejaría de modo frívolo, sin estudio previo, el postulante al mejor trabajo del mercado, por el que compitiese con otros calificados candidatos?

Desde dentro, lo único que puede conspirar contra el inminente éxito electoral de la Alianza es que olvide que hasta ahora no ha sido gobierno y que debe prepararse muy en serio para convencer a los electores de que será mejor, mucho mejor, administrando que la desgastada Concertación.

Desde fuera, la crítica obviamente está asegurada: la Concertación mediante su eficaz aparataje comunicacional insistirá una y mil veces en la supuesta incapacidad aliancista de darle gobernabilidad a Chile. Pero si la candidatura de centroderecha tiene claridad en sus respuestas de fondo, ellas le bastarán para ofrecer un buen gobierno, noción tan clásica como poderosa si se la conoce bien y se la practica con coherencia.

Bielsa tiene clarito su esquema y de acuerdo a ese planteamiento busca y entrena a los jugadores adecuados. ¿La Alianza también?

Tierras por paz, ¿es esto justo?
Beatriz Corbo

Hace unos días el director de la Conadi, Álvaro Marifil, y el comisionado presidencial para Asuntos Indígenas, Rodrigo Egaña, informaron que la comunidad Temucuicui, grupo indígena muy radical de la comuna de Ercilla, en la Región de la Araucanía, figuraba como prioritaria para recibir nuevos terrenos, si prosperaban las negociaciones que se estaban llevando a cabo para adquirir algunos predios que habían sido objeto de una treintena de atentados incendiarios durante los últimos ocho años.

No es esta la primera vez que en nuestro país vemos que, por lo menos en materia indígena, los grupos radicales -y que ejercen la violencia como medio de acción política- obtienen más privilegios que aquellas comunidades que actúan conforme a la ley. En efecto, lo recientemente informado respecto de la comunidad mapuche Ignacio Queipul -o Temucuicui- es sólo un cuestionamiento más de lo que ha sido el actuar de la Conadi al respecto. El sistema de gestión de recursos utilizado por el organismo encargado de formalizar la compra y posterior entrega de tierras ha sido fuertemente criticado, incluso por las comunidades indígenas pacíficas que, cumpliendo con todos los requisitos establecidos en la ley, aún esperan que sus solicitudes de tierras sean revisadas por dicha institución. Éstas, con justa razón, se sienten postergadas por comunidades o grupos radicales que han sido privilegiados por las autoridades.

Ya el año 2001, la prensa nos informaba respecto de ofrecimientos de fundos a grupos mapuches violentistas, lo que nos confirma que no se trata de un tema nuevo, sino más bien de una práctica habitual de la Conadi, que parece utilizar este método para aplacar manifestaciones y hacer creer a la opinión pública, tanto nacional como internacional, que la política aplicada por el gobierno es la apropiada para el tratamiento de la cuestión indígena.

Mientras tanto, y a pesar de la estacionalidad del conflicto, pues adquiere mayor visibilidad durante el período estival, éste sigue escalando. Este año ya llevamos un joven indígena muerto, un ejecutivo de una empresa forestal baleado a la salida de su casa en Santiago, gran cantidad de atentados incendiarios y varios detenidos en distintas manifestaciones.

La política indígena del gobierno ha sido deficiente, pues se ha recurrido a la entrega de tierras sin entrar al fondo del problema. Las soluciones sólo se han enfocado a la población indígena rural, olvidando que la gran mayoría de los indígenas chilenos vive hoy en las ciudades y hacia ellos no se han focalizado recursos, salvo algunas pequeñas iniciativas realizadas por alcaldes que, conscientes de la situación, han intentado promover actividades que resguarden las culturas indígenas. Por otra parte, la entrega de tierras no ha estado acompañada de capacitación ni mucho menos de aportes de capital, lo que reviste mayor gravedad si consideramos que las tierras indígenas no son susceptibles de gravamen, por lo que el acceso a crédito les es prohibitivo.

Si el objetivo de la política indígena del gobierno es satisfacer las necesidades de dichos grupos, primero se debiera identificar a los beneficiarios -los que, como hemos señalado, se encuentran radicados mayoritariamente en las ciudades-, ideando un plan acorde a sus intereses y reales necesidades. Con respecto a la población rural, la política respectiva debiera contemplar mecanismos que hagan viable la explotación de las tierras entregadas, con miras a lograr que la integración al proceso de desarrollo y la preservación de la identidad de las culturas indígenas sean perfectamente compatibles, levantando esa verdadera interdicción que pesa sobre las comunidades indígenas para disponer de sus tierras.

La política aplicada hasta ahora, probablemente influenciada por la presión internacional, no sólo ha sido discriminatoria en perjuicio de aquellos que actúan conforme a derecho, respetando la ley y el orden, sino que, además, ha sido ineficiente para solucionar las carencias de los pueblos originarios de Chile. Por otro lado, el actuar de la Conadi, en lo que se refiere a la entrega de tierras, ha sido meramente político, teniendo el efecto perverso de fomentar la violencia en aquellas zonas donde los grupos radicales se han visto beneficiados por sobre aquellas comunidades pacíficas, sólo para dar la apariencia de que el tratamiento de la cuestión indígena se encuentra bien encauzado.

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sábado, 12 de julio de 2008

Dos comentarios excepcionales

Bill Gates, los garajes y la sociedad incubadora de talentos
Karin Ebensperger

Más de 200 años tiene la Oficina de Patentes y Marcas de EE.UU., que desde el inicio de esa nación promueve el progreso de las ciencias y las artes, y en ella está gran parte de su historia. Los inventos han hecho millonarios a algunos -Bill Gates jubila a los 53 años para dedicarse a la educación y al sida en África-, otros se quedan con sólo una pequeña pensión, pero independiente de la recompensa, los innovadores tienen en común un entusiasmo por el proceso creativo.

Bill Gates inició sus investigaciones en un garaje, como muchos innovadores en EE.UU. Los garajes son un emblemático recinto de la sociedad norteamericana, con el canasto de básquetbol en el exterior, la puerta levadiza y las herramientas colgando en las paredes con una pulcritud que, sin duda, deja huellas que marcan el carácter de los niños. Porque esos garajes, como antes los graneros, hablan de padres que se arremangan las mangas, y donde el concepto de "do it yourself" es un principio de vida. Se calcula que el 52% del crecimiento de EE.UU. desde la II Guerra Mundial provino de los inventos, muchos de ellos aportados por inmigrantes europeos con cero capital, pero incentivados por una actitud social hacia el individuo creativo.

Desde Benjamin Franklin o un siglo después con Thomas Edison, los inventores han hecho de EE.UU. una sociedad de oportunidades y de avances. Ellos no esperan mucho del Estado, tampoco de un golpe de suerte, sino que trabajaban incansablemente con la seguridad de pertenecer a una sociedad que valora el emprendimiento. Y el rol del gobierno para asegurar la continuidad de la innovación ha sido promover una oficina de patentes fuerte y ágil, porque sin proteger la propiedad intelectual no se puede estimular a una persona a invertir años en desarrollar una idea.

Bueno, de esos garajes salieron visionarios como Steve Wozniak, inventor del computador personal y cofundador de la empresa Apple Computer, quien ha explicado que desde niño leía sobre inventores y quería convertirse en uno. Hoy ya es leyenda cómo él y Steve Jobs armaron los primeros computadores Apple en un garaje de California.

Bill Hewlett y Dave Packard gestaron HP -una de las compañías tecnológicas más importantes del mundo- en otro garaje que ha sido declarado lugar histórico en EE.UU. Y en 1998 los estudiantes Larry Page y Sergey Brin tenían la idea de crear un buscador de internet que funcionara mediante un complejo algoritmo. En un garaje de la avenida Santa Margarita en el sur de San Francisco incubaron Google... y lo demás ya es historia.

Son innumerables los ejemplos y uno se pregunta qué tiene EE.UU. que inspira a tantos innovadores. La clave está en un ambiente social que estimula desde niños un interés personal hacia la creatividad. Ojalá en Chile, tras tanto discutir sobre educación e innovación, logremos el ambiente para que aparezca al menos un Bill Gates por generación... y para que nadie se ría si ve a alguien craneando por horas sobre una loca idea.

Significado de la catástrofe de Chaitén
Antonio Horvath Kiss, Senador

Hace más de dos meses que entró en erupción el volcán Chaitén, generando una catástrofe en la Provincia de Palena y especialmente en su capital. Los principales daños se han producido por la evacuación sorpresiva de sus habitantes -o más bien estampida-, la que además de su dispersión los ha alejado de sus bienes más preciados, de sus fuentes de trabajo y modo de vida. La naturaleza, sumada a falta de maquinaria y personal en condiciones de seguridad suficientes para encauzar o defender el río Blanco, provocó graves daños por el desborde de las aguas, arrastrando a la fecha más de 3.000.000 de m{+3} de cenizas.

Sin embargo, la voluntad de los chaiteninos de recuperar su ciudad, y con ella su forma de vida, va más allá de cualquier dificultad: diariamente vemos evacuados que intentan acceder a Chaitén por todos los medios posibles, enfrentando el mal tiempo, naufragios, desastres aéreos y escasos cupos en transbordadores. Quienes acceden por Argentina enfrentan el doble de distancia, engorrosos trámites y controles.

Más allá de que la autoridad no cuenta con los instrumentos legales para obligar sin más a las personas para que trasladen su ciudad al lugar que decida el Gobierno, tal esfuerzo resulta inútil si nuevamente se pretende tomar medidas a espaldas de quienes son sus principales destinatarios.

Junto con el geofísico Luis Donoso y el vulcanólogo Óscar González-Ferrán hemos propuesto la ampliación de Chaitén hacia un sector protegido por cordilleras naturales en torno al Camino Austral en una superficie que cuadruplica la actual ciudad, donde existen fuentes de aguas, laderas protegidas y altura suficiente sobre el nivel del mar para asegurar a la población, además de mantener la infraestructura caminera, portuaria, aérea y otros servicios provistos desde su emplazamiento actual.

Más que hacer un conjunto de viviendas iguales, es la oportunidad de urbanizar este sector con la participación de sus habitantes, profundizando la identidad de los pueblos de la Patagonia Austral chilena, rodeados de un escenario natural reconocido mundialmente.

En este esfuerzo, la conectividad es clave. El que hoy no se esté construyendo el camino continuo entre Chaitén y Puerto Montt resulta inexcusable, al existir estudios de ingeniería aprobados por el MOP, y constituye una abierta ilegalidad, ya que la Ley de Presupuestos 2008 establece glosas específicas para la adquisición de los terrenos, realización de estudios de impacto ambiental, inicio de obras en múltiples frentes, y la compra de 2 transbordadores para que operen mientras se completa el tramo definitivo.

No hay razón para más dilaciones en la ejecución de obras que permitirán construir los 90 km faltantes en un plazo de cuatro años, dejando conectada la Provincia de Palena y su capital Chaitén con el resto del país, además de sacar a la Región de Aisén de su condición de aislamiento y abandono, con una proyección futura a Magallanes. Todo esto por un valor equivalente a una fracción del subsidio propuesto para mantener al Transantiago por algunos meses.

De esta manera, la Patagonia chilena -34% de la superficie del país, y que tiene la mitad de su territorio bajo el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, sin contar lo que están comprando ONGs- se logrará abrir al desafío de un desarrollo armónico con su naturaleza y especial cultura, permitiendo transformar una catástrofe en una fuente de enormes oportunidades.

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viernes, 11 de julio de 2008

Dos excelentes comentarios....

¡Qué gran revolución, compañero!
Álvaro Bardón

Escalona escribe que Allende es imprescindible, que "vive" en el pueblo chileno y que intentó un camino original.

En realidad, hizo la felicidad de cientos de socialistas, algo que podría haber continuado. En una de ésas, habría podido llegar a algún acuerdo con la DC para un pacto de gobierno. Chile habría continuado hacia el despeñadero del subdesarrollo, pero se habrían ahorrado vidas y hasta ingresos de los pobres.

Esto último era difícil, por el clásico fracaso socialista-estatista, pero, quizás, podría haberse logra-do mediante un acuerdo político pro desarrollo. Uno nunca sabrá qué habría podido alternativamente ocurrir, pero hasta yo participé en una propuesta político-económica de reemplazo, obviamente con Allende a la cabeza. Pero los socialistas, y menos los revolucionarios como Altamirano, no estaban para salidas consensuadas.Mejor nos íbamos al otro mundo con dignidad -y con hambre.

Es verdad que Allende luchó por un sistema de salud para todos, pero fracasó, como todos los programas socialistas, caros y de colas, parecidos al nuestro actual. La intolerable desnutrición infantil de entonces no se arregló con "el medio litro de leche", sino con la posterior política inteligente del doctor Monckeberg, que incluía mejores dietas, desayunos, almuerzos y demás, para no hablar del agua potable de verdad y otras inversiones sanitarias que eliminaron el tifus y otras mortíferas enfermedades, tipo hepatitis. Esas soluciones de verdad nunca fueron populares ni llamativas, por lo que el socialismo las miraba en menos, como hasta hoy.

Dado el desabastecimiento de entonces, decir que Allende luchó por "familias robustas" parece un chiste. ¿No estará Escalona confundido -al igual, por lo demás, que algunos religiosos a los que les ha bajado una suerte de amor por el socialismo ateo, de Estado docente, sin libertad religiosa?

Otra confusión es la de la nacionalización del cobre. Con Allende, las compañías perdían plata a carretadas. La dictadura militar ordenó la producción y bajó los costos, pero erró totalmente al crear "una Codelco" y limitar la competencia. ¿Se ha fijado cómo ha bajado la participación chilena en la producción mundial de cobre? Espere un par de años más, y bien se podría reproducir el desastre productivo y financiero de fines del gobierno UP.

Allende -dicen- habría luchado por un sistema educacional capaz de cumplir metas de amplio desarrollo. Puede que haya luchado, pero la educación a fines de Allende era un desastre parecido al actual.

Hasta hoy se debate si la nacionalización del cobre llevó o no a enormes pérdidas para el Estado, pero de ninguna manera sirvió para financiar "el ambicioso programa de protección social" de que se habla. ¿Ambicioso? ¿Qué protección?

Ahora nos dicen que la refor-ma agraria fue un salto en la modernización del país. Pero ese salto, obviamente, fue posible por la extensión de los derechos de propiedad y el respeto hacia los mismos, algo completamente ajeno al allendismo y a las creencias estatistas de Escalona. Fue el libre comercio de mercado el que permitió el desarrollo agrícola moderno y democrático.

¿En qué se distinguiría el nuevo camino de Allende de los fracasos socialistas clásicos en el agro y el cobre?

Allende era simpático, inteligente y trabajador sólo en política. Un vividor, pero no un pensador y, ¡por favor!, no lo presenten como un héroe iluminado. Gran persona, gran fracaso, nada de nuevo y nada imprescindible.


¿CRISIS ECONOMICA?
Viviana Matus

Hace unos meses atrás el mundo político instalo el debate acerca del salario ético, con miras a corto plazo privilegiando un clima electoral anticipado. Hoy, el tema es la crisis económica que sufre especialmente la clase media y los que tienen menos. No hay crisis económica en el gobierno que ha triplicado el gasto fiscal. Sin embargo, los chilenos han sido severamente afectados por el incremento de la inflación, especialmente en el rubro alimenticio.

En estos días en que se habla tanto del énfasis social, con creaciones gigantescas de consejos de equidad, que por experiencia se sabe que no llegara a ninguna propuesta definitiva, hay realidades que piden urgentes soluciones y que para concretarlas no se necesita constituir comisión alguna.

En el país la distribución salarial es desigual. Por tanto, hay responsabilidad directa a la política publica, ya que en la provisión de los servicios sociales el Fisco ha sido un mal empleador, con acceso excluyente de sus trabajadores al sistema de protección social además de consolidar una política de mal pagador, y la estructura de contratos que se administran ha acentuado la desigualdad salarial dentro del aparato publico. La desigualdad que existe en el país se debe en gran medida a que los recursos se han dilapidado y el nivel del gasto fiscal ha aumentado más que el pobre crecimiento económico.
Para que el país avance se requiere un crecimiento económico estable, flexibilidad en lo laboral y una baja en el IVA y otros impuestos que permita contratar cada vez mas personas con una educación y formación de calidad que entreguen un comportamiento adecuado, de lo contrario seguiremos con el estancamiento económico, la alta inflación, la cesantía, la delincuencia, la creciente corrupción y la pobreza que llevara a la nación a una verdadera crisis económica y social.

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