martes, 8 de septiembre de 2009

Un ejemplo claro.....



El jardinero,
por José Ramón Valente.

Un dueño de casa está descontento con el cuidado del jardín de su casa. Tiene contratado a un jardinero que va una vez a la semana durante medio día a ocuparse de la mantención del mismo. Sin embargo, el jardinero no tiene movilización propia, así que llega bastante tarde a su trabajo, y a pesar de haber estado en este oficio por varios años, tampoco tiene muchos conocimientos de jardinería. De manera que en el tiempo que está en la casa, desde que llega hasta mediodía, se remite básicamente a cortar el pasto, mover la tierra y sacar la maleza.

El dueño de casa decide tomar cartas en el asunto, pero antes de cualquier determinación prefiere consultar con tres conocidos suyos a los que respeta mucho por haber estado involucrados en tareas de alto interés público y nacional.

Después de que el dueño de casa termina de exponer su problema, el primero de sus amigos concluye que el sueldo que gana el jardinero es muy bajo y que sus condiciones de trabajo son poco dignas, por estas razones él está desmotivado en su trabajo. Su recomendación es subir el sueldo del jardinero, darle un bono de movilización y destinar un lugar apropiado de la casa para que éste pueda servirse su colación una vez concluidas sus labores. El segundo amigo del dueño de casa, que últimamente se autodenomina progresista, coincide plenamente con el primero. Pero agrega que el jardinero no debe recibir un trato discriminatorio con el resto del personal de servicio de la casa. Así que recomienda que el lugar de colación sea el mismo que utiliza la empleada doméstica. Además recomienda que al igual que ocurre con las empleadas de casa particular, el jardinero debiera tener una cuenta especial para indemnización en caso de despido en una AFP.

El tercer amigo del dueño de casa analiza la situación y propone algo totalmente diferente a los dos primeros. En su opinión, el dueño de casa debe conseguirle un crédito al jardinero para que se compre una moto o una camioneta usada, de manera que pueda trasportar sus implementos de trabajo y llegar más temprano al trabajo. También propone que el dueño de casa compre una orilladora y una máquina de cortar pasto para permitirle al jardinero hacer su trabajo con menos esfuerzo y en menor tiempo. Finalmente propone contactar a una amiga común de las familias que es paisajista para que le enseñe al jardinero de plantas y podas. Este amigo argumenta que con estas medidas el jardinero debiera ahorrar tiempo en los traslados y en la labor rutinaria de cortar el pasto y desmalezar, el cual podrá utilizar en podar y cuidar las plantas utilizando los conocimientos adquiridos con las clases de la amiga paisajista de la familia. Además podrá movilizarse rápidamente a otra casa, lo que le permitirá agregar un nuevo cliente para el mismo día de trabajo. Con esta solución, el dueño de casa logrará su objetivo de tener un jardín mas bonito y el jardinero habrá aumentado significativamente su sueldo, se sentirá orgulloso de realizar un mejor trabajo y de tener jardines más bonitos y contará con más libertad para definir cuántos clientes quiere tener.

El dueño de casa agradece los consejos de sus tres amigos, pero no tiene duda, la propuesta de su tercer amigo es la que le parece más atractiva. Lamentablemente, al poco tiempo se entera que sus dos primeros amigos entusiasmados por el caso que él les había planteado y las soluciones que ellos habían propuesto logran impulsar un proyecto de ley que establece un aumento en el salario mínimo (no logran que se suba sólo el salario de los jardineros), la obligatoriedad de cotizar para la indemnización de los jardineros, y la no discriminación entre empleados de casa particular, que establece los requisitos de cómo deben ser las condiciones de trabajo de los jardineros, incluyendo el que éstos deben tener acceso a igual almuerzo que las trabajadoras de casa particular que habiten en la misma casa.

El dueño de casa se da cuenta de que bajo las nuevas normas, el costo del jardinero le ha subido enormemente, que además arriesga una demanda por discriminación y que su jardín no va a estar mejor cuidado. Ante esta evidencia decide aprovechar un ofertón de Sodimac e Easy y se compra un moderno minitractor que le permite a él mismo cortar el pasto y desmalezar. Adicionalmente contrata a la paisajista cuica amiga de su señora para que vaya un par de veces al año a aconsejarlo en la poda y las flores y plantas adecuadas para la temporada.

Lamentablemente, el jardinero pierde su trabajo y pasa a engrosar la lista de espera de los desempleados que esperan un cupo en los trabajos de emergencia que otorga la municipalidad donde él reside.

El tercer amigo del dueño de casa se lamenta pensando en que si él hubiese estado en condiciones de impulsar un proyecto de ley que mejorara el acceso al crédito para trabajadores independientes y pymes en general y un financiamiento universal para carreras técnicas (incluyendo jardinería). El jardinero en vez de estar desempleado tendría un trabajo más digno, y ganaría más plata que antes. Sin considerar que la paisajista cuica de los dueños de casa habría tenido que rebajar sus tarifas u ofrecer más servicios porque ahora el jardinero sería una digna competencia para ella.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Tres comentarios de lujo.....

Jóvenes… ¡a inscribirse para votar!,
por Ximena Contreras.

La participación electoral debiera ser una bandera de lucha de todas las candidaturas que hoy se presentan ante la opinión pública, para que todos los sectores de la sociedad, especialmente los jóvenes, sean considerados a la hora de tomar decisiones relevantes para el país. El Instituto Nacional de la Juventud informó que más del 80% de los menores de 30 años no está inscrito en los registros electorales, lo que significa que alrededor de 2 millones 300 mil jóvenes no votan. Con esa cantidad se podría definir cualquier elección.

Este solo hecho debiera movilizarnos y hacernos comprender la relevancia de nuestra opinión en las urnas. Para poder exigir derechos, debemos también estar dispuestos a asumir deberes y uno de esos deberes es el sufragio.

La campaña del Gobierno para incentivar la inscripción electoral de los jóvenes no parece ser la más adecuada: celebrar el «día de la inscripción juvenil» y autorizar a los escolares a faltar a clases para ir a inscribirse no fue algo que movilizara a muchos. La motivación pasa por identificarse con sus intereses, por ejemplo, recurriendo a internet, Messenger, Facebook y tantos otros medios que son parte de la idiosincrasia del mundo en que nos movemos. Es cierto que algunas de esas instancias ya se están utilizando, pero muy tibiamente. El caso es que la campaña gubernamental no parece ser eficaz, considerando los paupérrimos efectos que esas medidas están teniendo en el incremento de inscritos.

¿Qué pasó con la “Revolución Pingüina”? Ahí vimos a jóvenes con ímpetu e inquietudes públicas a quienes sí les interesaba el futuro de su país. Entonces, motivemos ahora la “Revolución del voto”: que esa instancia de participación ciudadana sea la que nos permita exponer, sin carteles ni protestas, lo que queremos para Chile. Es hora de que seamos protagonistas en nuestra sociedad, artífices del desarrollo del país que queremos.

No basta con criticar la realidad en que vivimos, asumiendo posturas apáticas frente a la conducta de los políticos. Es muy probable que muchos no nos veamos reflejados en ellos, pero la única manera de que nuestros reclamos y anhelos tomen valor es entintándonos el pulgar y ejerciendo la soberanía mediante nuestro voto.

La transformación del Ministerio de Defensa.
Guillermo Pattillo, Tomás Duval.
Comisión de Defensa del Instituto Libertad.

Existe consenso en que es necesario dar una nueva estructura al Ministerio de Defensa. Tampoco está en duda que mucho de lo contenido en el proyecto que se encuentra en el Senado representa un avance significativo. El déficit central de la orgánica vigente es que hace en extremo difícil una real conducción de la defensa nacional, al no proveer capacidades críticas a un proceso decisional esencialmente sistémico. Siendo esto entendido por todos, llevar a la práctica la transformación, la mayor en este ámbito en 50 años, ha resultado mucho más difícil de lo esperado.

Al diseñar una organización, el desafío es maximizar la probabilidad de que sus integrantes tengan la información relevante y los incentivos para tomar decisiones adecuadas. El proyecto desarrolla en general bien estos procesos, salvo en un caso: el Jefe del Estado Mayor Conjunto. Como hemos visto, la forma escogida para ese cargo (un comandante en jefe pasaba a desempeñarlo), introducida como indicación a la Comisión de Defensa del Senado, desató una polémica pública (y otra no tan pública) de importancia. ¿Cómo fue posible que después de cuatro años de estudio en el Congreso pasara esto? Esencialmente por un diseño sesgado de los procesos para conseguir un accionar integrado y coherente de las tres instituciones armadas. Quizás con la visión implícita de tener en el largo plazo un comandante en jefe de las FF.AA., se pensó que el jefe del EMC debía ser tanto o más antiguo que los pares institucionales. Esto llevó a insistir en una postura que no tenía el apoyo necesario, ni político ni técnico, y que demandaba, además, una reforma a la Constitución. La creciente oposición llevó al ministro a retirar del Congreso esa reforma, siendo su intención volver a la solución propuesta por la Cámara (el jefe del EMC saldría de una de las cinco primeras antigüedades de cualquiera de las FF.AA.).

Debemos darnos todavía un tiempo para analizar con detención la solución más eficiente para ese cargo, pero dos elementos debieran considerarse: no es necesario que el JEMC sea más antiguo que los comandantes en jefe. El es asesor del ministro y su autoridad deriva de la de éste. Segundo, no existe razón y es inconstitucional que el Presidente deba asignarle la conducción de las fuerzas conjuntas en caso de crisis internacional: es una atribución privativa del Mandatario y no hay base técnica para limitarla.
Mientras tanto, la dictación de la ley orgánica del Ministerio de Defensa, materia sobre la cual hay acuerdo y que es la que verdaderamente importa, no debiera esperar más. Un ministerio con las suficientes atribuciones y diseño adecuado es el mejor camino para avanzar al necesario escenario de actuación integrada de nuestras FF.AA.
Efectos de la descentralización sobre el sistema político,
por Cristobal Aninat.

En Chile las decisiones de política pública se desarrollan en el Estado central, relegando a los gobiernos regionales y locales a un lugar secundario. Parte importante de los desafíos que el país enfrenta, sin embargo, dicen relación con el desarrollo regional y con la capacidad del Estado de satisfacer nuevas demandas ciudadanas. Ello hace necesario avanzar en descentralización.

Los principales candidatos presidenciales, consecuentemente, están promoviendo diversas agendas en este ámbito. Ellas contemplan transferencias de atribuciones y fuentes de financiamiento, fortalecimiento de capacidades de gestión local y modificación de los modos de elección de autoridades locales y regionales.

Es importante hacer notar que las reformas descentralizadoras no sólo tienen efectos a nivel local y regional, sino que pueden generar impactos significativos sobre el funcionamiento global del sistema político: tienden a modificar el balance de poderes hacia las regiones y a abrir espacios para la aparición de nuevos actores políticos con presencia nacional, que a la vez cambien la naturaleza de las relaciones entre los existentes.

De esta manera, efectos no anticipados de reformas aparentemente acotadas pueden generar consecuencias profundas en el sistema global.

En el caso chileno, un ejemplo sería la elección directa de intendentes y consejeros regionales. Esta puede generar oportunidades alternativas para el desarrollo de carreras políticas de alcance nacional. Intendentes elegidos en distritos de igual tamaño que las circunscripciones senatoriales serían candidatos naturales a la Cámara Alta. Ello podría generar parlamentarios que construyeran sus carreras políticas al margen de los partidos nacionales, redundando en la proliferación de colectividades regionales.

En el contexto institucional chileno, con un régimen de gobierno presidencial, un proceso legislativo con quórums calificados y un sistema político basado en dos coaliciones, la proliferación de partidos regionales —fuera de esas coaliciones— introduciría una fuerte incertidumbre sobre el funcionamiento futuro de dicho sistema.

La descentralización es una tarea ineludible para avanzar hacia mayores niveles de desarrollo. Las reformas que se hagan, sin embargo, deben minimizar la posibilidad de efectos no anticipados sobre el funcionamiento del sistema político global.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Farándula generalizada, por Gonzalo Vial.



Farándula generalizada,
por Gonzalo Vial.

El país, en sus temas de mayor importancia, se faranduliza aceleradamente, hasta extremos a la verdad difíciles no ya de entender, sino de imaginar.

Anteayer, por ejemplo, las novedades de la campaña presidencial en TV eran las imágenes del candidato concertacionista bailando «el trencito» con sus partidarios, y del postulante opositor —para no ser menos— ejecutando unos difíciles pasos de tango, tocado con un sombrero negro del más puro estilo La Boca.

¿Qué significará esto?, me preguntaba, y seguramente se preguntará también el lector. Pues... nada. Farándula en la política. Y en muchas cosas más. Por ejemplo.

Institute Nacional. Sus postulaciones cayeron un 30% este año. El rector del establecimiento calificó de “indudable” la baja. La atribuyó a los paros estudiantiles, que han generado molestia en los apoderados. Pero, agregaría, se trabaja para revertir esta situación, los próximos años. ¿Cómo? “A través de la apertura de salas multilingües de alemán, francés, inglés, chino mandarín y japonés” ( El Mercurio, 27 de agosto).
Suspiro de alivio. El Instituto se ha salvado.

Araucanía. Es fuente continuada de las noticias más incomprensibles, que permiten una hilaridad franca —por lo menos una sonrisa— en medio de la tragedia. Así:
1.Gráfico en mano, la ministra «vocera» del Gobierno, denuncia una “nueva realidad”, “inaceptable”. “Desde el año pasado y a la fecha, los precios de la tierra se han más que duplicado en la zona (indígena)”. “No puede aceptarse que... se especule y unas pocas personas saquen provecho” (La Segunda, 20 de agosto).

Son palabras totalmente sin sentido. Si el Gobierno, por intermedio de CONADI, quiere comprar tierras de la Araucanía, y su dueño quiere venderlas, el precio es materia de acuerdo entre ambas partes, y ninguna de ellas puede IMPONER a la otra el que le guste.

La compraventa forzada, obligatoria para el Estado y el particular propietario, es muy antigua y se llama EXPROPIACION. Constitucionalmente exige: ley que la autorice, precio comercial (establecido por acuerdo, o judicialmente) y pago al contado. Toda otra «herramienta» que quiera emplear el gobierno, cualquier gobierno, para que el dueño de la tierra rebaje el monto que pide, es un abuso.

Finalmente, los inmuebles agrícolas que suben de precio en Araucanía son aquellos que comunidades vecinas de indígenas codician, y para obtener los cuales presionan con ocupaciones ilegítimas, robos, incendios, destrucción de maquinarias, maltrato de los dueños, su personal y carabineros, etc., etc.

Superficialmente, esta presión parece dirigirse contra el agricultor... pero su verdadera destinataria es la CONADI, para que se asuste con los desórdenes, pague las ganas al dueño, y regale la tierra a los culpables de los atropellos.

El agricultor aprovecha estas circunstancias, QUE NO SON CULPA SUYA. El no ocupa, ni incendia, ni asalta. El no quiere vender, le hacen la vida imposible para que ceda, y el Gobierno no puede o no quiere impedir este acosamiento indebido. El no fija precios altos, los fija una CONADI aterrada... aterrada no por el agricultor, sino por sus enemigos.

¡Y esto es lo que la vocera gubernativa llama “especulación” y “provecho de unos pocos”!
Es el marqueteo político más obvio, superficial e injusto que pueda discurrirse para hacer de las víctimas, culpables. Farándula pura.

2.El Ministro Secretario General de la Presidencia, comisionado especial de la Mandataria para el conflicto mapuche, viaja a Temuco y se entrevista con los jóvenes de esa etnia que viven en el internado Puram Peyum Zugu. Lo insultan, incluso tratándolo de “asesino”. Se retira “abruptamente” (El Mercurio, 29 de agosto).

Al día siguiente, por TV, me entero de que algún sacerdote, asesor de la pastoral mapuche, ha dicho que el ministro debía “disculpas” a los estudiantes. Seguramente debe ser por no haber escuchado completos los insultos..

Interrogado el ministro en TV, señala, afortunadamente, que no dará disculpas. Agrega que no “justifica”, pero sí “se explica” la actitud de los muchachos. Todos hemos sido jóvenes, recuerda, nostálgico... El mismo, el ministro, y otro funcionario de gobierno allí presente, se tomaron la Universidad Católica cuando estudiantes y echaron al rector...

No extrañará al ministro, entonces, que los mapuches del internado también se lo tomen, o —aun— se apoderen de alguna universidad temucana...

Sentimentalismo farandulero, inútil y dañino.

3. El ministro viajero debía entrevistarse con el agricultor René Urban, y con la comunidad indígena que lo atormenta, habiendo ésta invadido violentamente sus predios unas SESENTA veces.
La misma mañana fijada para la doble entrevista se repitió la invasión.

El ministro, enojado, dejó sin efecto aquélla. No recibió a la comunidad... ni a Urban.

¿Por qué no a Urban... el dueño legal, la víctima que el Gobierno no puede defender, un hombre de paz que nunca ha disparado un tiro?

Misterios de la farándula mapuche.

4. La CONADI, este poderoso instrumento de la política indígena de gobierno, tiene a la fecha:

4.1.Su director, con sumario cerrado que recomienda sancionarlo.

4.2.Lo mismo, su fiscal, su jefe de Tierras y un abogado de la Fiscalía.

4.3.Otra vez, pero por otro concepto y otro sumario, el jefe de Tierras. Sin embargo, rechazó destituirlo el director de CONADI... también sumariado, dijimos.

A no dudar, un superequipo, el más adecuado para afrontar las horas difíciles de CONADI (La Segunda, 20 de agosto).

Farándula literaria. Los mistralianos esperaban, y siguen esperando, conocer el inmenso tesoro de la obra inédita de Gabriela, llegada a poder del Estado y de la Biblioteca Nacional hace poco tiempo.

Pero continuarán sin ser satisfechos, parece, salvo el trabajo particular de Luis Vargas y de la Universidad Católica, que permitió avizorar ese tesoro. Después... nada. La Biblioteca, el Estado, duermen. ¿Para el Bicentenario? ¿Para el Tricentenario?

En cambio, tenemos una joyita de voyerismo histórico-literario, la publicación con bombos y platillos de unas cuantas cartas de la poetisa a su secretaria y amiga Doris Dana, que permiten especular sobre las inclinaciones sexuales de Gabriela.

¡Qué tristeza, qué miseria del espíritu, indicativas del bajón cultural que vivimos... la farándula del chisme literario, lo único que sabemos y entendemos, y queremos saber y entender de los colosos de las letras nacionales!

¿A título de qué estos epistolarios sin importancia verdadera (otro ya se anuncia), y no la literatura y pensamiento DESCONOCIDOS de Gabriela?

“¿Por qué seleccionar del nuevo y enorme legado de Mistral, que custodia la Dibam, las cartas entre ella y Doris Dana? —pone el dedo en la llaga una socióloga (El Mercurio, 31 de agosto)—. En un contexto chileno anegado de voyerismo y fisgoneo, de goce perverso por los comidillos de la farándula, un libro como éste puede entenderse como parte de una cultura que busca solazarse con lo íntimo”.

Lamentable, pero, qué hacerle... “es lo que hay”.

martes, 1 de septiembre de 2009

Dos muy buenos comentarios.....


Menos ciudadana, más política,
por Cristina Bitar.

En los últimos veinte años la política chilena ha pasado por períodos diferentes, de acuerdo con las circunstancias históricas que nos ha tocado vivir como país. Ello se ha visto claramente en las diferentes campañas presidenciales, las que han tenido sellos muy distintos. Así, mientras las del 89 y el 93 fueron elecciones marcadas por el retorno a la democracia, las del 99 y el 2005 se caracterizaron por su acento ciudadano. En la competencia con Ricardo Lagos, Joaquín Lavín impuso la frase “los problemas reales de la gente” y luego, en la campaña siguiente, la candidata Bachelet sorprendió con un estilo y un lenguaje ciudadano que la hacía identificarse eficazmente con las personas comunes y corrientes, especialmente las mujeres.

Esta elección, en cambio, es menos ciudadana y muestra un giro excesivamente político. Los candidatos, en general, se hablan entre ellos y mantienen polémicas que, en su mayoría, nada tienen que ver con los problemas de las personas. La delincuencia, la salud, la educación, no ocupan el eje central de sus disputas. Estamos frente a candidatos cuyas principales preocupaciones parecen ser las coaliciones, los pactos, los ciclos políticos. Así, Piñera ofrece una nueva transición, concepto que alude a un proceso político, abstracto y lejano para el ciudadano común. Frei, por su parte, ofrece renovar la Concertación, promesa elitista que alude a la cúpula del poder y que poco o nada importa a una persona que ha sido, por ejemplo, víctima de la delincuencia. Renovar la Concertación dice muy poco a un país que está en crisis, en que hay alto desempleo, en que los hospitales públicos atraviesan por graves situaciones. Incluso Marco Enríquez-Ominami, que aparece como un candidato renovador per se, se ha quedado pegado en sus disputas con la Concertación; en último término, su oferta es hacer un gobierno que devuelva la mística que hubo en el origen de la coalición y jubilar a los “viejos tercios”.

En ese plano se mantienen las discusiones públicas. Mucho ataque personal: que los negocios de Frei, que las peleas de su comando con los partidos, que el Banco de Talca, que el rol de Karen Doggenweiller en TVN, y muy poco, demasiado poco, del Chile real. El mundo político parece percibir que viene un cambio mayor. Se asume como un dato de la realidad, aunque no se declare así en el discurso, que la Concertación tiene muy pocas posibilidades de mantenerse en el gobierno. Es más, cada vez es mayor la probabilidad de que, impensablemente, llegue tercera en la primera vuelta. Es muy posible que la Coalición por el Cambio gane con Piñera.

Todo eso indica que se vendrá un cambio mayor en la centroizquierda. La Concertación que hemos conocido en los últimos veinte o veinticinco años vive sus últimos meses y nadie sabe con claridad qué vendrá después, dónde va a estar lo que quede de la DC, dónde va a estar el PPD, cuáles serán las nuevas coaliciones.

Pero en ese contexto de cambio político que está marcando la agenda de la campaña presidencial se ha ido perdiendo al ciudadano común y sus problemas. Las propuestas, aunque se formulen, no ocupan el centro del debate, y no son el motivo de la interpelación política, no obstante que en el país subsisten problemas graves. ¿Cómo vamos a enfrentar la crisis de la salud pública, con hospitales que no tienen director porque ningún médico se interesa en el cargo? ¿Cómo vamos a dar el salto que necesitamos en educación?

Es muy importante el cambio político que viene, pero muchas veces a los políticos parece que se les olvida que para la gente siguen siendo otros los temas que les preocupan en su diario vivir. Aquí hay una oportunidad para el que lo vea primero.


¿Qué cambia con el cambio?,
por Alejandro Ferreiro.

Después de casi 20 años de gobiernos de la Concertación, algunos señalan, especialmente desde las candidaturas opositoras, que la coalición gobernante no da para más. Los promotores del “cambio” vocean ese término casi mágico con tanto entusiasmo y convicción que uno debiera, de buena fe, creerles. Sí, creer que se disponen a realizar cambios significativos, que sólo ellos pueden encabezar, y para cuya concreción piden el apoyo del electorado. Pero los “cambistas” enfrentan desafíos para precisar su mensaje.

Desde luego, no resulta fácil explicitar en qué consisten esos cambios tan fundamentales —aquellos cuya relevancia justificaría alterar el rumbo político del país— cuando el cuarto gobierno de la Concertación enfrenta los meses finales de su período con altísimos niveles de aprobación. Ello obligaría a sincerar, con alguna incomodidad y costos políticos, diferencias concretas frente a las acciones u omisiones de un gobierno muy popular. ¿Pero no es ése un costo inevitable si se quiere ser creíble con la idea del “cambio”? ¿O, quizás, el “cambio” es poco más que un eslogan, un fetiche de campaña cuyos presuntos poderes mágicos no requieren la molestia de explicitar su contenido?

Dos respuestas posibles tienen estas preguntas. La primera supone reconocer que, en rigor, los cambios no serán significativos y que, si no existiera la presión diferenciadora de la campaña, se podría reconocer, tanto en público como en privado, que lo que se propone es más continuidad que cambio. Obviamente, declararse programáticamente continuista es poco estético y glamoroso para quienes posan de “cambistas”, pero puede que ésa sea la verdad. Mal que mal, se requiere bastante porfía para desconocer los méritos esenciales que tienen las políticas públicas que combinan crecimiento y responsabilidad económica con protección social. El bono para marzo y el esfuerzo de reiterar casi a diario que la protección social impulsada por la Presidenta Bachelet no sufrirá retroceso son expresiones de la campaña aliancista que parecen avalar esta hipótesis.

Pero también existe una segunda opción: una en que el cambio tiene sentido y contenido, pero no parecería prudente explicitarlo en tiempo de campaña. Este sería un “cambio” más consistente con lo que la Alianza suele votar en el Congreso. Un cambio que apunte a debilitar el rol del Estado, y —por más que se niegue— a congelar, en el mejor de los casos, los avances en materia de protección social. De hecho, recuerdo haber presenciado meses atrás el discurso en que el presidente de Libertad y Desarrollo, durante la cena aniversario de la institución, señalaba que las dos principales amenazas a la economía libre eran el proteccionismo y... el Estado de bienestar. Si bien muchos podremos coincidir con respecto a los males del proteccionismo, me temo que en la mirada acerca del Estado de bienestar, o protección social como se lo rebautizó en estas tierras, se marcan las grandes diferencias que separan a los principales bloques políticos del país. Y precisamente por eso es que la candidatura de Piñera tendrá que seguir repitiendo día a día, más de lo que quisiera, y con eficacia parcial, que no pretende echar marcha atrás en la red de protección social que han logrado consolidar los gobiernos de la Concertación.

En suma, y respecto a lo programático, la campaña de la Alianza no termina de aclarar en qué consiste el gran “cambio”. A juzgar por la continuidad esencial de las propuestas que han trascendido, no se ofrecen al país grandes novedades. Si eso es así, bueno sería asumirlo con todas sus letras, aunque ello suponga reconocimientos tácitos e inevitables a lo realizado por los gobiernos concertacionistas. Ahora, si en verdad se proponen cambios fundamentales, de esos que realmente estén a la altura de la sonoridad con que se repite el eslogan del cambio, bueno sería saber cuáles son. ¿No debiera ser ése el debate fundamental de la campaña? De hecho, para los que votan continuidad, lo hecho por la Concertación es público y notorio, pero para quienes voten por el cambio sería muy útil conocer en qué piensan los que lo enarbolan.

No, no quiero que se me mal interprete. Nada malo tiene que en el país existan consensos fundamentales. Esto es señal de madurez republicana y aprendizaje histórico.

Más aún, es el único modo en que Chile podrá seguir avanzando a futuro. El problema, por tanto, no está en reconocer los consensos, sino en desconocerlos. El problema es hablar tanto de cambio y explicarlo tan poco. Nada malo tendría querer gobernar para tocar la misma partitura con otros intérpretes. Pero eso no alcanzaría para fundar la oferta programática de quienes se presentan al país, precisamente, como la “Coalición por el Cambio”.

Recuerdo una mala broma de algún comentarista deportivo. Consultado en el entretiempo de un partido acerca de si había algún cambio para el segundo tiempo, respondió muy categórico: sí, cambio de lado.

sábado, 29 de agosto de 2009

Diez preguntas para la comisión de cancilleres que visita Honduras en nombre de la OEA.


La Unión Cívica Democrática, organización que representa a la sociedad civil de Honduras, recibió a los cancilleres de la OEA, quienes visitan ese país, con diez polémicas preguntas, que ponen en entredicho las verdaderas intenciones de la organización regional


Diez preguntas para la comisión de cancilleres que visita Honduras en nombre de la OEA.
¿Por que la OEA.......?
1. RECHAZA la sucesión constitucional en Honduras, pero AVALA el fraude electoral en Nicaragua y la reeleccion indefinida de Chávez?

2. PREDICA la no injerencia en los asuntos internos de las naciones, a la vez que INTERFIERE en los procesos constitucionales y democráticos de la República de Honduras?

3. CRITICA los cuerpos de seguridad hondureños, pero IGNORA la feroz represión que existe en Venezuela contra la oposición?

4. PRETENDE ser campeón del imperio de la ley, cuando IGNORA la Constitución de Honduras, la cual fue violada repetidamente por Zelaya?

5. CRITICA la presunta represión mediática en Honduras, pero CALLA ante el cierre masivo de emisoras radiales en Venezuela, y CALLA ante la amenaza del gobierno de Ecuador de hacer lo mismo?

6. PREDICA la defensa de la democracia, cuando PERMITE que gobiernos supuestamente democráticos apoyen el tráfico de drogas, el cual tanto daño hace a las verdaderas democracias?

7. CONDENA la operación Fénix, llevada a cabo por el gobierno de Colombia en contra de un grupo terrorista, pero NO CUESTIONA el hecho que lanzacohetes vendidos a Venezuela terminaron en manos de las FARC?

8. PRETENDE apoyar una solución a través de mediación, pero PRESIONA para que se acepten términos impuestos y no negociados?

9. CUESTIONA las medidas de seguridad del gobierno de Honduras, pero IGNORA los repetidos llamados de Zelaya a la insurrección y a la violencia que ha resultado en perdidas de vida?

10. PROCLAMA solidaridad con el pueblo hondureño, pero SE REHUSA A ESCUCHAR a los sectores mayoritarios de la sociedad hondureña, que rechazan categóricamente a un líder corrupto y fracasado, quien repetidamente ha demostrado que valora sus propios intereses más que los de su pueblo?

En nombre de la sociedad civil de Honduras, la Unión Cívica Democrática (UCD) le solicita a los honorables cancilleres que nos visitan que le den una explicación pública al pueblo hondureño para cada una de estas preguntas. Que dichas explicaciones sirvan para que todos los ciudadanos del continente americano entiendan las motivaciones que impulsan al órgano que los representa.

Unión Cívica Democrática
http://www.ucdhonduras.com/
Tegucigalpa, Honduras, 23 de agosto de 2009.

viernes, 28 de agosto de 2009

Los mapuches, el iceberg y los camiones, por Leonidas Montes.


Los mapuches, el iceberg y los camiones,
por Leonidas Montes.

Aunque Chile tiene una gran deuda con la cultura mapuche, claramente hay grupos organizados que perjudican la noble causa de este pueblo. Hemos sido testigos de casas destruidas, infiltrados terroristas, predios atacados, escuelas incendiadas, fiscales baleados, tala ilegal de bosques, carreteras con tráfico interrumpido, etc. Existen atisbos de una crisis del Estado de Derecho en la Araucanía... ¡Si esta crisis incluso llegó hasta el Congreso! Se lanzaron papeles en el hemiciclo que, arrugados por un par de garabatos, volaron de vuelta. Tal es la magnitud del problema que se acaba de anunciar una nueva política indígena a cargo del ministro Viera-Gallo.

Desde la perspectiva de las políticas públicas hemos priorizado los subsidios y la restitución de tierras. En los últimos 20 años, el Estado ha entregado 650 mil hectáreas a los mapuches (para que se haga una idea, Tompkins tiene unas 500 mil hectáreas). Y se han invertido cuantiosos recursos a través de la Conadi. Estas políticas paternalistas no han dado resultados. Además, han derivado en claros incentivos perversos. Ya han aparecido denuncias de irregularidades en los subsidios y compras de predios. La política de compras —pagar para evitar conflictos— ha sido un buen incentivo para aumentar la violencia y los precios. Sin embargo, la ministra Carolina Tohá, entre compungida y sorprendida, nos mostraba un gráfico revelador. Como para no creerlo. Imagínese Ud. que los precios de las tierras en la Araucanía han subido un 300%. Todo esto sería responsabilidad del capitalismo y los viles especuladores.

La exhaustiva encuesta que realizó el CEP en 2006 muestra que los mapuches vinculan su cultura principalmente al lenguaje y al apellido. El Estado, en cambio, se ha enfocado principalmente en el tema de la propiedad de las tierras. Esta estrategia pone el foco en lo rural, donde hoy vive sólo un 30% de los mapuches. La mayoría —el 70%— está en las ciudades. Pese a todos los esfuerzos, la migración de mapuches a zonas urbanas aumenta año a año. Así como nuestros jóvenes dejan los colegios municipales para cambiarse a particulares subvencionados, muchos mapuches dejan las zonas rurales y parten a las ciudades. En ambos casos, y esto es muy humano, se buscan mejores oportunidades.

Un reciente estudio muestra que la Región de la Araucanía es la más rezagada en términos de PIB per cápita. También presenta la mayor desigualdad y los mayores índices de pobreza. La población mapuche posee bajos niveles de escolaridad, altas fluctuaciones en sus tasas de participación en el mercado del trabajo y un alto nivel de informalidad laboral. Y son los resultados más bajos del país en el Simce. Los 250 mil mapuches que viven en la IX Región son en general pequeños propietarios, pero la productividad de sus predios es muy baja.

Algunos piensan que la firma de convenio 169 con la OIT será la solución. Sin entrar a discutir su contenido, el sentido común nos exige preguntarnos por qué países tan conscientes de los asuntos étnicos, como son Nueva Zelandia, Australia y Canadá, no firmaron dicho convenio. El problema es muy profundo y no se soluciona traspasando más terrenos ni firmando convenios.

Pasa el tiempo y vemos cada vez más violencia y pocas posibilidades para el desarrollo social y económico del pueblo mapuche. El ministro Viera- Gallo, en el seminario “Derechos culturales” —organizado por la UAI—, realizó una excelente exposición del tema. Se preguntaba por qué Chile llevó un iceberg a Sevilla. Al lado, en cambio, Nueva Zelandia estaba representada por los maoríes. Y un destacado experto en el tema contaba que un dirigente indígena del norte le había preguntado “¿por qué cree usted que aquí no quemamos camiones?”. La respuesta fue contundente: “porque los camiones son nuestros”. Ambos tienen un punto.

martes, 25 de agosto de 2009

Araucanía: construcción de un conflicto, por Joaquín Fermandois.


Araucanía: construcción de un conflicto,
por Joaquín Fermandois.


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La sociedad humana es y será siempre compleja, henchida de problemas y fracturas potenciales. Escogemos entre reparar sus grietas o profundizarlas. La fe en la revolución se revistió de esta última característica (el advertising a veces es lo mismo, más sigiloso). Si en un lugar determinado no están dadas las cosas para una revolución, hay que “crear las condiciones”. Se organiza un grupo abnegado, dispuesto a cualquier medida que atemorice. Impulsa la violencia razonada, nada de tonta muchas veces, cuyo propósito es ir provocando, para que aparezca más visible la violencia “represora”, hasta que el público se muestre más indignado con la “violencia institucionalizada”, y no con los que manejan los hilos que la originan. Una vieja historia. Esta fase puede durar mucho tiempo. Pol Pot (Khmer Rojo) y Abimael Guzmán (Sendero Luminoso) trabajaron por años con paciencia y rigor en crear las condiciones. El primero comenzó con lanzas de bambú, en un remoto rincón de la selva. Era parte de un proceso de “mentalización”, que tiene la mayor importancia operativa, para disciplinar el estado de ánimo de sus “luchadores” acerca de la justicia de su causa, lo correcto de los métodos y el valor de la estrategia de largo plazo. Ésta es la base de la guerra de guerrillas, en algunos textos perfumada como “conflicto de baja intensidad”, casi siempre sazonada con simple terrorismo.

Pues bien, esto es lo que en potencia tenemos en la Araucanía, con insospechadas proyecciones en el tiempo y en el espacio. Para colmo, como no es un tema puramente chileno, sino que parte de una atención global —y una moda—, que es la razón de por qué existe acá con la virulencia que contemplamos, nos la tendremos que haber con un conflicto internacional. Después de la intervención de la OTAN en Kosovo en 1999, esto es de temer por sus consecuencias de largo plazo.

¿Se exagera el grado de militarización del conflicto? Hay un falso dilema entre soluciones políticas y de seguridad. El problema tiene al menos otros dos aspectos. Uno de ellos es político-cultural, o la incorporación subjetiva de los descendientes de indígenas, con sus propios rasgos, a la comunidad nacional, en su inmensa mayoría mestizos, como lo ha señalado Sergio Villalobos. Para ello debe surgir dentro del mundo de origen mapuche un liderato que supere el marco avaro de la reivindicación. El otro es el socio-económico, para lo cual se han dado suficientes razones acerca del tema de la pobreza. Entre otros cuellos de botella, al igual que con la reforma agraria, hay que entender que el puro reparto de tierra no sólo no soluciona nada, sino que agrava las cosas.

Los tres aspectos (seguridad, cultura y política, pobreza) no están relacionados por una cadena de causa-efecto, aunque ciertamente se potencian entre sí. Lo que le ha otorgado el rostro de “conflicto” es precisamente el carácter de “construcción” (como les place decir a los teóricos de las minorías) de un enfrentamiento, como “agudización de las contradicciones” en la tradición del leninismo.

Ello da fuerza a líderes que sólo prosperan en esa atmósfera, y moviliza a jóvenes ardorosos y sacrificados, lo que no le da nobleza ni sensatez a su causa —pero es lo que esta táctica hace creer—. Como se ha visto tantas veces, este camino no les trae ningún bien a los grupos concretos, en su vida cotidiana de hombres y de mujeres, aunque crea seudohéroes y lleva a una ruina económica segura a una región del país. Le acuna un conflicto interno y externo a Chile.

Sólo una creatividad política que no ha existido nos podría librar del atolladero al que al parecer nos encaminamos inexorablemente.

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