domingo, 12 de abril de 2009

Enredados por el espionaje.


Enredados por el espionaje
Hernán Felipe Errázuriz.


Un desproporcionado manejo diplomático desencadenó un ciudadano peruano que fotografió instalaciones navales vecinas al Hospital Almirante Neff, de Viña del Mar. El aparente fotógrafo fue detenido, y su expulsión del país escaló hasta ser representada al encargado de negocios del Perú por la más alta autoridad residente de la Cancillería chilena. Supuestamente, el curioso era un turista, pero trabajaba como asistente de chofer, y había indicaciones de que se trataba de un espía, dicen.

El incidente parecería una broma, pero es verdad y hay que asumirlo seriamente, para que su equivocado tratamiento diplomático no se repita.

Un mes atrás se involucró impropia y públicamente a la diplomacia en el reclamo por interferencias de un ex funcionario de los servicios secretos argentinos en comunicaciones de ministros y funcionarios de la Presidencia de Chile. Entonces, en esta misma columna recordamos que los espionajes extranjeros son corrientes y no hay que llevarlos a altos niveles de los gobiernos.

En la Guerra Fría, ningún presidente, canciller, general o almirante reclamó por esas intromisiones. Aquí, en cambio, hasta el Presidente Lagos y sus ministras de Defensa y de Relaciones Exteriores terminaron manejando el bochornoso espionaje de un cabo en el consulado argentino en Punta Arenas.

En éste, como en similares episodios, quedan mal todos los participantes. Desde luego, los recintos prohibidos de fotografiar podrían obtenerse mejor a través de Google desde cualquier cibercafé. Probablemente, no lo sabían los servicios secretos peruanos, que parecieran no haber renovado las prácticas de los instructores soviéticos que los asesoraron por décadas. También fallan las autoridades locales, que deberían reaccionar a los niveles apropiados y reservadamente. Sólo cabía expulsar al turista por infringir su visa y reclamar el hecho discretamente a Lima.

Más importante: ni a Chile ni a Perú conviene abrir una espiral de desencuentros, y tanto menos cuando litigan ante la Corte de La Haya en un proceso que tardará años. No hay que menospreciar las tensiones que provocan los problemas de soberanía, ni tampoco olvidar los daños a las relaciones que causó el Presidente Toledo con su persistencia en transformar en asuntos de Estado las aberraciones de un grafitero, los videos exhibidos por LAN, los contenciosos de Lucchetti y las denuncias sobre lavado de dinero de Aerocontinente.

La Cancillería debe actuar con extrema prudencia para atender las relaciones vecinales, con firmeza en lo esencial y sin sobredimensionar hechos menores. Hicimos famoso al general Donayre, y ahora al peoneta, distrayéndonos de lo importante.

jueves, 9 de abril de 2009

¿Qué fronteras hay entre los candidatos?.



¿Qué fronteras hay entre los candidatos?
Gonzalo Rojas

José Antonio Gómez fue muy sincero, muy directo (se agradece, porque es algo nada frecuente en los masones) cuando aseguró que su principal triunfo era haber corrido las fronteras en materias valóricas (morales y culturales, más bien) durante su campaña.

Por eso, aunque perdió, dejó clavada la estaca de esos temas para los candidatos de verdad, para los que ahora se lanzarán al todo o nada de la presidencial.

Frei no sabe qué hacer con esa papa caliente, porque su partido hace décadas que entró en amnesia esquizofrénica en estas materias (una enfermedad que sólo se diagnostica en avanzado estado de democristianismo). Sus socios PPD y PS conocen bien esta debilidad y sabrán explotarla con sutileza. Están en una vereda bien definida: nada de patologías.

En las otras izquierdas, Navarro, Arrate, Teillier, Henríquez y Hirsch -vaya pléyade, habría dicho Julio Martínez- no se confunden. Todos están a favor de la dura: nada de correr fronteras, hombre, lo que corresponde es afirmar que no deben existir los límites. Bien por ellos, son sinceros también. Pero sólo llegarán al 10 por ciento.

¿Y en la Alianza o nueva Coalición? Tremendo problema éste, el valórico que lo llaman. Unos quieren bajarle el perfil, porque sólo ge-nera pérdida de votos. Otros, co-mo los Larraín, Coloma, Forni, Romero o Arancibia, entienden que no es materia menor ni transable (papa caliente, dijimos, no papita). Pero están también los Pérez (Lily), Rubilar y De la Maza, a los que se suman ahora los neopiñeristas, Schaulsohn y Flores, para quienes casi toda convicción en estas materias es fundamentalismo integrista. ¿Cómo se las van a arreglar para convivir? ¿Habrá definiciones o sólo silencios consensuados?

Pero quizás se está sobrevalorando esta cuestión, porque no pasó de ser una estrategia radical, ya derrotada.

No. Mientras el país defiende sus fronteras físicas ante la deman-da peruana, están en juego también las fronteras más interiores, las que cruzan por el centro de la vivienda, por el vientre materno, por las salas de clases, por las playas de Ritoque, por los libros de contabilidad. Bienes, bienes humanos. Mejor aún: personas, personas humanas que están en riesgo. ¿Alguien puede afirmar que esas fronteras son hoy las mismas que en 1969?

Y éste no es un tema de creyentes o agnósticos, de comunitaristas o socialistas, de conservadores o liberales, de progresistas o tradicionalistas. Si se le puede poner un nuevo rótulo (ojalá no deformante: pensémoslo, discutámoslo), se trata de una disputa entre humanistas y vitalistas, entre quienes miran la persona humana en su dignidad concreta y trascendente, frente a sus rivales, que prefieren integrarla en corrientes de simple vida natural (ecologistas profundos) o de exclusivo despliegue social (secularistas).

Aquí sí que las regulaciones son decisivas, ya que dan vida o matan, fecundan o castran. Porque mientras los así llamados gobernantes progresistas centran sus cumbres en materias económicas, los que efectivamente ejercen los poderes sociales en sus gobiernos, los que trabajan en las bases, degradan y demuelen la condición humana, política a política, decisión a decisión.

¿No les corresponde entonces a los partidarios de una sociedad libre y responsable escoger la otra opción?

Havel, el gran Presidente checo, definía esta confrontación como la que se da entre las personas que piensan en el mundo y en la eternidad, frente a las personas que sólo piensan en sí mismas y en el momento. Era -decía- una lucha que sucede en el interior de todos: lo que hace que una persona sea persona y que la vida sea vida.

Por eso mismo, no es simple especulación; es drama o felicidad para los chilenos de carne y hueso.

miércoles, 8 de abril de 2009

“¡Aquí apesta a demonios!”.



“¡Aquí apesta a demonios!” ,
por Gonzalo Vial

Defecto nacional es que casi nadie —especialmente si es persona «de peso»— manifieste una tajante opinión crítica sobre ningún tema. Si por casualidad alguien de influencia pronuncia una censura, se apresura a rodearla de circunloquios, palabras de buena crianza, y reconocimiento de discutibles o inexistentes méritos secundarios en el disparate central. V.gr., su «buena intención», «perfectibilidad», «sentido correcto», ser un «primer paso», etc.

Dos parejas de chilenos (recuerdo) toman el ascensor de un edificio sevillano. Hiede, simplemente, como el cadáver de Lázaro y quizás por qué motivo. Nuestros connacionales van comentando discretamente el “olorcillo”. En el tercer piso, entra un español y —antes de que se cierre la puerta— vocifera:
“¡Aquí apesta a demonios!”.

Los chilenos quedan aterrados.

Esta costumbre nuestra, hablar en sordina, hace que establezcamos y afirmemos instituciones que todos sabemos ser inútiles, cuando no perjudiciales. Al amparo del silencio general —un silencio cómplice e indebido— funcionan años y años, sin prestar ningún servicio, con pérdida de tiempo y dinero (dinero del Estado, por supuesto), y aun crean el convencimiento, porque nadie reclama, de que cubren alguna necesidad. Cuando lo cierto es que se trata, exclusivamente, de un montón de burócratas haciendo circular papeles insustanciales.

Ejemplo claro vemos estos días, al conocerse y suscitar diversos comentarios los resultados de la «evaluación» que, desde 2003, hace el ministerio de los profesores municipales. La ahora difundida y «opinada» corresponde a 2008.

Funcionarios ministeriales y entendidos discuten interminablemente si hay mejoría o no respecto de los años anteriores (“cautela”, aconsejan los “expertos”); si “el sistema está maduro, tanto por la cobertura como por los resultados”, según opina la ministra; si requiere cambios en las ponderaciones; si el maestro “bien evaluado” aumenta o no el puntaje Simce de sus alumnos, etc., etc. (“El Mercurio”, 25 y 26 de marzo).

Nadie insinúa siquiera que la «evaluación», tal cual la dispone la ley y se aplica, es perfecta y totalmente inútil: a) para los fines que llevaron a crearla, y b) para cualquier otro. “¡Aquí apesta a demonios!”.

¿PARA QUE SE ESTABLECIO LA EVALUACION?
El Estatuto Docente, de 1991, otorgó a los profesores municipales una inamovilidad absoluta, paralizando cualquier posibilidad de progreso en los respectivos establecimientos. Sin sumario previo (siempre reclamable, además, ante la Contraloría), ningún maestro municipal podía se removido... ni aun trasladado de funciones en el plantel. Esto se aplicaba a:

Aquellos que presentaran fallas personales: inasistencias o atrasos reiterados y sin justificación, alcoholismo, impropiedades sexuales, violencias internas, imposibilidad grave de entenderse con sus colegas y/o con el curso, falta de autoridad sobre éste, o de la indispensable comunicación profesor/alumnos, etc.

II. Aquellos insuficientemente preparados en los contenidos a enseñar, o en su pedagogía.
Respecto de los puntos señalados por el Nº I, la «evaluación» simplemente no los considera, ni busca informarse sobre ellos. Rige como consecuencia el primitivo Estatuto Docente, que cabe resumir con el ejemplo que muchas veces he dado: si un profesor le da a su director una bofetada pública, éste no lo puede echar: sólo instruirle sumario. Ni aun puede suspenderlo: ello es privativo del fiscal que lleve dicho sumario.

En cuanto a los puntos del Nº II, que son (en parte) los específicos de la «evaluación», ésta se halla estructurada de modo que tampoco sirva para ningún fin útil. Porque:

No considera los CONOCIMIENTOS DE ASIGNATURA DEL «EVALUADO», sólo sus destrezas para enseñar. Si ignora absolutamente lo que tiene que enseñar, la «evaluación» no lo sabe ni puede saberlo. Y, por ende, no le importa.

En seis años de aplicación, sólo ha conducido a despedir por mal desempeño SESENTA profesores, un 1,33 POR MIL de los aproximadamente 45.000 «evaluados» (“El Mercurio”, 25 de marzo). Si tan ínfima proporción fuese la REAL de maestros deficientes, la «evaluación» sería superflua.

El despido exige TRES AÑOS de sucesivas malas «evaluaciones». Ningún director ni establecimiento puede esperar tanto tiempo para reemplazar a un maestro ineficaz, sin comprometer la calidad de la educación impartida.

La «evaluación» no considera para nada, ni como dato, el éxito del maestro... lo que aprenden sus alumnos. No interesa.

La calificación del evaluado depende de cuatro factores, a saber:
Un 10%, vale la «autoevaluación»... la que el profesor hace de sí mismo. Sin comentario.

II.5.2. Otro 10% vale el informe que entregan el director y jefe de la Unidad Técnico Pedagógica del establecimiento. DE TODOS LOS QUE PARTICIPAN EN EL PROCESO, SON LOS UNICOS QUE REALMENTE SABEN COMO SE COMPORTA PEDAGOGICAMENTE EL «EVALUADO». Pero su informe y la autocalificación del maestro que se trata de calificar... valen lo mismo. Sin comentario, de nuevo.

La opinión de sus colegas (comunidad docente del plantel), la de los padres y la del municipio, no forman parte, ni siquiera a título informativo, de la «evaluación».

II.5.3Un 20% depende de UNA entrevista con otro profesor, “par” del evaluado. ¿Qué opinión podrá formarse el “par” en espacio tan breve de tiempo? ¿Quién, y con qué pautas y requisitos de calidad objetivos, elige a los “pares”?

Un 60% vale el «portafolio», que tiene dos partes: primera, la planificación de una clase por el «evaluado», y segunda, la filmación de otra clase suya. La primera parte LA HACE EL «EVALUADO» EN SU CASA, SIN NINGUN CONTROL. La segunda parte no recae sobre una clase corriente, normal, del profesor a sus alumnos, sino sobre una preparada especialmente para el portafolio. ¿Serán parecidas ésta y aquélla? Los esfuerzos en orden a «mejorar» la segunda han sido objeto de informaciones de prensa. Suelen ser patéticos. Una maestra pintó de nuevo y decoró, a su costo, la descascarada sala de clases donde la filmarían...

¿Qué sentido común tiene todo esto, qué acredita? ¡Y mascarada tal vale el 60% de la nota de evaluación!

Pues bien, semejante proceso, inútil gasto de tiempo y dinero, se cumple y luego publica y discute con la mayor seriedad, año tras año. El rey pasea desnudo, y nadie lo dice. Sería descortés.

Acreditación

Las fallas fatales de este procedimiento para dar un certificado o sello de calidad a la enseñanza superior fueron en su momento advertidas por muchos, sin que los poderes públicos hiciesen caso. Y la UNANIMIDAD DEL CONGRESO lo hizo ley el año 2006, ratificando además acreditaciones anteriores otorgadas por el ministerio.

Ahora los círculos académicos se hallan contestes en que el sistema NO FUNCIONA. Es un secreto a voces. Pero nadie lo dice.

A lo más, la ex funcionaria de Educación que creó el monstruo completo y lo piloteó sus siete primeros años, confiesa que no se sabe si la acreditación “efectivamente genera una mejor calidad... Existe el riesgo de que... se vuelva un simple trámite”. ¿Solución? Por supuesto, OTRO PAPEL: “UN INSTRUMENTO QUE MIDA EL IMPACTO DE LA ACREDITACION”. Ya está en marcha el proyecto para elaborarlo, Alfa III, con muchos millones de gasto... (“El Mercurio”, 30 de marzo). Hay que “acreditar a los acreditadores”.

¿Será broma?
No repetiré los casos flagrantes aparecidos anteriormente en la presente columna. Pero hay uno nuevo, mejor dicho, un segundo caso del mismo plantel. Este, fiscal, con «sello de calidad» en docencia de pregrado por cinco años, despidió no mucho tiempo después A TODO SU DEPARTAMENTO DE EDUCACION, DE CAPITAN A PAJE, ALEGANDO INEFICIENCIA. ¿Y el «sello», de qué servía, qué significaba?¿Qué falsa seguridad dio a los alumnos de pedagogía y a sus padres?

Ahora, ese establecimiento, acreditado también por «gestión», sufre un segundo traspié. Celebró un contrato con el Registro Civil para proporcionarle un “sistema integral de informática”. Precio: 200 millones de pesos (2006). Lo prorrogó al año siguiente... otros 200 millones. Hoy ex funcionarios de la universidad, de los más altos rangos, se hallan formalizados por fraude al fisco en este asunto. Los servicios del plantel y sus «informes» habrían consistido en “COPIAR y PEGAR un trabajo realizado con anterioridad por funcionarios del propio Registro Civil” (“El Mercurio”, 25 de marzo).

No imputo responsabilidades personales —el proceso penal recién comienza—, pero el gravísimo desorden, irresponsabilidad y descontrol (cuando menos) implícitos, ¿son compatibles con el «sello de calidad» en «gestión»?

Pero silencio, mesura, no hagamos olitas, no agitemos el bote. Protegerse. “Hoy por mí, mañana por ti”.
“¡Aquí apesta a demonios!”

martes, 7 de abril de 2009

Dos comentarios imperdibles.......


Pobre la primaria, pobre el resultado
Cristina Bitar

Más allá de los esfuerzos de la Concertación por mostrar un resultado exitoso, las primarias entre Eduardo Frei y José Antonio Gómez no dejan sabor a triunfo. La escasa participación, menos de un 5% del padrón electoral de las dos regiones en que se realizaron, a pesar de haber hecho esfuerzos enormes ambos comandos, con los máximos dirigentes nacionales de los partidos políticos y con un despliegue de buses para acarrear a la gente a votar, es un indicador claro de que la Concertación de hoy está lejos de aquella que provocaba mística e ilusión, especialmente entre los jóvenes.

El resultado de Gómez, por otra parte, es bastante mejor de lo esperado. En las comunas más grandes estrechó las cifras casi hasta el empate. Me atrevo a decir que, si hubiera tenido mayor presencia televisiva, probablemente la victoria de la máquina concertacionista sobre él habría sido aun más dificultosa de lo que fue.

La verdad es que esta elección no fue entre dos partes de la Concertación; en estricto rigor, fue una primaria entre la Concertación y el Partido Radical, y la Concertación impuso todas las condiciones, estableció las reglas, impidió un debate de temas y cobertura nacional, desplegó toda la fuerza de sus máximas figuras y alcanzó un resultado pobre, con una convocatoria menor.

El Partido Radical tiene una votación que bordea el 5% y su candidato obtuvo el 36%, a pesar de que incluso se habla de fuerte intervención electoral, lo que muestra que Eduardo Frei es un candidato débil, que ha llegado donde está gracias a una capacidad de manejo político cupular, pero no porque tenga un apoyo popular importante.

Al final, es el candidato de los dirigentes de la Concertación y captará los votos que la Concertación sea capaz de endosarle desde los partidos, desde el gobierno, con el apoyo de la Presidenta y con todo el despliegue del poder acumulado en estos veinte años.

La apelación de Frei a que la Concertación elige sus candidatos con primarias y no entre cuatro paredes y su intento de presentar este resultado como un triunfo de la gente sobre la derecha sólo muestran lo desfasado de su discurso. Expone de manera gráfica que la coalición se quedó en las peleas de los 80 y los 90, en la recuperación de la democracia, y trata de sacarles un tercer o cuarto (más bien un quinto) aire a los discursos ganadores de otras épocas. Pero no resulta con una participación tan escasa. Basta con calcular que por Frei votó alrededor del 3% de los electores de las dos regiones en que se realizó la primaria.

En definitiva, el gran esfuerzo de Frei es mostrar su opción como una gran arremetida, que partió desde la nada y dejó en el camino todos los obstáculos, hasta convertirse en el candidato único de la Concertación. Pero esta última debiera reconocer que Frei está muy lejos de encarnar lo que Obama encarnó cuando le ganó la primaria a Hillary Clinton. En el caso del Presidente norteamericano, él le ganó al establishment con el apoyo de la gente; en el caso de Frei es el establishment el que gana, más bien con la indiferencia de la gente.

El obstáculo que, con dificultades, acaba de despejar Frei es el Partido Radical, y eso con el apoyo de los tres partidos grandes, poniendo las reglas del juego, con acarreo y con intervención electoral incluida. El resultado final es que, después de estas primarias, Gómez es un poco más y Frei no es ni más ni menos que antes.


Jugando al empate
José Ramón Valente

La autocomplacencia de las autoridades de gobierno con el desempeño económico de Chile, basada en el simple hecho de haber acumulado una parte de los ingresos provenientes de un alto precio del cobre, es a mi juicio excesiva e injustificada. Utilizando jerga futbolística, ahorrar en tiempos de vacas gordas para gastar en las vacas flacas, es como jugar al empate. Disponer de recursos en tiempos difíciles es sin duda una gran cosa, al igual que un empate jugando de visita.
Pero no hay que perder de vista que el objetivo final de la política económica es generar cosechas más abundantes para poder alimentar a más gente y no simplemente guardar granos de una temporada para la otra. Tener un mecanismo para distribuir el producto de nuestro esfuerzo a lo largo de nuestra vida no reemplaza la necesidad de esforzarnos por generar y aumentar dicho producto.

Volviendo al fútbol, el punto obtenido con un empate de visita será importante solamente en la medida que tengamos la capacidad de sumar tres puntos ganando cuando nos toque jugar de local. Con puros empates no llegamos a ninguna parte. De la misma forma, si Chile no tiene la capacidad de crecer y generar empleos durante las vacas gordas (jugando en casa), jamás podrá derrotar la pobreza y la indigencia y menos aspirar a jugar en la liga de los países desarrollados.

Producto de la crisis internacional, hoy Chile esta enfrentando una situación adversa, como cuando un equipo juega de visita, y hasta el momento está sacando un valioso empate. La hinchada está agradecida y reconoce el mérito del entrenador, producto de lo cual la popularidad del ministro Velasco ha crecido en forma importante en los últimos meses. Sin embargo, llevamos diez años empatando de local y todo indica que cuando pase la actual crisis y nos toque jugar de local nuevamente volveremos a empatar. Así que el punto que estamos sacando de visita no es suficiente para cumplir con nuestros objetivos. Los últimos dos gobiernos de la Concertación no han hecho las correcciones a nuestras instituciones y a nuestra economía que requerimos para ganar los partidos.

Queríamos derrotar la pobreza y ser un país desarrollado para el 2010, pero como nuestro crecimiento económico languideció en los últimos diez años, seguimos teniendo millones de chilenos que viven en la pobreza y no sólo no lograremos ser un país desarrollado el 2010, sino que los países que queríamos igualar están hoy mas lejos que hace diez años. Nos conformamos con guardar un poco de plata en el chanchito, y se nos olvidó que era imprescindible crear empleos, mejorar la calidad de la educación, modernizar el Estado y crear un clima económico favorable para la inversión, el crecimiento y la creación de empleos.

Parte importante de la hinchada del ministro Velasco corresponde a la gente más acomodada de este país. En efecto, la popularidad del ministro es superior al 70% en el estrato socioeconómico ABC1, mientras que su popularidad promedio es sólo unos puntos superior al 50%. Los empresarios que amaron a Lagos hoy aman a Velasco, porque si bien les gustaría que las cosas estuvieran mejor, reconocen que podrían estar peor con una mala conducción macroeconómica.
Para los más adinerados, un empate no es malo, les permite mantenerse en el estatus actual. Es malo para los más pobres, para los jóvenes que recién comienzan y para los desempleados. Debe ser por eso que la popularidad del ministro no es tan buena en los estratos socioeconómicos menos acomodados.

En algún momento dejaremos atrás la crisis actual y Chile debe prepararse para ganar jugando en condiciones favorables. Esto requiere hacer algunas reformas difíciles e impopulares, necesitamos un ministro y un gobierno que no se conformen con el empate.

(Estas dos columnas fueron tomadas de Diario La Segunda por considerar que son un aporte a la discusión de ideas)

sábado, 4 de abril de 2009

Más allá de la crisis.



Más allá de la crisis.
Juan Andrés Fontaine


Cuesta levantar la vista por sobre las urgencias de la difícil coyuntura. Pero, ahora que los mercados comienzan a mostrar cierta luminosidad, precursora quizás de un alba ya no tan lejana, es bueno preguntarse cómo vamos a volver a crecer. El tema es además muy oportuno, en vista de la elección presidencial de diciembre próximo.

El punto de partida es, desde luego, la actual crisis, sus causas y sus remedios. Las últimas cifras sugieren que, para sorpresa de muchos y pese a sus reconocidas fortalezas, Chile ha entrado en recesión. El producto interno bruto cayó significativamente a lo largo del segundo semestre del año pasado y es probable que haya seguido declinando en los primeros meses del presente año.
La industria manufacturera, golpeada no sólo por la caída de las exportaciones, sino muy especialmente por la reducción de las ventas al mercado interno, acusa a febrero una baja de 11,5% respecto de igual mes del año anterior. Como suele ocurrir, los que más sufren son quienes pierden el empleo. De acuerdo a las cifras oficiales, desde el máximo alcanzado en agosto pasado, se han destruido en términos netos un total de 110.000 puestos de trabajo (ajustados por el factor estacional). Los desocupados ascienden ya a 600.000 y de aquí al invierno pueden agregarse otros 120.000.

Es comprensible que muchos intenten culpar a la globalización y al modelo de libre mercado del desastre ocurrido. Pero, los líderes mundiales del así llamado progresismo, reunidos en Viña del Mar días atrás, no parecen haber dado con una fórmula alternativa. Tampoco los países del G-20, sesionando en una Londres, convulsionada y recesiva. No es de extrañar: ni el hoy tan repudiado capitalismo anglosajón, ni la receta mixta de Europa continental o de los países escandinavos, ni su peculiar variante en Japón o Corea, han podido librar a sus respectivos países de los efectos del fulminante ataque de pánico que se ha apoderado de los consumidores y los inversionistas. Desde luego, hay lecciones que sacar de la crisis en cuanto a la responsabilidad de las políticas previas, en lo macroeconómico y de regulación financiera. Las causas del grave accidente parecen haber sido tanto falla humana como ciertos defectos de diseño. Pero abandonar el modelo de libre mercado y volver al estatismo equivale a que, tras fuerte choque automovilístico, renunciáramos al automóvil y optáramos por andar en carreta.

Aunque la estrategia del Gobierno ante la crisis tiene el mérito de reafirmar su compromiso con la economía de mercado, el problema es que no se hace cargo de por qué ella nos está golpeando tan duramente. Si durante los años de vacas gordas ahorramos tan abnegadamente, ¿por qué sufrimos hoy una recesión similar a la de tantos otros menos previsores? ¿por qué los agujeros en nuestro blindaje?

La verdad es que durante los años de la bonanza –entre 2003 y 2008– nuestro crecimiento económico promedió un insatisfactorio 4,9% anual, semejante al término medio mundial e insuficiente para superar la pobreza. Pero, la sensación térmica ha sido de un progreso mucho más rápido gracias a la muy acelerada expansión de la demanda interna, a una velocidad promedio de 8% real anual. Ello fue resultado de una política fiscal expansiva, que llevó el gasto público presupuestario a crecer a casi 8% real al año, de las muy bajas tasas reales de interés (tan sólo 3% real para los créditos bancarios de corto plazo) y el fuerte incremento del endeudamiento de los hogares y las empresas. En condiciones normales, esta insostenible mezcla macroeconómica habría provocado un reventón inflacionario. Pero, la bonanza del cobre mantuvo el dólar bajo y pospuso la hora de la verdad hasta el año pasado. Entonces la alarma inflacionaria hacía ineludible terminar la fiesta. El estallido de la crisis internacional volcó el panorama, echó a suelo las expectativas de los agentes económicos y tornó el exceso de gasto en exceso de cautela.

El Gobierno ha reaccionado con celeridad. Pero su estrategia es más de lo mismo: un intento de reavivar la demanda, redoblando la dosis de gasto público y propiciando, mediante una variada gama de instrumentos, la vuelta a los tiempos del crédito fácil. Se trata de una saludable acción contra cíclica. Pero, si no logramos devolverle a Chile la fe en su capacidad de crecimiento, la voluminosa y estruendosa batería de medidas fiscales desplegada por el ministro Velasco sólo cosechará frustraciones.

Cómo reanudar la carrera al desarrollo es la preocupación central que ha convocado al llamado Grupo Tantauco, cuyos estudios han sido hoy formalmente entregados a Sebastián Piñera, candidato presidencial de la Alianza. Por más de un año, 36 comisiones conformadas por varios cientos de expertos, han recopilado antecedentes, revisado estudios, contrastado visiones y formulando propuestas que, debidamente procesadas y cotejadas con la opinión ciudadana, constituirán el programa de gobierno que esa candidatura ofrecerá al país. Las ideas contenidas son muchas, pero su médula es una: para construir un país que brinde a todos oportunidades y seguridades es imprescindible volver a poner en marcha los motores del crecimiento acelerado.

Nuestra capacidad productiva se ha desacelerado porque la productividad general de la economía, que entre 1986 y 1997, en los tiempos de oro de crecimiento acelerado, aumentaba a un ritmo de 2,2% anual, ha avanzado a un ritmo de tan sólo 0,6% anual en el último trienio. La productividad crece en una economía fertilizada por el emprendimiento, con alto ahorro e inversión, con un mercado laboral flexible para adaptarse a las exigencias de la competitividad, con mercados abiertos y competidos, con un sector público comprometido con el servicio eficiente.
En lugar de poner el acento sobre la demanda, e insistir en la expansión fiscal y crediticia, hay que volver la vista hacia la oferta. Es necesario aligerar el peso de los impuestos y sus apremiantes plazos de cobro, en especial sobre las pequeñas y medianas empresas, motores del emprendimiento y grandes generadoras de empleo. Levantar las trabas burocráticas a la creación de fuentes de trabajo. Estimular, mediante subsidios bien enfocados y normas adecuadas, la incorporación masiva de mujeres y jóvenes al mercado laboral. Emprender una drástica reforma del sector público. Transformar a las empresas públicas, que hoy languidecen en la incompetencia o son pasto del cuoteo político, en agentes del crecimiento, con la debida incorporación de capital y gestión por parte de la iniciativa privada. Abordar, finalmente, el desafío de la modernización de la educación escolar y universitaria, para lo cual la reciente aprobación de la LEGE, fruto del esfuerzo compartido del Gobierno y de la Oposición, es tan sólo un saludable primer paso. Recorrer la empinada pendiente que aún nos separa del desarrollo no nos será fácil, pero para reiniciar el ascenso las ideas y los equipos están prestos

viernes, 3 de abril de 2009

Hay debates aburridos, y ése.



Hay debates aburridos, y ése,
por Sergio Melnick.

Finalmente se hizo el famoso “debate” de las “primarias” de la Concertación. Tan irrelevante fue que a tres días nadie se acuerda que siquiera existió. Y habrá votación el domingo. Por supuesto, este debate fue realizado en el patio de atrás, a oscuras, y sin televisión para el resto del país. Esto, lleno de justificaciones dialécticas de lo injustificable, y de restricciones en su formato para que no pasara nada. Tal como ocurrió.
No se me ocurre un mejor argumento que ese “debate” para ratificar la importancia de que se produzca un cambio, y alternancia en el poder.

Bueno, yo tenía gran interés, y lo escuché completo por la Radio Agricultura, y después me pasé a una repetición en el cable. Confieso que la segunda vez, literalmente, me quedé dormido antes del final.

Amigos, nadie se perdió nada, absolutamente nada, porque simplemente no hubo debate, y porque todos conocemos el resultado final. Los periodistas hicieron lo que pudieron, pero el formato era una camisa de fuerza sin salida. Decir que fue fome, es generosidad.

Decir que alguien dijo algo relevante, sería mentir. Gómez demostró que no existía. El pronóstico para Frei, después de esta actuación, no es muy promisorio. Lagos ya calienta motores.
Este “debate” que no fue es la mejor foto de la Concertación después de 20 años, 17 bastante buenos. Está extenuada, y des-concertada. Otra cosa hubiese sido esta primaria con Marco Enríquez-Ominami, pero lo sacaron literalmente por la ventana. También hubiese sido un poco mejor con Insulza, y ni hablar con Lagos, pero odian la competencia. Son democráticos hasta por ahí nomás. Asombrosamente, Insulza denostó a Gómez, porque, según él, todos sabían el resultado y estaban perdiendo tiempo. Gómez, aun perdiendo el próximo domingo, ya ganó por su coraje, pero después de verlo ¡qué pachorra creer que podría ser Presidente! Francamente, yo esperaba mucho más de él. Su estrategia tampoco fue inteligente. Viniendo de abajo frente a Frei, debió tomar riesgos y ser audaz; no tenía nada que perder, sólo ganar. Joignant mismo dijo “Gómez carece de sorpresa”. Y se presentaba casi como el Obama. Qué tal.

“Progresismo” es sólo una nueva palabra para estatismo. “Soy un gran estatista”, declaró Gómez, muy ufano, mirando como siempre al futuro por el retrovisor, soñando con un Chile de hace 60 años o más. Las propuestas de Gómez fueron obvias: educación estatal gratuita, más universidades estatales, más impuestos, aborto, energías alternativas subsidiadas, todo regulado, en fin. El gran Estado benefactor, la solución mágica voluntarista que ha fracasado donde se ha intentado, porque no logran crecer económicamente. Ahí están EFE, Transantiago, ENAP, Codelco, MOP-Gate, Gendarmería, Chiledeportes, Educación, y sigue y suma. Todavía no entienden de dónde ha venido el progreso (decreciente) de Chile en los últimos 30 años. Como dice Marco Enríquez- Ominami, llegan al poder con promesas y gobiernan con explicaciones.

El constante desprecio por el emprendimiento y la iniciativa de las personas era elocuente en ambos... un poco menos en Frei, que fue una estrella luminosa al lado de Gómez: estuvo claramente mejor, pero no tiene muchas cosas nuevas que decir, salvo que ahora está abierto al tema del aborto. Dijo literalmente que “sería un imbécil si estuviera proponiendo lo mismo que el 93”, curioso lenguaje para un eventual Presidente. Debe estar conversando mucho con Escalona.
Lo más nuevo que le escuché fue la idea de reproducir regionalmente los centros de investigación científica avanzada, tipo “Bunster”, tema que comparto con entusiasmo. Curiosamente, sin embargo, él habló de centros tecnológicos, como si fueran lo mismo que los científicos, lo que muestra que, al parecer, no entiende muy bien el tema, así es que lo voy a tratar de asesorar un poco, si me deja. En el tema energía estuvo bien, pero nada novedoso.

Amigos, la libertad es el gran camino y desafío a seguir, no el estatismo. El estatismo es una forma de dictadura. Queremos un país donde todo sea posible, menos lo que está prohibido y regulado, o va contra la ética o el prójimo. Al revés, ellos están postulando un país donde sólo es posible lo que está permitido por una ley. Eso es estatismo. Eso mata a la persona humana. Ahí se acabó la libertad. El Estado es obviamente fundamental, pero al servicio de la libertad y la equidad, no al servicio de sí mismo y del poder. El Estado de derecho es fundamental, así como las regulaciones, pero bajo el principio de permitir siempre al máximo de las libertades, fomentar la iniciativa y permitir el desarrollo del genio humano. Nada de eso apareció en el debate, al contrario. ¿Volvemos a los 60 o seguimos al siglo 21? Usted decide.

jueves, 2 de abril de 2009

Dos comentarios excelentes sobre Jaime Guzmán E.


Guzmán, el joven combatiente
Gonzalo Rojas

A los 20 años fundó el Movimiento Gremial en su universidad; poco después era presidente de su centro de alumnos, candidato a la FEUC y, apenas egresado, profesor ayudante. Antes, aún niño, ya había publicado sus primeros artículos en revistas escolares.

Cuando cumplió 25, recibió un curso parcialmente a su cargo; un año después, era panelista en el más importante programa de TV, coordinador de los gremios en el paro de octubre del 72, polemista en cuanto foro y asamblea se realizaba (y eran muchos), formador de líderes por cientos.

Con apenas 27 años, se incorporó a la comisión de estudios de la nueva Constitución y pasó a ser columnista de variados medios escritos (si hoy estuviera vivo, este espacio sería suyo, en paralelo con Hermógenes).

Asesor del Presidente Pinochet con menos de 30 años, se activó para evitar abusos a personas, como para defender su propia libertad de conciencia, con graves consecuencias para su prestigio personal ante algunos poderosos de variados mundos. A los 37 fundaba un movimiento que devendría en partido, lo refundaba a los 43 y era elegido senador; con 44, inesperadamente para los demás, enfrentaba el juicio de Dios, asesinado en plena juventud.

Hoy, el magnífico monumento que lo recuerda, lo muestra abrazado a decenas de chilenos, al país total. Ciertamente fueron los deseos de concordia, de acuerdo, de paz, de bien común, los que lo movieron, pero para lograr esas metas siempre se planteó la vida como un desafío, como una lucha. Jaime Guzmán vivió y murió como un joven combatiente. Sus luchas fueron, ante todo, las que da el buen cristiano contra los propios defectos.

Dicen sus amigos que un día se propuso no enojarse más: ellos mismos lo vieron combatir desde entonces, denodadamente, para convertir su carácter filoso en más amable presencia. Y era evidente cómo se esforzaba por dominar su intolerancia al frío o la impuntualidad que lo acechaba en el cumplimiento de su exigente agenda. Para todo eso contaba, como pocos, con la ayuda confiada de la gracia de Dios. Pero, además, se implicaba en combatir seriamente los defectos ajenos. Cómo olvidar ese adecuado reproche: "¿Por qué tienes tan mal genio? ¡Corrígete!".

Más allá de lo fundamental, sus luchas juveniles se expresaron siempre a través de tres medios complementarios. En la docencia, el combate contra la ignorancia; en las comunicaciones, la pelea contra la mentira y la demagogia; en la política, la lucha contra la pobreza de cuerpo y de alma. Nunca una claudicación, nunca un temor invencible (y ciertamente debe haber pasado muchos miedos), jamás una excusa para postergar el combate o bajar la puntería.

¿Falto de caridad por buscar siempre el conflicto y enfrentarlo? No, por el contrario; sólo los pusilánimes, aquellos que confunden caridad con entreguismo, pueden criticarlo, incómodos al compararse, ellos siempre tan falsamente prudentes, con quien habitualmente enfrentaba cara a cara el peligro, argumentando enérgicamente. Pero nunca devolvió odio por odio: llamaba adversarios a los que lo trataban como enemigo.

Y es justamente esa capacidad de meterse a defender convicciones la que tantos extrañan cuando recitan el consabido: "Ah, si Guzmán estuviera vivo, nada de esto o aquello sucedería".

Porque es cierto que algunos de sus seguidores se aburguesaron, que hicieron del consenso su paraíso, del diálogo estéril su manual. Pero también lo es que un Rodrigo Álvarez y un José Antonio Kast, luchadores cada uno en sus respectivos estilos, bondadosos y cordiales, conservan bien el legado de Guzmán.



Sentimientos contradictorios
Miguel Flores Vargas (*)

Sensaciones y sentimientos contradictorios son los que experimentan este 1 de abril todos quienes conocieron y fueron amigos de Jaime Guzmán Errázuriz, los que fueron sus alumnos y también aquellos que, aun sin conocerlo personalmente, tuvieron la oportunidad de tomar contacto con él a través de su pensamiento y de sus obras, particularmente en la pervivencia de las instituciones que él contribuyó decisivamente a crear: ahí están el Movimiento Gremial y sus más de cuarenta años de constante lucha por el respeto de las autonomías sociales; la Unión Demócrata Independiente, convertido en el principal partido político chileno, con arraigo y representación transversal, y actualmente presidiendo ambas corporaciones del Poder Legislativo, y, finalmente, la Constitución Política, donde se plasmaron los valores y principios fundamentales de una sociedad libre.

Sentimientos contradictorios porque, por una parte, nos entristece recordar su alevoso asesinato, la ardua y dilatada investigación que terminó en la condena de sólo dos de los terroristas del FPMR que planearon y ejecutaron su brutal crimen, la ineptitud pasmosa de los gobiernos chilenos, primero ante la fuga de los frentistas desde la Cárcel de Alta Seguridad, donde cumplían condena, y luego frente a la actitud de un gobierno extranjero que brindó amparo y protección a los asesinos, asegurando su impunidad. El ominoso asesinato de Jaime Guzmán es el único cometido en la historia de nuestro país en contra de una autoridad parlamentaria en plena democracia, por lo que su impunidad cobra una significación y oprobio aún mayores.

Contradictorios, por otra parte, porque nos entusiasma comprobar que a dieciocho años de su asesinato hoy siguen plenamente vigentes las ideas y principios que él difundió, y el espíritu de servicio público al que llamó a los jóvenes y que personalmente practicó. Esas ideas que postulan una sociedad libre, donde imperan la justicia, el respeto irrestricto a los derechos esenciales de las personas, y la servicialidad y orientación al bien común del Estado, y ese espíritu de servicio público que convoca a los mejores y que enseña que el liderazgo consiste en guiar a la opinión pública y no en halagarla servilmente o dejarse llevar por sus vaivenes.

Porque hace dieciocho años nos arrebataron brutalmente a Jaime Guzmán Errázuriz, hoy honramos su alma, sus principios y el espíritu de servicio público al cual nos convoca diariamente.


(*) Director Ejecutivo Fundación Jaime Guzmán E.

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