sábado, 16 de agosto de 2008

Dos comentarios excelentes.

Cómo se termina con la violencia Ciudadana? Con una fórmula real
Pablo Ramirez Torrejón

La mala educación de un pueblo y la cesantía, son factores que inciden fuertemente en la sociedad para que exista el flagelo de la violencia ciudadana de todo orden. ¿Cuál es la solución?

La mala educación de un pueblo y la cesantía, son factores que inciden fuertemente en la sociedad para que exista el flagelo de la violencia ciudadana de todo orden, como robos a domicilios, drogas, prostitución, estafas, violaciones, asesinatos, asaltos con violencia y las cárceles estén abarrotadas de personas y la justicia sea una puerta giratoria.

La forma de terminar con la violencia es:

A) Tener una educación de calidad e incentivar e implementar la educación técnico profesional según las necesidades de cada región. Así los jóvenes que egresan de la educación o enseñanza media, no tienen un futuro sin horizonte e incierto.

B) La cesantía lleva a cualquier persona de cualquier estrato social a cometer cualquier barbarie en la sociedad, aquí existe un factor importante e incidente y este se llama DICOM, el cual no permite encontrar trabajo en ninguna parte y es estar muerto en vida.

C) La forma de terminar con la violencia no es con represión ciudadana, con mayor dotación de carabineros o cárceles de alta seguridad o mayor cantidad de juzgados y jueces para una pronta solución de las causas de la violencia.

D) Todo pasa por la responsabilidad que compete a la autoridad gubernativa, sociedad política, parlamentarios y el empresariado en ponerse de acuerdo de que queremos como país.

E) Según yo debemos pensar en un sistema de industrialización tardía, donde busquemos y escojamos lo mejor para el desarrollo para el país, tanto en el ámbito educacional como laboral, así podemos tener una sociedad mucho mas justa y no una sociedad que tenemos hoy en comienzos del siglo XXI, con sueldos de mierda y esclavitud.

Después de hacer este pequeño análisis uno puede visualizar, que se ha hecho en estos 20 años de democracia, si la sociedad clama por tener una educación justa de calidad y empleo con remuneraciones dignas. La política económico social neoliberal, vigente en Chile durante 30 años, con exportación sólo de materias primas, en los últimos 20 años ha logrado mantener los equilibrios macroeconómicos. Pero éstos han resultados esencialmente favorables a los sectores de altos ingresos.

Se ha generado así creciente polarización de la riqueza, el no respeto por el medio ambiente, tendencia a la corrupción, carencia de solidaridad social y sobre todo, pérdida de nuestras principales riquezas naturales por transferencias a inversionistas extranjeros. Para revertir estas tendencias, nuestra nación deberá alcanzar, como objetivo, el nivel de país desarrollado y para ello, debe generar una nueva cultura humana de unidad, que dé impulso a una nueva industrialización masiva y pujante, lo que, en 30 años, sea capaz de competir en el mercado mundial con productos del más alto nivel tecnológico.

Nuestras condiciones económicas actuales están provocando una honda inquietud en las capas sociales de bajos y medianos ingresos, en los estudiantes, académicos, profesores, médicos; en los trabajadores de la salud, del fútbol etc. los que, en su oportunidad, estarán expresando protestas a viva voz. Además ha inducido el escepticismo y el desaliento en los 2 millones de jóvenes, que los mantiene alejados de las urnas electorales.

La sociedad Chilena, debe iniciar en definitiva la industrialización del país, en etapas sucesivas y el gran salto que debe dar Chile, sería el de transformarse en un país de tipo Industrialización Tardía aprovechando la múltiple experiencia acumulada y errores cometidos por los países asiáticos y ciertos países europeos, sobre la base de instituciones técnicamente eficientes, en condiciones de respeto por los problemas sociales y el medio ambiente.

Si Chile y nosotros queremos convertir nuestra nación en un flamante país desarrollado, es imperativo que exista una atmósfera de honestidad y disciplina, impulsado con el ejemplo de nuestras autoridades gubernamentales y por las empresas públicas y privadas. En un diario holandés se escribió lo siguiente; La historia de América Latina muestra que las exportaciones de materias primas explotadas por empresas extranjeras, sólo conduce a seguir manteniendo el atraso y pobreza de cada país, esto lo demuestra claramente las exportaciones; Café de Brasil y Colombia, de guano del Perú, Trigo y Carne de Argentina, Salitre y Cobre de Chile, Plátanos de Ecuador, Petróleo de Venezuela y Ecuador, Estaño de Bolivia, etc. Esas famosas exportaciones, con ventajas comparativas, solo han conducido a períodos de bonanza pasajera, pero en ningún caso a procesos, para ser países en desarrollo constante. Texto tomado del Libro Chile ¿Un país de Futuro? Autor Héctor Donoso Rojas.

La Industrialización Tardía, establecida en 1965. Ésta se basa sobre este citado supuesto de que los países menos avanzados pueden acortar su proceso de desarrollo mediante la adopción de tecnologías de punta que ya hayan sido creadas previamente, en una posición definida como "la ventaja del retraso". Las peculiaridades de este sistema son las siguientes:

1. Los procesos de industrialización tardíos son mucho más cortos que los de los países que les preceden, ya que los países que empiezan más tarde pueden ahorrar tiempo y recursos para el desarrollo de tecnología y la acumulación de capital, al poder disponer de transferencias de tecnología e importaciones de capital.

2. Una industrialización tardía es capaz de desarrollar industria química pesada en etapas más tempranas que las de los países avanzados, ya que los países atrasados están carentes de mano de obra cualificada, pero sí capacitada para establecer nuevas tecnologías a través de importaciones, y pueden implantar nuevas instituciones de inversión a gran escala, mientras que los países avanzados tienen dificultades para deshacerse de las instalaciones obsoletas.

3. Los grandes grupos mercantiles o conglomerados intervienen debido a que las inversiones de capital a gran escala requieren pequeños costes de funcionamiento.

4. La industrialización se conforma desde arriba, esto es, el gobierno, el estado o los elementos industriales como bancos industriales o bancos de inversión, debido a que los países menos desarrollados no tienen un número suficiente de empresarios con capacidad para responder a requerimientos a alto nivel. Especialmente, la industrialización rápida en industria química pesada necesita más recursos de los que el sector privado pueda proporcionarle.

No obstante, la teoría sobre la "ventaja del retraso" no está planteada como un hecho sino como una mera posibilidad que puede ser aprovechada. De hecho, si estos países subdesarrollados no son capaces de aprovecharse de esta "ventaja", al no poder adaptar la tecnología importada de los países más avanzados, puede llevar a que las diferencias entre ambos países no hagan sino aumentar, propiciando un "retraso consecuencia de otro retraso". Además, Gerschenkron recalca que los países subdesarrollados no pueden potenciar su economía ni crecer sólo con imitar los modelos de desarrollo realizados por otros países, sino que es necesaria la existencia de ciertos instrumentos institucionales para desarrollar y canalizar esta industrialización.

Chris Pierson examina las experiencias en materia de política social de algunas oleadas de "países tardíamente industrializados" en Europa, América Latina y Asia sudoriental, y explora algunas de las cuestiones importantes para estudiar el desarrollo del estado de bienestar. ¿Por qué algunos de los países tardíamente industrializados apoyaron la adopción temprana de medidas de bienestar social? ¿Tenían coaliciones sociales distintivas u oportunidades institucionales que ejercieran presión para la temprana adopción de dichas medidas? ¿Se emprendieron iniciativas para crear el Estado o se desplegaron esfuerzos para explotar o incluso conseguir una capacidad administrativa ya establecida?

Pierson analiza la relación que existe entre la industrialización tardía y el bienestar en estos diferentes contextos y durante un período de más de un siglo. Identifica ciertos elementos comunes en todos los países tardíamente industrializados, incluidas numerosas pruebas del "aprendizaje institucional". Alcanzar un estado de bienestar en una fase tardía tiene ciertas ventajas, y algunos Estados han aplicado una política social activa como mecanismo para promover su propio desarrollo económico y social.

Por lo general, los estados de bienestar de los países industrializados en una fase tardía han sido más pequeños (al menos con respecto a los niveles proporcionales de gasto social) y han llevado a cabo una menor redistribución. Normalmente, cuanto mayor sea y más se afiance un estado de bienestar, más difícil será de cambiar. Así pues, hay motivos para pensar que los regímenes de bienestar mejor establecidos pueden aprender algunas lecciones de los países tardíamente industrializados que tuvieron éxito. La insistencia de Asia oriental en el estado de bienestar regulador (en lugar de proveedor), y la prioridad que ha concedido a la educación y a la participación en el mercado del trabajo, por ejemplo, han llegado a ser elementos claves en el programa de reforma de estados de bienestar más antiguos de Europa occidental.

Los estados de bienestar que se desarrollaron tardíamente siempre han estado muy influidos por los ejemplos de los estados de bienestar desarrollados en otros lugares, y por las reacciones de las organizaciones internacionales. En la actualidad, el Banco Mundial estima que el bienestar y la seguridad social son tan importantes como los imperativos del crecimiento económico y la formación del capital humano. Sin embargo, no exige simplemente una mayor intervención estatal. Dada la importancia que reviste la posición de las instituciones financieras internacionales para los Estados que aspiran a la industrialización (y, en consecuencia, a la reformulación de su política social nacional), este cambio de enfoque es fundamental.

Entonces que cambios ha hecho nuestra clase política y que propones los partidos de hoy en Chile, más de lo mismo, porque solo escuchamos puras palabras de buena crianza, pero eso no es lo que quiere uno escuchar. Quiero entender desarrollo para todos y no para unos pocos.

"Lo que quiero escuchar son planteamientos de verdad y no ilusiones".

No es cuestión de plata
Jovino Novoa, Senador
Dado el alto impacto político que tiene la discusión parlamentaria del proyecto de subsidio permanente para el Transantiago, es fácil perder la perspectiva y ahogarse en discusiones que no tienen relación con el problema de fondo, que es estructural y no cuestión de plata. Y para solucionarlo no se requieren subsidios, se deben revisar los fundamentos originales del plan y analizarlo de la manera más desapasionada posible.

Es necesario recordar que hasta ahora nunca se había hablado de un sistema de transporte público cuya operación fuera financiada por el Estado. Tal como en el caso del Metro, el Transantiago sólo contemplaba inversión fiscal para la construcción de la infraestructura (corredores segregados, estaciones de transbordo y paraderos). El objetivo del Transantiago, tal como se señaló en el proceso de licitación, era generar un sistema cuya operación se autofinanciara. Y sólo cuando fracasó el plan se planteó la necesidad de entregarle un subsidio permanente.

También es necesario analizar el fracaso del plan a la luz del modelo de transporte que propone para la ciudad de Santiago. El modelo de troncal-alimentador no es malo en sí mismo -de hecho, tiene cierta lógica-, lo que pasa es que no se adapta a las necesidades de la ciudad. En vez de analizar las características de la ciudad para diseñar un modelo acorde con su realidad, los genios del Ministerio de Transportes crearon un modelo desde su escritorio y obligaron a los santiaguinos a acomodarse al mismo. En otras palabras, se generó una oferta de transporte sin tomar en cuenta la demanda.

Son las características de este modelo -a todas luces inadecuado para la realidad de Santiago- las responsables del déficit financiero del Transantiago. Los mayores costos, producto de las mejoras parciales que ha intentado realizar el ministro Cortázar, no han sido compensados con aumentos en los ingresos. Ello ocurre porque el sistema no ofrece un servicio de calidad que pueda convertir a las personas en usuarios permanentes y menos atraer pasajeros de otros modos de transporte.

En consecuencia, si el Ministerio insiste en llevar adelante este plan según los conceptos originales, es casi completamente seguro que no alcanzará su equilibrio financiero, porque las medidas requeridas para su funcionamiento normal son extremadamente caras, y porque, si se implementaran, el aumento en la demanda difícilmente logrará compensar ese mayor costo.

En este punto del debate conviene recordar que el modelo económico en Chile se ha estructurado en torno al concepto de mercado libre y subsidiariedad del Estado. El Estado sólo interviene en aquellas actividades que los privados no realizan (bienes públicos) debido a su falta de atractivo económico o a la imposibilidad de que, aun en condiciones óptimas de funcionamiento, los ingresos cubran los costos.

Por ello, en el caso del Transantiago no basta con que exista déficit para que el Estado ponga la plata. Si el déficit se genera por problemas estructurales, se estarían asignando fondos públicos para mantener una industria defectuosa, que además opera bajo un esquema de precios distorsionado. Es decir, se estaría subsidiando a un mercado que podría requerir cantidades significativamente menores de recursos para operar en forma más eficiente.

Asimismo, creo que subsidiar a los operadores del transporte en regiones, como propone el proyecto del Gobierno, no tiene sentido ni consistencia. Si los servicios operan bien en la actualidad y son parte de un mercado en equilibrio, ¿por qué alterarlo? Si lo que se quiere es rebajar la tarifa, alta por el aumento del precio del petróleo, podría entregarse un subsidio directo a la demanda.

Nadie ha cuestionado hasta ahora la decisión del Gobierno de subsidiar el transporte público en Chile. De hecho, ése es un debate que está pendiente. Lo que es cuestionable es que ese subsidio se entregue para tapar un problema y eternizarlo.

Para entregar un subsidio al transporte público primero se debe evaluar si ésa es la prioridad del uso de los recursos públicos, y si tiene la necesaria justificación social. En cualquier caso, esa debería ser una discusión completamente aparte de Transantiago, que es un problema y no una necesidad social.

La Alianza ha tenido la voluntad de sentarse a conversar con el ministro Cortázar. Le hemos entregado nuestras propuestas, las cuales apuntan a cambiar el modelo de transporte capitalino. Lamentablemente, en el Gobierno no existe la voluntad para avanzar en un cambio profundo. Quieren plata a cambio de nada. Y es que aún no entienden: esto no es cuestión de plata.

Acount