jueves, 9 de octubre de 2008

Comentarios contingentes.

Injusto desprestigio de las crisis
Hermógenes Pérez de Arce

Dicen que esta crisis se debe a que los banqueros han engañado a la gente. ¡Pero si el sistema bancario, desde que se creó en el medioevo, se basa en engañar a la gente! Y lo hace con plena autorización legal de las mayorías democráticas.

En efecto, cuando usted deposita un millón de pesos en su cuenta corriente, su banco le dice: "Queridísimo cliente, le vamos a cuidar muy bien su millón". Pero está autorizado para prestar a otra persona 900 mil pesos del millón suyo, sin preguntarle a usted. Y cuando esa otra persona deposita a su vez esos 900 mil pesos, el banco también le dice que se los va a cuidar, pero inmediatamente le presta 810 mil pesos de ellos a una tercera persona, y así sucesivamente. Eso se llama "multiplicador bancario".

Una cosa parecida sucede en las demás instituciones financieras, que no están en condiciones de devolverle a toda la gente (y ni siquiera a una minoría sustantiva) sus depósitos, de un día para otro. Es diferente en las bolsas de valores, donde la gente puede ir a vender todas sus acciones en medio del pánico, haciéndolas bajar todo lo que se quiera, y siempre habrá algún comprador a precio de huevo, que espera ganar a futuro el ciento por uno. Los mayores grupos económicos actuales se formaron comprando acciones así en la crisis de los años 80.

Pero cuando la gente en pánico retira sus depósitos, el multiplicador opera al revés y el dinero se reduce en muchas veces, generando recesión por astringencia monetaria y crediticia. Los Bancos Centrales (casi siempre) saben esto y en tiempos de pánico actúan como prestamistas de última instancia y le dan a la gente lo que pide: billetes a granel. Hasta que pasa el pánico y los clientes vuelven a llevar su dinero a las instituciones financieras. Entonces el Banco Central recoge billetes, todo se normaliza y volvemos a creer que la plata está en nuestras cuentas.

Cuando salió Allende, todos fuimos en masa a retirar nuestras platas. El Banco Central aumentó la emisión todo lo necesario. A las dos semanas, los depositantes nos dimos cuenta de que Allende todavía no se iba a quedar con nuestro dinero y, por tanto, lo llevamos de vuelta a los bancos. Pero Allende y los suyos no tenían idea de economía, y no retiraron ese dinero, creyendo que la "burbuja" de crecimiento artificial era permanente. Eso condujo a la inflación más alta del mundo, la escasez generalizada y la caída del mismo Allende.

El gobierno militar también salvó al sistema financiero a comienzos de los 80, pero los Chicago Boys sabían de economía y salimos antes que nadie de la crisis.

Yo supongo que el Banco Central habrá aprendido algo de la historia y no irá a subir la tasa de interés ahora, en pleno período de astringencia provocada por el pánico. Si lo hiciera, merecería figurar en el Guinness junto a las autoridades monetarias estadounidenses de 1929-1930, que redujeron el dinero en pleno pánico, provocando la mayor recesión del siglo XX.

Los españoles de Telefónica merecen párrafo aparte. Cuando hace meses vieron sus acciones deprimidas por la precrisis, se dijeron: "Macho, es hora de servirnos a estos sudacas y hacernos del total de Telefónica Chile", e hicieron una OPA, ofreciendo un precio apenas superior al del deprimido mercado local. Pero el destino quiso que viniera el terremoto de verdad, y resultó que los minoritarios nos estábamos sirviendo a los españoles, pues con el pánico las acciones habrían bajado a la mitad de lo que éstos ofrecían en la OPA, que aparecía muy conveniente, pues íbamos a aprovecharla para tener liquidez y hacernos de otras acciones a un tercio o menos de su valor de largo plazo. Pero "no hemos nacido para ser felices", y los españoles dieron por fracasada la OPA. Sea como fuere, la oportunidad de "hacer la pasada" está todavía ahí. Entonces, dígame usted si no es verdad que las crisis han sido injustamente desprestigiadas.

La oportunidad de la austeridad
Gonzalo Rojas Sánchez

En Puerto Varas, un buen amigo afirma que para ellos la crisis comenzó mucho antes, que son cientos los puestos de trabajo perdidos por la infección de los salmones.

Cerca de Santiago, algo al norte, otro conocido se queja de que a su packing está llegando cada vez menos fruta. ¿Por qué? Falta de confianza, sostiene, sin dar mayor explicación.
En pleno centro de la ciudad, un constructor bastante abatido mira la obra a punto de entregar y profetiza que muchos de esos trabajadores van a tener enormes dificultades en las próximas semanas para lograr una nueva pega.

Los tres -y todos aunque todavía no suframos directamente algún problema por la crisis- hemos comenzado a tomar medidas macro y microeconómicas (no en el sentido del léxico de los entendidos, sino puramente referidas al monto en pesos de lo que pueda estar afectado).
Bien, pero hay una dimensión mucho más importante aún en la que ponerse las pilas: las medidas macro y micromorales.

La macro moral. Que cada uno mire el entorno laboral y famiiar en el que se está moviendo y se pregunte al menos estas tres cosas, busque respuestas éticamente exigentes y las ponga en práctica.

¿Qué personas van a ser afectadas en sus ingresos, en su estabilidad laboral y eventualmente en su dignidad?

¿Qué se puede hacer para prevenir esos daños o al menos reducirlos?

¿Qué se debe hacer para ayudar a quienes desgraciadamente no puedan evitar su quiebra, o su despido, o su depresión o su cambio de nivel de vida?

Y también, la micro moral, esa mirada sincera y profunda -exigente- sobre los hábitos personales de gasto, de consumo, de uso de objetos, de trato con los bienes intangibles (el tiempo), de administración de lo propio y de lo ajeno.

Otra trilogía de preguntas auxiliará al inquieto.

¿En qué se puede ahorrar para prevenir y qué hábitos dispendiosos deben cortarse ya? ¿Qué instrucciones hay que dar en la casa para que esta crisis sirva a la formación de los más jóvenes en la austeridad? ¿Qué comportamientos personales de gran señor son una ofensa al que lo está pasando muy mal?

Bueno, podría decir, el economista econométrico, pero si todos se comportan así, habrá recesión, nadie gastará nada, el consumo se irá a los suelos, los stocks se pudrirán.

No se preocupen, nada hay más activante que el ahorro y la donación, que la aportación efectiva del que tiende la mano al que lo perdió todo o cayó en desgracia. Nada activa más la economía verdadera que la generosidad solidaria y en pesos. Es redistributiva en la macro y en la micro moral. Nos reubica en el para qué creamos riqueza y la usamos.



"Credit crunch" y recesión
Ricardo Claro Valdés

El 27.08.08 comenté que "la situación de los EE.UU. ha empeorado" y que "el temporal desatado en el sector subprime está causando la crisis financiera más compleja y, tal vez, más grave desde la depresión de los años 30, con efectos recesivos". Los sucesos de los últimos días lo confirman.

Recordaré errores graves que han influido en esta crisis.

Gran culpa tiene el secretario del Tesoro, Henry Paulson. 1° Se percató de la gravedad del problema tarde: el 26 de julio de 2007 expresó: "Yo no pienso que plantee un riesgo serio para la economía en su conjunto, porque tenemos una economía diversa y sana". 2° Apoyó indebidamente a tres bancos que tenían grandes inversiones en hipotecas subprime ocultas, fuera del balance en SIVs, para traspasarlas a un fondo con financiamiento de varios bancos, y fracasó. 3° El 11 de septiembre, después de la reunión anual de banqueros centrales y economistas en Jackson Hole, Wyoming, al darse cuenta de la magnitud de la crisis, dijo que "ésta será la más larga de los últimos 20 años". 4° En mayo de 2008 afirmó que "lo peor de la crisis ya pasó", demostrando nuevamente que estaba lejos de la realidad. 5° Presentó al Congreso un proyecto incompleto de "rescate", de tres páginas, y no lo discutió previamente con los congresales, lo que provocó su rechazo por los Representantes. El aprobado tiene 120 páginas.

La Federal Reserve y su presidente no han estado exentos de errores, siendo Bernanke mucho más capaz que Paulson. El primer error fue que se dio cuenta, también tarde, de la gravedad del problema, reaccionando en septiembre de 2007. El segundo fue creer que la crisis financiera era un problema de liquidez. En mi artículo de 22.04.08 afirmé: "La crisis financiera continúa porque no es de liquidez, sino de solvencia", y agregué: "Los bancos no se prestan entre sí, por una desconfianza generalizada". El 15.05.08 insistí en ello. El tercero fue confiar mucho en que bajas sucesivas de la tasa de interés harían mejorar la situación económica. Paul Samuelson, Premio Nobel de Economía, en un artículo reciente afirmó que "en momentos de alteraciones más graves -1929-1933 o 2007-2008-, los cambios por parte de los bancos centrales de sus objetivos de tipos de interés se vuelven cada vez más impotentes".

El Congreso fue también lento. El senador Charles Schumer (D.N.Y.), el 19.09.07, en un comité conjunto para discutir la crisis, dijo: "Temo que todavía no apreciamos la seriedad del problema que enfrentamos. Nuestras respuestas políticas no están a la altura del riesgo que todavía tenemos por delante".

En política económica es esencial el timing, esto es, actuar oportunamente, y en este caso se perdieron varios meses.

Otra crítica importante es la falta de fiscalización. Dicen que no había facultades. Falso: hay tres organismos con poderes para fiscalizar: la Federal Reserve, la OCC (Office of the Comptroller of the Currency) y el FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation). La Fed tiene atribuciones amplias (salvo respecto de los bancos de inversión). La pasividad respecto de los bancos comerciales, en parte, es responsabilidad de Greenspan y Bernanke.

EE.UU., como muchos otros países, atraviesa por una crisis de valores. Muchas universidades dan una formación deficiente en lo moral, y así llegan a dirigir y mandar en las empresas personas sin ética. Si unimos a eso profesionales jóvenes que ponían en práctica ideas descabelladas, no nos extraña el resultado. Si a esto agregamos la falta de fiscalización y el apoyo estatal inicial entusiasta del financiamiento subprime como algo de alto interés social, no podemos juzgar el fracaso como una falla de la economía de mercado, sino como resultado compartido de empresarios y autoridades estatales.

Respecto del plan de rescate aprobado por el Congreso, con un gasto máximo de US$ 700 billones, que se desembolsan por etapas para comprar activos ilíquidos de los bancos, estimo que no dará los resultados previstos, porque la cantidad es insuficiente. La reacción de los mercados mundiales después de la aprobación, con bajas violentas en los precios, indica claramente que no da confianza.

Ayer, la Fed, en una decisión oportuna, anunció que destinaría fondos para reactivar el mercado de papeles comerciales, que se había contraído gravemente. También ayer, Bernanke mencionó en un discurso una posible baja en los intereses, cuyos efectos en situaciones graves como ésta comenté. Las bolsas bajaron.

Creo que veremos momentos muy difíciles, con una recesión que ya empezó, porque los males de Wall St. están contagiando a "Main St." -la economía real con índices descendentes-, y que puede continuar hasta junio de 2009. Parece ser profunda y global, pues afecta a Europa y a algunos países en Asia.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Hay otros temas

Hay otros temas
Gonzalo Vial

No nos preocupemos de la crisis, fiel lector, que no la entendemos Ud. ni yo, ni menos los economistas, y además —si pensamos mucho en ella— nos puede dar miedo e insomnio. Hay otros temas.

MINISTERIO DEL INTERIOR Y FARC. El ministerio es el campeón mundial de la prestidigitación comunicacional. Ahora, ante los posibles contactos chilenos con las FARC —subversivas, antidemocráticas, violentas, secuestradoras y narcotraficantes— el ministerio intenta llevar el asunto al terreno que sigue: si hizo bien o mal Colombia cuando entregó a políticos de la oposición chilena antecedentes sobre dicho tema, y si hicieron bien o mal esos políticos al utilizarlos públicamente.

Pero estas dudas son sólo formales y secundarias. Lo importante es otra cosa. Indiscutidamente, existía en La Moneda un funcionario de rango medio, pero de buenos contactos concertacionistas, y mejores en el círculo asesor más próximo a la Presidenta, y que este funcionario tenía también vínculos con las FARC. Hasta el punto que los colombianos: a) quisieron enseñarle cómo despacharles y recibir de ellas mensajes en clave; es decir, indescifrables para quienes no conocieran ésta (afortunadamente el alumno resultó poco aventajado: no aprendió); b) comunicaron todo lo relativo al amigo chileno, funcionario de La Moneda, al segundo jefe de las FARC, entonces vivo y oculto en un campamento clandestino de Ecuador. Debe entenderse que esta comunicación no era de carácter social, sino útil al manejo político/militar de las FARC.

Pues bien, la autoridad chilena lo supo cuatro meses antes de la entrega de antecedentes a los políticos opositores, y no hizo nada. Y ahora se ha limitado a «degradar» (!) al funcionario de marras a otro puesto de menor rango. Esperemos que, en estos meses, no se haya aprendido la clave de las FARC.

Aquí está es el verdadero y peligroso problema, si las FARC han de tener amigos con clave propia dentro del Gobierno de Chile, y una benevolencia tan grande dentro de éste.

HUMAN RIGHTS WATCH (HRW). La expulsión de Venezuela del director de esta entidad pro derechos humanos, un chileno, ha provocado polémica.

Pero seguimos sin saber quiénes están detrás de la institución, quiénes la manejan. El director expulsado, aparentemente muy eficaz, es sólo un funcionario de HRW: estará ahí mientras sus superiores no lo reemplacen. Mas, ¿quiénes son los superiores? ¿Por qué detentan esa calidad? ¿La tienen «de derecho divino», o a su vez han sido elegidos, y en este caso por quiénes y cómo? ¿Es democrática una entidad que se preocupa tanto de la democracia a nivel mundial? Y si lo es... ¿ cómo concibe y practica la democracia?

El director dice que su financiamiento es múltiple. Pero una cosa es financiar una institución, y otra manejarla. Y no pesa tanto en el manejo quien le aporta 1 dólar, y quien le aporta 1 millón de dólares.

El asunto no es baladí. Hay muchas «organizaciones no gubernamentales» en el mundo, bien montadas, bien dirigidas en lo funcionario, bien «comunicadas» mediáticamente, defensoras de causas «simpáticas» y con fondos cuantiosos... pero que es un misterio quiénes las financian, controlan y deciden sus a veces secretos propósitos y estrategias. En los años ’50 del siglo pasado, una institución aparentemente irreprochable en sus objetivos y miembros, el Congreso por la Libertad de la Cultura, era instrumento de la CIA, que la financiaba. No digo que sea el caso de la HRW... pero conviene, siempre, la claridad.

CANAL DEL ESTADO. Ayer caí casualmente en el Canal 7 o «Nacional», propiedad del Estado, y anunciaba para la noche un programa completo sobre un hijo violador de su madre.

Me entretuve recordando las últimas iniciativas del mismo canal que han provocado «impacto»:

-La teleserie sobre un terrateniente del siglo que pasó, explotador y (¡otra vez!) violador. Tema viejo y resobado, pero que han podido tratar con dignidad la novela (Gran Señor y Rajadiablos, de Eduardo Barrios... hace sesenta años justos) y el cine (Julio comienza en Julio... hace treinta). De la teleserie del 7, como de cualquier teleserie, nada era rescatable, salvo quizás la filmación. «Argumento» de radioteatro de los años 40. Personajes planos e inverosímiles, de sentimientos huachacas y diálogos ridículos. Música, o sentimentaloide o efectista. Actuación... ¿qué actuación cabe, con los elementos anteriores, y teniendo además que cerrar cada libreto diario alguna truculencia que deje a su protagonista en foto fija y con una mirada de espanto? Y por fin —es el Estado el que nos entretiene— sexo, mucho sexo explícito y ahora además brutal, y una violencia récord: siete personajes muertos a mano armada en el último capítulo.

-La «elección» del «mejor chileno», ganada estrechamente por Salvador Allende sobre Arturo Prat. No ha sido esto lo importante. De ser inverso el resultado, los vicios de la «elección» hubieran sido exactamente los mismos. A saber: la ninguna seriedad del programa —copiado de un modelo extranjero, por supuesto... NINGUN «éxito» de nuestra TV deja de ser copia—; la forma irregular y manipulable de la selección de los candidatos, y de las votaciones; y —sobre todo— el nivel no primario, sino parvulario, de la presentación, defensa y crítica de las distintas postulaciones. Tan bajo, que en un desayuno con los participantes el Canal les sugirió mediante un memo los «cargos» contra los respectivos candidatos, alrededor de los cuales giraría el debate de TV. Y así se discutiría si Allende era ebrio y «ñoña» la poesía de Gabriela Mistral; si el heroísmo de Prat fue un montaje propagandístico, etc.

Es cierto que algunos de los presentadores de candidaturas superaron (no era difícil) el nivel propuesto por Canal 7, pero no pudieron alterar la disparatada estructura global del programa. De este modo, se convirtió en una chacota lo que hubiese podido ser un análisis serio y pluralista, sin «competencia» ni farándula, de quiénes han sido los mejores chilenos. Algo propio del Bicentenario y del canal que dice ser de todos nosotros.

De estos recuerdos inmediatos pasé al de otros «impactos» anteriores del mismo canal: una cárcel de mujeres (a la cual se le anuncia segunda parte) donde todas las presas y las gendarmes eran sádicas, o lesbianas, o ambas cosas... un señor que cortaba en pedazos a la gente con una motosierra... unos caballeros y damas de «treinta» (años) que se acostaban indiscriminadamente unos con otros, hasta que se agotaron los cruces posibles y terminó la serie...

¿Quién se acuerda de nada de esto? ¿Quién se acordará mañana del «mejor chileno» y del perverso hacendado? ¿Qué valor social, cultural o aun de entretención razonable han tenido tantos esperpentos?

Al obvio daño de formación que ellos producen en niños y adolescentes el Canal responde, muy serio, que transmite sus engendros en horario de adultos, siendo de responsabilidad paterna que —a esa hora— no los vean los menores de edad. ¿Nos hemos detenido a sopesar la insensatez de este argumento? «Reparto cocaína gratis —dirá mañana el Estado—, pero sólo en la calle y después de las diez de la noche. Si la reciben menores, culpa es de los padres por no tenerlos acostados en su casa».

El Canal se jacta, también, de sus transmisiones culturales. Son mínimas y, salvo honrosas pero pocas y espaciadas excepciones —los programas del cineasta Ruiz, por ejemplo—, irrelevantes. Viajes exóticos con comentarios superficiales, o programas «envasados» de las mismas características, y una preferencia por el escándalo y (sorprendentemente) por la irreligiosidad anticatólica.

¿Noticiarios? Los mismos de los otros canales: política menuda, crímenes y en general violencia, fútbol y un paupérrimo servicio exterior.

Hay que repetir la reflexión de siempre. La culpa de todo lo que precede no la tienen quienes producen el Canal 7. Se les exige autofinanciarse, y para ello tienen que ser comerciales, ganar avisos, obtener el «rating» que atrae éstos. Para lo cual hacen lo que hacen todos, en todo el mundo: TV/chatarra. La pregunta, entonces, es otra: ¿para qué necesita el Estado de Chile hacer TV/chatarra? La obvia respuesta: para nada. Y la conclusión, la de siempre: si el Estado de Chile requiere (lo que es muy discutible) una TV propia, «pública», «nacional», auténticamente cultural, etc., ésta no puede ser a la vez TV comercial: debe ser subsidiada. O subsidiarla, o venderla y gastar la plata en algo útil.

martes, 7 de octubre de 2008

Dos comentarios para meditar

¿Estamos blindados?
José Ramón Valente

La semana pasada el mercado financiero chileno tuvo su propia crisis de liquidez. Siguiendo la moda impuesta por el mercado financiero internacional en los últimos meses, los bancos nacionales entraron en pánico y restringieron fuertemente las líneas de créditos que otorgan a las empresas y también las que se otorgan mutuamente. Esta verdadera psicosis generó una fuerte alza en el dólar y en las tasas de interés.

En este contexto, a pesar de que las autoridades económicas han repetido hasta el cansancio que Chile está blindado de las turbulencias de los mercados internacionales, los eventos de la semana pasada sugerirían lo contrario. ¿Podemos realmente decir que los chilenos no vamos a ser afectados por la crisis financiera internacional? Mi opinión es que no.

Chile es un país que importa y exporta miles de millones de dólares al año de decenas de países en todo el mundo. Además recibe cuantiosas cantidades de inversión extranjera al mismo tiempo que nuestras empresas e inversionistas compran empresas, acciones y bonos en los cinco continentes.

¿Cómo podría Chile quedar inmune a una recesión mundial, si tenemos que vender nuestro cobre, nuestro vino, nuestros salmones y nuestras uvas en dicho mercado? ¿Cómo podría no afectarnos la crisis financiera internacional, cuando nuestros bancos requieren líneas de crédito de bancos internacionales para soportar las operaciones de comercio exterior de importadores y exportadores? ¿Dónde van a obtener el financiamiento las multinacionales que quieran invertir en Chile si la banca mundial está en crisis?

Lo cierto es que al igual que el resto de los países latinoamericanos, entre el 2003 y el 2007, Chile se favoreció por una bonanza sin precedentes de la economía mundial y ese escenario sin duda cambió. La economía mundial se encamina hacia una recesión, por lo que al menos el trienio 2008-2010 va a ser mucho más malo que el quinquenio 2003-2007. El financiamiento va a ser más escaso y la demanda y los precios del cobre y de la mayoría de nuestros productos de exportación van a ser más bajos. En otras palabras, nuestros ingresos como países van a ser significativamente menores.

El blindaje de que hablan las autoridades consiste básicamente en haber ahorrado parte de los excedentes del cobre durante el período de bonanza, de manera que las finanzas del sector público están muy sanas. Tenemos más de US$ 20 mil millones en caja. Pero como bien saben las empresas y las familias, la plata en disponible en la cuenta corriente es sólo un paliativo para cuando los negocios andan mal o cuando se pierde el empleo.

El gobierno chileno aprovechó de ahorrar mientras las vacas eran gordas, no cabe duda de eso. Pero al mismo tiempo no se preocupó de fortalecer realmente su economía para que ésta pudiera sobrellevar bien un período de crisis mundial. Nuestros jóvenes no están mejor educados, nuestras empresas no son más competitivas, no tenemos un mercado del trabajo más flexible y nuestro Estado es igualmente burocrático que hace seis años. Estamos igualmente vulnerables, si no más, ante una situación de estrechez de la economía mundial que lo que estábamos el 2002 antes de empezar el período de vacas gordas. Nuestras empresas pueden perder sus mercados y su capacidad de generar utilidades y nuestros trabajadores sus fuentes de trabajo si la situación mundial se complica. En ese contexto, y aunque el gobierno abriera las arcas fiscales para repartir el botín de los ahorros del cobre, entregando subsidios por doquier, dicho esfuerzo se puede llegar a sentir como una aspirina para sanar una bronconeumonía si la situación mundial sigue empeorando

Otro Chile
Margarita María Errázuriz

No sé si nos hemos dado cuenta del cambio que ha vivido el país en este último tiempo. En muchos de sus rincones se observa un desarrollo con calidad de vida y rostro humano.

Hacía tiempo que no visitaba Chiloé. Junto con pisar la isla noté que todo era distinto: Pargua, los caminos pavimentados, el paisaje, las casas. No podía dejar de sorprenderme. Cierto que era un día de comienzos de primavera, asoleado y con el campo muy verde; lo justo y necesario para que todo se viera bonito.

Fui hasta Chonchi. Mientras recorría su centro urbano, su escuela, el liceo y el internado —estos dos últimos dan formación técnica profesional—, preguntas e ideas sueltas me asaltaban a cada paso. Hay algunas que me gustaría compartir.

A juzgar por lo que allí vi, las escuelas y liceos que está construyendo el Ministerio de Educación son de antología: obras de arquitectura que vale la pena conocer. Vigas de madera en anchos corredores que sirven de patio cuando llueve, calefacción geotérmica, aulas equipadas con tecnología de punta. En el liceo entré a una sala donde los alumnos tenían abierta la página web del Servicio de Impuestos Internos. A mí me gustaría estar tan familiarizada con ese sitio como ellos están; estudian para ser contadores. En el internado, la especialidad es la acuicultura.

En la escuela —es municipal; vale decir, a ella asisten los hijos de las familias más vulnerables del lugar— participé en una ceremonia donde estaban todos los alumnos presentes. Me encontré con niñas y niños educados, tranquilos; algunos forman parte de un conjunto de instrumentos de cuerdas, y otros de un grupo de cueca huasa. Hacía tiempo que no veía bailarines tan bien plantados: huasos chicos con espuelas que sabían hacer sonar, huasitas con enaguas almidonadas —al sentarse, se las levantaban para no achatarlas— y zapatos negros con taco y la punta redondeada, como corresponde...

No lo podía creer. Tres establecimientos educacionales de primera categoría, con una matrícula para alrededor de 600 alumnos cada uno, en una comuna cuya población no pasa de los 14 mil habitantes, en su mayoría rural. Un pueblo relativamente pequeño, donde las escuelas y la iglesia —patrimonio nacional— son el centro de la vida de la comunidad. Sus habitantes merecen todo mi respeto. Todo un pueblo volcado a la educación e interesado en adquirir conocimientos sobre el salmón. Ese lugar trasunta sinergia y dignidad, fuerzas que se reflejaban en la cara de esos niños, en su orquesta, en sus bailes. En esos lugares se está gestando otro Chile, que mira de frente, seguro de su valía.

Volví llena de esperanza y tan impresionada que quise saber más de Chonchi. Su porcentaje de pobreza total es semejante al de Santiago y La Reina; la mitad de la pobreza de Macul y menos de la mitad de Viña del Mar.

Al recordar Chonchi no puedo dejar de pensar en el rol de la escuela y de la Iglesia en la vida de una comunidad. Muchas veces no valorizamos lo suficiente la función de ambas instituciones como ejes sociales que proyectan símbolos, ofrecen espacios de encuentro, transmiten valores que le dan un tremendo sentido a la vida y una calidad que vitaliza su quehacer.

De ahora en adelante miraré con otros ojos las decisiones públicas que atañen al interior del país y la información sobre situaciones que afectan su actividad económica. No me limitaré a encogerme de hombros cuando oiga sobre problemas como el del salmón. Hay una enorme cantidad de personas a las que esta industria les ha cambiado la vida. También, mi mirada será otra cuando se evalúen acciones públicas que inciden en poblaciones distantes o cercanas, cuya importancia no alcanzo a dimensionar.

No somos capaces de calibrar el mundo que está más allá del nuestro, que también es Chile y que depende de las acciones que se toman desde el nivel central. Para opinar, hay que estar en contacto directo con esas realidades. En mi caso, no soy la llamada a juzgar sus prioridades. Espero haber aprendido esta lección.

Y me gustaría vivir en esas tierras; uno se encariña con ellas y su gente

lunes, 6 de octubre de 2008

3 comentarios de lujo

Conservadores: es vuestra oportunidad
Gonzalo Rojas
Que si los mercados o el Estado; que si la autorregulación o, mejor, el control: en ese plano han querido poner algunos la discusión.

A los socialistas les conviene. Aunque son cortos y perezosos por definición de vida, cuando vislumbran una ventanita abierta en el tema que ya parecía cerrado -el modo de organizar la Economía- se cuelan por ahí, olvidando y disimulando todas las gorduras y grasas de sus propias experiencias gubernamentales. Y ofrecen sesudas lecciones, como si el siglo XX hubiese sido borrado de la Historia y el socialismo, por lo tanto, consistiese en una propuesta inaugural, nunca probada, nunca fracasada.

Oiga, oiga, estimado asesor socialista: saque sus sucias manos de esta cirugía, mire que están llenas de grasa (y en muchos casos, también de sangre).

Al frente, amagados, los liberales -tan inteligentes ellos para los números- no entienden que arrastrados al plano dialéctico que enfrenta al mercado con el Estado, ya perdieron la discusión: el chileno medio, casi siempre domiciliado en Pelotillehue, se inclina sentimentalmente a favor de la diosa burocracia, a la que considera una vestal pura y desprendida, mientras rechaza al viejo verde y cochino, al empresario de cigarro y levita.

Imposible para los liberales entender que las libertades se encarnan, a veces se infestan, e incluso llegan a invadir todo el organismo con su expansión cancerosa, si están mal concebidas.

De socialistas y liberales, basta ya. Porque ni en el Estado ni el mercado -qué diantres son esas entelequias- están los problemas.

La clave está en qué resulta ser aquello que llaman ciencia económica y cómo se la enseña a quienes después la practican, ya sea en los Estados o en los mercados.

La inmensa mayoría de los directivos y profesores de las Facultades de Economía, o Administración o Negocios -y da igual que sean liberales o socialistas- repiten que la suya es una disciplina que forma parte de las ciencias sociales; y así la clasifican, hermanándola con el Derecho, la Sociología y la Ciencia Política, cuyos cultores por algún motivo, tratan de alejarse, despavoridos, de tan magna compañía.

Pero la experiencia es contraria a esa clasificación. El haber enseñado en una facultad de Economía y Administración una asignatura obligatoria y netamente humanista, Derecho y Sociedad -y durante 23 semestres consecutivos- otorga algún conocimiento de la fauna aquella. Todos, absolutamente todos los pizarrones tenían -menos el de esa asignatura- todos, absolutamente todos los días de la semana, números y más números, fórmulas y más fórmulas: modelos, parece que los llaman. Ahí -se lo creen muchos profesores y se encandilan casi todos los alumnos- justamente ahí, estarían las soluciones para optimizar o regular, según las orientaciones de cada cual.

Por eso, no faltan las minorías algo más sinceras, que le otorgan a la disciplina incluso la calidad de ciencia exacta. Hay una ecuación, sabes, que lo aclara todo, te dicen.

Y en ese clima se forman -o más bien se deforman- emprendedores, controladores, ejecutivos, burócratas... los actores del mercado y los funcionarios del Estado, los que de un lado u otro olvidan que su disciplina no pasa de ser un conjunto de recetas, sólo convenientes cuando se conoce bien al organismo al que hay que alimentar: la persona humana.

¿Quedan aún profesores que consideren norma de oro, ésta que Miguel Kast formulaba con fuerte exigencia y que se leía así?: "No es el desarrollo en sí mismo lo que se persigue, sino que este desarrollo esté concebido como medio para alcanzar los valores superiores del hombre."

Uno que otro hay, uno que otro de esos que se preguntan siempre en primer lugar por el ser humano de alma inmortal, por sus vínculos familiares y de amistad, por su acceso al arte y al descanso, por su salud mental y moral. Como no queda espacio para otra denominación, conservadores los llamarán sus pares, si es que se topan con alguno; otros, más despectivos, se quejarán frívolamente del fundamentalista aquél o del integrista tal o cual, de esos tipejos que nada saben de economía y se atreven a citar filósofos en el reino de los modelos, viste.

Que no entiende de números, que es un iluso precientífico, dirán los liberales. Que no sabe nada de cambios, que es un retrógado que protege intereses, dirán lo socialistas.

El conservador sonríe: entiende de personas, de libertad, de los verdaderos fines de la vida; y, por eso, ya caló a los socialistas y a los liberales por igual.

La sociedad de los sueños... y de la "cola larga"
Karin Ebensperger

Mientras discutimos sobre la crisis de Wall Street, un mundo nuevo está ocupando lentamente el horizonte económico. Internet está creando comunidades de intereses, tribus con sentido. Es la tendencia hacia un mundo horizontal, ya no vertical dominado por los Estados, y en él las extrañas maniobras de Wall Street o los proteccionismos de los gobiernos sonarán absurdos. Creer que el mundo es manejable sólo según las antiguas leyes económicas es no entender que están surgiendo otras lógicas.

Chris Anderson, uno de los autores más citados en estas nuevas tendencias, en sus libros "Free" ("Gratis") y "The Long Tail" ("La cola larga") explica cómo la tecnología nos hace pasar de mercados de masas a mercados de nichos. Dice que en internet es más rentable vender menos cantidad de muchos productos diversos, que mucha cantidad de pocos productos genéricos. Pasamos así de una cultura de la uniformidad a una cultura de la diversidad.

La tecnología permite costos marginales casi nulos, y avanzan los negocios bajo el concepto de lo gratis.

En los tradicionales medios de comunicación como la TV se entregan productos genéricos para llegar a un público masivo, porque en el siglo XX la capacidad de distribución era muy limitada. Existía un número finito de canales, radios o diarios y había que ganar la atención de mucha gente a la vez. Era la sociedad de masas.

Hoy la emisión no es un problema, son infinitos los canales de internet. Y eso cambió el concepto de la distribución. En la nueva economía se trata de atender una multitud de micromercados con necesidades particulares y concretas, ya no genéricas.

De un perfume se regala 0,1% del producto para vender el 99,9% restante. En internet ocurre lo opuesto: se entrega gratis 99.9% del producto, para cobrar el 0,1%, a una masa mucho mayor.

Si los Rolling Stones suben gratis una canción a internet, la oyen cientos de millones. Basta que un mínimo porcentaje se interese en comprarla o en sus conciertos y productos asociados, para que sea mucho más rentable que si hubieran cobrado a menos personas dispuestas a pagar.

Es lo que pasa con Wikipedia, o los blogs, que llegan a millones. El negocio es la atención -captar a las personas para que hagan click en el mensaje- y la reputación -la valoración de ese mensaje-. Los inventores de Google entregaron información gratis al usuario, consiguieron atención y reputación, y tuvieron éxito rotundo.

En la nueva economía de internet, la información genérica es gratis. Pero el segundo "click", que implica buscar la información más específica, hecha a la medida, única, es muy valioso y rentable. Es la "larga cola" de nichos.

Los nórdicos la llevan en este nuevo concepto de economía. Rolf Jensen, quien dirigió el Instituto de Estudios Futuros de Copenhague, escribió "The Dream Society" ("La sociedad de los sueños"). Dice que hace 25 años vivimos en la llamada era de la información, pero el próximo desarrollo es la era de los sueños, un equilibrio entre lo racional y lo emocional.

"No tenemos defensas contra una historia bien contada, porque va directa al corazón", nos dice. Las personas no tomarán sus decisiones sólo por los beneficios intrínsecos de los productos y servicios, sino cada vez más por un valor agregado que satisfaga sus necesidades emocionales de aventura, amor, amistad, identidad, tranquilidad, fe o creencias.

Jensen cree que la materialización de los sueños es el móvil del desarrollo humano. En la actual era de la información de Bill Gates, Jeff Bezos o Steve Jobs, valoramos los datos. En la sociedad de los sueños, los triunfadores serán quienes logren que los datos apelen a las emociones, a través de las historias con que revistan sus productos y servicios.

Todo esto, por supuesto, no reemplaza nuestra necesidad de plantar trigo para comer pan. Pero sí es una tendencia, y se basa en la percepción de que incluso un simple pan, asociado a una idea de salud o agricultura sustentable, es más apreciado que el que está en el canasto del lado.

Lo que nos enseñan Anderson y Jensen es que hay un nuevo zeitgeist o espíritu de los tiempos: mientras más masivamente estamos comunicados, más individualmente queremos ser tratados.

Mercados accionario y político en Norteamérica
Harald Beyer, CEP.

Hace exactamente tres semanas, John McCain probablemente no cabía en sí de felicidad. Había logrado remontar una desventaja que parecía imposible de cerrar. Tanto, que unos días antes, en una comida de recaudación de fondos, Barack Obama dejaba traslucir su decepción con el giro que había tomado la campaña. Por primera vez, desde que asegurara el triunfo en la primaria demócrata, la posibilidad de perder la elección se volvía un evento cierto. Quizás la mejor manera de estudiar lo que estaba pasando era revisar la bolsa política www.intrade.com. En esta página se pueden transar “acciones” de ambos candidatos. Una de ellas informa del triunfo de McCain. Otra, la victoria de Obama. La acción toma el valor 100 si gana el candidato que la representa y 0 en caso contrario. Pero antes de que se concrete la elección los precios fluctúan entre ambos valores.

Si una persona cree que la probabilidad de que gane uno de los candidatos es mayor a la reflejada en el precio de las acciones, tendrá incentivos a comprar, porque podrá hacer una ganancia económica.


Al revés, si estima que esa probabilidad es menor, tendrá incentivos a vender. Es un mercado, entonces, que no funciona muy distinto de la bolsa de valores.

Este mercado tiene el mérito, a diferencia de las encuestas, de revelar diariamente la marcha de las campañas. Así, por ejemplo, hacia fines de agosto, al iniciarse la Convención Demócrata, las acciones de Obama y McCain se transaban a 60 y 38, respectivamente. Menos de 20 días después, el viernes 12 de septiembre, este mercado había cambiado radicalmente. La primera de esas acciones había cerrado en 47 y la de McCain en 52. En un período muy corto habíamos asistido a un cambio dramático en la percepción de quién sería el ganador de la próxima elección presidencial.

No hay un único factor explicativo, sólo sabemos que en ese lapso se realizaron ambas convenciones, se produjo la sorpresiva nominación de Sarah Palin como vicepresidenta —una decisión desacertada, aunque el debate de ayer puede haber despejado las dudas que se habían acumulado sobre ella— y se materializó una agresiva campaña republicana dirigida a mellar quizás el principal activo de Obama: su carisma. La candidatura demócrata no sólo parece haber quedado descolocada en este período, sino que también se dejó atrapar inadvertidamente en la muy calculada estrategia de McCain de alejar del debate electoral los asuntos económicos.

Wall Street vino en ayuda del candidato demócrata unos pocos días después. Lehman Brothers se declaró en quiebra, Merril Lynch fue adquirido por el Bank of America y AIG, capitalizada por el gobierno estadounidense. La incertidumbre y volatilidad subsecuentes son por todos conocidas.

Ninguno de los candidatos ha brillado demasiado en esta coyuntura, pero la estrategia del candidato republicano se vino abajo tan rápido como la bolsa estadounidense. Sus desafortunadas declaraciones respecto de que los fundamentos de la economía de su país eran sólidos y su actitud errática respecto del debate, cuando los votantes sólo querían certezas de sus líderes, han dañado su imagen.

Si antes se podía apostar a evitarla, ahora la economía es la única preocupación de la elección y McCain pagará las consecuencias tanto de no haberse preparado bien en esta dimensión como de representar al partido de Bush. Al igual que la bolsa de valores, el mercado político es cruel y hoy, mientras la acción de Obama se transaba en 66, la de McCain lo hacía en 34. La suerte de la elección parece ya estar echada.

viernes, 3 de octubre de 2008

En EE.UU. no hay «golpes» porque no hay UP

En EE.UU. no hay «golpes» porque no hay UP
Sergio Melnick
Según la Presidenta de la República de Chile, en Estados Unidos no hay golpes de Estado porque ahí no hay embajadas norteamericanas. Con este chiste de tan mal gusto y absoluta inoportunidad, Bachelet mostró por qué nunca podría llegar a ser una estadista. Menos mal que se contuvo con la teoría del complot de la CIA en las torres gemelas. Ricardo Lagos, tan socialista como ella, y que se equivocó en muchas cosas, resaltó siempre la importancia del cargo de Presidente como una institución a cuidar.

Bachelet, sin embargo, ha optado desde su inicio por el camino permanente de la tallita corta y ahora la línea más bien altisonante y siempre desatinada de Chávez. Aún no parece entender que debe representar a todos los chilenos y no sólo a los que piensan como ella. Eso es un estadista. La condecoración a Kennedy ofende severamente, a lo menos, a la mitad de los chilenos. Simplemente no correspondía, menos aun a quien dejó morir a su secretaria por su cobardía para enfrentar la situación irregular en que se encontraba con ella. Para qué recordamos que el canal estatal, en los hechos, con un sistema realmente trucho de votos y selección, designó a Allende nada menos que como el chileno más relevante de la historia. Justo el que más divide al país y que lo pulverizó en el siglo 20. ¿Será todo esto una tendencia? ¿Y será que vienen elecciones?

El discurso de la ONU sigue la huella de Chávez. Pero, además, quiere ir a rendir honores a Fidel antes de que muera. Eso es simplemente indignante, nuevamente para millones de chilenos. Y lo peor es que probablemente se dará el gustito, después de las elecciones del próximo año, para obviar el costo político.

La sola consideración del viaje —rechazado afortunadamente por el canciller— es un fenomenal doble estándar sobre el tema de la democracia y los derechos humanos. El mismo estándar que mantuvo durante largos años en la Alemania de la Stasi. O en la acogida a Honecker, gran violador de derechos humanos. Las más que numerosas dictaduras de izquierda nunca han sido condenadas por Bachelet, ni menos les ha hecho sus bromitas.

Responsabilizar entonces a los Estados Unidos, durante la Guerra Fría, del pronunciamiento del ’73, es una broma tan inoportuna, tan falta de tino, de tan mal gusto, y con tan absoluta falta de autocrítica, que da pena. El “golpe” en Chile fue, curiosamente, apoyado mayoritariamente por la DC, nada menos que sus propios actuales aliados de gobierno, así testimoniado por Frei Montalva y el propio Aylwin entre otros. En el tiempo, y después de que muchos personeros DC participaran del gobierno de Pinochet, efectivamente la DC pasa a la oposición, pero hablamos ahora del golpe.

En los Estados Unidos está el sistema más robusto de generación de ideas del planeta. Los premios Nobel cada año así lo ratifican. Crearon internet, un espacio democrático jamás imaginado. Publican unos 300 mil libros nuevos al año y proporcionan ciencia y tecnología al mundo entero. Ahí se han formado en el pensamiento libre miles de miles de chilenos, de izquierda y de derecha, los que contribuyen hoy al país. Muchos están ahora en el gobierno. No hay universidades tipo Lumumba.

En EE.UU., la izquierda norteamericana, que sí la hay, es democrática, tolerante y nunca consideró a Marx como un profeta, sino como un intelectual más, sujeto a la crítica y al debate. No hay golpes, porque en los Estados Unidos nadie trata de “pasar” arriba de los adversarios a cualquier costo. Porque no se usan los resquicios legales para desviarse de la voluntad popular. Porque saben protestar sin destrozar su propio entorno. Porque nadie predica la lucha de clases entre hermanos, ni las revoluciones violentas. Saben discutir sin odiarse, aman su Constitución, aceptan las reglas del juego y las cambian de acuerdo a las normas cuando se requiere. No hay otro país que respete tanto la libertad de las personas, que promueva la iniciativa, la innovación y el emprendimiento, y que sea tan descentralizado. No significa que no se equivoque, sino que se equivoca menos.

Estados Unidos es un país donde la gente se puede ir si no le gusta, lo que nunca pudo ocurrir en los países socialistas y que incluso aún no ocurre hoy en Cuba, donde seguramente no levantará la voz por la oposición oprimida con el mismo tono que usó en la ONU.

La verdad, señora Presidenta, es que la gran razón de por qué no se producen golpes de Estado en EE.UU. es porque no hay “unidades populares” que destruyan los países.

jueves, 2 de octubre de 2008

Dos comentarios de fondo

La receta para la crisis
Hermógenes Pérez de Arce

A comienzos de los años 80 yo tenía unas acciones del Banco de Chile, y como estaba -al igual que ahora- sólo preocupado de los grandes problemas del país, no me di cuenta a tiempo de que la institución estaba quebrada. Lo perdí casi todo.

El Gobierno la intervino y pasó a manos de la Corfo. El Banco Central le compró la cartera vencida para sanearla ("deuda subordinada") y entonces la Corfo, a través del capitalismo popular, reprivatizó el banco. Uno podía comprar acciones del Chile a largo plazo, con incentivos tributarios.

Como yo creía en ese gobierno, lo hice. Las acciones se valorizaron mucho bajo la nueva administración y recuperé lo que había perdido. Los nuevos dueños le fuimos pagando al Central la deuda subordinada. Se dictó una mejor legislación bancaria y financiera para prevenir otras crisis. El fisco ha recuperado su dinero y la economía chilena, gracias a la receta, fue la primera de América Latina en salir de la encrucijada de la deuda y entró en una "década dorada" de alto crecimiento, que se mantuvo hasta que otra crisis y las políticas socialistas hicieron lo suyo. Ahora crecemos a la mitad, pese a contar con un contexto externo infinitamente más favorable.

¿Qué es lo que harán los EE.UU. y Europa ante la crisis actual? Como en tantas otras cosas, imitar a Pinochet: intervendrán instituciones, comprarán carteras vencidas, mejorarán la legislación financiera, reprivatizarán las entidades intervenidas, los gobiernos recuperarán su plata y se iniciará otro período de auge, más sólidamente fundado.

Por supuesto, mucha riqueza cambiará de manos. Los que se atienen a la vieja máxima de "vender al sonido del violín y comprar al ruido del cañón" volverán a beneficiarse. Varias de las mayores fortunas chilenas actuales se forjaron en la crisis de los años 80, comprando cuando todos querían vender. El pánico colectivo sólo sirve para que algunas personas se hagan muy ricas. Warren Buffet, que ha hecho su fortuna así, acaba de adquirir parte de una institución financiera en problemas. Leí hace poco que un señor de apellido Riverwater, o algo así, ganó dos mil millones de dólares comprando acciones petroleras cuando el combustible estaba barato y vendiéndolas cuando el petróleo llegó a su peak, previendo que iba a volver a bajar.

Un amigo me contó que su nana peruana, que vive pendiente del dólar, porque le envía sus ahorros a su familia en Perú, siempre le encarga comprarle dólares cuando ve que el cambio está subiendo mucho, porque se entusiasma, y vendérselos cuando lo ve bajar, porque se asusta. Mi amigo, para no tener que ir a la casa de cambio cada vez, le compra él los dólares con su dinero y después se los vende, al precio del día, y ha descubierto que así él ha salido ganando, sin proponérselo. Y ha pensado que si hubiera invertido sumas mayores haciendo todo lo contrario que la nana peruana, podría haber hecho una fortuna.

El público y la opinología predominante se comportan como la nana y no como Warren Buffet y Riverwater. La gente siempre entra en pánico ante las crisis, olvidándose de que ha habido muchas y se ha salido de todas, en particular desde que Pinochet y sus Chicago Boys le enseñaron al mundo cómo hacerlo.

Tal vez eso explica una experiencia curiosa que he vivido recientemente: el otro día, en "La Segunda", apareció una carta firmada por Carlos De Ferrari F., que decía: "Grandes chilenos. Señora Directora: ¿Habrá alguien que en su sano juicio tenga alguna duda sobre quién es el gran chileno?". Y nada más. La recorté y les he preguntado a muchas personas a quién creen que se refiere De Ferrari en su carta. Invariablemente me han dado el mismo nombre. Tal vez por eso sus recetas tienen validez universal.

Tlatelolco, un sacrificio, un ritual
Gonzalo Rojas Sánchez

Unos 325 universitarios muertos; y varios miles de heridos; y la consiguiente represión a miles de opositores de las más variadas categorías, muchos de ellos muy jóvenes. Esa fue la indesmentible realidad de la matanza de Tlatelolco en Ciudad de México, exactamente 40 años atrás, el 2 de octubre de 1968, a las puertas de los Juegos Olímpicos.

Era la democracia del PRI, que mientras se echaba a México al bolsillo, en Tlatelolco se lo mandó al pecho. Pero como era un gobierno de centroizquierda.

Treinta años antes, acá en Chilito, un 5 de septiembre de 1938, más de 50 jóvenes nacis (que así se denominaban) habían caído bajo las balas, detenidos después de un intento de golpe de estado. Pero como eran nacis y golpistas, tras la condena de los autores, vino el indulto.

Y el año próximo se cumplirán los 20 de la masacre de Tiananmen, crimen alevoso en que hasta 2.600 jóvenes chinos -según la Cruz Roja nacional- perdieron la vida a manos de su gobierno, a lo que hay que sumar entre 7 y 10 mil heridos. Pero como era un país oficialmente comunista.

Así, con un solo standard (las izquierdas nunca son culpables) se ha manejado siempre el tema de los derechos humanos, aquí y en las quebradas del mundo entero. A nivel macro y micro, a nivel matanza y a nivel abandono de la amante.

Sí, porque el mismo Edward Kennedy que abandonó a Mary Jo Kopechne en Chappaquidick, posó siempre como el paladín de los derechos ajenos. Mientras más lejanos y etéreos, eso sí, mejor. Por eso, desde muy apartadas tierras, otra mujer lo premió ahora, en el ocaso de su vida, con la Orden al mérito de Chile.

Sacrificios y ritual, qué paradoja. Frente a la realidad dramática de unos hechos de sangre, el subterfugio y la máscara de unos actos simbólicos.

Fue así como Octavio Paz describió Tlatelolco en El laberinto de la soledad: "Doble realidad del 2 de octubre de 1968: ser un hecho histórico y ser una representación simbólica de nuestra historia subterránea o invisible; y hago mal en hablar de representación pues lo que se desplegó ante nuestros ojos fue un acto ritual: un sacrificio," afirmó.

Y ésa ha sido la realidad en tantos lugares del mundo, tan distintos como los ya mencionados o como Cambodia y Siberia. Para decenas de miles de buenas personas -millones en realidad- el siglo XX implicó el sacrificio de sus vidas, muchas veces perdidas en plena juventud. Pero para quienes los ajusticiaban, era sólo un ritual.
Un ritual en los gestos al que ha seguido el rito de las palabras. Porque dos veces han sido sacrificadas las víctimas de esas masacres: una primera por las balas y a continuación por la demagogia. Ni ellos se lo merecen ni los demagogos tienen mérito alguno.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Reabriendo el eterno debate

Reabriendo el eterno debate
Gonzalo Vial

Se reabre el debate sobre la pobreza en Chile (nos referimos a la que antes llamábamos «EXTREMA pobreza», es decir, a la miseria. Hemos suprimido pudorosamente el «extrema», por ese afán de maquillaje y marqueteo que es nuestra maldición. Pero sigue siendo miseria).

1. La pobreza/miseria, según la encuesta CASEN última, la de 2006, incluida la indigencia, suma el 13,7% de la población, es decir, afecta a poco más de dos millones de personas.

Un estudio que data ya de algunos meses dice que en realidad es el 29% de los chilenos, o sea, afectaría a cuatro millones y medio de compatriotas.

El estudio es obra de un economista reconocidamente serio y prestigioso.

La ministra de Mideplán las emprende contra el estudio, imputándole mala intención política, irresponsabilidad y errores metodológicos (El Mercurio, 14 de septiembre).

Esta sería una lucha de titanes y no correspondería a los legos sino escondernos, de no ser porque el economista y el estudio impugnado hacen una acusación precisa. Aquél la reitera en la actualidad (El Mercurio, 25 de septiembre): Mideplan, dice, sigue fijando la línea o límite de la pobreza conforme a la IV Encuesta de Presupuestos Familiares, EFP (de 1988... hace veinte años), siendo que existe la V EFP, diez años posterior (1996/1997). “Y en una década (afirma el economista) hay numerosos cambios de patrones de consumo; en breve, las necesidades no cambian, pero sí las formas de satisfacerlas”. Agreguemos que los patrones de consumo no siempre se modifican por decisión libre del afectado, sino que a menudo la antigua «forma de satisfacer la necesidad» desaparece. Así, el año 1988 se podía comprar aceite a granel en el almacén de la esquina. Hoy no existen ni almacén de la esquina ni aceite a granel; hay que comprarlo envasado, quizás mejor, pero más caro.

El estudio, que indigna tanto a Mideplán, rehace el cálculo de la línea/límite de pobreza con su mismo método, pero aplicado a las cifras «nuevas» (nuevas de diez años), y llega a 29% de pobreza y 4.500.000 pobres.

Mideplán necesita explicar por qué determina la pobreza con cifras de 1988, y no con cifras igualmente oficiales de 1996/1997. Es muy inquietante, ¿a santo de qué vivir en un mundo imaginario... en el año del plebiscito del Sí y el No y en plena «dictadura» del anatemizado Pinochet? Estamos en 2008.

Quizá Mideplán no quiera perder la posibilidad de comparar la pobreza 2009 con la 2006 y anteriores. Sería razonable. Pero, supongo, es cosa de durante varios años hacer doble cálculo —con la IV y con la V encuesta—, y así se sabrá la pobreza real, y también si su tendencia a la baja, medida por el antiguo parámetro, es efectiva y continúa. ¿Mayor gasto de proceder así? Una bicoca, apenas una fracción de la pérdida del Transantiago.

Mientras tanto, Mideplán no tiene razón para indignarse sino consigo mismo y su flojera. ¿Para qué hacer una encuesta, y no usarla sino cuando ella también, corridos diez años, está un poco obsoleta?

2. Pero hay otro aspecto a considerar.

El economista asegura que, de todos modos, “la pobreza ha ido disminuyendo en el tiempo”, “un importante logro para el país”.

Y el 26 de septiembre, también en El Mercurio, otra economista de categoría, investigadora de Libertad y Desarrollo, afirma que “no se puede pensar que la pobreza hoy resulte superior a la que existía en Chile hace 20 ó 30 años”, cuando “había niños que se morían por desnutrición, debido a la falta de alimentos, o las familias más pobres no disponían de una vivienda propia, agua potable o luz eléctrica. La gente tiene hoy más bienes, y las alternativas de consumo para satisfacer necesidades básicas son mucho mayores. Hoy, incluso muchos pobres tienen acceso al internet o son los primeros en su familia en llegar a la educación superior. Las líneas de pobreza, por tanto, debieran reflejar esos nuevos patrones”.

Todo esto me resulta un tanto inquietante y confundidor.

Me parece que —sin mala intención desde luego— los que no somos pobres, los privilegiados, “silbamos en la oscuridad” respecto de la miseria nacional... silbamos para que la oscuridad no nos dé miedo. Pero no porque silbemos deja de estar oscuro. NO PUEDE SER QUE LA POBREZA NO ESTE DISMINUYENDO, porque de ser así el esquema económico no estaría dando resultado. NO PUEDE SER QUE LA POBREZA NO ESTE DISMINUYENDO, porque de ser así veinte años de Concertación habrían sido inútiles. «La Izquierda y la Derecha unidas, jamás serán vencidas».

Razones de mi inquietud y confusión:

A. Esto de los porcentajes es engañoso. En NUMERO DE POBRES, las cifras oficiales de Mideplán en 1982 y en 2006 son las mismas: dos millones. Cada pobre y todos los pobres... he ahí el problema. ¿Qué les importan los tanto por ciento a los que hoy están sumidos en la miseria?

B. La disminución de los porcentajes se calcula respecto al año 1987, que es un año de pobreza completamente atípico por lo alto. A saber, cuando Chile comenzaba recién a emerger de la crisis de 1982 —la más devastadora del siglo XX después de la de 1929—, caracterizada por fulminantes caídas en el producto y un desempleo gigantesco. ¿Cómo va a ser la miseria de ese año, 45%, un nivel «normal» de comparación... una pobreza «normal» de Chile? Para Mideplán (entonces Odeplán), la pobreza de 1982 era de 14%. ¿Se equivocaba, era más del triple? ¿Terminó Eduardo Frei padre su presidencia, en 1970, con un 45% de pobreza? ¿Esa fue la Revolución en Libertad?

En 1929, Chile era un país próspero. Lo golpeó la Gran Crisis y cayó al abismo de la recesión. Tocamos fondo en 1932, y solamente recuperamos el nivel de 1929 hacia 1938. La pobreza/miseria, seguramente, subió y luego bajó a ritmo parecido. ¿Hubiera sido lógico, el año ’38, jactarnos de nuestra fantástica disminución de la miseria comparándonos con 1932 —el año negro de la Gran Crisis— y no con 1929, el último año normal antes de ella?

C. Con la encuesta CASEN, medimos la pobreza según el ingreso monetario de los hogares. No es lógico salir de este dato «duro», objetivo, para matizarlo —para mejor o para peor— con datos distintos, quizás significativos en sí mismos, pero aislados y mucho menos medibles. Peor aun si añadimos sólo datos positivos. Así se llega a «nuevos patrones» consoladores y optimistas, pero escasamente dignos de fe.

¿Cómo están hoy los pobres, respecto de «hace 20 ó 30 años», en materia de narcotráfico y drogadicción, alcoholismo, delincuencia, desempleo juvenil, explotación sexual, nacimiento fuera de matrimonio, desintegración de la familia y ausencia de uno o de ambos padres, calidad de la enseñanza básica y media en relación con las exigencias del mundo y la economía actuales,etc., etc.? ¿No deberíamos considerarlo al hablar de los «nuevos patrones»?

Y los datos favorables, ¿en qué y cuánto influyen sobre la condición de los miserables? El 25% de los chilenos que carece de casa propia, ¿dónde buscarlo sino en la extrema pobreza? ¿Cuántos de ésta tienen acceso a internet, y de qué les sirve? ¿Y cuántos entran a la enseñanza superior, en qué carreras, cuántos terminan esos estudios y para qué les sirven?

El hecho es que los pronósticos de término de la pobreza/miseria se dilatan indefinidamente. Antes la fecha clave era el Bicentenario. Ahora se habla de 2015, de 2020, pero ya tenemos una crisis mundial, flamante, a la cual echarle la culpa de nuevas postergaciones. El 2020 llevaremos (aproximadamente), medio siglo de «economía libre», un tercio de siglo de «retorno a la democracia», y el mismo tercio de siglo desde que Juan Pablo II dijo que los pobres no podían esperar. No estaré para verlo, pero me da curiosidad qué dirán entonces los economistas, los políticos y los cristianos, explicando por qué la «ex extrema pobreza», 14,1% en 1982, 13,7% en 2006, todavía es más o menos la misma.

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