lunes, 9 de junio de 2008

Consolidemos la Alta Dirección Pública


Consolidemos la Alta Dirección Pública
Pablo Longueira Montes, Senador de la República

Hace cinco años, la imagen de Chile y de nuestras instituciones se debilitaba cada vez más por el complejo escenario de escándalos de corrupción que enfrentaba el país, lo que afectaba el buen posicionamiento que habíamos logrado por años.

En ese período aún era presidente de la UDI y estaba convencido -y lo sigo estando- de que había que traspasar las fronteras ideológicas, generando a través de una reforma un acuerdo país que fuera un ejemplo de democracia en Chile. Se trataba de lograr que Gobierno y oposición -mediante un trabajo conjunto- pudieran concordar y legislar sobre una serie de materias, contribuyendo a poner fin a este tipo de prácticas en la administración del Estado. Y aquello se logró el 16 de enero de 2003, cuando asumí, en representación de la UDI, el compromiso de sellar un acuerdo de modernización del Estado con el Gobierno, presidido en ese entonces por Ricardo Lagos.

Como consecuencia de este acuerdo nacional surge el sistema de Alta Dirección Pública, logrando desde la oposición una tabla de respaldo no al Presidente del momento, sino que a Chile. Este sistema permitiría devolver esa confianza y credibilidad -bastante debilitadas- a la ciudadanía, ofreciéndole la alternativa de contar con servicios públicos de calidad. Para ello se impulsó un mecanismo de selección que privilegiara el mérito para designar cargos directivos en la administración central del Estado, dejando atrás el cuoteo y "amiguismo" político.

En el contexto de este nuevo sistema, el Gobierno cedía la opción de elegir por "dedocracia" un total de 790 cargos de jefatura en 100 servicios públicos, y se adoptaba un mecanismo de selección sobre la base del mérito. Hubiésemos preferido que todos los cargos de la administración pública fuesen concursados, pero comprendimos que avanzar hacia un Estado más moderno, convocar nuevas caras e introducir competencia en la selección también significaba ser demasiado ambiciosos en una primera etapa.

Hace unos días, los cuatro miembros del Consejo de Alta Dirección Pública, ratificados por el Senado, realizaron una declaración conjunta en la que entregaron un balance de los logros alcanzados. Algunos no son muy alentadores, pues los avances -tras cuatro años de funcionamiento- son bastante exiguos frente a los obstáculos y desafíos que aún están pendientes.

Según conclusiones del Consejo, lo positivo es que en 2007 se nombró a un total de 120 altos directivos públicos, lo que representa un incremento del 35% respecto del año anterior; ese mismo año se publicaron 15 convocatorias a concursos mensuales versus tres en 2004. Sin embargo, el total de cargos con nombramiento ha llegado tan sólo a 252, de 790 de jefatura, y la existencia de otros 202 en proceso no es suficiente, pues significa que se ha concursado únicamente al 31% de los cargos.

Por otra parte, el informe menciona que el 14% de los profesionales seleccionados proviene del sector privado -bastante pocos-, lo que indica que todavía existe una falta de confianza y de compromiso real por el sistema. En concreto, las remuneraciones son muy bajas, los procesos de selección muy largos y el riesgo de que los mejores profesionales encuentren trabajo en otro lugar es bastante alto. Con ello, lo único que conseguimos es desincentivar el espíritu que dio origen a esta modernización, que precisamente buscaba integrar a las personas más idóneas en el sector público para legitimar y consolidar el sistema.

El 2003 fue un año de avances para Chile. Sin embargo, en la actualidad el Gobierno debe dar señales más concretas y efectivas para respaldar el sistema y lograr una mayor consolidación de éste. Debemos fortalecerlo de manera de evitar su utilización para otros fines no esperados en esta reforma, como ocurrió en el caso de Chiledeportes, donde los concursos de 2º nivel fueron un mero expediente político.

Este proceso de modernización es quizás el más revolucionario que hemos vivido en el último tiempo -de excepción en Latinoamérica- e incluso permite acercarnos hacia un estándar internacional. No obstante, quedan muchos aspectos que se deben perfeccionar. Desde enero de 2007 se encuentra en trámite el proyecto de ley presentado por el Gobierno en el marco de la Agenda de Probidad, Transparencia, Calidad Política y Modernización del Estado. Avancemos en esta materia y seamos ambiciosos.

No desaprovechemos el significativo paso que dimos como país, profesionalizando a los altos directivos para hacer más eficiente y mejorar la calidad de todo el aparato público del Estado. No olvidemos que los más beneficiados con esto son los ciudadanos y el país.

NOTA DE LA REDACCIÓN
Creemos que este artículo del Senador Longueira va en el camino correcto, es necesario quitar la discrecionalidad a los nombramientos públicos, pero, junto con esto consideramos imprescindible realizar las modificaciones legales que tiendan a que aquellos que “juegan” con los dineros del pueblo, los mal invierten o simplemente se los roban, tengan
sanciones ejemplarizadoras.

sábado, 7 de junio de 2008

El Chile de los chilenos

El Chile de los chilenos
David Gallagher

Si uno les creyera a los políticos, nuestro drama más grande es el de la desigualdad. Y se ha instalado la idea de que, para reducirla, hay que fortalecer a los sindicatos. Tal es el clima actual, que cuando la Presidenta anunció el 21 de mayo que a los sindicatos se les daría el monopolio de la negociación en la empresa, y que iban a poder acceder a cotizaciones obligatorias, en la oposición y en sectores liberales de la Concertación hubo alivio, porque se había evitado, por el momento, la negociación por sector y el reemplazo en tiempos de huelga.

¿Es tan exigente la demanda popular por una redistribución forzosa de la riqueza, que los políticos no pueden sino acatarla? Todo lo contrario. Para constatar cuán enorme es la brecha entre el país real y el país de los políticos, recomiendo revisar el "Estudio nacional sobre partidos políticos y sistema electoral", una reciente encuesta realizada por el CEP, Cieplan, Libertad y Desarrollo, el PNUD y ProyectAmerica.

Primero, ¿qué piensan los chilenos de las movilizaciones sindicales violentistas? El 90 por ciento "desaprueba totalmente" que se "realicen actos violentos durante manifestaciones callejeras" o "para lograr objetivos políticos". Un 83 por ciento, que se "realicen actos violentos pa-ra obtener mejores salarios"; un 84 por ciento, que se "ocupen terrenos privados, fábricas, oficinas", y un 80 por ciento, que se "participe en bloqueos de calles o carreteras". En cuanto a participación propia, sólo un 13 por ciento ha "asistido a una marcha o manifestación pública", y sólo un ocho por ciento ha participado en una huelga.

Los gobiernos exitosos no ceden ante grupos de presión, porque saben que representan a muy poca gente. Al contrario, apelan directamente a las mayorías. En Chile, eso debería ser fácil. La encuesta muestra un país de gente dedicada a sus proyectos propios. En una escala del 1 al 10, donde el 1 representa la idea de que "los ingresos deberían hacerse más iguales, aunque no se premie el esfuerzo individual", y el 10 que "debería premiarse el esfuerzo individual, aunque se produzcan importantes diferencias de ingresos", el promedio está en 6,55. Lo interesante es que los mismos entrevistados perciben que los políticos no piensan como ellos. Ubican a la Alianza en un 6,09, y a la Concertación en un 4,95. Cuando les preguntan si la responsabilidad por el sustento económico está en las personas o en el Estado, responden que está en las personas, pero creen que los políticos tienden a pensar que está en el Estado.

El chileno que emerge de la encuesta es apolítico e individualista. No les pide favores a instituciones del Estado para resolver sus problemas. No se siente ni de derecha ni de izquierda. No pertenece a partidos, sindicatos, movimientos religiosos u otras asociaciones. Al constatarlo, me acordé de un ensayo de George Orwell, escrito en 1941, en plena guerra contra Hitler, en que explica por qué los ingleses no se dejan llevar por demagogos. "No son intelectuales", dice. "Odian el pensamiento abstracto". Más bien privilegian la vida privada, agrega, conformando "un país de amantes de flores, de coleccionistas de estampillas, de carpinteros de fin de semana, de aficionados a los dardos y a los crucigramas".

Orwell podría haber estado describiendo al Chile de hoy: no el de los desmanes callejeros, sino el Chile real, el Chile en que la gente quiere perseguir sus propios objetivos, solos o en familia o con el grupo de amigos que ellos han escogido, para ser feliz a su manera. Los políticos que logren entenderlo son los que ganarán los votos del futuro.

Es enorme la brecha entre el país real y el país de los políticos. El Chile real de hoy no es el de los desmanes callejeros.

viernes, 6 de junio de 2008

Bardón y Melnick, dos comentarios imperdibles.


Concentrando pobreza
Álvaro Bardón

El Ministerio del Trabajo, lejos de promover el empleo y, por esa vía, una "mejor distribución del ingreso", lo que ha logrado es una minimización del total de ocupados, de manera tal que en Chile la participación laboral es la más baja del mundo: unos 10 a 15 puntos menos sobre el total de la población de lo que correspondería a un país normal europeo, norteamericano, latinoamericano, asiático o africano -esto es, entre uno y 1,5 millón de chilenos sin trabajo.

Históricamente -aunque no sea ésa su intención ni su percepción de su propia labor-, ese ministerio viene promoviendo leyes de inamovilidad, indemnizaciones, salarios y jornadas parciales, trabajo femenino, infantil, etcétera, que sólo fomentan la inactividad de los más pobres y menos calificados, y con ello, la desigualdad.

Si hubiera libertad de trabajo, se podrían pagar remuneraciones por horas o especiales según productividad, edad, sexo y demás variables. Si así fuera, muchas más personas podrían contar con un ingreso más o menos continuo, el que, junto al resto que percibe el grupo familiar o de los amigos, erradicaría la pobreza y mejoraría la distribución del ingreso como nunca antes.

El socialista constructivista de turno se opondrá de inmediato a toda forma de libertad salarial y de trabajo, con argumentaciones como la explotación, el salario de subsistencia, la lucha de clases y toda suerte de términos y teorizaciones que quizás tuvieron sentido en los pizarrones de siglos pasados, pero no ahora.

Por el contrario, con plena libertad de trabajo casi todos tendríamos empleo, y si bien muchos de ellos no serían "bien pagados", siempre existiría la posibilidad de mejorar, como ocurre en los más variados mercados libres. En éstos -perdonen la herejía- siempre se igualan la oferta y la demanda -lo que equivale a pleno empleo-, y les aseguro que, más allá de ciertos casos que podrían considerarse injustos y llevarse a tribunales, en el agregado habría mucha más gente de trabajo.

El ingreso de los asalariados siempre está determinado por la oferta y la demanda, y la evidencia muestra que en las economías libres en que se deja a la gente tranquila, ella consigue pleno empleo, incluida la más modesta, de bajo nivel educacional y de calificación.

El socialismo estanca, y no conozco casos de desarrollo a partir de reprimir la libre iniciativa personal. Las economías "socialistas" europeas de buenos salarios llegaron a esta condición después de años de desarrollo libre, básicamente capitalista. Nosotros, al copiar las leyes sociales europeas, lo que hemos logrado siempre es una mediocrización que concluye en una generalizada insatisfacción, cuando no en revueltas y crisis políticas.

El socialismo estatista ha sido nuestra ruina, y conviene recordar la antigua preocupación de las autoridades del trabajo por la previsión. Las "cajas" sólo les regalaban plata, créditos y casas a los más pudientes, a cambio de una alta inflación para los "obreros" pobres, junto a pensiones miserables. ¿A esto apuntan los que quieren deformar la nueva previsión por su "falta de solidaridad"?

La prioridad de los gobiernos y los ministros del Trabajo debería ser no empeorar la situación de los pobres, y eso supone cobrar conciencia de qué les significa a ellos en la vida real, por ejemplo, imponer un "salario ético", o de -en palabras recientes del presidente de Sofofa- "mantener la incertidumbre y la confusión" en materias laborales.
Camino a la tormenta perfecta
Sergio Melnick

Los ánimos se calientan y perdemos gobernabilidad. Paros violentos de subcontratistas, tomas violentas de estudiantes, paro de camiones, paro de micros en 12 ciudades, paro de profesores, paro del INP, paro de Correos, todo en pocos días. Descalificaciones van y vienen. Algo no trivial está pasando. Ya nos pasó más de una vez.

La democracia no es un fin en sí mismo. Es el modelo más exitoso para lograr acuerdos en libertad y progresar colectivamente. Es una forma de gobernabilidad en que las partes deben ceder en sus posiciones iniciales. No existe democracia si nadie quiere ceder nada. Las posiciones extremistas simplemente no son bienvenidas. Esa es la gran debilidad de la democracia, porque igual las debe aceptar y es destruida desde adentro. La izquierda chilena proclamaba sin pudor: avanzar sin transar, y una parte de ella parece que aún mantiene ese principio. Eso lleva siempre al despeñadero. La historia ha sido elocuente. Es obvio, además, que las sociedades excluyentes, o de grandes diferencias sociales, también llevan a la guerra. Lo que se requiere son reglas del juego aceptadas muy mayoritariamente: el Estado de Derecho, y marginar consensuadamente a los más extremistas, que no quieren ceder nada.

Los acuerdos sacrifican algo de la posición personal, por un bien colectivo mayor. Nadie es dueño de todas las verdades. Por ello hay que aumentar el respeto, y eso es gratis. De otra manera, terminamos odiándonos. Eso no significa evitar la discrepancia, sino al contrario. La diversidad es buena; más aún, es necesaria. Pero no sirve de nada si no hay acuerdos. Tampoco sirve quedarnos eternamente en los análisis y las “conversaciones”, las “mesas” o las “comisiones”. Al Gobierno se va a actuar, no a estudiar.

Cuando un dirigente sindical, como Martínez, o un senador, como Navarro, dicen que cumplirán las leyes sólo si les acomodan, se acabó la “sociedad” y empieza el germen de la fuerza. Cuando el vocero del Gobierno, que debe ser para todos, fustiga con ácida ironía a sus adversarios, crece la animosidad. Cuando un Presidente no logra cumplir un acuerdo público formal, termina la gobernabilidad, terminan las confianzas.

Cuando grupos irresponsables movilizan a estudiantes de 15 años, que a duras penas pronuncian las complejas palabras de sus consignas y menos las entienden, se está jugando con fuego. Están cebando y utilizando a los niños. También, si no logramos detener la delincuencia, estamos incubando una sociedad dañada en sus valores esenciales. Si no somos capaces de cuidar el ambiente, entonces no lo emporquemos.

No podemos hablar livianamente de derechos, sin explicitar también las responsabilidades que éstos importan. No estamos en el paraíso, sino en el difícil e imperfecto mundo terrenal. Sin duda alguna, todos tienen derecho a estar en la línea de partida de las oportunidades, pero de ahí en adelante empiezan las responsabilidades. Equidad es mucho más que sólo igualdad.

Necesitamos un sector privado que genere la riqueza material y el empleo. Que las iglesias y movimientos espirituales generen la riqueza espiritual. Que la educación genere riqueza intelectual y artística. Que la política equilibre los excesos de concentración de poder, y actualice permanentemente las reglas del juego balanceadas. También, que genere las oportunidades a los más débiles. Que el Gobierno administre con austeridad y eficiencia los recursos comunes. No necesitamos empleados públicos haciendo telenovelas, produciendo el pan, manejando trenes o trabajando en la minería. Tampoco necesitamos a los empresarios pontificando la fe.

El mundo entero cambió. Las ideologías clásicas fracasaron. El eje derecha-izquierda es irrelevante y tratar de revivirlo,. Los problemas actuales son totalmente nuevos y requieren, por ende, de enfoques nuevos. En la era de Google, Facebook, la Web 2.0, la ecología global, la velocidad y movilidad, la inteligencia artificial, la integración, el desafío es enteramente diferente. No se va a un camino nuevo con un mapa viejo. Algunos en la Concertación siguen mirando el futuro por el retrovisor, por eso se salen del camino en cada curva.

Creo que hay que trabajar en generar confianzas, amistad cívica, lograr acuerdos, y evitar una senda de confrontación que sólo lleva a la odiosidad. Quiero creer que lo que sea que nos separa es menos que lo que nos une. No sigamos mirando el futuro por el retrovisor.

jueves, 5 de junio de 2008

Pérez de Arce y Rojas, dos hombres de valía.

Ustedes se lo buscaron
Hermógenes Pérez de Arce
La izquierda me ofende con frecuencia. Un abogado comunista hasta me trató de "pinganilla" una vez, por sostener que no se debía indemnizar al terrorismo, dado su objeto ilícito. Yo le hice algo terrible: no le respondí. Después, cuando apareció mi única novela (muy política, por cierto), "La Nación" la declaró "uno de los seis eventos culturales más negativos del año". Pero como ello le sirvió de promoción y estuvo varias semanas entre las 10 más vendidas, me consolé. Y ahora alguien de ese lado me acusa de faltar a la verdad por decir que los "quemados" no lo fueron por los militares, sino que éstos los apagaron. Bueno, así lo comprobó el ministro de corte Alberto Echavarría Lorca, en los tiempos en que los magistrados eran hombres de derecho respetuosos de la ley y la verdad.

Pero también la derecha me ofende. Un columnista suyo citó mi afirmación de que, según la ministra sumariante Quezada, la Armada mantiene preso al mirista Woodward hasta hoy. El columnista afirmó derechamente no creerme. Pero, líneas después, dijo que la Corte Suprema debería hacer algo "por si ello fuere cierto". Bueno, es cierto.

Doloroso. En 26 años firmando esta columna, sólo recuerdo un yerro importante, cuando alguien delató que mi cita de Samuel Haig, aseverando que un burro muerto había yacido por semanas en la Plaza de Armas, alrededor de 1820, no era efectiva. Tenía razón en cuanto al autor. Quien refirió el episodio fue José Zapiola ("Recuerdos de 30 años"), y todo sucedió una cuadra más al norte, en Santo Domingo.

Bueno, para remate ha aparecido un joven columnista dominical de "El Mercurio", también de derecha, describiendo todas las falsedades que, según él, reinan en Chile, y atribuyéndome dos: la de sostener que durante el gobierno militar no hubo violaciones a los derechos humanos y la de negar que las mismas fueron, como él afirma, "la única política centralizada" de ese régimen. Lo primero jamás lo he dicho. Lo segundo sí, y reiteradamente, pero porque es la verdad.

En efecto, ¿cómo sostener que no hubo violaciones a los derechos humanos entre 1973 y 1990, si la izquierda, a través de sus grupos terroristas, los atropelló sistemáticamente? Y también hubo uniformados que, combatiéndola, los violaron. Pero esto sucedió contrariando la política de gobierno, que fue la de procurar respetarlos. Jamás hubo una "política centralizada" de atropello a los derechos humanos. Esto último no sólo lo he afirmado siempre, sino que lo he probado y reitero.

En efecto, se dictaron las resoluciones N°1 de 07.01.74, N° 22 de Interior, de 25.01.74, la del Director General de Carabineros de 15.02.74, ordenando el buen trato a todos los privados de libertad. Luego, el Decreto Supremo N° 187, de 1976, prohibió los lugares secretos de detención, fundado en el cual el presidente de la Corte Suprema, don José María Eyzaguirre, visitó los centros de detenidos existentes, para controlarlos. Cuando se comprobó que la DINA desobedecía esas instrucciones, fue disuelta. Y cuando su sucesora, la CNI, fue denunciada por excesos, se le prohibió detener personas sin ponerlas inmediatamente a disposición de autoridad competente. Por último, la propia Junta destituyó a uno de sus miembros cuando, en su rama armada, se cometió un flagrante atropello a los derechos humanos (el asesinato de tres dirigentes del PC y del FPMR).

En todo caso, cuando en Chile la diestra y la siniestra se unen para denostarme, es hora de hacerles algo terrible, y se los anuncio desde ya: he escrito otro libro, "Terapia para cerebros lavados". En él, ni la una ni la otra salen bien paradas. Tampoco la DC. Ustedes se lo buscaron.

Por fin, elecciones
Gonzalo Rojas Sánchez


Dos excelentes candidatos van a enfrentarse, por fin, en las elecciones para Presidente de la UDI de comienzos del mes siguiente. Dos excelentes candidatos, parecidos en virtudes y en convicciones, pero quienes han recibido un tratamiento público y privado desigual de parte de algunos destacados miembros de ese mismo partido.

Pareciera que la notable irrupción de José Antonio Kast ha puesto nervioso a más de alguno, especialmente a los que tienen problemas con sus propias convicciones o dasasosiegos producto de sus situaciones de probidad administrativa.

Por eso, algunos se han movido para lograr que Kast se integre a una lista común -sin elección- sobre la base de que así se combinarían mejor las capacidades de Coloma (experiencia) con las del joven diputado (orden y llegada). Pero esa supuesta solución desconoce el gran hastío que hay en las bases del partido por las designaciones hechas entre 4 o 5 personas y por equipos dirigenciales no ofrecidos a los consejeros. Está generalizada la percepción de que hay que ir abriendo el sistema de a poco y que, por lo tanto, una elección confrontacional es un paso imprescindible. Y las capacidades de Kast para conducir políticamente pueden consultárselas a quienes han sido los destinatarios de ella: la bancada de diputados y los jóvenes.

Otros han querido descalificar al diputado por su conservantismo, el que a poco andar será considerado integrismo, fundamentalismo o talibanismo. Esas etiquetas son burdas, ya que la posición de Kast es tan recuperadora de los ideales y de la mística de la UDI, en fidelidad al proyecto fundacional de Jaime Guzmán y a la declaración de principios, como es también aire fresco en caras y proyectos.

Justamente este tercer punto ha levantado otras suspicacias: Kast representaría sólo a los menores de 45. Pero, ah, si supieran algunos cuántos y quiénes -que están muy por encima de esa frontera etárea- lo apoyan. O quizás por eso mismo están asustados.
Por fin habrá elecciones en la UDI, justamente porque Kast ha roto con valentía un esquema agotado, ha descolocado a las estructuras informales y lleva la delantera porque obliga a pensar en función de él, cosa que nunca antes habían sucedido. Si hasta los medios se interesan mucho más en Kast, ya que es la novedad.

Quizás los detractores de su candidatura no lo sepan, pero la reacción entre los militantes antiguos -y hasta ahora desanimados- ha sido magnífica; y entre los jóvenes, simplemente unánime, excepcional.

Kast está desprendido del poder y se le nota; tiene la fuerza de la primera vez, y la va a hacer efectiva; sabe para qué busca liderar, y está haciéndolo ya desde el caso Provoste, a gran nivel. Después de tantos desvaríos en el lavinismo y en buena parte de la UDI, ¿se puede pedir más?

miércoles, 4 de junio de 2008

"Reformando" sin pensarlo bien

"Reformando" sin pensarlo bien
Gonzalo Vial

Hubo tantas críticas a la Constitución de 1980, conocida como “de Pinochet” —sin perjuicio de que los mismos críticos la mantuvieran en gran parte—, que la inconveniencia de algunas de sus modificaciones ha pasado inadvertida.

1. El más notorio de los errores semejantes, cometidos “en democracia”, es el acortamiento desde 2005 del período presidencial a cuatro años, sin reelección. Esta era una novedad absoluta en nuestra historia. Habíamos tenido supremos mandatarios por cinco años, reelegibles; por igual plazo, sin posibilidad de reelección; y por seis años, y luego por ocho, igualmente irreelegibles... Pero la actual Presidenta estrenó el engendro del cuadrienio puro y simple. Algo nunca visto en Chile, desacorde con la experiencia del país y con sus defectos, copiado sin duda —en el escritorio de un constitucionalista— de países o libros extranjeros.

Las consecuencias, enteramente predecibles, se están dando a la letra de lo que era obvio predecir.

Ya durante las presidencias de la Carta de 1925 —seis años, irreelegibles— se señaló mil veces que de hecho conformaban estos seis años un bienio de gobierno; un bienio empantanado, pero en el cual podía avanzarse ALGO, y un bienio de total inefectividad, a la espera del “santo advenimiento”... el nuevo Jefe del Estado. ¿Tiempo aprovechable, por consiguiente? Dos años y medio, máximo tres.

A los dos años de los cuatro que gobernará la actual Presidenta, está claro que ella ya hizo lo bueno o malo que le cupo realizar. El resto del período podrá (con suerte) completar o corregir lo hecho y alguna cosita más. El último tiempo de la Jefa del Estado no girará alrededor de ella, sino de su sucesor. Ya tenemos tres candidatos claros (Piñera, Lagos e Insulza), y varios adicionales “al aguaite”. Agreguemos, este año y el que sigue, dos elecciones “cruciales” para una tercera, la de Presidente 2009, y el cuadro quedará listo. Las acciones gubernativas o legislativas ya no se harán con vista al bien común, sino mirando a quién ocupará La Moneda desde 2010; serán medidas ganadoras de votos (o encaminadas a que el adversario los pierda), como aquella famosa “reforma laboral” de fines de la administración Frei Ruiz-Tagle.

2. La Carta de 1980 establecía un período de “cuarentena”, durante el cual los alcaldes no podían postular a cargos parlamentarios.

Las reformas “democráticas” suprimieron ese beneficioso intervalo. Desde entonces, con excesiva frecuencia, las municipalidades no se preocupan, o se preocupan insuficientemente, de los problemas locales que les corresponden, pues están dedicadas a la política parlamentaria, en dos vertientes:

-preparar la postulación a diputado del alcalde respectivo, o

-preparar la elección o reelección de algún diputado o senador de la zona, actuando éste en coyunda con ese alcalde, bajo el lema de “hoy por mí, mañana por ti”.

Progresivamente, de tal manera, el trabajo de numerosas municipalidades se ha ido centrando en las “reelecciones”, constituyéndose máquinas de poder que perpetúan en las alcaldías a determinados partidos, o incluso a determinadas familias. Hay comuna que tiene alcaldesa e hija diputada, o que es “reino” de una familia local, y hasta existe circunscripción que tiene senador, diputado y alcaldesa de estrecho parentesco.

Amén del daño que representan las perpetuaciones de cargos populares vía las máquinas municipales, éstas son además fuente inagotable de despilfarro y corrupción. La carestía de las elecciones exige “crear” fondos, recursos que las solventen... ¿y de dónde mejor y más fácil, sino de las municipalidades? Los caminos se conocen: “activistas” político-electorales, empleados por los alcaldes para eso, y no para ningún fin de bien común, y que de la municipalidad no conocen sino la tesorería en que cobran sus cheques. Programas caros y vagos, v.gr. de deportes, de los cuales se puede sacar una “tajada” para financiar la elección. Contratos por servicios que jamás se prestan, o que se adjudican a parientes, compadres, correligionarios o amigotes, generosos en compartir lo que reciben... Etc., etc.

Todos estos abusos vienen de haberse repuesto, modificando la parte pertinente de la Constitución de 1980, el cordón umbilical entre las alcaldías y el Congreso. Por eso, además, éste jamás pone dificultad para echar dinero al tonel sin fondo, y que se vacía junto con llenarse, de las rentas municipales.

Pues bien, el afán de “reformar” la Constitución continúa, y hoy tenemos en curso varias modificaciones tan nocivas como las vistas, pero con muchos entusiastas. Ejemplos:

3. Que los chilenos emigrados puedan sufragar en el país donde vivan. Parece muy simpático, pero presenta dificultades de concepto y de forma:

-De concepto. ¿POR QUE correspondería facilitar el sufragio a esos chilenos? Ellos ya lo tienen (es cosa de que regresen a nuestro país, o de que viajen para votar). Pero quizás no convenga que se les facilite su ejercicio sin esfuerzo. Porque personas tales, sin duda muy dignas y respetables, son tan chilenos como cualquiera, pero, no residiendo aquí, no son TAN CIUDADANOS como sus connacionales que sí lo hacen. Pues a los primeros no los afectan los problemas relacionados con la elección de nuestras autoridades. No usan el Transantiago ni trenes de EFE, no pagan impuestos chilenos, sus casas no se inundan, no atienden en Chile (afortunadamente, cuando no son personas adineradas) su salud o la educación de sus hijos, etc., etc. A mayor abundamiento, no viviendo en carne propia nuestros problemas, y situados además lejos del país, tampoco pueden juzgar sobre las soluciones que para dichos problemas proponen los diversos partidos y candidatos ni, consiguientemente, decidir por quién votar con siquiera mediano conocimiento de causa.

-De forma. Creado el derecho que se pretende, sólo podrá ejercerse —no diviso otra manera— utilizando las sedes diplomáticas o consulares de Chile en el extranjero. ¿Cómo impedir los fraudes? ¿Cómo dar a la oposición —presente o futura, aliancista o concertacionista— instrumentos fiscalizadores, efectivos y fáciles que puedan operar EN TODO EL MUNDO?

Admito que todo el tema es discutible, pero irrita la poca seriedad con la cual se aborda. La cosa es usarlo electoralmente, sin medir sus pros, sus contras ni sus consecuencias... pegarle la etiqueta de “antidemocrático” a quien rehúya aceptar la propuesta a fardo cerrado. Y del otro lado, de parte de aquellos que la resisten, no hablar claro en contra, para evitar les coloquen la sobredicha etiqueta. ¿Qué saldrá de esta frivolidad? Un engendro tipo “reformas laborales”, ténganlo Uds. por seguro.

4. El binominal. No es reforma de la Constitución, pero lo parece, por la doblez que envuelve el tema.

El binominal fue discurrido para que el supuesto tercio partidario del régimen militar no resultara borrado en las elecciones parlamentarias por los supuestos dos tercios enemigos del mismo. Pero de hecho no hubo tales tercios, sino más bien dos mitades, una del centro hacia la izquierda (Concertación) y otra del centro hacia la derecha (Alianza), y sus respectivos bloques.


Ambos bloques, Alianza y Concertación, se reparten el Congreso más o menos por mitades, y sus llantos contra el binominal son lágrimas de cocodrilo: ESTAN PERFECTAMENTE DE ACUERDO EN QUE SIGA, LOS BENEFICIA Y BENEFICIA A SUS PARLAMENTARIOS. ¿Por qué?

a) Beneficia al bloque, porque impide el chantaje de los partidos chicos (no consiguen representación en el Congreso), y también porque evita, o cuando menos modera, un segundo chantaje: el de los parlamentarios díscolos: su bloque los amenaza, si perseveran molestando, con no llevarlos como candidatos la próxima elección. Llegada ésta, las disidencias individuales, o las colectivas tipo “ChilePrimero”, los “colorines”, etc., desaparecen solas.

b) Beneficia a los parlamentarios en ejercicio, pues ellos, dado el sistema binominal, no disputan su cargo con el parlamentario en ejercicio del OTRO bloque. Cada bloque tiene seguro el suyo (salvo el caso muy raro de “doblaje”... una lista que duplique los sufragios de la que sigue en votación). Por tanto, el parlamentario de un bloque pelea la continuación en su asiento, con los candidatos DE SU MISMO BLOQUE Y LISTA. Y frente a éstos, ser YA congresista es una ventaja fundamental... frecuentemente irremontable.

De allí la perfecta conformidad de fondo —aunque inexpresada— en el binominal, conformidad que incluye a Alianza, Concertación y sus parlamentarios de hoy.

Por ello el llanto artificial por la “exclusión”. ¡Es tan fácil poner término a ésta! Basta volver al sistema proporcional existente bajo la Constitución de 1925. Pero nadie, por supuesto, lo propone.

La cosa es ganarse los votos de los comunistas o de otro grupo minoritario para la próxima elección de Presidente, dándoles una limosna de parlamentarios si alcanzan un determinado porcentaje de la votación nacional. Es tan arbitrario como el sistema de hoy, que se critica. Abre de nuevo la puerta del chantaje para este o estos partidos chicos, decidiendo con sus pocos congresistas entre los dos bloques, y cobrando el precio político-administrativo del caso. Pero ¿qué importa? Es el hoy, el corto plazo lo que vale. No el mañana, mirar un centímetro más allá de las narices.



martes, 3 de junio de 2008

La perversidad de los impuestos.
A diario se nos intenta convencer, acerca de la "bondad" de los impuestos. Hasta el punto de hacernos creer que quienes lo pagan tienen mayor autoridad moral. Estar al día con el fisco, parece otorgar un status en el que se pueden presumir mayores derechos que los que incumplen. El hecho de sufrirlos brinda un aura moral que el resto no tiene.

Tan hondo ha calado esta idea, que hasta parece bueno erogarlos. Así es que permitimos que el Estado lleve adelante su "acción solidaria". Escuelas, hospitales, obra pública, apoyo a los productores y seguridad social, suelen ser las excelentes justificaciones que no solo ofrece "el sistema", sino que algunos de los que "contribuyen" suponen con cierta resignación, alimentar para calmar su ambigua sensación.

Debemos asumir que los impuestos no son mas que "un mal necesario" Desde la creación del Estado, frente a la necesidad de que ALGO pudiera resolver aquello que individualmente no se podía solucionar, se asumió que para que esto sea posible, los particulares deberían solventar los gastos que ello involucraba.

Primero fue la necesidad de que se pudieran dirimir civilizadamente las diferencias entre los individuos y que alguien, imparcial ( ? ), garantizara el pleno ejercicio de los derechos, en esta suerte de JUSTICIA. Luego fue la necesidad de negociar entre naciones, y allí precisaríamos alguien nos representara formalmente, entonces la CANCILLERIA fue justificada. Después fue la prioridad de que cierta fuerza que emanara de alguna parte, nos brindara SEGURIDAD para evitar los abusos y el imperio de la ley del más fuerte. Finalmente surgieron necesidades "modernas", la educación, la salud y hasta las tan mentadas políticas activas en materia económica. Probablemente este no haya sido el orden…..o si, pero esto es, en definitiva, anecdótico.

Para sostener este CRECIENTE andamiaje, el recurso ineludible debieron ser los impuestos, léase la apropiación compulsiva por parte del Estado de una parte de los ingresos generados por un individuo a través de su esfuerzo personal.

El complejo moral de no "contribuir" se ha hecho carne y nos hace sentir culpables cuando no aportamos a la GRAN CAUSA. Vivimos en un país donde el "progresismo" se puso de moda. Gordon Liddy, periodista norteamericano decía que "Ahora resulta que "progresistas" son aquellos que se sienten enormemente solidarios con el prójimo y entonces pretenden ayudarle no con su propio dinero, sino con el tuyo."

Tiempo atrás tuve la oportunidad de visitar una exposición. Era un día algo nublado. Clima y horario, cercano al mediodía, generaron condiciones ideales para buscar algo para el almuerzo. Así, me aproxime a un improvisado puesto donde un hombre preparaba comida autóctona tradicional. Lo ayudaban un par de personas que preparaban la materia prima para su posterior cocción. También colaboraba alguien más que se responsabilizaba de la caja y entregaba la mercadería lista para consumirla. El hombre, propietario y cocinero a la vez, hacia su tarea frente a una especie de parrilla que denotaba cierta artesanal construcción. Difícilmente esa herramienta podría haber sido adquirida. Debió haber sido fabricada por alguien manualmente.

Dialogue con el propietario del puesto mientras el trabajaba. Primero fueron preguntas generales, consultándolo acerca de la marcha del negocio a lo que respondió con singular entusiasmo y visión positiva. Al profundizar la charla, me contó con orgullo mas detalles de cómo empezó, de su "secreta" receta, y de cómo ideó, imaginó y construyó esa extraña parrilla.

Compartió con humildad y al mismo tiempo satisfacción, sus aciertos y errores. También, de como esa parrilla funcionaba primero con un motor de lavarropas lo que dinamizaba el mecanismo que permitía girar a esos improvisados rodillos. Luego le coloco un motor de mayor fuerza, pero resultó ser excesivamente potente. Precisó entonces del asesoramiento de un amigo, ingeniero él, para lograr regular la fuerza del motor al punto justo, lo que finalmente consiguió. Además construyó con idéntico entusiasmo ese "carrito" que servía de puesto y que ruedas mediante, trasladado por un remolque, permitía ser transportado a cada evento que congregara gente en el lugar de la ciudad y la provincia al cual fuera interesante ir a ofrecer sus deliciosos productos.

Lo comprado resulto exquisito, pero mucho más sabrosa fue la experiencia de charlar con este "emprendedor". Todo esto ocurrió un día domingo, de esos que se dedica al descanso reparador. Este hombre es, sin dudas, un ejemplo de esfuerzo, de trabajo de sacrificio, un auténtico emprendedor con mayúsculas. No parece un empresario, para la concepción tradicional, sin embargo ESTE sí lo es.

A estas alturas se podría pensar que tendrá que ver este emprendedor con los impuestos y con la perversidad que intentamos retratar. Mucho más de lo que podamos imaginar.

Este emprendedor, no entregaba ni facturas ni ticket a sus clientes. Sería una sorpresa que estuviera registrado como contribuyente en AFIP. Difícilmente haga declaraciones de IVA. Es bastante improbable que este pagando impuesto a las ganancias. Ni siquiera, tal vez, esté inscripto como monotributista. Tampoco resulta probable que aporte a Rentas Provinciales. Si así fuera, no precisaría contador que lo ayude con esto de cumplir con el fisco. Sus "colaboradores" no deben contar con recibo de sueldo en blanco, o sea que seguramente carecen de aportes previsionales. En materia de permisos municipales, tal vez no cuente con la habilitación respectiva, ni mucho menos haya pasado por controles de bromatología y autorizaciones de esa índole.

La tradición culposa e hipócrita de una sociedad que sigue recitando que pagar impuestos otorga jerarquía moral juzgaría a este hombre como un vivillo, un pícaro, un delincuente, un evasor y hasta un criminal, según la dureza con la que se quisiera expresar el interlocutor de turno.

No sabemos si todas estas presunciones acerca de la conducta impositiva de este personaje son solo eso, presunciones, o finalmente confirmadas certezas. Dado el perverso, voraz y alevoso mecanismo impositivo que el Estado ejerce sobre los ciudadanos de este país, es bastante razonable pensar que si este hombre pagara la totalidad de los impuestos que el Estado Nacional, Provincial y Municipal le requieren su negocio seria INVIABLE, es decir no lo podría desarrollar, mucho menos aun, dándole trabajo a esos colaboradores que lo ayudaban con similar entusiasmo.

Si el Estado se hubiera percatado de su presencia, este negocio seguramente no existiría. En lo personal me hubiera privado de conocer a este soñador, disfrutando de su historia y manjares. Pero la humanidad se hubiera privado del aporte creativo, de su dignidad y de ese orgullo que le permitió salir de la pobreza, sentirse útil para con la comunidad, seguir soñando con crecer y mostrar a su sociedad que, con inteligencia, puede aportarle mucho, sin la necesidad de presumir títulos universitarios.

Son estas experiencias concretas las que confirman la visión de que los impuestos son perversos mecanismos de confiscación legalizada.

Cuando alguien lleva adelante un acto mediante el cual, por medio de la fuerza o la amenaza de fuerza, extrae o se apropia de la riqueza o bienes adquiridos por otro individuo se llama ROBO. Cuando ese mismo acto tiene como protagonista al Estado se llama IMPUESTO. En el primer caso, la gente se indigna y acepta que tenemos derecho a defendernos del agresor. En el segundo caso, la gente se resigna y acepta al agresor como su "benefactor". Vaya paradoja.

Cierta cita anónima dice "no robaras, porque el Estado no admite competencia"

La historia de nuestro personaje nos plantea un dilema moral complejo. Seguir los patrones sociales siendo un fiel y cumplidor contribuyente para no quebrantar la ley haciendo inviable miles de brillantes ideas creadoras, productivas y generadoras de riqueza. O traspasar esa línea, esquivando con mayor o menor inteligencia las perversas normas que se nos imponen a diario para dar paso a la oportunidad de nuestras energías

Decía ese escritor estadounidense, Henry David Thoreau un par de siglos atrás " Si el Estado me dice "la bolsa o la vida", ¿por qué debo obedecer y darle el producto de mi esfuerzo? Me sentiría indigno si lo hiciera."

Otra cita ayuda a darle contexto a esta mirada. Un escritor estadounidense, Patrick Jake O'Rourke decía que "El impuesto ha creado más "criminales" que cualquier otro acto del gobierno al obligar a miles de personas a mentir para protegerse del expolio." Ese mismo escritor profundizaba la idea diciendo que "Al Estado le interesa la gente de la misma forma que a las pulgas les interesan los perros."

El sistema es perverso. Es evidente. Pero preocupa la aceptación popular del que goza pese a su demostrada inmoralidad.

Alberto Medina Méndez


Corrientes – Corrientes – Argentina

P.D: Ha sido necesario apelar a una licencia literaria, cayendo en cierta involuntaria ambigüedad en aquellos párrafos donde se describe tiempo, espacio y actividad de nuestro emprendedor. La voracidad fiscal de nuestro Estado omnipresente no hubiera podido evitar salir en su búsqueda.


Nota de la Redacción: Aunque el Sr. Medina se refiere específicamente a la situación Argentina, creemos que es importante constatar que sus palabras son aplicables en todos nuestros países en que el Estado cree ver en el contribuyente a una “vaca lechera” a la que se puede ordeñar de manera indefinida.




lunes, 2 de junio de 2008

La ministra Jiménez puede


La ministra Jiménez puede
Gonzalo Rojas
Por donde se los mire, los resultados del Simce 2007 apenan y asustan. Pero son, al mismo tiempo, una nueva oportunidad -cuántas ya- para remecer la conciencia nacional y poner la mirada donde corresponde.

Si no fuera porque hoy está al frente del ministerio una persona confiable y de trayectoria consolidada, mejor sería enfocar todas las fuerzas en las nuevas iniciativas que los ciudadanos de a pie pudieran imprimirle a esa educación particular que tiene una clara superioridad frente a la municipal.

Un dato cambia la percepción: es la presencia de Mónica Jiménez como titular de Educación lo que exige que se respalde y nutra con nuevas ideas al gigante ministerial. Es cierto que la ministra dice a veces cosas que probablemente no están en el centro de sus convicciones educacionales, pero no es un misterio que no le queda otra que manifestarse contra el lucro o a favor de unas reformas estructurales que favorecerán nuevas burocracias y más controles. Es lo políticamente correcto en una funcionaria concertacionista.

Pero, ¿serán de verdad ésas sus líneas matrices de acción frente al drama de un 50% o más de niños de bajos recursos que apenas balbucean en lenguaje, matemática y ciencias? ¿Creerá la ministra, en su fuero más íntimo, que el estatizante acuerdo educacional del año pasado es la fórmula mágica para conseguir que esos niños puedan llegar a ser dignificados por el proceso educativo?

Doble contra sencillo que no. Asistente social, gestora de redes de participación ciudadana, administradora educacional y profesora en aula, la ministra Jiménez -que ella misma no nos diga que no es así, por favor- seguramente cree mucho más en las familias que en las reformas estructurales, probablemente favorece mucho más la acción pedagógica directa que las superintendencias, generalmente preferirá la cooperación de todas las fuerzas educacionales entre sí, que la aniquilación de unas por la manía controlista de otras.

Sabe la ministra, al definirse como mujer de raigambre cristiana, que la clave es la familia; pero también la ministra conoce de cerca, por su actividad social, que la familia chilena está en vías de extinción. Como todo educador ella bien entiende que nada de lo poco que los niños logran aprender en un día de clases se sostiene si no hay en sus vidas hogareñas un mínimo de respaldo en hábitos y conductas. Todo lo poco que se consiguió entre 8 y 5 se va al tacho entre 5 y 8.

En esa encrucijada, ¿puede llegar Mónica Jiménez a alguna conclusión más obvia que la de acentuar políticas que refuercen la familia como el ámbito educativo fundamental?

Podría dudar, sí, podría dudar. En el gobierno que ella integra y en la coalición que lo respalda hay ciertamente fuerzas que la pueden hacer vacilar. El bloque PS-PPD-PRSD es partidario de los más variopintos tipos de familias, incluida la de una solterona con sus mascotas. De ahí van a llegarle críticas y rechazos a una concepción natural de familia. Y le van a llover también otras de sus propios amigos del PDC, sí de los Pizarro y de los Latorre, cuando la ministra les recuerde que ese partido promovió el divorcio como un mal menor, pero que sus miembros (poca cosa es, pero así lo afirmaron) siempre han sido partidarios, al menos en teoría, de que el matrimonio y la familia resulten a la primera.

Un trío de sugerencias, para que las intente contra viento y marea (y no menor será la resistencia del gremio docente a través de sus propios balbuceos ideológicos).

Subsidio a las madres que se capaciten como monitoras en la formación de sus hijos, previa completación de un simple programa a cargo de las universidades con mejor experiencia en formación pedagógica. ¿Se imagina? Miles de madres que vuelven en parte de su tiempo laboral actual a sus casas, para formar mejor a sus hijos (habrá que resistir a las feministas ya educadas, a quienes los niños, porque no los tienen, les importan cero). Subsidio a las ONG que acrediten programas de formación de miles de estudiantes universitarios, cuya capacidad solidaria se vuelque ahora en reforzamiento escolar al interior de un hogar concreto, con niños que los sigan y admiren. Subsidio a las familias bien constituidas por cada niño en situación de ignorancia, aporte renovable de año en año según los rendimientos. O sea, dineros que se saltan las burocracias y que llegan mucho más directamente a las familias.

Una señal clara puede dar la ministra al país entero, pero, sobre todo, a los padres, primeros educadores: decir siempre, hasta el último día de su tarea ministerial, "sí a la familia".

Nota de la Redacción:
Ojalá que pueda, que esperamos por su capacitación es así, pero también es necesario que la dejen, en un tema que el Gobierno se ha encargado de enturbiar con una torpe politización, la que obviamente será aprovechada por los Profesores y Estudiantes, que por distintos motivos se han “emperrado” solo en los cambios que ellos quieren.
Si a lo anterior agregamos el feroz avance de la infección de la corrupción, veremos que la tarea de la Ministro será bastante dificultosa, lo que no obsta, que como chilenos esperamos le vaya muy bien.

Acount