miércoles, 4 de junio de 2008

"Reformando" sin pensarlo bien

"Reformando" sin pensarlo bien
Gonzalo Vial

Hubo tantas críticas a la Constitución de 1980, conocida como “de Pinochet” —sin perjuicio de que los mismos críticos la mantuvieran en gran parte—, que la inconveniencia de algunas de sus modificaciones ha pasado inadvertida.

1. El más notorio de los errores semejantes, cometidos “en democracia”, es el acortamiento desde 2005 del período presidencial a cuatro años, sin reelección. Esta era una novedad absoluta en nuestra historia. Habíamos tenido supremos mandatarios por cinco años, reelegibles; por igual plazo, sin posibilidad de reelección; y por seis años, y luego por ocho, igualmente irreelegibles... Pero la actual Presidenta estrenó el engendro del cuadrienio puro y simple. Algo nunca visto en Chile, desacorde con la experiencia del país y con sus defectos, copiado sin duda —en el escritorio de un constitucionalista— de países o libros extranjeros.

Las consecuencias, enteramente predecibles, se están dando a la letra de lo que era obvio predecir.

Ya durante las presidencias de la Carta de 1925 —seis años, irreelegibles— se señaló mil veces que de hecho conformaban estos seis años un bienio de gobierno; un bienio empantanado, pero en el cual podía avanzarse ALGO, y un bienio de total inefectividad, a la espera del “santo advenimiento”... el nuevo Jefe del Estado. ¿Tiempo aprovechable, por consiguiente? Dos años y medio, máximo tres.

A los dos años de los cuatro que gobernará la actual Presidenta, está claro que ella ya hizo lo bueno o malo que le cupo realizar. El resto del período podrá (con suerte) completar o corregir lo hecho y alguna cosita más. El último tiempo de la Jefa del Estado no girará alrededor de ella, sino de su sucesor. Ya tenemos tres candidatos claros (Piñera, Lagos e Insulza), y varios adicionales “al aguaite”. Agreguemos, este año y el que sigue, dos elecciones “cruciales” para una tercera, la de Presidente 2009, y el cuadro quedará listo. Las acciones gubernativas o legislativas ya no se harán con vista al bien común, sino mirando a quién ocupará La Moneda desde 2010; serán medidas ganadoras de votos (o encaminadas a que el adversario los pierda), como aquella famosa “reforma laboral” de fines de la administración Frei Ruiz-Tagle.

2. La Carta de 1980 establecía un período de “cuarentena”, durante el cual los alcaldes no podían postular a cargos parlamentarios.

Las reformas “democráticas” suprimieron ese beneficioso intervalo. Desde entonces, con excesiva frecuencia, las municipalidades no se preocupan, o se preocupan insuficientemente, de los problemas locales que les corresponden, pues están dedicadas a la política parlamentaria, en dos vertientes:

-preparar la postulación a diputado del alcalde respectivo, o

-preparar la elección o reelección de algún diputado o senador de la zona, actuando éste en coyunda con ese alcalde, bajo el lema de “hoy por mí, mañana por ti”.

Progresivamente, de tal manera, el trabajo de numerosas municipalidades se ha ido centrando en las “reelecciones”, constituyéndose máquinas de poder que perpetúan en las alcaldías a determinados partidos, o incluso a determinadas familias. Hay comuna que tiene alcaldesa e hija diputada, o que es “reino” de una familia local, y hasta existe circunscripción que tiene senador, diputado y alcaldesa de estrecho parentesco.

Amén del daño que representan las perpetuaciones de cargos populares vía las máquinas municipales, éstas son además fuente inagotable de despilfarro y corrupción. La carestía de las elecciones exige “crear” fondos, recursos que las solventen... ¿y de dónde mejor y más fácil, sino de las municipalidades? Los caminos se conocen: “activistas” político-electorales, empleados por los alcaldes para eso, y no para ningún fin de bien común, y que de la municipalidad no conocen sino la tesorería en que cobran sus cheques. Programas caros y vagos, v.gr. de deportes, de los cuales se puede sacar una “tajada” para financiar la elección. Contratos por servicios que jamás se prestan, o que se adjudican a parientes, compadres, correligionarios o amigotes, generosos en compartir lo que reciben... Etc., etc.

Todos estos abusos vienen de haberse repuesto, modificando la parte pertinente de la Constitución de 1980, el cordón umbilical entre las alcaldías y el Congreso. Por eso, además, éste jamás pone dificultad para echar dinero al tonel sin fondo, y que se vacía junto con llenarse, de las rentas municipales.

Pues bien, el afán de “reformar” la Constitución continúa, y hoy tenemos en curso varias modificaciones tan nocivas como las vistas, pero con muchos entusiastas. Ejemplos:

3. Que los chilenos emigrados puedan sufragar en el país donde vivan. Parece muy simpático, pero presenta dificultades de concepto y de forma:

-De concepto. ¿POR QUE correspondería facilitar el sufragio a esos chilenos? Ellos ya lo tienen (es cosa de que regresen a nuestro país, o de que viajen para votar). Pero quizás no convenga que se les facilite su ejercicio sin esfuerzo. Porque personas tales, sin duda muy dignas y respetables, son tan chilenos como cualquiera, pero, no residiendo aquí, no son TAN CIUDADANOS como sus connacionales que sí lo hacen. Pues a los primeros no los afectan los problemas relacionados con la elección de nuestras autoridades. No usan el Transantiago ni trenes de EFE, no pagan impuestos chilenos, sus casas no se inundan, no atienden en Chile (afortunadamente, cuando no son personas adineradas) su salud o la educación de sus hijos, etc., etc. A mayor abundamiento, no viviendo en carne propia nuestros problemas, y situados además lejos del país, tampoco pueden juzgar sobre las soluciones que para dichos problemas proponen los diversos partidos y candidatos ni, consiguientemente, decidir por quién votar con siquiera mediano conocimiento de causa.

-De forma. Creado el derecho que se pretende, sólo podrá ejercerse —no diviso otra manera— utilizando las sedes diplomáticas o consulares de Chile en el extranjero. ¿Cómo impedir los fraudes? ¿Cómo dar a la oposición —presente o futura, aliancista o concertacionista— instrumentos fiscalizadores, efectivos y fáciles que puedan operar EN TODO EL MUNDO?

Admito que todo el tema es discutible, pero irrita la poca seriedad con la cual se aborda. La cosa es usarlo electoralmente, sin medir sus pros, sus contras ni sus consecuencias... pegarle la etiqueta de “antidemocrático” a quien rehúya aceptar la propuesta a fardo cerrado. Y del otro lado, de parte de aquellos que la resisten, no hablar claro en contra, para evitar les coloquen la sobredicha etiqueta. ¿Qué saldrá de esta frivolidad? Un engendro tipo “reformas laborales”, ténganlo Uds. por seguro.

4. El binominal. No es reforma de la Constitución, pero lo parece, por la doblez que envuelve el tema.

El binominal fue discurrido para que el supuesto tercio partidario del régimen militar no resultara borrado en las elecciones parlamentarias por los supuestos dos tercios enemigos del mismo. Pero de hecho no hubo tales tercios, sino más bien dos mitades, una del centro hacia la izquierda (Concertación) y otra del centro hacia la derecha (Alianza), y sus respectivos bloques.


Ambos bloques, Alianza y Concertación, se reparten el Congreso más o menos por mitades, y sus llantos contra el binominal son lágrimas de cocodrilo: ESTAN PERFECTAMENTE DE ACUERDO EN QUE SIGA, LOS BENEFICIA Y BENEFICIA A SUS PARLAMENTARIOS. ¿Por qué?

a) Beneficia al bloque, porque impide el chantaje de los partidos chicos (no consiguen representación en el Congreso), y también porque evita, o cuando menos modera, un segundo chantaje: el de los parlamentarios díscolos: su bloque los amenaza, si perseveran molestando, con no llevarlos como candidatos la próxima elección. Llegada ésta, las disidencias individuales, o las colectivas tipo “ChilePrimero”, los “colorines”, etc., desaparecen solas.

b) Beneficia a los parlamentarios en ejercicio, pues ellos, dado el sistema binominal, no disputan su cargo con el parlamentario en ejercicio del OTRO bloque. Cada bloque tiene seguro el suyo (salvo el caso muy raro de “doblaje”... una lista que duplique los sufragios de la que sigue en votación). Por tanto, el parlamentario de un bloque pelea la continuación en su asiento, con los candidatos DE SU MISMO BLOQUE Y LISTA. Y frente a éstos, ser YA congresista es una ventaja fundamental... frecuentemente irremontable.

De allí la perfecta conformidad de fondo —aunque inexpresada— en el binominal, conformidad que incluye a Alianza, Concertación y sus parlamentarios de hoy.

Por ello el llanto artificial por la “exclusión”. ¡Es tan fácil poner término a ésta! Basta volver al sistema proporcional existente bajo la Constitución de 1925. Pero nadie, por supuesto, lo propone.

La cosa es ganarse los votos de los comunistas o de otro grupo minoritario para la próxima elección de Presidente, dándoles una limosna de parlamentarios si alcanzan un determinado porcentaje de la votación nacional. Es tan arbitrario como el sistema de hoy, que se critica. Abre de nuevo la puerta del chantaje para este o estos partidos chicos, decidiendo con sus pocos congresistas entre los dos bloques, y cobrando el precio político-administrativo del caso. Pero ¿qué importa? Es el hoy, el corto plazo lo que vale. No el mañana, mirar un centímetro más allá de las narices.



Acount