lunes, 19 de enero de 2009

Obama y EE.UU.

Obama y EE.UU.
Hernán Felipe Errázuriz

A setenta y pocas horas de asumir como el 44° Presidente de los Estados Unidos, Barack H. Obama se acerca al apogeo. Más que nunca nos conmoverá con su esperado discurso inaugural. Probablemente, cargado de poesía e inspiración. Nada de estadísticas ni aspectos programáticos. En esa solemne ocasión los tecnicismos sobran.

Obama necesita inspirar, lo sabe hacer y tendrá el escenario propicio ese día. Es un gran orador, un símbolo del cambio y un buen escritor. Muchos líderes quisieran parecerse a él. Su libro, "De los sueños de mi padre", es literatura de calidad; cosa rara en un político, lo escribió él. Sus discursos de campaña son sólo comparables con los famosos de Abraham Lincoln, el de Gettysburg, brillante, de menos de 300 palabras, y el de la Casa Dividida. Este último lo pronunció desde el Capitolio de Illinois, donde el mismo Obama lanzó su candidatura presidencial, en febrero de 2007.

Terminadas sus palabras inaugurales, tendremos dificultad para escoger cuáles de todas serán las inmortales, las que no olvidaremos.

Luego, vendrán las realidades. La oratoria y retórica entonces pierde importancia. Son otras las condiciones para tomar las decisiones correctas, y muchas exceden a sus posibilidades.

Mediar en la guerra entre palestinos e israelíes; lograr la convivencia en Irak de kurdos, sunnitas y shiitas; pacificar Afganistán, entenderse con los Ayatolas, Putin, Kim Jong-il, Castro, Chávez y Morales; y fortalecer la cooperación con China, depende esencialmente de otros pueblos y principalmente de sus gobernantes.

Llevar adelante los cambios en Norteamérica es de gran complejidad, su experiencia es limitada y el poder está disperso. Para vencer intereses creados, necesita del apoyo de los políticos, muchos con agenda propia o con una divergente. Entre sus ministros destacan celebridades recelosas y poderosas, de algunas de las cuales no será fácil deshacerse si no funcionan.
Hasta hace poco, a Obama no le interesaba mayormente la economía ni la política internacional, su vocación es la acción comunitaria, de la que proviene su prioridad en la reforma de los servicios de salud. Con humildad, Obama recurrió a los que cree mejores, la mayoría veteranos de la administración Clinton, centristas, férreamente unidos.

Por su carisma, olvidamos que Obama es humano y no más que un presidente. La capacidad de Obama para cambiar a los Estados Unidos y el poder de Estados Unidos para cambiar el mundo son limitados. La admiración y esperanzas que merece el nuevo Presidente no significa creer en imposibles. Los superpoderosos son fabricaciones de Hollywood
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jueves, 15 de enero de 2009

Universitarios en vacaciones, por Gonzalo Rojas.


Universitarios en vacaciones
Gonzalo Rojas Sánchez

"Más peligroso que universitario en vacaciones": la afirmación de un buen amigo -así generalizada- es tan injusta como la del eclesiástico aquél que parece conocer los corazones por el orden de los patios.

Injusta, porque hay un grupo significativo de estudiantes de la educación superior (de un total de 800 mil) que hacen de sus vacaciones oportunidades de servicio, de trabajo, de práctica profesional y de desarrollo personal, adecuadamente equilibradas con la vida en familia, el pololeo, el descanso y la diversión.

Pero el buen amigo parece tener algo de razón, porque hay otro porcentaje, desgraciadamente mayoritario (¿serán los 2/3?) que promediando ya enero han vegetado durante los últimos 45 días sin mayor provecho (y algunos, incluso, se han animalizado). Y todavía les queda la mitad de las vacaciones, o más.

Sí, cuarentaicinco días, porque muchos ya estaban con los ramos terminados, las notas puestas y el curso promovido, hacia el 2 ó 3 de diciembre. Y les queda la mitad, porque no será hasta el lunes 2 de marzo que vuelvan a pisar un Campus, si es que.

¿Cuáles son planes de estos miles y miles? Variables, pero entre playa y mochileo, entre carrete y aventura, de la discoteque al ponceo, no varían mucho. Dependen ciertamente de sus capacidades económicas, pero debe ser desterrada la ingenuidad de pensar que alguno no logra arrimarse a una buena piscola o al ron de moda, cada semana, varios días a la semana.

Esos tipos pertenecen a la cota 0, porque estudian en Viña o Antofagasta; a la cota 100, porque están en Concepción o Valdivia; o simplemente habitan en las restantes cotas santiaguinas. Lo que importa es que consiguen, de algún modo, los morlacos para aprovechar sus 90 días de nadaquehacer.

Los responsables, en primer lugar, somos las universidades. Sí, los profesores y directivos universitarios, porque no logramos generar todas las iniciativas para tenerlos involucrados en ese lapso: Escuelas de verano, seminarios de profundización, trabajos y más trabajos solidarios. Perdón, antes que eso: ¿por qué permitimos que un porcentaje alto de ellos terminen sus tareas a comienzos de diciembre y no a finales de ese mes como era apenas 15 años atrás?

Después, deben responder las fundaciones y las corporaciones, los municipios y los partidos, los institutos culturales y las mismas empresas, cuya oferta podría ser mucho mayor en estos 90 días.
Así, subsidiariamente, le ayudaríamos a las familias a manejar uno de los problemas más serios que hoy experimentan: el estado lamentable en que muchos de sus hijos entre 18 y 25 se encuentran a finales de febrero. El que piense que se exagera, que abra los ojos en los 45 días que quedan.
Después hablamos.

miércoles, 14 de enero de 2009

Universidades y visión de país, por Gonzalo Vial

Universidades y visión de país
Gonzalo Vial

Un sacerdote jesuita escribió en la revista Sábado, 3 de enero, una columna que ha suscitado múltiples comentarios. En el mismo día, dice, se desplazó, desde el “centro de la capital, donde se concentran varias universidades”, a otro plantel superior “cerca de la cota mil de la cordillera”.

Al hacerlo, sintió que “me había salido del país”. Pues las universidades del sector bajo de la ciudad eran teatro de “una verdadera batalla campal”, una “revuelta estudiantil... carros policiales que arrojaban agua y gases lacrimógenos... piedras... gritos... jóvenes corriendo en estampida”. ¿Y la universidad de la cota mil? “Anchas avenidas rodeadas de verde... grandes playas de estacionamiento... (Ni) jóvenes gritando, ni gas lacrimógeno, ni agua, ni carabineros. Sólo un silencio de cementerio... grupos dispersos de estudiantes que alegremente conversaban en unos cuidados jardines”.

El sacerdote se sintió “extranjero” allí arriba, por no encontrar la “efervescencia” vivida en el centro.
Esta pequeña aventura lo llevó a cuestionarse las “visión del país” que tendrán los profesionales salidos de la universidad cordillerana, y la “vida universitaria” que puedan haber llevado tras estudiar “en un colegio de la (misma) zona”, sin diferencia con la universidad. ¿Les bastará “mirar la ciudad desde lo alto y luego enterarse de lo sucedido en ella por las noticias”? ¿Será éste “el lugar más adecuado para que se forme un universitario”? Etc.

1 Aunque no se diga, al fondo de las palabras copiadas hallamos la antigua preocupación ignaciana por una enseñanza media y superior (sobre todo la segunda) vinculadas con la realidad social del país, con sus problemas —particularmente aquéllos de los compatriotas desposeídos—, y con el aporte y la responsabilidad del plantel superior, especialmente, en solucionar esos problemas.
Todo lo cual está muy bien y es (me parece) una exigencia primordial que debemos hacer a nuestra enseñanza de más alto nivel, pública y privada.

2 Pero esa exigencia se puede y debe cumplir en cualquier entorno, y ojalá ese entorno sea lo más acogedor y lo más armónico posible con el aprendizaje de la sabiduría —tomada la palabra en su sentido amplio— que es el objeto de la Universidad.

Mientras cumpla los objetivos señalados, ¿por qué ésta no ha de tener los mejores campus posibles... en belleza, comodidades, bibliotecas y laboratorios de punta, etc.? Hay que procurar que TODO plantel superior los tenga, y no criticar a aquel que con sus propios esfuerzos y recursos ya los ha conseguido. Es reduccionista, estímulo a una envidia y resentimiento inútiles y, peor aun, nocivos, querer que las universidades estén condenadas per secula a la estrechez, la mala ubicación, la ruina física, el feísmo, y a confundir la “espontaneidad” y la “libertad” con el desorden, el descuido, la suciedad, el desaseo... y menos todavía con la violencia y el destrozo.

Y el más peligroso de estos negativos lugares comunes, es el relativo al LUGAR DE UBICACION de un plantel de enseñanza. Que por instalarse aquí y allá éste pierda su espíritu es un prejuicio que debe combatirse. ¿Dirá alguien que es inferior, más débil, el espíritu ignaciano en el colegio jesuita de El Bosque que en el de Alonso Ovalle? Pues bien, cuando se trató de fundar el primero, hubo gran revuelo en la Compañía justamente porque el barrio escogido era la «cota mil» de esos años. Uno de los más duros opositores fue San Alberto Hurtado. Era el colegio proyectado, escribió al Padre General, “para los muy ricos”, para “la plutocracia sin ideal sobrenatural”, amante sólo del “confort y la diversión”. “¿Y ligaremos nuestra suerte a la suya?”. “Las familias numerosas, las verdaderas familias cristianas, tendrán que mandar a sus niños a otra parte por falta de dinero”.

¿Se equivocó en esto el santo? Por supuesto que sí. No vio lo que, a la verdad, es difícil ver: el permanente e irresistible empuje del sector más modesto de los chilenos, contra tantos y tan inmensos obstáculos, para que sus hijos reciban la mejor educación posible, EN TODO... lo que no se ve y lo que se ve.

3 De esta mirada prejuiciosa vienen muchas de las restantes afirmaciones del artículo que nos ocupa.

Por ejemplo:

3.1. La “revuelta estudiantil” es (pareciera) lo sustantivo de la educación superior, la “visión del país” que deben tener sus alumnos, su “vida universitaria”, lo que la diferencia del colegio.

Es exactamente al revés.

Esa revuelta es muy antigua en Chile (pronto cumplirá un siglo). Siempre se ha inspirado en los mismos, venerables clisés y lugares comunes. “La universidad para todos”. La universidad “comprometida”, no “torre de marfil”. Desprecio por la universidad “profesionalizante”. Etc. Ni las revueltas estudiantiles ni sus manoseados estereotipos representan a las mayorías estudiantiles, no las consultan ni las toman en cuenta. No constituyen un movimiento democrático. Sólo una minoría de quienes participan son universitarios. Forman la inmensa mayoría de los “revoltosos”, sea alumnos de enseñanza media (cuando más), sea los muchachones sin oficio ni beneficio, destructores de bienes públicos y privados, que inmemorialmente acuden a cualquier ocasión callejera que les permita desahogar sus impulsos.

La revuelta de la que escapó el sacerdote jesuita para ascender a la «cota mil» no es ninguna “visión de país” propia de un estudiante superior, ni menos es “vida universitaria”.

La segunda, en un sentido verdadero y útil, consiste en llegar a la primera —a una concepción de lo que Chile es y debe se—, preferentemente a través del estudio superior de la disciplina o profesión elegida, aplicada a nuestra realidad social. Y ello, en un ambiente de trabajo serio, profundo, sereno, de desapasionamiento, sin pasiones ideológicas ni personales... un ambiente de búsqueda de la VERDAD, que es el propiamente universitario. Ese ambiente puede darse en cualquier «cota», pero nunca entre “carros policiales que arrojan agua y gases lacrimógenos... piedras... gritos... jóvenes corriendo en estampida”. La revuelta juvenil no es «noticia» REAL para el país, sólo —fugazmente— para el choclón político y el noticiario de TV. Ser ajeno a ella no es una carencia del estudiante superior; al revés, permite el auténtico compromiso social.

3.2. Refuerza la conclusión anterior un hecho histórico: la perfecta inutilidad, por lo menos en Chile, de estas seudorrevoluciones de estudiantes.

¡Cuántos alzamientos contra la «torre de marfil» universitaria, desde la FECH de los años 20, hasta la pomposamente llamada «reforma universitaria» de l967/1970! Y ningún fruto.

El último alzamiento tuvo por suprema bandera el cogobierno estudiantil. Profesores, alumnos y administrativos eligiendo al rector, los decanos y los cuerpos colegiados de las universidades. Tres años de agitación sin límites alrededor del asunto. ¿Quién se acuerda hoy del cogobierno? ¿Quién lo defiende, salvo grupos marginales?

El único efecto invariable de las revueltas estudiantiles es empinar líderes que a través de ello abren una posterior carrera pública, a veces justificada por su capacidad personal, pero que se realiza en el mismo sistema político o en la misma universidad «torre de marfil» que tanto criticaron. Ejemplos: Eugenio González y Juan Gómez Millas, jóvenes socialistas y hasta ácratas de la FECH, los años ’20, y, como tales, ardientes críticos de la Universidad de Chile... pero que tres, cuatro décadas después serían sus rectores (muy buenos, desde luego) sin que ella hubiese experimentado ningún cambio sustancial. Para ser a su turno víctimas de una nueva revolución estudiantil, hija de la que habían avivado: la recién referida del cogobierno. Por rechazarlo, cayeron González de la rectoría y Gómez Millas del Ministerio de Educación.

Otro ejemplo; el de los «tomadores» de la Universidad Católica, en 1967. Más tarde, 1969, revolucionarios políticos del MAPU, desgajados de la Democracia Cristiana. Hoy en los más altos puestos de la diplomacia, de la administración pública... y de las universidades «torre de marfil», comprendidas ¡horror de horrores! las privadas, cuya creación permitió el régimen militar.

Y un último ejemplo, reciente: los dos líderes importantes de la traída y llevada «revolución pingüina», que concluyeron contratados por el Ministerio de Educación.

La vida universitaria, así, nada tiene que ver con las revueltas estudiantiles; éstas, al revés, la ahogan y desnaturalizan.

4 Escribiendo un artículo posterior (El Mercurio, 10 de enero), el articulista comentado ya no habla de la “revuelta estudiantil”; ni de los estudiantes que no participan de ella, sino que conversan “alegremente” en los “cuidados jardines” —donde no obstante reina un “silencio de cementerio”(?)— sin insultar ni tirar piedras, por lo cual no tendrían “vida universitaria”, etc. Ni siquiera se refiere a la cota mil...

Habla de cosas completamente distintas. De que las mismas universidades criticadas no entregarían a sus alumnos “diversidad”, ni “apertura de ideas”, ni “compromiso con los marginados y los desafíos propios de la realidad del país”. Pero no se fundamentan concretamente estos cargos. Ni siquiera los avala el articulista; son decires que recoge de algunos estudiantes de esos planteles que él conoce...
Resumiendo, otro prejuicio.

Tal como dice el articulista, hay sobre esto un “debate pendiente”. Pero, por favor, que sea sobre hechos fundados, no sobre impresiones volanderas: es decir, un debate serio.

lunes, 12 de enero de 2009

No le echemos la culpa al «empresario»

No le echemos la culpa al «empresario»
Por Cristina Bitar

Alguna vez escuché a alguien decir que en política lo importante no eran los problemas, sino a quién le echábamos la culpa de ellos. Recuerdo esta frase un tanto cínica, pero ingeniosa, porque estamos comenzando un año de elecciones acompañado de una crisis económica. Los expertos predicen que hacia el tercer trimestre el desempleo se empinará por los dos dígitos, muchas familias lo estarán pasando mal y me temo que la campaña será el catalizador que falta para que se despliegue, a toda vela, una agenda antiempresarial que ya se percibe en buena parte del espectro político.

En la última década se ha dejado caer una ola regulatoria que ahoga el emprendimiento y que se justifica con juicios o percepciones sobre el mundo privado cargados de sesgos, que incluso llegan a la descalificación ética o valórica de los empresarios. La crisis financiera proveniente de Estados Unidos ha sido aprovechada para hacer una crítica ideologizada al mercado, y se ha pretendido establecer un paralelo de ella con lo que fue para el socialismo la caída del muro de Berlín. Por eso, me parece cada vez más necesario defender con fuerza y sin complejos tres ideas fundamentales.

Primero, no se conoce un sistema mejor para crear riqueza y sacar a los países del subdesarrollo que la economía de mercado. Después de la gran depresión de 1929, América Latina pensó que la estrategia correcta era cerrar sus economías; en cambio, otros países hicieron exactamente lo contrario, se abrieron al mundo y apostaron por la libertad. Cincuenta años después, nuestro continente se debatía en la pobreza, mientras esos otros países se habían convertido en el mundo desarrollado.

Es verdad que la economía tiene ciclos y cada cierto tiempo enfrentamos períodos recesivos, pero también es verdad que, mientras más desregulada es una economía, ésta es más flexible y más rápido se recupera, volviendo a crecer, con los beneficios y la prosperidad que ello conlleva. Cuando comenzó esta recesión, los defensores del estatismo creyeron ver una Europa más regulada que Estados Unidos y, por eso, a salvo de la crisis. La realidad les ha demostrado que ello no es así. Incluso se dice que la economía norteamericana y las asiáticas serán las primeras en salir adelante y retomar la senda del crecimiento y generación de empleo.

Segundo, los emprendedores son personas valiosas, que crean valor, generan empleo, asumen riesgos, trabajan mucho y son, por lo mismo, el motor de desarrollo de los países. Chile aspira a ser el primer país latinoamericano que alcanza el desarrollo. Tener este objetivo y, al mismo tiempo, gobernar y legislar con la disposición mental de que los empresarios y emprendedores son una especie de «chupasangres» es altamente contradictorio. Actualmente se tramita en el Congreso un proyecto de ley que entrega a la Fiscalía Nacional Económica más atribuciones para investigar a empresarios y gerentes. Si bien impedir acciones ilícitas en el funcionamiento de las empresas es importantísimo para el bienestar de los consumidores, las facultades que se le entregarían a la FNE son mayores que las que tiene el Ministerio Público para investigar a las mafias de narcotraficantes. Algo no anda bien en nuestra escala de valores. Así no creo que llegaremos al desarrollo.

Por último, la Concertación, y especialmente Eduardo Frei, tienen un gran desafío por delante: demostrarle al país que no están dispuestos a hacer cualquier cosa para ganar y mantenerse en el poder. Es de esperar que el discurso que prevalezca sea uno de propuestas de desarrollo, de flexibilidad y de crecimiento. Todo esto, desde luego, con un criterio de justicia social.

Espero que como país seamos capaces de enfrentar esta campaña con ánimo de construir y no de retroceder hacia una discusión trasnochada, propia de los sesenta. Esto lo único que hizo en el pasado fue dejarnos fuera del club de los países que progresan. No les podemos echar la culpa a los empresarios y emprendedores cuando son en muchos casos ellos mismos, y no el Estado, los que le dan el impulso al desarrollo, generan empleo y sacan adelante la economía. Eso sería lo más cercano al cojo que le echa la culpa al empedrado, o al empresario, por su caída.

viernes, 9 de enero de 2009

Gonzalo Rojas Sánchez, dos artículos excelentes.

Cuba: te hemos fallado.
Gonzalo Rojas Sánchez

El agobio por las cosas no hechas, sí esos nervios que se experimentan por los deberes no cumplidos, suelen referirse a las menudas obligaciones de la vida diaria. Encargos retrasados, correos no contestados, personas no visitadas, prácticas de fe no concretadas, libros no terminados.

Omisiones.

El problema está en que, como son tantas las que inundan con su marea nuestra conciencia -y la mayoría son pequeñas cosas- parece que copan nuestra capacidad de agobio y la consiguiente reacción correctora. Porque finalmente, corregimos cosas, ¿no? A la larga, terminamos lo que había quedado a medias, ¿no?

Sí, lo hacemos.

Pero en ese proceso de tirar los pequeños agobios a la basura, quedan ocultas otras omisiones más cósmicas o, al menos, continentales.

Por cierto que nunca debe olvidarse la certera advertencia de Thibon, quien afirmaba que sobre la tumba de las responsabilidades personales florecen las responsabilidades universales. No, no se trata de vivir con el alma en vilo pensando qué podría haber hecho yo para evitar la muerte de tres niños por un Tifón cerca de Macao.

Es algo más cercano, son algunos mucho más próximos. Es Cuba.

Viene entonces la letanía que tantos podríamos suscribir:

Me acuso de:

-No haber escrito nunca nada para denunciar el castrismo

-No haber hecho donativo alguno a los que luchan por la libertad del pueblo cubano

-No haber rezado por los cristianos cubanos y sus pastores

-No haber leído los libros que me permitieran conocer mejor ese drama

-No haberme quedado con los datos de ese taxista cubano que había combatido en Angola y que vive en Santiago

-No haber participado nunca en una manifestación anticastrista

-No haber difundido las obras de Humberto Fontova

-No haber respaldado los blogs de los exiliados

-No haber dado a conocer la vida y la muerte heroica de tantos perseguidos

-No haber denunciado más veces, muchas más, los vínculos estrechos de la izquierda chilena con el marxismo cubano

-No haber entendido a fondo que Chile y Cuba iban a encontrarse en el pozo de la historia, de no haber sido por el Once de septiembre de 1973.

¿Usted tiene algunas de estas omisiones en su conciencia? ¿Otras parecidas?



Caldillo de congrio, sin Hermógenes
Gonzalo Rojas

Con un caldillo de congrio celebraron los comunistas la llegada del 2009. Aunque la convocatoria era para la prensa, Hermógenes no fue invitado.

Una pena, porque para dialogar con los comunistas es imprescindible la ironía, esa vía media entre lo completamente banal y lo absolutamente serio, según dijera Alvaro D'Ors. Y Hermógenes es poseedor de la ironía total. Por eso, él sabe calar como nadie la completa naturaleza del discurso comunista, a veces marcado por la proclama incendiaria, otras expresado por el amistoso salud con el blanco necesario para acompañar un caldillo.

Porque así son los comunistas, totalmente graves o completamente frívolos. Nunca irónicos. Siempre dobles, nunca con la vía media. Cuando hablan, son absolutamente banales: van del eslogan al lugar común, de la frase hecha a la consigna manoseada. En ese círculo se mueven. Pero cuando actúan, son completamente graves: o te defiendes o te trituran. Así los entendió siempre Hermógenes, así los enfrentó en todos los dobles planos en los que se mueven los rojos aquellos.

Sin la ironía, ese imprescindible bisturí para hacerles cirugía, es imposible comprenderlos. Por eso, o se los demoniza exageradamente (cuando en realidad son sólo unos pobres diablos) o se los minimiza en su gravedad (a pesar de que no dejan de ser malulos con ganas). Sólo con la ironía se puede entender que toda la vida de los comunistas, toda su historia, no ha sido más que... una ironía completa.

"En el mar tormentoso de Chile vive el rosado congrio, gigante anguila de nevada carne", escribía Neruda al comenzar su Caldillo. Nada más certero para describir a su propio PC: un rosado congrio que es, en realidad, roja carne de gigante anguila disimulada con plácida nieve.
Eso los ha caracterizado en Chile desde que nacieron y, por cierto, siguen siendo así en este 2009, al que reciben ilusionados. Porque, al mismo tiempo que lloran su exclusión, amenazan con presiones; y mientras más despechados se muestran, mayor protagonismo anuncian.

Entonces, cuando se les ve tan seguros de la relevancia que tendrán en los próximos meses, ¿es que tiene fundamento esa ilusión comunista o el conjunto de sus anuncios es simple bravata, más propia de Santiago a Mil que de la noble política?

Mirado el año en su contexto internacional, más le valdría al congrio navegar en aguas profundas y ni asomar la cabeza por la superficie. En estos días, quedan en evidencia los 50 años de la tiranía castrista (llamarla "revolución cubana" es una ofensa a ese pobre pueblo); en abril, se conmemorarán los 70 de la estrepitosa derrota comunista en la guerra civil de España y, último ingrediente del caldillo, en noviembre habrá fiesta para celebrar los 20 años de la revuelta juvenil que derribó ese muro de piedra y odio con el que habían cercado a gran parte de Europa. El 2009 es un mal año para el comunismo en el mundo.

Pero en esta loca geografía la cosa es distinta, porque en Chile la anguila sabe moverse con eficacia y pocos reconocen la maldad de sus descargas eléctricas. Por eso, el PC tiene en jaque a la Concertación y, en particular, a la Democracia Cristiana. Los comunistas hablan banalmente de exclusión, pero están perfectamente integrados en el sistema, ya que con menos del 10 por ciento de los votos volverán a importar tanto o más que el 90 por ciento restante de los electores. Como fue con Lagos, como sucedió con Bachelet. Y a pesar de la banalidad de sus propuestas, muy grave será el peso de sus votos. Vaya exclusión, qué irónico.

Entonces, debe seguir habiendo voces que le digan a la derecha y al centro de qué está realmente hecho el caldillo.

miércoles, 7 de enero de 2009

Detenidos desaparecidos: el verdadero escándalo.


Detenidos desaparecidos: el verdadero escándalo
Gonzalo Vial.

Los últimos días hemos vivido un formidable escándalo por el hecho de que cinco, seis u ocho supuestos «detenidos desaparecidos», oficialmente declarados tales, en realidad nunca tuvieron esa calidad. Gobierno, oposición, asociaciones de familiares, prensa, TV... todos denuncian lo sucedido, y piden se investigue a fondo y se castigue del modo más severo.

Esta postura unánime es, sin embargo, extraña. Pues nos hallamos ante un porcentaje ínfimo de los detenidos desaparecidos, y de abusos de dinero por montos muy menores... raterías circunstanciales.

Mientras tanto, seguimos impávidos ante el VERDADERO escándalo en materia de detenidos desaparecidos. A saber, que continúen sin ser ubicados los restos de muchos centenares de ellos. Aceptamos ya como «normal» esta vergüenza, relegándola al fondo de nuestra conciencia... paso previo a desvincularnos de su responsabilidad.

¿Por qué ha podido suceder una cosa así? ¿Por qué ha fracasado una búsqueda cuyo éxito interesaba e interesa tanto a todos los chilenos? ¿De quién es la culpa?

Desde luego —no sea que por sabido lo callemos, y por callado lo olvidemos— la culpa originaria, directa y peor es la de quienes mataron a las víctimas, las escondieron, y durante decenios han guardado cruel silencio sobre su paradero.

Pero —estos desalmados aparte— hay causas concomitantes que han cooperado al fracaso, y en las cuales, en mayor o menor medida, todos hemos tenido alguna cuota de responsabilidad.
1. La primera de estas causas es la politización partidista que ha sufrido el problema de los detenidos desaparecidos.

Imperceptiblemente, su búsqueda fue pasando a segundo plano, desplazada por el aprovechamiento de la tragedia en la farándula política... bandera para avanzar y ganar votos... o para que los pierda y retroceda el adversario.

De modo que hoy día tanto el concertacionismo como el aliancismo, aunque debido a motivos muy distintos, se muestran en general (según señalábamos) proclives a magnificar estos hechos nimios. Actitudes ambas, quizás, sólo a medias conscientes y deliberadas, pero no por ello menos claras y efectivas.

El concertacionismo quiere aislar aquellos engaños, separarlos (como es lógico) del conjunto de los detenidos desaparecidos, de modo que las irregularidades descubiertas no destiñan aquella bandera, menoscabando el tema en cuanto arma política y/o fuente de votos. Y el aliancismo procura el efecto contrario... que la credibilidad global del problema se vea afectada, disminuida. Ninguno de los bandos confesará su real objetivo, reconocerá que éste es político, electoral, más que humanitario. Quizás ni siquiera lo perciban plenamente. Pero es así: la politización ha hecho de la búsqueda eficaz de los restos, una finalidad secundaria.

Ello explica que el presidente del Partido Socialista acuse a la Alianza de tener ya una “segunda generación” empeñada en que no se resuelva el problema de los detenidos desaparecidos. ¿Y por qué no una «tercera generación», niños pinochetistas (!) corriendo por ahí, a los cuales culpar cuando se cumpla un siglo sin todavía ubicar los restos?

La segunda causa del fracaso es que se haya preferido vengar los crímenes, al hallazgo de los restos.

Me refiero a la venganza legal, ejercida por intermedio de los tribunales y respetando en consecuencia las formas del derecho.

Las asociaciones de familiares y los partidos de gobierno no han querido conceder ningún beneficio, ninguna rebaja de pena, a los involucrados en ocultamiento de restos que colaboren para ubicar éstos. Ni siquiera a aquellos que hubieren actuado cumpliendo sólo papeles subordinados y subalternos. Para todos, protagonistas o «extras» del drama, el rigor de la ley... Nadie o casi nadie, por supuesto, ha hablado. Puede haber sido su deber moral hacerlo, echarse la soga al cuello... pero no lo han hecho. ¿Era esperable otra cosa?

Los tres mandatarios concertacionistas anteriores a la actual buscaron este camino —mejor trato en materia de penas a los informantes— para que progresara la búsqueda de los detenidos desaparecidos. Pero los presidentes no pudieron manejar a sus partidos, ni éstos a las asociaciones, ni ellas a sus miembros (¿o al revés?), y las iniciativas no alcanzaron puerto.
Algo parecido sucedió en la Mesa del Diálogo (2000/2001). Se propuso una combinación de premios y castigos, que estimulara las confesiones. Mas tampoco tuvo acogida, prevaleciendo la idea del apego estricto a la ley.


Estimo que la «venganza legal» —por muy apasionados que sean los términos en que se formule— es explicable y moralmente sin reproche. Pero parece obvio que se hace fuego con la ubicación de los restos de los detenidos desaparecidos.

No obstante lo expuesto, la «venganza legal» exige —para tener una aceptación común, justificante— que sea simétrica, pareja... para ambos bandos, no para uno solo. ¿Es así hoy, en Chile? Hay ciertas dudas:

3.1.Un ministro en visita persigue a ex miembros de la CNI (me parece), por varios asesinatos cometidos en septiembre de 1986, como represalia por el frustrado magnicidio comunista de Pinochet el mismo mes y año.

Pero en dicho intento de magnicidio fueron asesinados cinco escoltas presidenciales. Acto de terrorismo; por ende —conforme a la Constitución— violatorio de los derechos humanos, y en ese carácter imprescriptible, según ha solido declarar la Corte Suprema. Mas ese homicidio múltiple no se persigue hoy criminalmente... sólo la represalia por él. Uno de los hechores principales ha sido objeto de un almuerzo de homenaje en el comedor oficial de la Cámara de Diputados, y después se le ha visto candidato comunista a la alcaldía de Puente Alto. ¿Ley pareja?

3.2.Los años 2004 y 2005, sendas leyes liberaron a numerosos condenados por terrorismo. Requisito: que hubieran cumplido diez años de cárcel. Incluyó el perdón a autores de crímenes sublevantes —v.gr., asesinato a mansalva de tres detectives que custodiaban la casa de un intendente democratacristiano— PERPETRADOS ENCONTRANDOSE YA EL PAIS EN DEMOCRACIA.

Los proyectos respectivos habían sido presentados por parlamentarios concertacionistas para (dijeron) “coadyuvar a la paz social”. Fueron ley gracias a un intenso lobby de la Iglesia Católica, y a los votos de la Alianza.

Simultáneamente, senadores aliancistas Y CONCERTACIONISTAS presentaban un proyecto con iguales beneficios para los autores de delitos contra los derechos humanos cometidos durante el régimen militar, que llevaran los mismos diez años de cárcel efectiva.

Esta vez no hubo lobby de la Iglesia. Y una mayoría concertacionista rechazó el proyecto. ¿Ley pareja?

3.3.Pero donde más flagrante resulta la asimetría —justicia A para los «buenos» y justicia B para los «malos»— es en los juicios de derechos humanos contra ex militares del régimen anterior.
Los tribunales inferiores han aplicado para condenarlos —y la Corte Suprema no ha tenido al respecto política ni criterio correctores, ni siquiera uniformadores— normas jurídicas QUE NO ESTAN ESCRITAS EN NINGUNA PARTE, Y CUYAS CONSECUENCIAS RESPECTO A TODO NUESTRO SISTEMA JURIDICO NADIE PARECE HABERSE DETENIDO A CONSIDERAR. Por ejemplo, sobre amnistía, prescripción, secuestro permanente, estado de guerra, verticalidad del mando, primacía del Derecho Internacional Público NO ESCRITO (jus cogendi) sobre la Constitución de Chile, etc. Los ex militares son así traídos y llevados por un derecho nuevo, no escrito sino consuetudinario (y no consuetudinario de Chile) y jurisprudencial, que sólo se les aplica a ellos... otra flagrante asimetría, que desacredita la «venganza legal». El más reciente ejemplo, la sentencia condenatoria del general Odlanier Mena, merece análisis aparte.

martes, 6 de enero de 2009

Sobre un deporte nacional

Sobre un deporte nacional
Margarita María Errázuriz

Al ponerme a escribir esta columna me he llevado una buena sorpresa. Mi ánimo era sumarme a las críticas que se hacen a la propuesta que busca compatibilizar los cargos parlamentarios con los de gobierno. Dicha proposición plantea que quien resulte electo para desempeñarse en el Congreso puede ser llamado a ocupar un cargo público y dejar su cupo en manos de un reemplazante, nominado por su partido, mientras se desempeña en dicho cargo. Esta iniciativa, que forma parte de una eventual reforma constitucional, ha generado mucho rechazo.

A partir de la información disponible, dicha moción muestra una total falta de sintonía con las señales que la ciudadanía quiere recibir del sistema político.

La propuesta —tal como se la conoce— apunta justamente en la dirección opuesta a lo que las personas reclaman: una renovación de la política. Por esto último, entiendo convivir en una sociedad más democrática, dirigencias políticas abiertas a incorporar nuevas voces y mayor transparencia en la toma de decisiones. Las disposiciones que considera este planteamiento cierran oportunidades para convocar a otros a participar en la toma de decisiones y, de ese modo, favorecen la concentración de poder. Mirando la propuesta desde esta perspectiva, se podría entender que ni siquiera trata de mantener el statu quo: más bien da varios pasos hacia atrás.

Al tratar de entender mejor esta iniciativa y su rechazo, me di cuenta de que hay muy poca información disponible sobre una materia tan central para el país como es un cambio en la Constitución. De ahí que, a mi interés por hablar sobre este punto específico, agrego ahora una preocupación por el tratamiento que se da a asuntos que son importantes para todos: hay opiniones sobre este tema en los medios de comunicación que pecan de falta de profundidad en el análisis y, por nuestra parte, mostramos una gran facilidad para sumarnos a juicios y críticas sin conocer a fondo la materia sobre la que se opina. Pareciera que nos dejamos llevar y nos solazamos con la crítica política, y que ésta es nuestro verdadero deporte nacional.

El análisis de esta moción se hace al margen de su marco general: una reforma constitucional mayor que cubre distintos campos relacionados con formas ampliadas y más fluidas de participación, de manera de facilitar la toma de decisiones. Por lo mismo, no puede ser evaluada aislada del conjunto. Las dudas pueden ser muy legítimas, pero antes de hacer juicios hay que tener una visión global del contexto del cual forma parte. Es muy probable que los puntos que suscitan críticas tengan su contrapeso en otras disposiciones de la misma reforma, las que hay que considerar. Sin embargo, da que pensar el hecho de que nadie salga en su defensa públicamente; que nadie dé esas explicaciones.

Una reforma amplia a la Constitución, no meras enmiendas puntuales como las realizadas hasta el presente, merece ser analizada y debatida no sólo en los círculos de entendidos, sino que también por toda la ciudadanía. Este esfuerzo se echa de menos. Cabe preguntarse de quién es la falla. Todos podemos sentirnos incluidos en esta crítica: los que proponen este cambio; los medios de comunicación, que no destacan suficientemente un planteamiento de esta envergadura, y los lectores, que no sabemos discriminar entre noticias o no les prestamos la suficiente atención. La pregunta queda en pie. Sobre un cambio constitucional habría que informarse.

Un último punto. El bien común exige hacer todos los esfuerzos necesarios para cerrar la brecha existente entre la ciudadanía y la política. El sistema político es un canal necesario para la organización social y el proceso de toma de decisiones. Sus líderes y los ciudadanos debemos tener presente que nos requerimos mutuamente. No podemos darnos el lujo de criticar si no podemos hacerlo en forma fundada. En este deporte nacional hay que hacer gala de un fair play, por el bien de todos. Para ello se requiere información oportuna y completa.

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